Ernest Renan

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Ernest Renan
«Desde el principio de mi carrera intelectual, acerté al creer firmemente en la Ciencia y tomarla como fin de mi vida».[1]
«Desde el principio de mi carrera intelectual, acerté al creer firmemente en la Ciencia y tomarla como fin de mi vida».[1]
Véase también
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Ernest Renan (Tréguier —Côtes-d'Armor—, 27 de febrero de 1823-París, 2 de octubre de 1892), escritor, filólogo, filósofo, arqueólogo e historiador francés.

Citas[editar]

Fe[editar]

  • «Si un suceso venido de fuera no me hubiese sacado bruscamente del honesto entorno, aunque limitado, en que pasé mi infancia, habría conservado la fe toda mi vida».[2]

Jesús de Nazaret[editar]

  • «Aquella confusa mezcla de presentimientos y de sueños, aquella sucesión de decepciones y esperanzas, aquellas aspiraciones incesantemente rechazadas por una odiosa realidad, encontraron al fin su intérprete en el hombre incomparable al que la conciencia universal ha concedido, con toda justicia, el título de Hijo de Dios, puesto que ha hecho dar a la religión un paso al que ningún otro pudo ni podrá probablemente ser comparado».[3]
  • «El acontecimiento capital de la historia del mundo es la revolución por la cual las más nobles porciones de la humanidad han pasado de las antiguas religiones englobadas bajo el vago nombre de paganismo a una religión basada en la unidad divina, la trinidad, la encarnación del Hijo de Dios. Esta conversión ha necesitado casi mil años para producirse. La nueva religión había necesitado cerca de trescientos años para reformarse. Pero el origen de la revolución en cuestión es un hecho que tuvo lugar bajo los reinados de Augusto y de Tiberio. Entonces vivió una persona excepcional que por su valiente iniciativa y por el amor que supo inspirar, creó el objeto y estableció el punto de partida para la futura fe de la Humanidad».[4]
  • «Un filósofo crítico hubiera dicho a sus discípulos: "Respetad la opinión de los demás, y creed que nadie tiene razón tan completamente hasta el punto de que su adversario esté completamente equivocado". Pero la acción de Jesús nada tiene en común con la especulación desinteresada del filósofo».[5]

Muerte[editar]

  • «Ánimo, tenemos que someternos a las leyes de la naturaleza, de la que somos manifestaciones: quedan el cielo y la tierra».[6]

¿Qué es una nación?[editar]

  • «La existencia de una nación es (perdonadme esta metáfora) un plebiscito cotidiano, como la existencia del individuo es una afirmación perpetua de vida».[7]
  • «Una nación es un alma, un principio espiritual».[8]

Otras[editar]

  • «Anhelaba regresar a mi vieja ciudad sombría, oprimida por su catedral, pero donde se sentía un fuerte sentimiento de protesta contra todo cuanto era vulgar y corriente. Me encontraba a mí mismo cuando veía de nuevo su alto campanario, su estrecha nave, su claustro, sus tumbas del siglo XV; y pensaba que yo también me encontraría a gusto junto a estos muertos, cerca de estos caballeros, de estas nobles damas, durmiendo un sueño tranquilo, con su galgo a sus pies y una gran antorcha de piedra en la mano».[9]
  • «El diablo de cada uno es su corazón».[10]
  • «El más sencillo escolar conoce ahora verdades por las cuales Arquímedes hubiera sacrificado su vida. ¿Qué no daríamos nosotros para que nos fuese posible echar una ojeada furtiva sobre tal o cual libro que servirá para las escuelas primarias dentro de cien años?»[11]
  • «Es cierto que no se puede ser poeta sino a fuerza de idealismo, artista sino con fe y amor, escritor más que con lógica, elocuente orador solo a base de pasión de la buena y libertad».[12]
  • «Es posible que las hipótesis de Darwin sean juzgadas a este respecto como insuficientes o inexactas; pero sin duda se encuentran en el camino de la gran explicación del mundo y la verdadera filosofía».[13]
  • «He ahí algunos puntos sobre los cuales un espíritu reflexivo tiene que fijarse para ponerse de acuerdo consigo mismo. Los asuntos del mundo no se zanjan a través de esta especie de razonamientos; pero los hombres cuidadosos quieren introducir en estas materias alguna racionalidad y desenredar las confusiones en que se embrollan los espíritus superficiales».[14]
  • «Imaginemos una Humanidad diez veces más fuerte que la nuestra; esa Humanidad sería infinitamente más religiosa».[15]
  • «[…] rece a Dios para que este niño llegue a ser tan piadoso como una vez fue su padre».
Al abate Saint-René Taillandier en el bautizo de su hijo, Ary, el 11 de noviembre de 1857.[16]

Sobre el escritor[editar]

  • «Aún no había oído hablar de Lamarck ni de Saint-Hilaire; Darwin no había publicado todavía su libro sobre el origen de las especies, y ya había descartado por infantil y fabulosa la idea de la creación tal y como se establece en las antiguas cosmogonías».
Anatole France.[17]

Referencias[editar]