Episodios nacionales

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Los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós son cuarenta y seis novelas históricas, escritas entre 1872 y 1912,[1] que forman lo que se considera «probablemente la cumbre de la historia novelada del siglo XIX español».[2] El conjunto de cinco series abarca desde la España napoleónica y la guerra de la Independencia hasta los años posteriores a la Primera República.[2]

Índice

Citas[editar]

Primera serie[editar]

Trafalgar (1873)[editar]

  • «No es impropio el llanto en las grandes almas, antes bien indica el consorcio fecundo de la delicadeza en sentimientos con la energía de carácter».[3]
    • Fuente: Página 90.
  • «Eso sí: tenía el genio fuerte y no consentía la más pequeña falta; pero su mucho rigor nos obligaba a quererle más, porque el capitán que se hace temer por severo, si a la severidad acompaña la justicia, infunde respeto, y, por último, se conquista el cariño de la gente».[4]
    • Fuente: Capítulo XVI, pp. 131-132.
  • «Yo nací en Cádiz, y en el famoso barrio de la Viña, que no es hoy, ni menos era antes, academia de buenas costumbres».

La Corte de Carlos IV (1873)[editar]

  • «La experiencia es una llama que no alumbra sino quemando».[7]
    • Fuente: Capítulo XX.

El 19 de marzo y el 2 de mayo (1873)[editar]

Bailén (1873)[editar]

Napoleón en Chamartín (1874)[editar]

Zaragoza (1874)[editar]

Gerona (1874)[editar]

Cádiz (1874)[editar]

  • «... Por el camino de Cádiz a la Isla no cesaba el paso de diversa gente, en coche y a pie; y en la plaza de San Juan de Dios los caleseros gritaban, llamando viajeros: —¡A las Cortes, a las Cortes!— Parecía aquello preliminar de función de toros. Las clases todas de la sociedad concurrían a la fiesta, y los antiguos baúles de la casa del rico y del pobre habíanse quedado casi vacíos. Vestía el poderoso comerciante su mejor paño, la dama elegante su mejor seda, y los muchachos artesanos, lo mismo que los hombres del pueblo, ataviados con sus pintorescos trajes salpicaban de vivos colores la masa de la multitud. Movíanse en el aire los abanicos, reflejando en mil rápidos matices la luz del sol, y los millones de lentejuelas irradiaban sus esplendores sobre el negro terciopelo. En los rostros había tanta alegría, que la muchedumbre toda era una sonrisa, y no hacía falta que unos a otros se preguntasen a dónde iban, porque un zumbido perenne decía sin cesar: —¡A las Cortes, a las Cortes!—...».[8]
    • Fuente: Capítulo VIII[9]

Juan Martín el Empecinado (1874)[editar]

  • «En las guerrillas no hay verdaderas batallas; es decir, no hay ese duelo previsto y deliberado entre ejércitos que se buscan, se encuentran, eligen terreno y se baten. Las guerrillas son la sorpresa, y para que haya choque es preciso que una de las partes ignore la proximidad de la otra. La primera cualidad del guerrillero, aun antes que el valor, es la buena andadura, porque casi siempre se vence corriendo. Los guerrilleros no se retiran, huyen, y el huir no es vergonzoso en ellos. La base de su estrategia es el arte de reunirse y dispersarse. Se condensan para caer como la lluvia, y se desparraman para escapar a la persecución; de modo que los esfuerzos del ejército que se propone exterminarlos son inútiles, por que no puede luchar con las nubes. Su principal arma no es el trabuco ni el fusil, es el terreno; sí, el terreno, porque según la facilidad y la ciencia prodigiosa con que los guerrilleros se mueven en él, parece que se modifica a cada paso prestándose a sus maniobras.
    Figuraos que el suelo se arma para defenderse de la invasión, que los cerros, los arroyos, las peñas, los desfiladeros, las grutas son máquinas mortíferas que salen al encuentro de las tropas regladas, y suben, bajan, ruedan, caen, aplastan, ahogan, separan y destrozan. Esas montañas que se dejaron allá y ahora aparecen aquí, estos barrancos que multiplican sus vueltas, esas cimas inaccesibles que despiden balas, esos mil riachuelos, cuya orilla derecha se ha dominado y luego se tuerce presentando por la izquierda innumerable gente, esas alturas, en cuyo costado se destrozó a los guerrilleros y que luego ofrecen otro costado donde los guerrilleros destrozan al ejército en marcha: eso y nada más que eso es la lucha de partidas; es decir, el país en armas, el territorio, la geografía misma batiéndose.
    Tres tipos ofrece el caudillaje en España, que son: el guerrillero, el contrabandista, el ladrón de caminos. El aspecto es el mismo: sólo el sentido moral les diferencia. Cualquiera de esos tipos puede ser uno de los otros dos sin que lo externo varíe, con tal que un grano de sentido moral (permítaseme la frase) caiga de más o de menos en la ampolleta de la conciencia. Las partidas que tan fácilmente se forman en España pueden ser el sumo bien o mal execrable».[10]
    • Fuente: Capítulo 5.
  • «Vino Napoleón y despertó todo el mundo. La frase castellana echarse a la calle e[ra] admirable por su exactitud y precisión. España entera se echó a la calle o al campo, su corazón guerrero latío con fuerza...».[11]
    • Fuente: Capítulo I[12]
    • Nota: La cursiva es de Galdós.[11]

La batalla de los Arapiles (1875)[editar]

El equipaje del rey José[13][editar]

  • «¡Si en la historia no hubiera más que batallas; si sus únicos actores fueran las celebridades personales, cuán pequeña sería! Está en el vivir lento y casi siempre doloroso de la sociedad, en lo que hacen todos y en lo que hace cada uno. En ella nada es indigno de la narración, así como en la naturaleza no es menos digno de estudio el olvidado insecto que la inconmensurable arquitectura de los mundos.
    Los libros que forman la capa papirácea de este siglo, como dijo un sabio, nos vuelven locos con su mucho hablar acerca de los grandes hombres, de si hicieron esto o lo otro, o dijeron tal o cual cosa. Sabemos por ellos las acciones culminantes, que siempre son batallas, carnicerías horrendas, o empalagosos cuentos de reyes y dinastías, que preocupan al mundo con sus riñas o con sus casamientos; y entretanto la vida interna permanece oscura, olvidada, sepultada. Reposa la sociedad en el inmenso osario sin letreros ni cruces ni signo alguno: de las personas no hay memoria, y sólo tienen estatuas y cenotafios los vanos personajes... Pero la posteridad quiere registrarlo todo: excava, revuelve, escudriña, interroga los olvidados huesos sin nombre; no se contenta con saber de memoria todas las picardías de los inmortales desde César hasta Napoleón; y deseando ahondar lo pasado quiere hacer revivir ante sí a otros grandes actores del drama de la vida, a aquellos para quienes todas las lenguas tienen un vago nombre, y la nuestra llama Fulano y Mengano».

Segunda serie[editar]

El equipaje del rey José (1875)[editar]

Memorias de un cortesano de 1815 (1875)[editar]

La segunda casaca (1876)[editar]

El Grande Oriente (1876)[editar]

7 de julio (1876)[editar]

Los cien mil hijos de San Luis (1877)[editar]

El terror de 1824] (1877)[editar]

Un voluntario realista (1878)[editar]

Un faccioso más y algunos frailes menos (1879)[editar]

Tercera serie[editar]

Zumalacárregui (1898)[editar]

Mendizábal (1898)[editar]

De Oñate a la Granja (1898)[editar]

Luchana (1899)[editar]

La campaña del Maestrazgo (1899)[editar]

La estafeta romántica (1899)[editar]

Vergara (1899)[editar]

Montes de Oca (1900)[editar]

Los Ayacuchos (1900)[editar]

Bodas reales (1900)[editar]

Cuarta serie[editar]

Las tormentas del 48 (1902)[editar]

Narváez (1902)[editar]

Los duendes de la camarilla (1903)[editar]

La revolución de julio (1903-1904)[editar]

O'Donnell (1904)[editar]

Aita Tettauen (1904-1905)[editar]

Carlos VI en la Rápita (1905)[editar]

La vuelta al mundo en la Numancia (1906)[editar]

Prim (1906)[editar]

La de los tristes destinos (1907)[editar]

Quinta serie[editar]

España sin rey (1907-1908)[editar]

  • «El Borbonismo no tiene dos fases, como creen los historiadores superficiales... Aquí y allá, en la guerra y en la paz, es siempre el mismo, un poder arbitrario que acopla el Trono y el Altar, para oprimir a ese pueblo infeliz y mantenerlo en la pobreza y la ignorancia».[14]

España trágica (1909)[editar]

Amadeo I (1910)[editar]

La Primera República (1911)[editar]

De Cartago a Sagunto (1911)[editar]

Cánovas (1912)[editar]

  • «Los dos partidos que se han concordado para turnar pacíficamente en el Poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto».[14]
  • «- Segismundo: Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos... Si nada se puede esperar de las turbas monárquicas, tampoco debemos tener fe en la grey revolucionaria. ¿Crees tú, Titilo, en la revolución?
    - Titilo: Yo no - contesté resueltamente - No. No creo ni en los revolucionarios de nuevo cuño ni en los antediluvianos [...] La España que aspira a un cambio radical y violento de la política se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este régimen, atacado de tuberculosis ética, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental».

Proyectadas[editar]

  • Sagasta, Las colonias perdidas, La reina regente y Alfonso XII

Citas sobre los Episodios nacionales[editar]

  • «Ahora que se lleva tanto escribir novelas históricas. Galdós es un ejemplo de cómo se debe escribir Historia, de verdad. Este autor da una lección a todos».[1]

Referencias[editar]

  1. 1,0 1,1 Gutiérrez Aragón, Manuel. «‘Los episodios nacionales’, de Galdós.» El País. Consultado el 26 de junio de 2019.
  2. 2,0 2,1 «Los episodios nacionales de Benito Pérez Galdós». Novela histórica. Biblioteca Nacional de España. Consultado el 23 de junio de 2019
  3. Pérez Galdós (2010), Trafalgar, p. 90. En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.
  4. Pérez Galdós (2010), Trafalgar, pp. 131-132. En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.
  5. Pérez Galdós (2010), Trafalgar, p. 135. En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.
  6. 6,0 6,1 Pérez Galdós, Benito. Episodios nacionales I. Trafalgar, p. 9. Linkgua Ediciones, 2010. ISBN 9788490072462 En Google Books. Consultado el 5 de agosto de 2019.
  7. Pérez Galdós (1941), La Corte de Carlos IV, Capítulo XX. En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.
  8. Pérez Galdós (2001), Cádiz, «Capítulo VIII.» Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 26 de junio de 2019.
  9. Pérez Galdós (2001), Cádiz, Capítulo VIII.
  10. Pérez Galdós (2001), Juan Martín el Empecinado, Capítulo 5.
  11. 11,0 11,1 Pinilla Cañadas, Scheherezade. Las ciudades intermitentes: el heroísmo de los muchos en Balzac y Galdós, p. 76 y nota de pie 20. Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014. En Google Books. Consultado el 26 de junio de 2019.
  12. Pérez Galdós. «Capítulo I.» Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 26 de junio de 2019.
  13. Episodios nacionales. El equipaje del rey José. Benito Pérez Galdós. Editorial e-artnow sro, 2013. ISBN 9788074841507.
  14. 14,0 14,1 Efe/Ana Mendoza. «Galdós y "la fe nacional".» La Vanguardia. Consultado el 23 de junio de 2019.

Bibliografía[editar]

  • Pérez Galdós, Benito (2001). Bailén. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (edición digital basada en la 2.ª ed., Madrid, Imprenta de José María Pérez, 1876).  [1]. Consultado el 26 de junio de 2019.
  • Pérez Galdós, Benito (2001). Cádiz. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (edición digital basada en la 2.ª ed. de Madrid, Imprenta y Litografía de La Guirnalda, 1878.  [2]. Consultado el 26 de junio de 2019.
  • Pérez Galdós, Benito (2001). Juan Martín El Empecinado. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (edición digital basada en la 2.ª ed. de Madrid, Imprenta y Litografía de La Guirnalda, 1879.  [3]. Consultado el 26 de junio de 2019.
  • Pérez Galdós, Benito (2001). Prim. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (edición digital basada en la de Madrid, Perlado, Páez y Compañía, 1906).  [4]. Consultado el 25 de junio de 2019.
  • Pérez Galdós, Benito (2001). Trafalgar. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (edición digital a partir de Episodios Nacionales. T. I, Madrid, Administración de La Guirnalda y Episodios Nacionales, 1882, pp. 5-157.  [5]. Consultado el 26 de junio de 2019.
  • Pérez Galdós, Benito (2016). Juan Martin el Empecinado. NoBooks Editorial.  En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.