Sed

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Desierto de Dalí, Bolivia.

La sed es la sensación fisiológica de sequedad en la garganta o boca que conlleva la necesidad de ingerir líquidos. Se dispara por la disminución del volumen de líquido en el cuerpo o una elevada concentración de osmolitos como la sal. Es un mecanismo esencial de regulación del contenido de agua en el cuerpo y uno de los primeros síntomas de deshidratación.

Citas[editar]

  • «Dejó sumergidas en el líquido sus manos curtidas por el polvo para disgregar el barro, pero no esperó a lavárselas y sin controlarse más bebió a manotadas llenas. Sintió que la garganta se le desgarraba. Ni siquiera percibió el sabor a tierra, sino el dolor de beber, la ausencia de saliva, la angustia de no poder ahogarse en agua y al mismo tiempo la necesidad sin tregua de saciar su sed. Quería llorar. De dolor, de felicidad, de rabia. Llorar por la angustia acumulada. Pero no tenía lágrimas. No le quedaba ninguna.» [1]
  • «El primer vaso corresponde a la sed; el segundo a la alegría; el tercero al placer; el cuarto a la insensatez.» [2]
  • «Miró a su alrededor y no vio a nadie, aunque en realidad veía a medias por la intensidad del sol y el brillo de la tierra erosionada y la falta de costumbre de sus ojos luego de permanecer dos días bajo la superficie. Entonces volvió a sentir el desespero, la angustia viva, la llama que le calcinaba el cuerpo. La sed. había desistido de la posibilidad de vivir, pero la esperanza de soportar un día más avivó su deseo de beber.» [1]
  • «Sólo quedan tres gotas en mi fuente...
    ¡y tengo tanta sed!
    No es fácil alumbrar el amor con palabras,
    si el fuego de nuestro pecho no está encendido ya.»
    y en el garzo horizonte, gaviotas perdidas.» [3]
«Seguía sintiendo sed. O más bien el recuerdo de la sed que volvía sin cesar.»
  • «Tengo esa misma sed que portan los cuchillos
    y los espejos rotos y los juguetes viejos
    La sed del mar que ondula eterna y redoblada
    cargada con sus sales, con la garganta verde
    La sed del parto trunco, del feto renegrido
    de esquina polvorienta y agrietada
    De entraña enfebrecida, de ausencia desbocada
    de tu llegar marchándote, de tus besos robados,
    de tus brazos medidos, de odiarte y olvidarte[4]
  • «Y crucé callejuelas y vi orantes templos
    luces apabiladas en los cobres votivos
    ciudades misteriosas y torres y mezquitas
    y campanas de bronce que replican o doblan;
    Y una lengua de río que la sed atormenta,
    y en el garzo horizonte, gaviotas perdidas.» [5]

Referencias[editar]

  1. 1,0 1,1 1,2 Patiño, Enrique. La sed. Editorial Grupo Planeta Spain, 2013. ISBN 9789584233806.
  2. Palomo Triguero, Eduardo. Cita-logía. Editorial Punto Rojo Libros,S.L. ISBN 978-84-16068-10-4. p. 169.
  3. Calderón, Fina de. La sed que dura. Edición ilustrada. Editorial Huerga Y Fierro Editores, 2002. ISBN 9788483743652. p. 35.
  4. 4,0 4,1 Ardila, Emma LucíaSed. Editorial Universidad Eafit, 1999. ISBN 9789589041338.
  5. Calderón, Fina de. La sed que dura. Edición ilustrada. Editorial Huerga Y Fierro Editores, 2002. ISBN 9788483743652. p. 97.