Cartas a Lucilio

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Cartas a Lucilio
Título original Epistulae Morales ad Lucilium
Autor Séneca
Publicación 65 (hace 1954 años)
Idioma Latín

Las Cartas de Séneca a Lucilio o Cartas a Lucilio es una recopilación de correspondencia de Séneca a su discípulo Lucilio. En ella le comenta al tal Lucilio su parecer sobre cuestiones y dudas del día a día según su doctrina estoica, además de citar a muchos otros grandes filósofos y personalidades de su época o anteriores a él.

Carta I[editar]

  • «Haz pues mi querido Lucilio lo que dices que tú mismo me dices que haces: agárrate a las horas con ambas manos. Dependerás menos del día de mañana si tuvieses bien asido el de hoy».

Carta II[editar]

  • «Pobre no es el que tiene poco, sino el que mucho desea».
  • «Y si me preguntas cuál es el límite de las riquezas, te diré que primeramente tener lo necesario y después tener lo suficiente».

Carta III[editar]

  • «Ni una cosa ni otra ha de hacerse, pues ambas son viciosas: fiar de todos y no fiar de nadie; ahora bien, yo te diría que el primero de estos extremos viciosos es más noble, aunque el segundo sea más seguro».

Carta IX[editar]

  • «Yo te enseñaré un hechizo amatorio, sin drogas, sin hierbas, sin ensalmo de brujas: si quieres ser amado, ama».

Carta X[editar]

  • «Vive con los hombres como si Dios te viese; háblale a Dios como si los hombres te oyeran».
  • «Podrás tenerte liberado de toda codicia cuando llegares a un grado tal que no pidas a Dios sino las cosas que puedas pedirle en público».

Carta XII[editar]

  • «La necesidad está dentro del mal, pero no hay causa, dianoética, alguna de vivir con necesidad».

Carta XIV[editar]

  • «Hemos de comportarnos no como si tuviéramos que vivir para el cuerpo, sino como quien no puede vivir sin él. Para quien ama demasiado el cuerpo la honestidad es despreciable».

Carta XVII[editar]

  • «Para muchos, haber ganado riquezas no fue acabamiento de sus miserias, sino cambio de unas miserias por otras».
  • «Si el alma es la enferma, lo mismo da que se encuentre rodeada de riquezas o en la pobreza, porque su mal la seguirá a todas partes».

Carta XVIII[editar]

Carta XIX[editar]

  • «Concede más importancia a quién es el favorecido que a lo que es el favor que recibió».
  • «Has de mirar con quién comes y bebes antes que lo que comes y bebes; porque comida sin amigo es comida de leones y lobos».
  • «La montaña más alta es la que más atrae al rayo».

Carta XXI[editar]

  • «Crees que tienes que habértelas con muchas dificultades, pero la verdad es que la mayor dificultad está en ti y tú eres el estorbo para ti mismo».
  • «Por eso me complazco recordando las egregias sentencias de Epicuro porque compruebo que los que acuden a ellas con la vil esperanza de encubrir sus vicios, comprenderán que vayan donde vayan han de vivir honestamente».
  • «Si buscas la fama, más fama te darán mis cartas que todas esas cosas que festejas y por las cuales eres festejado».

Carta XXII[editar]

Carta XXIII[editar]

  • «Te diré cuál es el verdadero placer y de dónde viene: de la buena conciencia, de las rectas intenciones, de las buenas acciones, del menosprecio de las cosas del azar, del aire plácido y lleno de seguridad, de la vida que siempre pisa el mismo camino».
  • «Es cosa molesta comenzar siempre la vida».

Carta XXV[editar]

  • «Nada de lo que poseemos es necesario, hay que volver a las leyes de la Naturaleza».

Carta XXVII[editar]

  • «Sólo la virtud nos procura un goce perpetuo y seguro».
  • «El buen sentido ni se compra ni se vende ni nadie nos lo puede dar prestado».

Carta XXIX[editar]

  • «Nunca quise agradar al pueblo porque lo que yo sé no le contenta, y lo que le contenta yo no lo sé».

Carta XXX[editar]

  • «La muerte es una necesidad igual e invencible y nadie puede quejarse de lo que a todos alcanza».
  • «He visto a muchos quitarse la vida y merecen más respeto los que van a la muerte sin odio a la vida y la aceptan sin buscarla».

Carta XXXI[editar]

  • «La confianza en sí mismo es el único bien y aquel del que ha de derivarse la vida bienaventurada».
  • «¿Qué es, pues, el bien?. La ciencia. ¿Qué es el mal?. La ignorancia».

Carta XXXII[editar]

  • «Vive pues de tal manera como si yo tuviera que saber todo lo que haces; más aún, como si tuviese que verlo».

Carta XXXIII[editar]

  • «La verdad se ofrece a todos y no es exclusiva de nadie; aún no ha sido descubierta del todo, mucha parte de ella quedó reservada para la posteridad».

Carta XXXIV[editar]

  • «El alma cuyas obras no concuerdan no es recta».

Carta XXXV[editar]

  • «Lo que es firme y está bien fundamentado no anda errante».

Carta XXXVI[editar]

  • «La fortuna carece de poder sobre la vida moral».
  • «Cuanto parece morir no hace sino cambiar. Quien tiene que volver no debe de sufrir al marchar».
  • «Ni los niños ni los locos temen la muerte y sería una gran vergüenza que la razón y el buen juicio no dieran aquella seguridad, a que conduce la estulticia».

Carta XXXVII[editar]

Carta XXXIX[editar]

  • «El alma noble posee la gran cualidad de apasionarse por las cosas honestas».
  • «El colmo de la infelicidad es ciertamente no ya deleitarse en las cosas vergonzosas, sino complacerse en ellas; cuando aquellos que fueron vicios se transforman en costumbres ya no hay remedio».

Carta XLI[editar]

  • «Nadie debe gloriarse sino de lo que le es propio».

Carta XLII[editar]

  • «Te podría decir de muchas cosas que una vez compradas destruyen nuestra libertad; seríamos en estos casos más nuestros si ellas no fuesen nuestras».

Carta XLIII[editar]

  • «Júzgate dichoso cuando puedas vivir a la vista de todo el mundo».
  • «De nada aprovecha esconderse y evitar los ojos y los oídos de los hombres: si la conciencia es buena venga la muchedumbre, si es mala, aún en la soledad estará inquieta y angustiada. Si es honesto lo que haces sirva de ejemplo a todos, si es torpe de nada sirve que no lo sepa nadie si lo sabes tú».

Carta XLIV[editar]

  • «El alma es quien hace noble y es sobre ella con lo que podemos elevarnos a cualquier condición por encima de la fortuna».
  • «Hay que considerar no de dónde viene la gente, sino hacia dónde va».

Carta XLV[editar]

  • «Concedo gran crédito al juicio de los grandes hombres, mas no por eso dejo de tener el mío».

Carta XLVII[editar]

  • «Piensa que este a quien llamas esclavo nació de tu misma semilla, goza del mismo cielo, respira el mismo aire, vive y muere igual que tú. Puede suceder que él te vea esclavo alguna vez, y algún día tú le veas libre a él».

Carta XLIX[editar]

  • «Enséñame lo limitado de mi tiempo, porque el bien de la vida no radica en su extensión sino en su uso».
  • «La naturaleza nos ha hecho capaces de aprender, y si nos dio una razón imperfecta, nos la dio al mismo tiempo perfectible».

Carta L[editar]

Carta LI[editar]

  • «El día que me vea más fuerte que la fortuna, ya nadie podrá conmigo».

Carta LIII[editar]

  • «Yo he venido a Asia, no con el propósito de recibir lo que vosotros me deis, sino con el de que tengáis lo que yo deje».
  • «He aquí una cosa grande: tener la debilidad de un hombre, y la seguridad de un Dios».

Carta LIV[editar]

  • «El sabio quiere siempre aquello que está obligado a hacer».

Carta LV[editar]

  • «Son los deleites los que nos ocasionaron debilidad».
  • «El amigo se ha de poseer en el corazón y el corazón nunca está ausente».

Carta LVI[editar]

Carta LVIII[editar]

  • «No me daré la muerte por escapar del dolor, pues morir así es ser vencido».
  • «Débil y cobarde es quien muere porque sufre, necio quien vive para sufrir».

Carta LIX[editar]

  • «La alegría verdadera no ha de cesar ni volverse jamás contra ti».
  • «Todos juran que soy hijo de Júpiter, pero esta herida está proclamando que soy hombre».
  • «Tantas cosas por las que te fuerzas buscando el placer son causas de dolor».
  • «El sabio nunca carecerá de alegría pues ella nacerá de sus propias virtudes».
  • «¡Cómo pasamos entre mentidos gozos la suprema noche!».

Carta LXII[editar]

  • «El camino más breve para las riquezas es el desprecio de las riquezas».

Carta LXIII[editar]

  • «La memoria de nuestros amigos difuntos, es como algunas manzanas que tienen una aspereza suave, o como el vino muy viejo en el cual encontramos un amargor agradable, pero cuando transcurre una temporada lo que nos angustia se extingue y solo queda la pura delectación».
    • Atalo, citado por Séneca
  • «Hoy puede acontecer lo que puede acontecer cualquier día».

Carta LXV[editar]

  • «No temo dejar de ser pues es igual que no hubiera comenzado».

Carta LXVII[editar]

  • «No tener nada que te excite, que te acucie, que con su ataque o su anuncio ponga a prueba el temple de tu alma, estar echado en un ocio sin inquietudes no es tranquilidad sino indolencia».

Carta LXVIII[editar]

  • «Nunca se halla más ocupado el sabio que cuando contempla ante sus ojos las cosas divinas y humanas».

Carta LXXI[editar]

  • «Ningún viento será bueno para quien no sabe a qué puerto se encamina».
  • «El único bien es aquello que es honesto».
  • «Todas las calamidades podrán ser llamadas bienes siempre que la virtud las ennoblezca».
  • «No es la materia sino la virtud la que hace las cosas buenas o malas».

Carta LXXII[editar]

  • «Es menester abrir de vez en cuando el espíritu y remover las cosas en él depositadas a fin de tenerlas a punto cuando llegue la ocasion de necesitarlas».
  • «Te diré cómo se conoce la sanidad del alma: si está contenta de sí misma, si confía en sí misma, si sabe que todos los deseos de los mortales no tienen ninguna importancia para la verdadera felicidad».
  • «¿Has visto alguna vez un perro cogiendo al vuelo con la boca abierta un trozo de pan o de carne que le echa su amo?. Nada más alcanzado lo traga todo de una vez, entero, y espera con la boca abierta que se le eche más. Así nos sucede: todo lo que la fortuna lanzó a nuestra impaciencia, lo engullimos de una vez, sin ningún placer, siempre con la boca abierta y atentos a que se nos eche un nuevo pedazo».
    • Atalo, citado por Séneca

Carta LXXIII[editar]

  • «Por aquí se sube al cielo, por el camino de la frugalidad, de la temprancia, de la fortaleza. Los dioses no son envidiosos ni desdeñosos, admiten a los que pretenden ascender a su altura y les tiende la mano. ¿Te maravilla que el hombre pueda ascender hasta los dioses?. Es Dios quien desciende a los hombres, y algo más sutil, es Dios quien penetra en los hombres, pues no hay alma buena sin Dios. Simientes divinas han sido esparcidas por todos los cuerpos humanos, que si son recibidas por un buen cultivador, brotan semejantes a sus orígenes e iguales a aquellos seres de los cuales nacieron; pero si el cultivador no es bueno, si la tierra es estéril y mala, las mata y en lugar de buen grano solo cría malas hierbas».

Carta LXXIV[editar]

  • «El que cree ser la honradez el único bien lleva consigo mismo toda la felicidad».
  • «Sólo podrá ser venturoso quien se sienta libre de temor y la única vía que conduce a ello es la honradez».
  • «Arma la razón y ella te armará contra todo lo demás».

Carta LXXV[editar]

  • «¿Preguntas qué es libertad?. No temer a los hombres ni a los Dioses, no desear algo deshonesto ni excesivo, tener el completo señorío de sí mismo pues el mayor de los tesoros es poder llegar a hacer dueño de nuestro propio ser».

Carta LXXVI[editar]

  • «Se ha de aprender mientras se ignore».
  • «En cada cosa lo mejor ha de ser aquello para lo que nació».
  • «Por lo que se refiere al hombre no importan ni sus tierras, ni su dinero, ni sus clientes, ni la cama en que duerma o el vaso en que beba, lo que importa es cuánta sea su bondad pues ella es el sumo bien del hombre».

Carta LXXVIII[editar]

  • «Nada recupera y conforta tanto a un enfermo como el afecto de los amigos».

Carta LXXIX[editar]

  • «La mentira es bien mezquina; si la miras a trasluz se transparenta».

Carta LXXX[editar]

  • «Si quieres pesarte a ti mismo, da de un lado el dinero, la casa, las dignidades y contémplate por dentro; mientras, estás apreciando tu valer por lo que dicen los demás».

Carta LXXXI[editar]

  • «La malicia bebe ella misma la mayor parte de su veneno».
    • Atalo, citado por Séneca

Carta LXXXII[editar]

  • «En la defensa de la verdad hemos de proceder con la mayor sencillez; en la lucha con el temor con la mayor fortaleza».
  • «¡Camaradas, almorzad como si tuvieseis que cenar en el Infierno!».
  • «Camaradas, es necesario ir a aquel lugar del que no es necesario volver».
    • Un general romano anónimo citado por Séneca

Carta LXXXIII[editar]

  • «Así deberíamos vivir: como si nos viesen, y pensar como si alguien pudiera asomarse a nuestro interior».

Carta LXXXIV[editar]

  • «Escarpada es la vía que conduce a la cima de la dignidad, pero si tomas gusto a ascender hasta tal cima, a la cual se rinde hasta la misma fortuna, contemplarás por debajo de ti todas aquellas cosas tenidas por más elevadas y llegarás a ella por un camino llano y seguido».

Carta LXXXV[editar]

  • «La excelencia de la vida bienaventurada se cifra en su plenitud».
  • «En aguas tranquilas no hay mal piloto».

Carta LXXXVI[editar]

  • «No quiero romper en nada nuestras leyes ni nuestras intituciones... Sea igual el derecho para todos; goza, ¡oh Patria!, sin mí de mis beneficios. Yo que te he ganado la libertad seré también una prueba de ella. Yo mismo me destierro si es que crecí más de lo que te convenía».

Carta LXXXVIII[editar]

  • «Sé que todo me puede suceder , pero sé también que no todo me sucederá, y así espero lo favorable y estoy aparejado para lo adverso».

Carta LXXXIX[editar]

  • «La sabiduría es el colmo de la perfección del alma humana; la filosofía es el amor y la investigación de la sabiduría».

Carta XC[editar]

  • «Los dioses nos dieron de la filosofía no su conocimiento, pero sí la facultad de alcanzar la sabiduría».
  • «Fue la avaricia la que instauró la pobreza y al ambicionarlo todo lo perdió todo».
  • «La virtud solo corresponde a un alma instruida, adoctrinada y conducida a la perfección por ejercicio asiduo. Nacemos para ello pero sin ello».

Carta XCI[editar]

  • «Por lo único que me duelen los incendios de la ciudad es porque sé que las ruinas serán reedificadas mejor que antes de ser quemadas».
  • «No nos midas por esos sepulcros que adornan nuestras carreteras tan desiguales de por fuera, porque en su interior todas sus cenizas son las mismas».

Carta XCIV[editar]

  • «No compres lo que es útil, sino lo que es necesario; lo meramente útil aun por moneda pequeña, es caro».
  • «Nadie yerra solo para sí, sino que esparce su aberración sobre los que lo rodean y él a su vez de ellos la recibe».
  • «La ambición, el lujo, y la arrogancia exigen un escenario».

Carta XCV[editar]

  • «No pidas muchas veces lo que no desees conseguir».

Carta XCVI[editar]

Carta XCVII[editar]

  • «El permanecer oculto no sirve de nada al pecador; pues aunque consiga encontra un buen escondrijo le falta la confianza».
  • «El castigo mayor de los delincuentes es el haber delinquido y no hay maldad que quede impune aun cuando la fortuna la proteja porque la sanción del crimen está en el crimen».

Carta XCIX[editar]

  • «Todos los bienes de los mortales son mortales».
  • «La vida ni es un bien ni un mal, es sólo ocasión de bien y de mal».

Carta C[editar]

  • «No porque alguien sea menor que el más grande se le puede llamar pequeño».

Carta CI[editar]

  • «Que me vuelva manco; que sea cojo de un pie; ponme una joroba en la espalda; que se me meneen los dientes; mientras me quede la vida todo lo acepto y aun colgado de una cruz desearía seguir viviendo».
  • «¿Es tan grande desventura morir?».
  • «Lo que importa no es que vivas mucho, sino que vivas bien; y a menudo vivir bien consiste en no vivir mucho».

Carta CII[editar]

  • «Así como durante nueve meses nos retiene el claustro materno y nos prepara no para él, sino para aquel lugar al que nos depositará cuando ya le parezcamos aptos para respirar y recibir el aire libre, así durante todo el tiempo que transcurre de la infancia a la vejez vamos madurando para otro alumbramiento».

Véase también[editar]