Gustavo Adolfo Bécquer

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Gustavo Adolfo Bécquer
«Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía».
«Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía».
Véase también
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Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, (Sevilla, 17 de febrero de 1836 - Madrid, 22 de diciembre de 1870) más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, poeta y narrador español, perteneciente al movimiento del Romanticismo, aunque escribió en una etapa literaria perteneciente al Realismo.

Citas[editar]

  • «El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo».
    • Fuente: Relatos contemporáneos. Gustavo Adolfo Bécquer. Volumen 18 de Clásicos de evasión. Editor Joan Estruch Tobella. Edición ilustrada. Ediciones Internacionales Universitarias, 2003. ISBN 9788484690733. Página 175.
  • «La soledad es muy hermosa... cuando se tiene alguien a quien decírselo». [1]
  • «Mi existencia, reducida al momento presente, flota en el océano de las cosas creadas como uno de esos átomos luminosos que nadan en el rayo del sol».
    • Fuente: Memorias de un pavo. Obras completas, II: Narraciones; Cartas literarias a una mujer; Desde mi celda; Libro de los gorriones; Artículos, crónicas y cuadros; Miscelánea. Volumen 2 de Biblioteca Castro. Gustavo Adolfo Bécquer. Editor, compilador y colaborador Ricardo Navas Ruíz. Edición ilustrada. Editorial Turner, 1995. ISBN 9788475064406. Página 326.

Citas por obras[editar]

Rimas[editar]

  • «En el majestuoso conjunto de la creación,
    nada hay que me conmueva tan hondamente,
    que acaricie mi espíritu
    y dé vuelo desusado a mi fantasía
    como la luz apacible y desmayada de la luna».
    • Fuente: Rimas y leyendas. A la claridad de la Luna. Volumen 7 de Textos universitarios. Autores Gustavo Adolfo Bécquer, Ana Rodríguez. Editora Ana Rodríguez. Editorial PPU, 1989. Página 65.

Leyendas[editar]

Poema indio[editar]

El caudillo de las manos rojas[editar]

El rayo de luna (leyenda soriana)[editar]

Cartas[editar]

Cartas literarias a una mujer[editar]

  • «Yo no niego nada; pero, por lo que a mí toca, puedo asegurarte que cuando siento no escribo. Guardo, sí, en mi cerebro escritas, como en un libro misterioso, las impresiones que han dejado en él su huella al pasar; estas ligeras y ardientes hijas de la sensación duermen allí agrupadas en el fondo de mi memoria hasta el instante en que, puro, tranquilo, sereno, y revestido, por decirlo así, de un poder sobrenatural, mi espíritu las evoca, y tienden sus alas transparentes, que bullen con un zumbido extraño, y cruzan otra vez por mis ojos como una visión luminosa y magnífica.
    Entonces no siento ya con los nervios que se agitan, con el pecho que se oprime, con la parte orgánica material que se conmueve al rudo choque de las sensaciones producidas por la pasión y los afectos, siento, sí, pero de una manera que puede llamarse artificial; escribo como el que copia de una página ya escrita; dibujo, como el pintor que reproduce el paisaje, que se dilata ante sus ojos y se pierde entre la bruma de los horizontes.
    Todo el mundo siente. Sólo a algunos seres les es dado el guardar, como un tesoro, la memoria viva de lo que han sentido. Yo creo que éstos son los poetas. Es más, creo que únicamente por esto lo son».
  • «La poesía es el sentimiento; pero el sentimiento no es más que un efecto, y todos los efectos proceden de una causa, más o menos conocida.
    ¿Cuál lo será? ¿Cuál podrá serlo de este divino arranque de entusiasmo, de esta vaga y melancólica aspiración del alma, que se traduce al lenguaje de los hombres por medio de sus más suaves armonías, sino el amor?
    Sí; el amor es el manantial perenne de toda poesía, el origen fecundo de todo lo grande, el principio eterno de todo lo bello y, digo el amor, porque la religión, nuestra religión, sobre todo, es amor también, es el amor más puro, más hermoso, el único infinito que se conoce, y sólo a estos dos astros de la inteligencia puede volverse el hombre, cuando desea luz que alumbre en su camino, inspiración que fecundice su vena estéril y fatigada».

Cartas desde mi celda[editar]

Libro de los gorriones[editar]

Referencias[editar]

  1. Palomo Triguero, Eduardo. Cita-logía. Editorial Punto Rojo Libros,S.L. ISBN 978-84-16068-10-4. p. 268.

Veáse también[editar]