Benito Pérez Galdós

De Wikiquote, la colección libre de citas y frases célebres.
(Redirigido desde «Benito Pérez Galdos»)
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Benito Pérez Galdós

Véase también
Wikipedia-logo.png Biografía en Wikipedia.
Wikisource-logo.svg Obras en Wikisource.
Esta página contiene citas de una persona fallecida hace 99 años.
Icon PD.svg Hay una gran probabilidad de que hayan entrado en el dominio público en la mayoría de los países.

Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843-Madrid, 4 de enero de 1920) fue un novelista, dramaturgo, cronista y político español. Se trata de uno de los principales representantes de la novela realista del siglo XIX y uno de los más importantes escritores en lengua española. Pérez Galdós fue académico de la Real Academia Española desde 1897 y llegó a ser propuesto al Premio Nobel de Literatura en 1912.

Citas[editar]

  • «Amenguada considerablemente mi vista, he perdido en absoluto el don de la literatura. Con profunda tristeza puedo asegurar que la letra de molde ha huido de mí, como un mundo que se desvanece en las tinieblas».[1]
    • 1915
  • «Asusta pensar que acaso las admiraciones más sinceras que tenemos son las de las personas que no nos han comprendido».[3]
  • «Como el agua a los campos, es necesaria la educación a nuestros secos y endurecidos entendimientos».
    • «Soñemos, alma, soñemos»[4]
  • «Como excelente medio de propagación, la entrega ha podido difundir lo malo; pero en igualdad de condiciones puede extender lo bueno y darle una extraordinaria circulación con la rapidez y la ubicuidad del periódico».[5]
    • Fuente: Revista de España, XV (1870), pp. 164-5
  • «El amor es un arte que nunca se aprende y siempre se sabe».[2]
  • «Este partido está pudriéndose por la inmensa gusanera de caciques y caciquillos. Tienen más que los monárquicos. En cada capital hay cincuenta que quieren imponer los caprichos de su vanidad y de su ambición a todos sus correligionarios... Y si nada más hubiera esos cincuenta, menos mal. Luego vienen los caciques de distrito y los de barrio... ¡Oh! !Esos vejestorios endiosados de Comité local y de barriada! ¡Papas rojos, que se creen infalibles e indiscutibles!
    Para hacer la revolución, lo primero, lo indispensable, sería degollarlos a todos. Si éstos trajeran la República, estaríamos peor que ahora. Sería cosa de emigrar. Suerte que no hay miedo a que la traigan. ¡Hay cada revolucionario que tiene un miedo feroz a la revolución!... Hubiera usted visto a algunos de ellos cuando la semana roja de Barcelona, cuando aquí se dijo que iba a estallar la huelga general, irse huyendo de Madrid como ratas... No sé qué diablos ocurría entonces, que a todos les salían negocios en provincias, o tenían por esas tierras de dios parientes enfermos de gravedad, que los llamaban... ¡Y para ver este espectáculo me vine yo de Santander e interrumpí mi veraneo!... Luego, son muchos los republicanos que no quieren que venga la República, porque no les conviene; van muy bien en el machito, haciendo la farsa de la oposición, sirviendo de comparsas en esta política repugnante, representando su papel de diputados o de concejales, u otros papeles peores.
    En este partido son muy pocos los directores que trabajan desinteresadamente por el ideal; la desorganización es indescriptible, no se puede imaginar; no hay espíritu de disciplina, ni siquiera instinto de conservación... Si no fuera porque veo esos caciquitos ir a su avío, sin saber disimularlo, creería que estaban locos. No se puede hacerlo peor para facilitar la victoria al adversario e imposibilitar la propia... Estoy harto de luchar sin esperanza de salvación entre tanta miseria. Así están disgregando la masa republicana, infiltrando el escepticismo entre los soldados de fila... ¡Oh! Usted no puede darse idea de lo que aquí se persiguen unos odios a otros y unas vanidades a otras... ¡Con qué ensañamiento, con qué perfidia, empleando todos los medios, hasta la difamación y la calumnia!
    Ha habido día que pensé meterme en casa y no ocuparme de política. Pero lo he pensado mejor. Voy a irme con Pablo Iglesias. Él y su partido son lo único serio, disciplinado, admirable, que hay en la España política. […] ¡Es por el socialismo por donde llega la aurora!».[6]
    • Fuente: El Imparcial, 13 de mayo de 1910, siendo diputado de la Conjunción Republicano-Socialista.
  • «Esto es insoportable. Esto es nauseabundo. En este partido se tropieza por excepción con hombres sinceramente republicanos, con hombres que deseen el advenimiento de la República».[6]
  • «Mientras más libros vendo, menos dinero gano. Voy a ser el único editor que se haya arruinado a fuerza de vender muchas ediciones».[1]

Citas por obras[editar]

Dinero, dinero, dinero (1865)[editar]

  • «El vil metal es causa de todos los conflictos: todas las crisis políticas son juegos de chicos, comparadas con una crisis financiera».[4]
  • «No es la Discordia, es la crisis. La crisis financiera, que es la más terrible de las crisis. La pobreza, mas no de uno, sino de todos los españoles, la bancarrota de una nación, la sublimidad del desfalco, el trueno reducido a su más augusta expresión».[4]

Doña Perfecta[editar]

Citas de la obra[editar]

  • «Las lecturas de esos libros en que se dice que tenemos por abuelos a los monos o a las cotorras, te han trastornado la cabeza».[7]
    • Fuente: Capítulo XI[8]
    • Nota: Doña Perfecta a Pepe Rey
  • «Más días hay que longanizas...».
    • Fuente: Capítulo IV.[9]

Citas sobre la obra[editar]

  • «En vida vio traducidas a varios idiomas algunas de sus obras, pero no las mejores, sino las que los editores consideraron de más fácil venta: Doña Perfecta, por ser la protagonista encarnación de un iberismo tenebroso y duro bastante acorde con la imagen tradicional del fanatismo».[10]

El abuelo[editar]

Episodios nacionales[editar]

Artículo principal: Episodios nacionales


Fortunata y Jacinta: dos historias de casadas (1887)[editar]

  • «La falta de educación es para el pobre una desventaja mayor que la pobreza».
    • En boca del personaje Guillermina
    • Fuente: Parte Primera, VII, p. 166.[12]
  • «Por muy grande que nos figuremos la masa de olvido derramado en la sociedad como elemento reparador, esa masa supera todavía a todos nuestros cálculos. El bien y la gratitud son limitados; siempre los encontramos cortos. El olvido es infinito. De él se deriva el vuelva a empezar, sin el cual el mundo se acabaría».
    • En boca del personaje D. Evaristo
    • Fuente: Parte Tercera IV VI.[13]

Gloria (1876)[editar]

  • «Don Buenaventura militaba públicamente en el partido católico, el cual ha extendido a todas las cosas la intolerancia, nervio del dogma».[14]
    • Fuente: Gloria I, cap. XXXVII[14]
  • «[En Madrid se] habla mucho de religión y, sin embargo, jamás supo levantar un solo templo digno, no digo yo de Dios, pero ni aún de los hombres que entran en él. En Madrid, pueblo rico, vemos más teatros que en Londres, una plaza de toros que es un monumento, cafés soberbios, tiendas, paseos y distracciones donde se conciertan el lujo y las artes; pero no hay una sola iglesia que no sea una pocilga».[15]
    • Fuente: Gloria I, cap. XXIII
  • «He disimulado, sí. Esta es nuestra costumbre cuando viajamos por un país intolerante como el tuyo».[14]
    • Fuente: Gloria, II, cap. XII[14]
    • Nota: Morton justifica así ante Gloria el haber ocultado su religión debido a la intolerancia religiosa en España, tema recurrente de Galdós en sus tres llamadas novelas de tésis (Doña Perfecta, Gloria y La familia de León Roch).

La de Bringas[16][editar]

La Fontana de Oro (1870)[editar]

Citas de la obra[editar]

  • «En los pocos momentos que pasaba en su casa era intratable. En todo cuanto decía su pobre marido encontraba ella pensamientos pecaminosos: todas las acciones de él eran mundanas; le quemaba los libros, le sacaba el dinero para obras pías, le llenaba la casa de padres misioneros, teatinos y premostratenses».[17]
    • Fuente: Capítulo V

Citas sobre la obra[editar]

  • «[La Fontana de Oro es] un furibundo ataque contra una mentalidad reaccionaria que atenazaba a la sociedad española».[18]
    • Laureano Bonet
    • Fuente: «Prólogo», Ensayos de crítica literaria de Galdós, p. 26.

La incógnita (1889)[editar]

  • «Fácilmente comprenderás que un asunto de tal naturaleza, formado de misterio y escándalo, ha de excitar vivamente la chismografía de la raza más chismográfica del mundo; raza dotada de fecundidad prodigiosa para poner variantes á los hechos y adornarlos hasta que no los conoce la madre que los parió; raza especialmente artista y plasmadora, que crea casos y caracteres, formando una realidad verosímil dentro y encima de la realidad auténtica. Ante un suceso de gran resonancia, todo español se cree humillado si no da sobre él su opinión firme, tanto mejor cuanto más distinta de las demás. Oí, como puedes figurarte, explicaciones razonables; otras novelescas, aunque dotadas de esa verosimilitud propia de las obras de imaginación escritas con talento; algunas estrafalarias, pertenecientes al género de entregas, de esas que, llenas de chafarrinones, se te meten por debajo de la puerta. Todo lo oí con paciencia y atención, pues hasta los mayores desatinos deben, en casos tales, oirse y sopesarse para obtener la verdad. Personas encontré que se cebaban en el asunto con brutal fiereza, ávidas de hincar el diente en reputaciones hasta entonces intactas; otras que se inclinaban á lo más atroz, arriesgado y pesimista, y alqunas que, gustando de tomar el simpático papel de la sensatez entre tanto delirio, proponían las versiones más anodinas y triviales; pero en honor de la verdad, debo decirte que éstas hacían pocos prosélitos. La multitud se iba tras los que arbolaban estandartes rojos y llamativos, con algún lema muy escandaloso; tras los que anunciaban sus tesis con tambor y cornetín como si exhibieran un fenómeno en las barracas de una feria. De todo esto, querido Equis, he de darte cuenta detallada, cuando yo esté más sereno, y tú menos harto de mí».
    • Fuente: «XXXI, 7 de febrero», La incógnita (1889).[19]

La loca de la casa[editar]

  • «El verdadero amor, el sólido y durable, nace del trato; lo demás es invención de los poetas, de los músicos y demás gente holgazana».
    • Fuente: Página xxii.[20]
  • «... esa polilla de la voluntad que llamamos lástima».
    • Fuente: Página xxii.[20]

Marianela (1878)[editar]

  • «Se ha declamado mucho contra el positivismo de las ciudades, plaga que entre las galas y el esplendor de la cultura corroe los cimientos morales de la sociedad; pero hay una plaga más terrible, y es el positivismo de las aldeas, que petrifica millones de seres, matando en ellos toda ambición noble y encerrándoles en el círculo de una existencia mecánica, brutal y tenebrosa».
    • Fuente: Página 50.[21]
  • «¿Acaso hemos nacido para trabajar como los animales?».
    • Fuente: Página 226.[23]
  • «Sí, una cosa sé, y es que no sabemos más que fenómenos superficiales [...] ¡Alma! ¿Qué pasa en ti?».
    • Fuente: Capítulo 21, pp. 278-279.[24]

Citas sobre Galdós[editar]

  • «Como los revolucionarios, con quienes le tocó convivir y que fueron sus amigos, Giner a la cabeza, Galdós es profundamente religioso, pero no católico; hondamente cristiano, pero furibundo anticlerical».[25]
  • «Don Benito Pérez Galdós, en suma, ha contribuido a crear una conciencia nacional: ha hecho vivir España con sus ciudades, sus pueblos, sus monumentos y sus paisajes».[26]
    • Azorín
    • Fuente: El Sol, 4 de enero de 1920
  • «El más atrevido, el más avanzado, por usar una palabra muy expresiva de estos novelistas, y también el mejor, con mucho, de todos ellos, es Benito Pérez Galdos [...] Galdós no es, ni con mucho, un revolucionario, ni social ni literario: ama la medida en todo, y quiere ir a la libertad, como a todas partes, por sus pasos contados».[27]
  • «... este hombre, vejado injustamente, ha revelado España a ojos de los españoles, que la desconocían; este hombre ha hecho que la palabra ESPAÑA no sea una abstracción, algo seco y sin vida, sino una realidad; este hombre ha dado ideas y sentimientos que estaban flotantes, dispersos, inconexos, una firme solidaridad y unidad; este hombre, a través de su vasta, inmensa obra, a lo largo de numerosos volúmenes que han salido de su pluma, ha ido haciendo lo que Menéndez y Pelayo ha hecho análogamente en otro orden de cosas: ha reunido en un solo haz, en una sola corriente, la muchedumbre de "sensaciones" que andaban dispersas, que han sido creadas parcialmente, fragmentariamente en tiempos diversos».[26]
    • Azorín
    • Fuente: El Sol, 4 de enero de 1920
  • «Galdós, en el siglo XIX, en plena posesión de su personalidad, crea un paralelismo del Quijote».[28]
    • Azorín
    • Fuente: Cervantes y Galdós
    • Nota: Se refiere a la primera novela dialogada de Galdós, Realidad (1890), respecto a la cual señala «En esta obra hay que renunciar a señalar las frases felices y rasgos inspirados porque sería necesario señalarlo todo».[28]
  • «La nueva generación de escritores debe a Galdós todo lo más íntimo y profundo de su ser: ha nacido y se ha desenvuelto en un medio intelectual creado por el novelista [...] La idealidad ha nacido del mismo conocimiento exacto, del mismo amor, de la misma simpatía por una realidad española, pobre, mísera, de labriegos infortunados, de millares y millares de conciudadanos nuestros que viven agobiados por el dolor y mueren en silencio. Galdós —como hemos dicho— ha realizado la obra de revelar a España a los españoles».[28]
  • «Los últimos años de Galdós fueron para este un continuo tormento. Recogido en el hotel madrileño de su sobrino, José Hurtado de Mendoza, pobre enfermo y solo, los capítulos postreros de la novela de su vida han tenido una honda emoción de tristeza y orfandad. Y nadie mejor que yo lo sabe, pues he sido testigo de ellos, y no pocas veces he compartido con el maestro la terrible amargura de su soledad».[1]
  • «No hay más que recordar que Clarín, hablando en su folleto Galdós de las ausencias que se notan en el arte del maestro, dice que Galdós no siente el paisaje. En efecto, Galdós era un espíritu ciudadano; aplicaba toda su atención a estudiar la trama menuda de la clase media; toda su órbita se reduce a las callejuelas de Madrid».[29]
    • Fuente: «Galdós», La Prensa (Buenos Aires), domingo 22 de febrero de 1920

Referencias[editar]

  1. 1,0 1,1 1,2 Viana, Israel. El terrible «tormento» de Galdós en sus últimos años de vida: «Pobre, enfermo y solo.» ABC. Consultado el 23 de junio de 2019.
  2. 2,0 2,1 Palomo Triguero, Eduardo. Cita-logía. Editorial Punto Rojo Libros, S.L. ISBN 978-84-16068-10-4, p. 182.
  3. Amate Pou, Jordi. Paseando por una parte de la Historia: Antología de citas. Editorial Penguin Random House Grupo Editorial España, 2017. ISBN 9788417321871, p. 117.
  4. 4,0 4,1 4,2 Efe/Ana Mendoza.«Galdós y "la fe nacional".» La Vanguardia. Consultado el 23 de junio de 2019.
  5. Aparici Llanas (1982), p. 27.
  6. 6,0 6,1 Anales Galdosianos, volúmenes 19-20. Colaborador University of Pittsburgh. Editorial University of Pittsburgh, 1984, pp. 92-93.
  7. Elizalde, Ignacio. «Cervantes y las novelas galdosianas.» Actas II. Asociación Cervantistas, p. 238. Centro Virtual Cervantes. Consultado el 28 de junio de 2019.
  8. Pérez Galdós, Benito. Doña Perfecta, «Capítulo XI». Centro Virtual Cervantes. Consultado el 28 de junio de 2019.
  9. Pérez Galdós, Benito. «Capítulo IV.» Doña Perfecta. Los mejores clásicos. Penguin Random House Grupo Editorial España, 2015. ISBN 9788491051213. En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.
  10. 10,0 10,1 Aparici Llanas (1982), p. 23.
  11. Pérez Galdós, Benito. El abuelo. Editorial NoBooks Editorial, 2012. En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.
  12. Pérez Galdós, Benito. Fortunata y Jacinta: Dos historias de casadas, Parte Primera, VII, p. 166. Paradimage Soluciones SL, 2015. En Google Books. Consultado el 27 de junio de 2019.
  13. Pérez Galdós (1887), Parte Tercera IV VI.
  14. 14,0 14,1 14,2 14,3 Aparici Llanas (1982), p. 93.
  15. Aparici Llanas (1982), p. 119.
  16. La de Bringas. Volumen 1 de Library of Alexandria. Benito Pérez Galdós. Editorial Library of Alexandria, 1971. ISBN 9781465566591.
  17. Aparici Llanas (1982), p. 115.
  18. Aparici Llanas (1982), p. 112.
  19. Pérez Galdós, Benito (1889). La incógnita. Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 23 de junio de 2019.
  20. 20,0 20,1 Pérez Galdós, Benito. La loca de la casa, página xxii. NoBooks Editorial, 2016. En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.
  21. Pérez Galdós (1878), p. 50.
  22. Pérez Galdós (1878), p. 184.
  23. Pérez Galdós (1878), p. 226.
  24. Pérez Galdós (1878), pp. 278-279.
  25. Aparici Llanas (1982), p. 120.
  26. 26,0 26,1 El Sol. Biblioteca Nacional de España. Consultado el 23 de junio de 2019.
  27. 27,0 27,1 27,2 Aparici Llanas (1982), p. 106.
  28. 28,0 28,1 28,2 Rubio Cremades, Enrique. «Anotaciones y acotaciones de Azorín a los textos de Galdós.» Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 23 de junio de 2019.
  29. Azorín; Zumárraga, Verónica (ed.). Cien artículos de Azorín en «La Prensa», pp. 207-8. Universidad de Alicante, 2012. En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.

Bibliografía[editar]

  • Aparici Llanas, María Pilar (1982). Las novelas de tesis de Benito Pérez Galdós. Editorial CSIC-CSIC Press.  En Google Books. Consultado el 26 de junio de 2019.
  • Pérez Galdós, Benito (1887). Fortunata y Jacinta: dos historias de casadas. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (edición digital basada en la edición de Madrid, Imprenta de La Guirnalda, 1887).  En Google Books. Consultado el 27 de junio de 2019.
  • Pérez Galdós, Benito (1878). Marianela. 2.ª edición. Imprenta de La Guirnalda.  En Google Books. Consultado el 23 de junio de 2019.