Salvador de Madariaga

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Salvador de Madariaga
«La conciencia no nos impide cometer pecados, pero desgraciadamente sí disfrutar de ellos»
«La conciencia no nos impide cometer pecados, pero desgraciadamente sí disfrutar de ellos»
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Salvador de Madariaga (La Coruña, 23 de julio de 1886-Locarno, Suiza, 14 de diciembre de 1978) fue un diplomático, escritor, historiador y político español.

Citas[editar]

  • «El alma humana tiene más raíces y más ramajes de lo que parece».[1]
  • «Es dudoso que haya habido jamás en ningún país institución alguna que contase con medios más espléndidos y que menos hiciera con ellos que la Iglesia en España; al estallar la guerra civil debió haber abierto los brazos como Jesucristo a derecha e izquierda, debió haber abierto el pecho y el corazón a ambos lados en ademán de paz y unión; debió haber luchado por la paz y la unión y por ellas muerto».[3]
  • «Esperanza de los desterrados. La frase es buena, mejor de lo que se imaginaban los que la inventaron. Porque hoy en día todos los españoles son desterrados. Antes de 1936, todos los españoles vivían en España y en libertad. Hoy, unos cientos de miles viven en libertad desterrados de España; y el resto vive en España desterrado de la libertad».
    • Fuente: Ibérica, 15 de enero de 1954.[4]
  • «Guardé sobre la guerra civil silencio absoluto. Mucha gente no lo entendía, pero la razón era evidente: no podría hablar en pro de los rebeldes, pues representaban una política contraria a la mía; ni por los revolucionarios, no sólo porque no estaba de acuerdo con sus métodos, ni con los fines de algunos de ellos, sino porque además su causa no era la que decían ser y llevaban ante el mundo una máscara de democracia, que ya sabía ser máscara».[5]
  • «La conciencia no nos impide cometer pecados pero desgraciadamente sí disfrutar de ellos».[6]
  • «... La libertad es el pan del espíritu humano, esencial para el alma del hombre, y la democracia no pasa de ser un sistema de reglas de aplicación para salvaguardar la libertad».[7]
    • Fuente: Mi respuesta (1978), p. 50.
    • Nota: párrafo ampliado: «Como llevamos ya cerca de dos siglos con las ideas embarulladas por una presentación caprichosa y sectaria de la Revolución francesa, hemos adquirido la costumbre de confundir libertad con democracia y de identificar la democracia con el sufragio universal. Importa establecer que la libertad es el pan del espíritu humano, esencial para el alma del hombre, y la democracia no pasa de ser un sistema de reglas de aplicación para salvaguardar la libertad».
  • «Señores Académicos: Pues claro que la tuve: la tentación de comenzar este discurso con un resonante Decíamos ayer... Pues claro que la tuve. Pero no cedí, ni ceder podía, porque me faltaba la gente con qué llenar ese decíamos. Primera persona plural que ni es profesoral ni política, sino algo más sutil y fino que engloba a los que escuchan sin por ello absorberlos. Decíamos. Todos. Yo, que hablo y vosotros que... pero ¿quién sería ese vosotros, vivo hoy y vivo en aquel ayer? La respuesta a la vista está. De los que me eligieron, sólo responden hoy nuestro ilustre decano y mi compañero de emigración Tomás Navarro Tomás. Todos los demás pueden alegar total inocencia».
    • Fuente: De la belleza en la ciencia. Discurso de ingreso en la Real Academia Española, leído el día 2 de mayo de 1976.[8]

Citas de España. Ensayo de historia contemporánea (1979)[editar]

  • «Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936».[9]
  • «El cacareado salvamento de los cuadros del Prado, lejos de ser tal salvamento, fue uno de los mayores crímenes que contra la cultura española se han cometido jamás. Madrid poseía, quizá entonces, precisamente la mejor cámara subterránea del mundo para la protección de tesoros artísticos, recién terminada con arreglo a la técnica más moderna, a treinta metros de profundidad bajo el Banco de España. A los técnicos ingleses que visitaron España entonces se les enseñó un par de cuadros del Greco enmohecidos por la humedad para hacerles creer que esta cámara no era suficiente. A la sazón presidente de la Oficina Internacional de Museos de la Sociedad de Naciones, pude estudiar documentación suficiente para asegurar aquí que los cuadros del Museo del Prado no debieron haber salido nunca de Madrid, y que no hubieran salido de no haber predominado en el Gobierno de entonces la pasión política más miserable sobre el respeto a la cultura y al arte».[10]
  • «El país había entrado en una fase claramente revolucionaria. Ni la vida ni la propiedad estaban a salvo en ninguna parte. Es un prejuicio absoluto explicar aquel estado de cosas con chillidos de loro en variaciones de la palabra “feudal”. No se trataba ya de que a propietarios de miles de hectáreas otorgadas a sus antepasados por el rey Fulano de Tal le invadieran la residencia y le dejaran el ganado sangrando con las patas rotas en los humeantes campos de su propiedad. Era el modesto médico o abogado madrileño que tenía un chalet con cuatro habitaciones y baño y un huerto del tamaño de un pañuelo, que veía cómo le ocupaban la casa unos trabajadores de la tierra que en absoluto carecían de casa ni pasaban hambre, y acudían a recoger la cosecha: llegaban diez hombres a hacer el trabajo de uno y se le quedaban en casa hasta que terminaban. Era el secretario local de jardineros que iba a decirle con amenazas a la chica que regaba las rosas que todo riego tenían que hacerlo los del sindicato; era un movimiento encaminado a prohibir la conducción del propio coche e imponer la aceptación de un chófer del sindicato».[11]
  • «La constitución nació el 9 de diciembre de 1931 y murió el 18 de julio de 1936. En estos cuatro años y medio vivió España tres fases distintas de vida pública: a la izquierda (9 de diciembre de 1931 a 3 de diciembre de 1933); a la derecha (3 de diciembre de 1933 a 16 de febrero de 1936); y a la izquierda otra vez (16 de febrero de 1936 a 18 de julio de 1936). Durante el primer período, la izquierda en el poder tuvo que hacer frente a un alzamiento armado de la derecha (agosto de 1932). Durante el segundo período, la derecha en el poder tuvo que hacer frente a un alzamiento armado de la izquierda (octubre de 1934). Durante el tercer período, la izquierda en el poder tuvo que hacer frente a un alzamiento armado de la derecha. La República sucumbió a estas violentas sacudidas. El resto es retórica».[12]

Citas de «El contubernio de Munich» (1962)[editar]

  • «En cuanto a Europa, es la que se crea al confluir las dos grandes tradiciones: la socrática, que pide libertad de pensamiento, y la cristiana, que pide respeto para la persona humana. Y por lo tanto, nosotros los españoles hemos venido aquí a hacer constar que no es admisible en Europa un régimen que todos los días envenena a Sócrates y crucifica a Jesucristo».[13]
  • «Los que antaño escogimos la libertad perdiendo la tierra y los que escogimos la tierra perdiendo la libertad nos hemos reunido para otear el camino que nos lleve juntos a la tierra y a la libertad».[13]
  • «Pero ¿no va Europa a considerar la libertad para todos sus miembros? Y si Madame de Sévigné podía escribir a su hija: “Me duele tu estómago”, ¿por qué no ha de decirle Europa a España: “Me duele tu dictadura”?. La opresión es indivisible, como lo es la libertad».[13]

Citas sobre Madariaga[editar]

  • «Escribe como un perfecto ignorante, como un resentido, como un fatuo oxforniano que cree que con esta condición puede apabullar a todo el mundo».[14]
    • Justo Martínez Amutio
  • Salvador Madariaga fue un gallego anglófilo en una cultura como la hispánica, en la que solo ha habido o casticistas integristas o afrancesados desgarrados. Los anglófilos, en nuestro país, han sido pocos: de Jovellanos a Madariaga pasando por Blanco White o Alcalá-Galiano, lo que los ha hecho ser intrínsicamente sospechosos de casi todo lo malo. Como tal anglófilo militante desde la guerra de 1914, Madariaga fue siempre un liberal que siempre llevó mal la maldición de la bipolaridad española.[16]

Referencias[editar]

  1. Señor (1997), p. 206.
  2. Señor (1997), p. 58.
  3. Arias Solís, Francisco. «La gran voz de un intelectual». 6 de abril de 2009. Analítica. Consultado el 3 de agosto de 2019.
  4. El País, 5 de abril de 2009.
  5. Esteban, José. «La fama de Madariaga». Triunfo, n.º 830, del 23 de diciembre de 1978; pp. 48-49.
  6. Ortega Blake, Arturo. El gran libro de las frases célebres. Penguin Random House, México, 2013, p. 858. ISBN 9786073116312.
  7. Jalón, Diego en 1982.
  8. De la belleza en la ciencia, p. 9. Real Academia Española. Consultado el 19 de mayo de 2020.
  9. Madariaga (1979), pp. 362–363.
  10. Madariaga (1979).
  11. Madariaga (1979), pp. 452–453.
  12. Madariaga (1979), p. 377.
  13. 13,0 13,1 13,2 Madariaga, Salvador (1962). «El contubernio de Munich». Beers and Politics. Consultado el 3 de agosto de 2019.
  14. Martínez Amutio (1975), pp. 29-37.
  15. Urgarte Corcuera, Francisco. Envidia de la mala, envidia de la buena. Ediciones Rialp, 2017. En Google Libros. Consultado el 6 de junio de 2019.
  16. García Cárcel, Ricardo. «Memoria de Salvador de Madariaga». 14 de diciembre de 2003. ABC. Consultado el 19 de mayo de 2020.

Bibliografía[editar]