Benito Pérez Galdós

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Benito Pérez Galdós

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Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920) fue un novelista, dramaturgo, cronista y político español. Se trata de uno de los principales representantes de la novela realista del siglo XIX y uno de los más importantes escritores en lengua española. Pérez Galdós fue académico de la Real Academia Española desde 1897 y llegó a ser propuesto al Premio Nobel de Literatura en 1912.

Citas[editar]

  • «Amenguada considerablemente mi vista, he perdido en absoluto el don de la literatura. Con profunda tristeza puedo asegurar que la letra de molde ha huido de mí, como un mundo que se desvanece en las tinieblas».[1]
    • 1915
  • «A pesar de toda mi labor pasada, si en el presente quiero vivir no tengo más remedio que dictar todas las mañanas durante cuatro o cinco horas y estrujarme el cerebro hasta que dé el último paso en esta vida».
    • Fuente: Entrevista en la revista El Caballero Audaz (c. 1915)
    • Nota: De acuerdo con Pedro Gómez Aparicio (1974), a raiz de esta entrevista, otra revista, La Esfera, se puso en contacto con Galdós para publicar por entregas (quince entregas entre 1915 y 1916) sus Memorias de un desmemoriado.[2]
  • «Asusta pensar que acaso las admiraciones más sinceras que tenemos son las de las personas que no nos han comprendido».[4]
  • «Como el agua a los campos, es necesaria la educación a nuestros secos y endurecidos entendimientos».
    • «Soñemos, alma, soñemos»[5]
  • «Como excelente medio de propagación, la entrega ha podido difundir lo malo; pero en igualdad de condiciones puede extender lo bueno y darle una extraordinaria circulación con la rapidez y la ubicuidad del periódico».[6]
    • Fuente: Revista de España, XV (1870), pp. 164-5
  • «El amor es un arte que nunca se aprende y siempre se sabe».[3]
  • «Este partido está pudriéndose por la inmensa gusanera de caciques y caciquillos. Tienen más que los monárquicos. En cada capital hay cincuenta que quieren imponer los caprichos de su vanidad y de su ambición a todos sus correligionarios... Y si nada más hubiera esos cincuenta, menos mal. Luego vienen los caciques de distrito y los de barrio... ¡Oh! !Esos vejestorios endiosados de Comité local y de barriada! ¡Papas rojos, que se creen infalibles e indiscutibles!
    Para hacer la revolución, lo primero, lo indispensable, sería degollarlos a todos. Si éstos trajeran la República, estaríamos peor que ahora. Sería cosa de emigrar. Suerte que no hay miedo a que la traigan. ¡Hay cada revolucionario que tiene un miedo feroz a la revolución!... Hubiera usted visto a algunos de ellos cuando la semana roja de Barcelona, cuando aquí se dijo que iba a estallar la huelga general, irse huyendo de Madrid como ratas... No sé qué diablos ocurría entonces, que a todos les salían negocios en provincias, o tenían por esas tierras de dios parientes enfermos de gravedad, que los llamaban... ¡Y para ver este espectáculo me vine yo de Santander e interrumpí mi veraneo!... Luego, son muchos los republicanos que no quieren que venga la República, porque no les conviene; van muy bien en el machito, haciendo la farsa de la oposición, sirviendo de comparsas en esta política repugnante, representando su papel de diputados o de concejales, u otros papeles peores.
    En este partido son muy pocos los directores que trabajan desinteresadamente por el ideal; la desorganización es indescriptible, no se puede imaginar; no hay espíritu de disciplina, ni siquiera instinto de conservación... Si no fuera porque veo esos caciquitos ir a su avío, sin saber disimularlo, creería que estaban locos. No se puede hacerlo peor para facilitar la victoria al adversario e imposibilitar la propia... Estoy harto de luchar sin esperanza de salvación entre tanta miseria. Así están disgregando la masa republicana, infiltrando el escepticismo entre los soldados de fila... ¡Oh! Usted no puede darse idea de lo que aquí se persiguen unos odios a otros y unas vanidades a otras... ¡Con qué ensañamiento, con qué perfidia, empleando todos los medios, hasta la difamación y la calumnia!
    Ha habido día que pensé meterme en casa y no ocuparme de política. Pero lo he pensado mejor. Voy a irme con Pablo Iglesias. Él y su partido son lo único serio, disciplinado, admirable, que hay en la España política. […] ¡Es por el socialismo por donde llega la aurora!».[7]
    • Fuente: El Imparcial, 13 de mayo de 1910, siendo diputado de la Conjunción Republicano-Socialista.
  • «Esto es insoportable. Esto es nauseabundo. En este partido se tropieza por excepción con hombres sinceramente republicanos, con hombres que deseen el advenimiento de la República».[7]
  • «Mientras más libros vendo, menos dinero gano. Voy a ser el único editor que se haya arruinado a fuerza de vender muchas ediciones».[1]

Citas por obras[editar]

Ángel Guerra (1891)[editar]

  • «[don Suero] como todo toledano rico, era algo arqueólogo».[8]
  • «[Toledo está] compuesta exclusivamente de cuestas, callejones y pasadizos... Respetando los grandes monumentos: Catedral, Alcázar, San Juan y poco más, debemos meter la piqueta por todas partes, y luego alinear bien. (...) ¡Figúrate tú que hermoso sería aislar completamente la Catedral, ensanchar la calle del Comercio y poner un tranvía de punta a punta!».[8]

Dinero, dinero, dinero (1865)[editar]

  • «El vil metal es causa de todos los conflictos: todas las crisis políticas son juegos de chicos, comparadas con una crisis financiera».[5]
  • «No es la Discordia, es la crisis. La crisis financiera, que es la más terrible de las crisis. La pobreza, mas no de uno, sino de todos los españoles, la bancarrota de una nación, la sublimidad del desfalco, el trueno reducido a su más augusta expresión».[5]

Doña Perfecta (1876)[editar]

Artículo principal: Doña Perfecta


El abuelo[editar]

Episodios nacionales[editar]

Artículo principal: Episodios nacionales


Fortunata y Jacinta: dos historias de casadas (1887)[editar]

  • «La falta de educación es para el pobre una desventaja mayor que la pobreza».
    • En boca del personaje Guillermina
    • Fuente: Parte Primera, VII, p. 166.[10]
  • «Por muy grande que nos figuremos la masa de olvido derramado en la sociedad como elemento reparador, esa masa supera todavía a todos nuestros cálculos. El bien y la gratitud son limitados; siempre los encontramos cortos. El olvido es infinito. De él se deriva el vuelva a empezar, sin el cual el mundo se acabaría».
    • En boca del personaje D. Evaristo
    • Fuente: Parte Tercera IV VI.[11]

Gloria (1876)[editar]

Artículo principal: Gloria (novela)


La de Bringas[12][editar]

La Fontana de Oro (1870)[editar]

Artículo principal: La Fontana de Oro


La incógnita (1889)[editar]

Artículo principal: La incógnita


La loca de la casa (1893)[editar]

Artículo principal: La loca de la casa


Marianela (1878)[editar]

Artículo principal: Marianela


Citas sobre Galdós[editar]

  • «Como los revolucionarios, con quienes le tocó convivir y que fueron sus amigos, Giner a la cabeza, Galdós es profundamente religioso, pero no católico; hondamente cristiano, pero furibundo anticlerical».[13]
  • «Con su modestia en vestir corría parejas (sic) la frugalidad, nunca quebrantada, de la comida. Comió siempre poquísimo y sin ninguna complicación ni variedad. De todos los alimentos, era la fruta el que mayor deleite le causaba. Hasta las últimas complicaciones de su uremia, próximas a la muerte, gustó los plátanos de su tierra, con las harinas que fueron el primer alimento de su niñez».
  • «El más atrevido, el más avanzado, por usar una palabra muy expresiva de estos novelistas, y también el mejor, con mucho, de todos ellos, es Benito Pérez Galdos [...] Galdós no es, ni con mucho, un revolucionario, ni social ni literario: ama la medida en todo, y quiere ir a la libertad, como a todas partes, por sus pasos contados».[16]
  • «... este hombre, vejado injustamente, ha revelado España a ojos de los españoles, que la desconocían; este hombre ha hecho que la palabra ESPAÑA no sea una abstracción, algo seco y sin vida, sino una realidad; este hombre ha dado ideas y sentimientos que estaban flotantes, dispersos, inconexos, una firme solidaridad y unidad; este hombre, a través de su vasta, inmensa obra, a lo largo de numerosos volúmenes que han salido de su pluma, ha ido haciendo lo que Menéndez y Pelayo ha hecho análogamente en otro orden de cosas: ha reunido en un solo haz, en una sola corriente, la muchedumbre de "sensaciones" que andaban dispersas, que han sido creadas parcialmente, fragmentariamente en tiempos diversos».[15]
    • Azorín
    • Fuente: El Sol, 4 de enero de 1920
  • «Galdós, en el siglo XIX, en plena posesión de su personalidad, crea un paralelismo del Quijote».[18]
    • Azorín
    • Fuente: Cervantes y Galdós
    • Nota: Se refiere a la primera novela dialogada de Galdós, Realidad (1890), respecto a la cual señala «En esta obra hay que renunciar a señalar las frases felices y rasgos inspirados porque sería necesario señalarlo todo».[18]
  • «Galdós fue un trabajador indefatigable hasta el último instante de su existencia. Se levantaba con el sol y escribía regularmente hasta las diez de la mañana. Escribía con lápiz, porque mojar la pluma en el tintero le hacía perder el tiempo, o le distraía y desconcertaba».
  • «[Galdós] no es tampoco un gran escritor, aunque no es tan malo como suele decirse».[19]
  • «[La aportación de Galdós a la literatura no radica en el estilo de su prosa, sino en] el auténtico arte, magistral, de su composición novelística».[17]
  • «La historia, las historias que cuenta Galdós, lo son de una vida arrolladora. Una vida arrolladora que se pierde y deshace en historias, que se desangra en ellas literalmente».[17]
  • «La nueva generación de escritores debe a Galdós todo lo más íntimo y profundo de su ser: ha nacido y se ha desenvuelto en un medio intelectual creado por el novelista [...] La idealidad ha nacido del mismo conocimiento exacto, del mismo amor, de la misma simpatía por una realidad española, pobre, mísera, de labriegos infortunados, de millares y millares de conciudadanos nuestros que viven agobiados por el dolor y mueren en silencio. Galdós —como hemos dicho— ha realizado la obra de revelar a España a los españoles».[18]
  • «Le gustan las mujeres... lo que nadie puede imaginarse, pero todo se lo calla y de estas cosas ni Dios le saca una palabra».[20]
  • «Los españoles solemos admirar el volumen de lo escrito por Galdós, pero las escasas narraciones de Alas tienen una calidad muy superior».[21]
    • Gonzalo Torrente Ballester
    • Fuente: Durante el acto de presentación en Barcelona de su libro Quizá nos lleve el viento al infinito (Plaza y Janés, 1984).[21]
  • «Los últimos años de Galdós fueron para este un continuo tormento. Recogido en el hotel madrileño de su sobrino, José Hurtado de Mendoza, pobre enfermo y solo, los capítulos postreros de la novela de su vida han tenido una honda emoción de tristeza y orfandad. Y nadie mejor que yo lo sabe, pues he sido testigo de ellos, y no pocas veces he compartido con el maestro la terrible amargura de su soledad».[1]
  • «No hay más que recordar que Clarín, hablando en su folleto Galdós de las ausencias que se notan en el arte del maestro, dice que Galdós no siente el paisaje. En efecto, Galdós era un espíritu ciudadano; aplicaba toda su atención a estudiar la trama menuda de la clase media; toda su órbita se reduce a las callejuelas de Madrid».[22]
    • Fuente: «Galdós», La Prensa (Buenos Aires), domingo 22 de febrero de 1920
  • «Trabaja habitualmente desde las siete de la mañana a las doce o la una, en cosas originales: por término medio escribe de ocho a veinte cuartillas grandes. Las manda en seguida a la imprenta y por la tarde corrige, o mejor dicho, rehace completamente lo escrito, quitando y tachando por lo general; añadiendo, raras veces».

Referencias[editar]

  1. 1,0 1,1 1,2 Viana, Israel. El terrible «tormento» de Galdós en sus últimos años de vida: «Pobre, enfermo y solo.» ABC. Consultado el 23 de junio de 2019.
  2. Percival, Anthony. «Galdós y lo autobiográfica: Notas sobre Memorias de un desmemoriado», p. 807. Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 30 de septiembre de 2019.
  3. 3,0 3,1 Palomo Triguero, Eduardo. Cita-logía. Editorial Punto Rojo Libros, S.L. ISBN 978-84-16068-10-4, p. 182.
  4. Amate Pou, Jordi. Paseando por una parte de la Historia: Antología de citas. Editorial Penguin Random House Grupo Editorial España, 2017. ISBN 9788417321871, p. 117.
  5. 5,0 5,1 5,2 Efe/Ana Mendoza.«Galdós y "la fe nacional".» La Vanguardia. Consultado el 23 de junio de 2019.
  6. Aparici Llanas (1982), p. 27.
  7. 7,0 7,1 Anales Galdosianos, volúmenes 19-20. Colaborador University of Pittsburgh. Editorial University of Pittsburgh, 1984, pp. 92-93.
  8. 8,0 8,1 Calvo, Mariano. «Navarro Ledesma, un talento malogrado.» ABC. Consultado el 2 de octubre de 2019.
  9. Pérez Galdós, Benito. El abuelo. Editorial NoBooks Editorial, 2012. En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.
  10. Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta: Dos historias de casadas, Parte Primera, VII, p. 166. Paradimage Soluciones SL, 2015. En Google Books. Consultado el 27 de junio de 2019.
  11. Pérez Galdós (1887), Parte Tercera IV VI.
  12. La de Bringas. Volumen 1 de Library of Alexandria. Benito Pérez Galdós. Editorial Library of Alexandria, 1971. ISBN 9781465566591.
  13. Aparici Llanas (1982), p. 120.
  14. 14,0 14,1 14,2 Menéndez Onrubia Carmen. Introducción al teatro de Benito Pérez Galdós, p. 46. Editorial CSIC-CSIC Press, 1983. ISBN 8400055381, 9788400055387. En Google Books. Consultado el 2 de octubre de 2019.
  15. 15,0 15,1 El Sol. Biblioteca Nacional de España. Consultado el 23 de junio de 2019.
  16. 16,0 16,1 16,2 Aparici Llanas (1982), p. 106.
  17. 17,0 17,1 17,2 17,3 17,4 Puente, Antonio. «El misterioso silencio de Galdós sobre sus orígenes canarios.» 12 de junio de 2018. El País. Consultado el 1 de septiembre de 2019.
  18. 18,0 18,1 18,2 Rubio Cremades, Enrique. «Anotaciones y acotaciones de Azorín a los textos de Galdós.» Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 23 de junio de 2019.
  19. Gilman, Stephen. Del Arcipreste de Hita a Pedro Salinas, p. 126. Universidad de Salamanca, 2002. ISBN 847800856X, 9788478008568. En Google Books. Consultado el 30 de septiembre de 2019.
  20. Escolar, Arsenio. «Las mujeres de Galdós.» (publicado originalmente en Cambio 16 el 30 de enero de 1989.) 20 minutos. Consultado el 2 de octubre de 2019.
  21. 21,0 21,1 Delclós, Tomàs. «Torrente Ballester describe en su última novela un robot que muere clamando al cielo.» 23 de marzo de 1984. El País. Consultado el 30 de septiembre de 2019.
  22. Azorín; Zumárraga, Verónica (ed.). Cien artículos de Azorín en «La Prensa», pp. 207-8. Universidad de Alicante, 2012. En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.

Bibliografía[editar]

  • Aparici Llanas, María Pilar (1982). Las novelas de tesis de Benito Pérez Galdós. Editorial CSIC-CSIC Press.  En Google Books. Consultado el 26 de junio de 2019.
  • Pérez Galdós, Benito (1887). Fortunata y Jacinta: dos historias de casadas. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (edición digital basada en la edición de Madrid, Imprenta de La Guirnalda, 1887).  En Google Books. Consultado el 27 de junio de 2019.
  • Pérez Galdós, Benito (1878). Marianela. 2.ª edición. Imprenta de La Guirnalda.  En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.