Atenea

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«La que solo engendró el industrioso Zeus en su santa cabeza, de belicosas armas dotada, doradas, resplandecientes...» (Himno Homérico).
Detalle en una pintura de Gustav Klimt

Atenea o Palas Atenea es la diosa griega de la sabiduría, de las artes y de la guerra, que representa el valor iluminado por la prudencia. En la mitología romana se la adoraba con el nombre de Minerva.

Citas[editar]

  • «Cuanto sean nobles y leales victorias; y que la tierra y el cielo, y el mar con sus aguas, y los vientos con sus blandas corrientes, y el sol con sus claros rayos traigan sobre este suelo toda suerte de bienes. Que la tierra abunde en frutos y rebaños; que vivan los ciudadanos en prosperidad, jamás derribada a los golpes del tiempo; que se logren y florezcan los tiernos retoños infantiles. Pero a los impíos ya puedes exterminarlos con más furor que nunca. Yo amo a los hombres como el hortelano a las plantas, y quiero que la semilla de los buenos no se dañe con la mala hierba de los malos».[1]
  • «Palas unigénita, venerable retoño del grandioso Zeus, divina y bienaventurada diosa, provocadora del estruendo guerrero, furibunda, nombrable e innombrable, celebérri­ma, cavernícola, que frecuentas las escarpadas cimas de las montañas y los umbrosos montes, y tu corazón alegras en los boscosos valles. Belicosa, que hieres las almas de los mortales con desvaríos, doncella que practi­cas el ejercicio, y posees un ánimo que infunde espanto, gorgonicida, que rehúyes el matrimonio, felicísima ma­dre de las artes, excitante, inspirada de delirios alocados contra los malvados y, para los honrados, sana prudencia eres; varón y hembra por naturaleza, engendradora de gue­rras, prudente, de cambiantes formas, serpiente, deseosa de inspiración divina, receptora de brillantes honores, des­tructora de los Gigantes de Flegras, conductora de ca­ballos, tritogenia, eliminadora de desdichas, victoriosa dei­dad, durante el día y la noche, sin cesar, en el último momento».[2]
  • «¡Oh, nobleza! ¡Oh, belleza simple y verdadera! ¡Oh, diosa, cuyo culto significa razón y juicio; tú, cuyo templo es un altar eterno de la conciencia!».[3]
  • «Los bárbaros que invadieron el mundo ordenado por mis leyes, ignoraron la medida y la armonía. La belleza les asustaba y les parecía un mal. Al ver que yo era bella, no creyeron que yo era la Sabiduría. Me dejaron de lado. Cuando, disipando una noche de diez siglos, se elevó la aurora del Renacimiento, regresé a la tierra. Visité humanistas y filósofos [...] Algunos fueron quemados vivos por no negarme. Otros, como Erasmo, a través de la ironía escaparon de sus adversarios estúpidos. [...] Poco a poco, mis fieles crecieron en fuerza y ​​número. Los franceses fueron los que primero me elevaron altares».[sin fuentes]
    • Anatole France
    • Nota: Palabras puestas en boca de Palas por Anatole France en el discurso pronunciado en la inauguración de la estatua de Ernest Renan en Tréguier, en 1903.
  • «Entre todas las divinidades, realmente ésta es única. Es la Idea, es la Abstracción, es la Conciencia, es la Armonía. Los hombres que la crean a su imagen y semejanza son seres sin vanos temores de tenebroso más allá. [...] Las frentes que se inclinan ante ella son frentes libres de prejuicios oscuros [...] Es la patrona de los pueblos que piensan libremente».[4]
  • «Dulce y reflexiva Sofía,
    Dinámica y omnipresente,
    Su luz a todo artista envía,
    Al laborioso, al elocuente;
    Y anima con su íntimo soplo
    A los artífices del fuego,
    Al que mueve regla o escoplo,
    A la que borda, a la que hila».[5]

Citas por autor[editar]

Homero[editar]

  • «A Palas Atena, ilustre diosa, comienzo a cantar,
    la de ojos de lechuza, rica en industrias, que un indómito corazón posee,
    doncella venerable, que la ciudad protege, valerosa,
    Tritogenia, a la que solo engendró el industrioso Zeus
    en su santa cabeza, de belicosas armas dotada,
    doradas, resplandecientes».
    • Fuente: 28º Himno Homérico, c. s. VII a. n. e.;[6]
  • «Mas del morir, que es tan igual a todos,
    No pueden escapar los mismos Dioses
    a sus amigos proprios, a quien suelen
    favorecer: porque es muy escusado,
    cuando la Parca sorda inexorable
    da fin a alguna vida trabajosa».
    • Nota: Atenea, en figura de Méntor, a Telémaco. En el canto III.
    • Fuente:Odisea; c. s. VIII a. n. e.;[7]

Referencias[editar]

  1. Euménides de , 458 a. n. e.,tr. F. Brieva.
  2. Himno Órfico a Atenea, s. II a. n. e.-s. I n. e.
  3. "Oración sobre la Acrópolis"
  4. La Grecia eterna, 1909, p. 241.
  5. Palas Athenea, 1915, p. 5.
  6. trad. J. Torres
  7. tr. G. Pérez.

Enlaces externos[editar]