Pueblo español

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El pueblo español, o los españoles, son los naturales de España.

Citas[editar]

A[editar]

  • «A partir de 1808 puede hablarse en España de nacionalismo: el patriotismo étnico pasó a ser plenamente nacional, al menos entre las élites. Y ello fue obra indiscutible de los liberales. Las élites modernizadoras aprovecharon la ocasión para intentar imponer un programa de cambios sociales y políticos; y el método fue lanzar la idea revolucionaria de la nación como titular de la soberanía. El mito nacional resultó movilizador contra un ejército extranjero y contra los colaboradores de José Bonaparte, en tanto que no españoles (afrancesados). Los liberales españoles recurrieron a la identificación entre patriotismo y defensa de la libertad: como declaró el diputado asturiano Agustín Argüelles al presentar la Constitución de 1812, "españoles, ya tenéis patria"».[1]

B[editar]

  • «Bien sé a cuántos contradigo, y reconozco los que se han de armar contra mí; mas no fuera yo español si no buscara peligros, despreciándolos antes para vencerlos después».

C[editar]

  • «... Cuando los españoles puedan emplear en cosa mejor este extraordinario caudal de energías (...) sustituirán la gloria siniestra y dolorosa de la guerra. Y entonces se comprobará, una vez más, lo que nunca debió ser desconocido por los que lo desconocieron: que todos somos hijos del mismo sol y tributarios del mismo río».[2]

D[editar]

  • «Dios es español y está de parte de la nación estos días».
  • «Tenga Vuestra Majestad por el negocio más importante de su monarquía el hacerse rey de España; quiero decir, Señor, que no se contente Vuestra Majestad con ser rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona, sino que trabaje y piense con consejo mudado y secreto por reducir estos reinos de que se compone España al estilo y las leyes de Castilla sin ninguna diferencia, que si Vuestra Majestad lo alcanza, será el Príncipe más poderoso del mundo».
  • «Dos años largos ha que ciño la corona de España, y la España vive en constante lucha, viendo cada día más lejana la era de paz y de ventura que tan ardientemente anhelo. Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha, entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación son españoles; todos invocan el dulce nombre de la patria; todos pelean y se agitan por su bien, y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible afirmar cuál es la verdadera, y más imposible todavía hallar remedio para tamaños males. Los he buscado ávidamente dentro de la ley y no los he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla».
  • «Dos extremos, entrambos reprehensibles, noto en nuestros españoles en orden a las cosas nacionales. Unos las engrandecen hasta el cielo; otros las abaten hasta el abismo».

E[editar]

  • «El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: "Es envidiable"».[5]
  • «España no crea colonias, organiza y reconoce reinos que van madurando hasta que forman lo que hoy son las naciones hispanoamericanas. El error lo cometió Fernando VII, que tenía que haber cumplido los acuerdos de las Cortes de 1780, por los cuales se iba a ir elevando el nivel de los virreyes, que tenían que ser infantes, hasta llegar, poco a poco, a una autonomía administrativa, de tal manera que sólo se acabara manteniendo —como así hizo Inglaterra— la unión económica. Hablar de guerras de Independencia en América es erróneo, pues son guerras civiles: en realidad hablamos de españoles que estaban enfrentados. Y es que, cuando Fernando VII vuelve después de la guerra contra los franceses, en vez de pensar que había que reformar la Constitución de Cádiz, la deroga completa, y así pasó lo que pasó en el siglo XIX aquí y en América...».

H[editar]

  • «Hay un instinto innato de la belleza en el pueblo español y una alta idea de la presencia de Dios en el templo. Ahora comprendo el espectáculo fervoroso, único en el mundo, que es una misa en España. La lentitud, la grandeza, el adorno del altar, la cordialidad en la adoración del Sacramento, el culto a la Virgen, son en España de una absoluta personalidad y de una enorme poesía y belleza. Ahora comprendo también aquí, frente a las iglesias protestantes, el porqué racial de la gran lucha de España contra el protestantismo y de la españolísima actitud del gran rey injustamente tratado en la historia, Felipe II. Lo que el catolicismo de los Estados Unidos no tiene es solemnidad, es decir, calor humano. La solemnidad en lo religioso es cordialidad, porque es una prueba viva, prueba para los sentidos, de la inmediata presencia de Dios. Es como decir: Dios está con nosotros, démosle culto y adoración. Pero es una gran equivocación suprimir el ceremonial. Es la gran cosa de España. Son las formas exquisitas, la hidalguía con Dios».

L[editar]

  • «La victoria de uno de esos adversarios significaría, ocurra lo que ocurra, una espantosa matanza de los vencidos... Los españoles son vengativos y el odio los envenena».[7]
  • «Los catalanes, los gallegos y los vascos serían anti-españoles si quisieran imponer su modo de hablar a la gente de Castilla; pero son patriotas cuando aman su lengua y no se avienen a cambiarla por otra. Nosotros comprendemos que a un gallego, a un vasco o a un catalán que no quiera ser español se le llame separatista; pero yo pregunto cómo debe llamársele a un gallego que no quiera ser gallego, a un vasco que no quiera ser vasco, a un catalán que no quiera ser catalán. Estoy seguro de que en Castilla, a estos compatriotas les llaman "buenos españoles", "modelo de patriotas", cuando en realidad son traidores a sí mismos y a la tierra que les dio el ser. ¡Estos sí que son separatistas!»
  • «Los españoles están condenados a ir siempre detrás de los curas, o con el cirio o con el garrote».[4]
  • «Los españoles se habían dejado arrastrar con especial dramatismo por esta pasión de las esencias nacionales, porque la moda coincidió justamente con dos graves crisis políticas colectivas: el 98 y la guerra civil. En 1898, la pérdida de Cuba y los demás restos del imperio, se interpretó traumáticamente como una demostración de impotencia colectiva, especialmente humillante en el momento en que los europeos «normales» —según se percibía desde aquí— demostraban en Asia y África a golpe de cañonazo la superioridad de su civilización. Hasta aquel momento, además, los progresistas españoles se habían protegido de sus desventuras manteniendo la esperanza en una intervención redentora de ese sano pueblo que según la leyenda había salvado al país cuando las élites vendepatrias lo habían abandonado en manos de Napoleón. Pero las noticias de los sucesivos hundimientos de escuadras del 98 no hicieron reaccionar al pueblo, y ello agotó los últimos restos de optimismo. Definitivamente —concluyeron las mentes preocupadas por el destino colectivo—, no éramos como los demás europeos, éramos incapaces de adaptarnos a la modernidad, no pertenecíamos a las razas superiores».[1]
  • «Los españoles son ejemplo que no parece excepción, pues siendo generalmente de estatura pequeña, la grandeza del corazón es tan grande que les da aliento, de forma que con su propio valor se han hecho dueños del mundo».
  • «[Los españoles tienen una] cierta inclinación al masoquismo histórico».[9]
  • «Los españoles todos se comportaron como un solo hombre de honor. Enfoqué mal el asunto ese; la inmoralidad debió resultar demasiado patente; la injusticia demasiado cínica y todo ello harto malo, puesto que he sucumbido».
  • «Los españoles tuvieron una clara superioridad sobre los demás pueblos: su lengua se hablaba en París, en Viena, en Milán, en Turín; sus modas, sus formas de pensar y de escribir subyugaron a las inteligencias italianas, y desde Carlos V hasta el comienzo del reinado de Felipe III España tuvo una consideración de la que carecían los demás pueblos».[4]
  • «Los franceses son más sabios de lo que ellos parecen, y los españoles parecen más sabios de lo que ellos son».

M[editar]

  • «Me ha ocurrido que cuando la alabanza inglesa absorbía mi personalidad, alejándome de los vínculos espirituales que me ligan a la patria, he abandonado Londres más que de prisa, para ir a España. ¡No, no!; antes que nada, ¡soy español!»

N[editar]

  • «Nada queda fuera de mi alcance con diez dedos en las manos y ciento cincuenta españoles».

O[editar]

S[editar]

  • «Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadraos ante él, es un héroe, es un español».[11]
    • Otra versión: «Cuando veáis a un soldado desaliñado, indisciplinado y sin afeitar, cuadraos. Es un héroe español».[sin fuentes]
    • General Jürgens, comandante del XXXVIII Cuerpo de Ejército de la Wehrmacht.
  • «... si los españoles hablásemos de lo que entendemos, y nada más, habría un gran silencio, que podríamos aprovecharlo para el trabajo».[12]

Referencias[editar]

  1. 1,0 1,1 Álvarez Junco, José. «El falso "problema español".» El País. Consultado el 6 de junio de 2019.
  2. Melián, Ibiza. Historias de un pueblo: «Para los enemigos la ley, para los amigos el favor». Ibiza Melián, 2017. En Google Books. Consultado el 6 de junio de 2019.
  3. Marco, José María et al. Azaña, p. 119. Ministerio de Cultura, 1990. En Google Books. Consultado el 6 de junio de 2019.
  4. 4,0 4,1 4,2 Pérez-Reverte, Arturo. Una historia de España. Penguin Random House Grupo Editorial España, 2019. En Google Books. Consultado el 6 de junio de 2019.
  5. 5,0 5,1 Urgarte Corcuera, Francisco. Envidia de la mala, envidia de la buena. Ediciones Rialp, 2017. En Google Books. Consultado el 6 de junio de 2019.
  6. Sepúlveda Muñoz, Isidro. El sueño de la madre patria: hispanoamericanismo y nacionalismo, p. 357. Marcial Pons Historia, 2005. En Google Books. Consultado el 6 de junio de 2019.
  7. Pelaz López, José-Vidal. Breve historia de Winston Churchill, p. 185. Ediciones Nowtilus S.L., 2012. En Google Books. Consultado el 5 de junio de 2019.
  8. Ugidos, Gonzalo. Enigmas y conspiraciones: El lado oscuro de la historia de España. La Esfera de los Libros, 2017. En Google Books. Consultado el 6 de junio de 2019.
  9. EFE. «Aznar afirma que los españoles tienen "cierta inclinación al masoquismo histórico".» 20 Minutos. Consultado el 6 de junio de 2019.
  10. Vickers, Brian (editor). Francis Bacon, The Major Works: [including New Atlantis and the Essays]. Oxford: Oxford University Press, 2002), p. 389.
  11. Cuesta Millán, Juan Ignacio. Madrid, 2 de mayo: Crónica de las 24 horas que amargaron a Napoleón, p. 8. Ediciones Nowtilus S.L., 2010. En Google Books. Consultado el 6 de junio de 2019.
  12. Mori, Arturo. Crónica de las Cortes Constituyentes de la Segunda República Española, p. 97. A. Aguilar, 1932. En Google Books. Consultado el 6 de junio de 2019.