Laocoonte

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Laoconte, personaje de la mitología clásica: sacerdote en Troya, casado con Antiopa y padre de dos hijos. Cuando los sitiadores griegos simularon una retirada, dejando un caballo de madera a las puertas de la ciudad, el Laoconte alertó del peligro que podía contener y sugirió quemarlo. Pero las tropas troyanas no le hicieron caso. Cuando el Laoconte se disponía a hacerlo, dos enormes serpientes salieron del mar, enroscándose en torno a sus hijos, y los devoraron.

Laoconte

Fragmentos del libro segundo de La Eneida de Virgilio[editar]

  • "Equo ne credite, Teucri / Quidquid id est, timeo Danaos et dona ferentes".
    • Traducción: "No confiéis en el caballo, troyanos. Sea lo que sea, temo a los dánaos (griegos), aún portando regalos".
    • Nota: Palabras del sacerdote troyano Laoconte. La frase "timeo Danaos et dona ferentes" es citada, entre otros, por René Goscinny en uno de los álbumes de Astérix, y es el origen del un dicho para expresar desconfianza en inglés ("Beware of the Greeks bearing", literalmente "Tengan cuidado con los griegos que llevan regalos").
  • "Una salus victis nullam sperare salutem."
    • Traducción: "Lo único seguro para los vencidos es no esperar ninguna seguridad"
  • "Sobreviene en esto de pronto un nuevo y terrible accidente, que acaba de conturbar los desprevenidos ánimos.
Laocoonte, designado por la suerte para sacerdote de Neptuno,

estaba inmolando en aquel solemne día un corpulento toro en los altares, cuando he aquí que desde la isla de Ténedos se precipitan en el mar dos serpientes (¡de recordarlo me horrorizo!), y extendiendo por las serenas aguas sus inmensas roscas, se dirigen juntas a la playa; sus erguidos pechos y sangrientas crestas sobresalen por cima de las ondas; el resto de su cuerpo se arrastra por el piélago, encrespando sus inmensos lomos, hácese en el espumoso mar un grande estruendo; ya eran llegadas a tierra; inyectados de sangre y fuego los encendidos ojos, esgrimían en las silbadoras fauces las vibrantes lenguas. Consternados con aquel espectáculo, echamos a huir; ellas, sin titubear, se lanzan juntas hacia el Laoconte; primero se rodean a los cuerpos de sus dos hijos mancebos y atarazan a dentelladas sus miserables miembros; luego arrebatan al padre, que, armado de un dardo, acudía en su auxilio, y le amarran con grandes ligaduras, y aunque ceñidas ya con dos vueltas sus escamosas espaldas a la mitad de su cuerpo, y con otras dos a su cuello, todavía sobresalen por encima sus cabezas y sus erguidas cervices."

Fragmento de la tragedia del Laoconte de Sófocles[editar]

  • "Y resplandece el altar callejero humeando por el fuego volutas de mirra, exóticas fragancias."
    • (Harpocración, 8 8)
  • "Cuando una fatiga experimenta un cambio, las fatigas son dulces."

Fragmento de El saco de Troya[editar]

  • "A esto suceden los dos libros del saco de Troya de Arictino de Mileto: En ese mismo momento aparece dos serpientes que matan al Laoconte y a uno de sus hijos. Desazonados por el prodigio, los compañeros de Eneas se retiran a Ida".[relevancia dudosa]

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