Marcelino Menéndez Pelayo

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Marcelino Menêndez Pelayo

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Marcelino Menéndez Pelayo

(Santander, 3 de noviembre de 1856 - Santander, 19 de mayo de 1912), filólogo, historiador, bibliógrafo, polígrafo, filósofo y político español, nombrado académico de la Real Academia de la Lena y de Historia, antes de los 30 años. Fue también director de la Biblioteca Nacional.

Citas[editar]

  • "Pueblo que no sabe su historia es pueblo condenado a irrevocable muerte. Puede producir brillantes individualidades aisladas, rasgos de pasión de ingenio y hasta de género, y serán como relámpagos que acrecentará más y más la lobreguez de la noche."
  • "España, evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectores o de los reyes de taifas."
    • Epílogo de Historia de los heterodoxos españoles, 1880-1882.
  • “No queráis llamar 'lengua española' a la lengua castellana, frase malsonante y rara vez usada por nuestros clásicos, que siempre se preciaron de escribir en castellano. Tan lengua española es la castellana como la catalana y la portuguesa”.
  • “Nunca, en el largo curso de la historia, despertó nación alguna tan gloriosamente después de tan torpe y pesado sueño como España en 1808”.
  • "Y a dar testimonio de que no se pueden conocer los libros de Milá sin conocer la tierra catalana, he venido yo, el último de sus discípulos, aunque el primero de su confianza, castellano de la más vieja Castilla, de la Montaña de Santander como ahora decimos, de la Montaña de Burgos como decían nuestros antepasados, hijo de la espesa sierra que guarda en sus humildes peñascales la cuna del histórico río que a toda la península da nombre, y que después de saludar las férreas lindes de la Vasconia y besar el muro triunfal y sagrado de Zaragoza, viene a rendir tributo a vuestro mar en la ribera tortosina, simbolizando en su majestuoso curso la unidad suprema y la diversidad fecunda de la historia patria".

Últimas palabras[editar]

  • "¡Qué pena morir, cuando me queda tanto por leer!"