William Crookes

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William Crookes
«Las ciencias psíquicas... son el embrión de algo que con el tiempo puede dominar todo el mundo de la "muerte"
«Las ciencias psíquicas... son el embrión de algo que con el tiempo puede dominar todo el mundo de la "muerte"
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Sir William Crookes (17 de junio de 1832- 4 de abril de 1919) fue un químico inglés, uno de los científicos más importantes en la Europa del Siglo XIX, tanto en el campo de la física como en el de la química. Ejerció como editor de revistas científicas, destacado investigador, y defensor de lo que hoy día se conoce como Espiritismo Científico.

Citas[editar]

Disertación ante la Society for Psychical Research (1897)[1][editar]

«La mayoría de los estudiosos de la naturaleza, tarde o temprano pasan a través de un proceso de descarte de una gran parte de su supuesto capital de conocimientos como un bien meramente ilusorio».
«Voy a señalar una curiosa ilusión, inveterada, y generalizada - la ilusión de que nuestros cuerpos terrenales son una especie de norma de la humanidad, mientras que los cuerpos etéreos, si los hay, deben corresponderse con ellos en forma y tamaño».
«La criatura humana representa la más perfecta máquina de pensamiento y acción que se haya desarrollado alguna vez en esta tierra, desarrollándose durante incontables años en estricta armonía con las condiciones ambientales de temperatura, atmósfera, luz, y gravitación».
«La materialidad, la forma y el espacio, me veo obligado a creer, son condiciones temporales de nuestra existencia actual».
«No creo que pueda negarse que los fenómenos fundamentales que condujeron a la humanidad hacia las investigaciones químicas fueron los de la combustión».
«¿No podría nuestro conocimiento presuntuoso estar condicionado simplemente por entornos accidentales, y por tanto ser responsable de un gran componente de subjetividad hasta ahora insospechada, y dificilmente posible de eliminar?».
  • «La tarea que estoy llamado a desempeñar está hoy en mi pensamiento no de una manera formal o fácil. Me llena de profunda preocupación dar una disertación, con la autoridad que me confiere el puesto de presidente, sobre una ciencia, aunque todavía en un estado muy incipiente, que me parece al menos tan grande como cualquier otra ciencia conocida. Las ciencias psíquicas, estamos aquí para tratar sobre ellas, son el embrión de algo que con el tiempo puede dominar todo el mundo del pensamiento. Esta posibilidad - o mejor dicho, la probabilidad - no significa que sea tarea fácil para mí ahora. El desarrollo embrionario es capaz de ser rápido e interesante a la vez, sin embargo, el hombre prudente vacila al dogmatizar sobre el huevo hasta que ha visto el pollo».
  • «La cualidad más útil que me ha ayudado en los problemas psíquicos y me ha hecho afortunado en los descubrimientos físicos (a veces de cosas más bien inesperadas) ha sido simplemente mi conocimiento - mi conocimiento vital, si se me permite llamarlo - de mi propia ignorancia. La mayoría de los estudiosos de la naturaleza, tarde o temprano pasan a través de un proceso de descarte de una gran parte de su supuesto capital de conocimientos como un bien meramente ilusorio. Al seguir con mayor precisión ciertas secuencias familiares de fenómenos comenzamos a darnos cuenta de lo cerca que estas secuencias, o leyes, como las llamamos, están de otras leyes de las cuales no podemos ni hacernos una idea».
  • «No estoy dispuesto a lamentar las limitaciones impuestas por la ignorancia humana. Por el contrario, siento que la ignorancia es un estimulante saludable, y tengo la convicción impuesta de que ni yo ni nadie, posiblemente, puede establecer de antemano lo que no existe en el universo, ni incluso lo que no está sucediendo a nuestro alrededor todos los días de nuestras vidas, dejándome con la alegre esperanza de que algo muy nuevo y muy fascinante puede ocurrir en cualquier lugar y en cualquier momento. ... Voy a tratar de utilizar este carácter de la mente hoy para despejar, hasta donde puedo, ciertos presupuestos, de un lado o de otro, pues me parece que depende de premisas demasiado apresuradas que sepamos más sobre el universo, sin embargo, de lo que podemos realmente saber».
  • «Voy a señalar una curiosa ilusión, inveterada, y generalizada - la ilusión de que nuestros cuerpos terrenales son una especie de norma de la humanidad, mientras que los cuerpos etéreos, si los hay, deben corresponderse con ellos en forma y tamaño.
    Cuando tenemos una visión física de un ser humano en su forma más elevada de desarrollo, vemos que consiste esencialmente en un cerebro pensante, el cerebro mismo, que entre sus múltiples funciones, es un transformador por el cual la voluntad inteligente es capaz de reaccionar con la materia. Para comunicarse con el mundo exterior, el cerebro requiere de órganos por los que pueda transportarse de un lugar a otro, y otros órganos por medio de los cuales se le suministre la energía que reemplace la que haya gastado en el ejercicio de sus funciones especiales».
  • «La criatura humana representa la más perfecta máquina de pensamiento y acción que se haya desarrollado alguna vez en esta tierra, desarrollándose durante incontables años en estricta armonía con las condiciones ambientales de temperatura, atmósfera, luz, y gravitación. Las profundas modificaciones en el cuerpo humano, que pudieran darse por una alteración importante en cualquiera de estos factores, han sido extrañamente poco consideradas. Es cierto que ha habido cuestionamientos en cuanto a los efectos que pudieran ser ocasionados por cambios de temperatura y composición de la atmósfera, pero las posibles variaciones en la gravitación casi parecen haber escapado a nuestra atención. El cuerpo humano, que una larga experiencia y costumbre nos han enseñado a considerar en su más alto desarrollo, como la perfección de la belleza y la gracia - "formado a imagen de Dios" - está totalmente condicionado por la fuerza de la gravitación en este mundo. Por lo que se ha podido comprobar, la intensidad de la gravedad no ha variado sensiblemente en esas edades geológicas que cubren la existencia de los seres vivos pensantes».
  • «Es curioso que las concepciones populares sobre seres perversos y malignos son del tipo que se producirían por una mayor gravitación - sapos, reptiles y animales nocivos que se arrastran -, mientras que el mismo demonio se representa tal vez como la forma definitiva que podría ser asumida por un cerebro pensante y su maquinaria necesaria si el poder de la gravitación aumentara hasta el punto más alto compatible con la existencia - una serpiente arrastrándose por el suelo. Por otro lado, los tipos más elevados de la belleza son los que serían comunes en virtud de una gravedad disminuida.
    La hija de los dioses, divinamente alta, y el atleta saltando, nos agradan por el delicioso triunfo sobre la atracción hacia la tierra que su estatura o su salto implican».
  • «Presupone la imaginación popular que los seres espirituales deben ser completamente independientes de la gravedad, mientras que conservan las formas y proporciones que la gravitación haya fijado inicialmente...
    Cuando los seres espirituales se hacen visibles ya sea a los ojos del cuerpo o de nuestra visión interna, su objeto se vería frustrado si no aparecieran en una forma reconocible, de modo que su apariencia tomaría la forma del cuerpo y la ropa a los que nos hemos acostumbrado. Materialidad, forma y espacio, me veo obligado a creer, son condiciones temporales de nuestra existencia actual. Es difícil concebir la idea de un ser espiritual que tenga un cuerpo como el nuestro, condicionado por la exacta fuerza gravitatoria ejercida por la tierra, y con los órganos que presuponen la necesidad de alimentos y la necesidad de la eliminación de los productos de desecho. Es igualmente difícil, encerrados y atados como estamos por las ideas materialistas, el pensar en la inteligencia, el pensamiento, y la voluntad existiendo sin forma ni materia y sin el obstáculo de la gravitación o el espacio».
  • «Un punto de vista sobre la constitución de la materia que recomendé a Faraday como preferible al que habitualmente se tiene me parece que sería exactamente el punto de vista que trato de imaginar sobre la constitución de los seres espirituales. Los centros de la inteligencia, voluntad, energía y potencia, todos son mutuamente penetrables, mientras que al mismo tiempo impregnan lo que llamamos el espacio, pero cada centro mantiene su propia individualidad, persistencia de sí mismo, y memoria. Si estos centros inteligentes de la diversas fuerzas espirituales que, en conjunto, van a constituir el carácter del hombre o karma también están asociados de alguna manera con las formas de energía que, centradas, forman el átomo material - si estas entidades espirituales son materiales, no en el sentido crudo, bruto de Lucrecio, sino el material que sublima a través del intelecto penetrante de Faraday - es uno de esos misterios que para nosotros los mortales, tal vez siempre siga siendo un problema sin resolver. Mi especulación siguiente es más difícil, y está dirigida a aquellos que no sólo toman un punto de vista demasiado terrestre, sino que niegan la verosimilitud - es más, la posibilidad - de la existencia de un mundo invisible en absoluto. Yo respondo que se puede demostrar que estamos a punto de, como sea, descubrir un mundo invisible. No hablo aquí de un mundo inmaterial o espiritual. Me refiero al mundo de lo infinitamente pequeño, que debe todavía ser llamado un mundo material, aunque la materia en él existente o perceptible, es algo que no nos permiten concebir nuestras limitadas facultades. Es el mundo - no digo de las fuerzas moleculares en contraposición a molares, sino de las fuerzas cuya acción se encuentra principalmente fuera del límite de la percepción humana, a diferencia de las fuerzas evidentes para la percepción bruta de los organismos humanos».
  • «No creo que pueda negarse que los fenómenos fundamentales que condujeron a la humanidad hacia las investigaciones químicas fueron los de la combustión. Pero, como acabamos de ver, los seres diminutos serían incapaces de producir fuego a voluntad, sino es mediante reacciones químicas, y tendrían pocas oportunidades de estudiar su naturaleza. De vez en cuando podrían ser testigos de incendios forestales, erupciones volcánicas, etc, pero tales fenómenos grandes y catastróficos, a pesar de que servirían para revelar a nuestros supuestos liliputienses la existencia de la combustión, serían poco adecuados para la investigación tranquila sobre sus condiciones y productos. Además, considerando la imposibilidad que experimentarían de verter el agua de un tubo de ensayo en otro, las operaciones ordinarias de la química analítica y todas las manipulaciones que emplean la aspiración neumática seguirían siendo para siempre un libro sellado».
  • «Si fuese posible - o mejor dicho, razonable - la variación en sólo una de las fuerzas que condicionan la raza humana, la de la gravitación, se podría modificar nuestra forma externa, la apariencia y proporciones que nos hacen a todos los efectos, una raza diferente de seres; si las meras diferencias de tamaño pueden causar que algunos de los hechos más simples de la química y la física adopten apariencias tan diferentes, si seres de tamaño microscópico y prodigiosamente grandes, simplemente por ser tales, estarían sujetos a las alucinaciones que he señalado, ... ¿no es posible que nosotros, a su vez, ... podamos también por la simple virtud de nuestro tamaño y peso caer en errores de interpretación de los fenómenos, de los que deberíamos quedar exentos si el mundo en que vivimos fuese más grande o más pequeño, más pesado o más ligero? ¿No podría nuestro conocimiento presuntuoso estar condicionado simplemente por entornos accidentales, y por tanto ser responsable de un gran componente de subjetividad hasta ahora insospechada, y dificilmente posible de eliminar?».
  • «La telepatía, la transmisión del pensamiento y de imágenes directamente de una mente a otra sin la intervención de los órganos reconocidos de los sentidos, es un concepto nuevo y extraño para la ciencia. A juzgar por la lentitud comparativa con la que la evidencia acumulada de nuestra sociedad penetra en el mundo científico, es, creo yo, una concepción incluso científicamente repulsiva para muchas mentes. Hemos suministrado evidencia experimental sorprendente, pero pocos se han unido para repetir nuestros experimentos, hemos ofrecido una buena evidencia en la observación de casos espontáneos, - como apariciones en el momento de la muerte y similares, - pero esta evidencia no ha logrado impresionar al mundo científico de la misma manera que evidencias menos cuidadosas y menos coherentes a menudo sí lo han hecho antes. Nuestras pruebas no son confrontadas y refutadas; son eludidas y evadidas como si hubiera un gran improbabilidad a priori, que absolviera al mundo de la ciencia de considerarlas. Yo por lo menos no veo una improbabilidad a priori. Nuestros hechos afirmados pueden ser ciertos de todas formas sin contradecir ninguna verdad ya conocida...»

Disertación ante la British Association for the Advancement of Science (1898)[2][editar]

Ningún incidente en mi carrera científica es más ampliamente conocido que la participación que tomé hace muchos años en ciertas investigaciones psíquicas.
Yo era como un ser de dos dimensiones, que podría estar situado en un punto singular de una superficie de Riemann, y por lo tanto encontrarse a sí mismo en contacto infinitesimal e inexplicable con un plano de existencia que no es el suyo propio.
Se ha demostrado que las vibraciones del éter tienen facultades y atribuciones en abundancia iguales ante cualquier demanda - incluso para la transmisión de pensamiento.
Una formidable gama de fenómenos debe ser científicamente tamizada antes de que captemos efectivamente una facultad tan extraña, tan desconcertante, y durante tanto tiempo tan inescrutable como la acción directa de la mente sobre la mente.
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Nos esforzamos en perforar el corazón más íntimo de la naturaleza, desde donde podemos reconstruir lo que ha sido, y profetizar lo que todavía será.
  • «Ningún incidente en mi carrera científica es más ampliamente conocido que la participación que tomé hace muchos años en ciertas investigaciones psíquicas. Treinta años han pasado desde que publiqué un informe de los experimentos que demostraron que fuera de nuestro conocimiento científico existe una fuerza ejercida por la inteligencia que difiere de la inteligencia común de los mortales comunes. Este hecho en mi vida es, por supuesto, bien entendido por aquellos que me han honrado con la invitación para convertirme en su presidente. Tal vez entre mi audiencia haya algunos que puedan sentir curiosidad por saber si he de hablar o callar. Yo elijo hablar, aunque brevemente... Pasar por alto el tema sería un acto de cobardía - un acto de cobardía que no siento la tentación de cometer.
    Detenerse poco en cualquier investigación que asuste por ensanchar las puertas del conocimiento, recular ante el temor a la dificultad o la crítica adversa, es traer el reproche a la ciencia. No hay nada que el investigador deba hacer sino ir de frente, "explorar de arriba a abajo, centímetro a centímetro, con el filo de la razón, seguir la luz dondequiera que pueda conducir, incluso en caso de que a veces se asemeje a una quimera. No tengo nada de que retractarme. Me adhiero a mis declaraciones ya publicadas. De hecho, podría añadir mucho a esto. Lamento sólo una cierta crudeza en los planteamientos iniciales que, sin duda con justicia, militaban contra de su aceptación por el mundo científico. Mi propio conocimiento en ese momento apenas se extendía más allá del hecho de que ciertos fenómenos nuevos para la ciencia se habían producido con certeza, y fueron atestiguados por mis propios sentidos sobrios y, mejor aún, registrados de modo automático. Yo era como un ser de dos dimensiones, que podría estar situado en un punto singular de una superficie de Riemann, y por lo tanto encontrarse a sí mismo en contacto infinitesimal e inexplicable con un plano de existencia que no es el suyo propio.
    Me parece ver un poco más lejos ahora. Tengo atisbos de algo así como la coherencia entre los fenómenos esquivos extraños; de algo así como la continuidad entre esas fuerzas inexplicables y las leyes ya conocidas. Este avance se debe principalmente a los trabajos de otra asociación, de la cual tengo también este año el honor de ser presidente - la Sociedad para la Investigación Psíquica. Y se me presentan ahora por primera vez estas preguntas al mundo de la ciencia que debe elegir un punto de partida diferente al de antaño. Sería bueno comenzar con la telepatía, con la ley fundamental, ya que creo que lo sea, que los pensamientos y las imágenes pueden ser transferidos de una mente a otra sin la intervención de los órganos reconocidos de los sentidos - que el conocimiento puede entrar en la mente humana sin ser comunicado en cualquier forma hasta ahora conocida o reconocida».
  • «Todos los fenómenos del universo son de alguna manera presumiblemente continuos, y no es científico pedir la ayuda de organismos misteriosos cuando, con cada nuevo avance en el conocimiento, se ha demostrado que las vibraciones del éter tienen facultades y atribuciones en abundancia iguales ante cualquier demanda - incluso para la transmisión de pensamiento».
  • «Siendo similares la estructura del cerebro y los nervios, es concebible que pueda haber masas de cohesores nerviosos en el cerebro cuya función especial puede ser la de recibir impulsos llegados sin conexión a través de secuencias de ondas del éter de un orden de magnitud apropiado. Röntgen nos ha familiarizado con un orden de vibraciones de extrema pequeñez en comparación con las más pequeñas ondas que hasta ahora hayamos conocido, y de dimensiones comparables a las distancias entre los centros de los átomos que componen el universo material, y no hay razón para suponer que aquí hayamos alcanzado el límite de frecuencia. Sabemos que la acción del pensamiento va acompañada de ciertos movimientos moleculares en el cerebro, y aquí tenemos vibraciones físicas capaces, desde su extrema pequeñez, de actuar directamente sobre las moléculas individuales, mientras que su rapidez se aproxima a la de los movimientos internos y externos de los mismos átomos.
    La confirmación de los fenómenos telepáticos fue dada por muchos experimentos convergentes y por muchas ocurrencias espontáneas solo hasta entonces inteligibles. La prueba más variada, tal vez, se extrae del análisis de los procesos de la mente subconsciente, cuando éstos, ya sea por accidente o por diseño, son traídos al plano consciente...»
  • «Una formidable gama de fenómenos debe ser científicamente tamizada antes de que captemos efectivamente una facultad tan extraña, tan desconcertante, y durante tanto tiempo tan inescrutable como la acción directa de la mente sobre la mente. Esta delicada tarea requiere un trabajo riguroso por el método de exclusión - un descarte constante de los fenómenos irrelevantes que podrían ser explicados por causas conocidas, incluidas las causas demasiado familiares, del fraude consciente e inconsciente. La investigación reúne las dificultades inherentes a toda experimentación relacionada con la mente, con temperamentos humanos enredados, y con observaciones que dependen menos de un registro automático que de un testimonio personal. Pero las dificultades son las cosas que hay que superar, incluso en la rama esquiva de la investigación conocida como psicología experimental».
  • «Se ha dicho que "Nada merece la pena demostrarse que pueda ser demostrado, ni tampoco rebatido." Aunque esto puede haber sido verdad en el pasado, ya no es cierto. La ciencia de nuestro siglo ha forjado las armas de la observación y el análisis de las cuales pueden beneficiarse los muy principiantes. La ciencia ha entrenado y moldeado la mente media en los hábitos de la exactitud y la percepción disciplinada, y al hacerlo, se ha fortalecido para las tareas más altas, más amplias, e incomparablemente más maravillosas que nuestros antepasados más sabios hubieran ​​imaginado. Al igual que el alma en el mito de Platón sigue a la carroza de Zeus, ha ascendido hasta un punto de visión muy por encima de la tierra. A partir de ahora se abre la ciencia para superar todo lo que ahora creemos saber sobre la materia y para obtener nuevas visiones de un esquema más profundo de la ley cósmica».

Otras citas[editar]

  • "A medida que se multiplican las bocas, los recursos alimenticios disminuyen. La tierra es una cantidad limitada, y la tierra para cultivar trigo es absolutamente dependiente de fenómenos naturales difíciles y caprichosos ... Espero señalar una forma de salir de este dilema colosal. Es el químico quien tiene que venir al rescate de las comunidades amenazadas. Es a través del laboratorio como el hambre en última instancia, puede ser convertida en saciedad ... La fijación del nitrógeno atmosférico es uno de los grandes descubrimientos, a la espera del genio de los químicos."

Citas sobre Crookes[editar]

«Él pensaba que todos los fenómenos eran dignos de investigación, y se negó a estar obligado por la tradición y la convención. Era un hombre de ciencia en el sentido más amplio, una personalidad influyente, y un decano de su profesión» ~ Cyril Norman Hinshelwood
Ubi Crookes Ibi Lux (Donde está Crookes, allí está la luz.)
  • «Ubi Crookes Ibi Lux (Donde está Crookes, allí está la luz.)

Cuando Crookes pasó entre la multitud, un profesor de física contó una anécdota de la última reunión: un lema en la pared de una habitación, que decía Ubi Crookes, Ibi Lux, había sido modificado para decir Ubi Crookes, Ibi Spooks (Donde está Crookes, allí hay fantasmas). Se consideraba asombroso que un hombre con los logros de Crookes creyese en los fantasmas. "Yo no estoy tan seguro", dijo Conan Doyle inesperadamente, "no hay nada de eso en la creencia de Crookes».[3]

    • John Dickson Carr (30 de noviembre de 1906 - 27 de febrero de 1977), escritor estadounidense.
  • «Sir William Crookes fue un gran experimentador. Sus descubrimientos materiales son de valor duradero y fundamental, a pesar de que sus especulaciones teóricas no han resistido el paso del tiempo tan bien. Si bien es cierto que todas las teorías científicas sirven, fundamentalmente, sólo por la sugerencia de investigaciones adicionales, hay que admitir que el poder analítico de Crookes casi igualó su don como investigador de hechos nuevos. Sus incursiones en la investigación psíquica han sido muy criticadas, y sin duda le llevaron a algunas situaciones muy curiosas, pero demuestran que Él pensaba que todos los fenómenos eran dignos de investigación, y se negó a estar obligado por la tradición y la convención. Era un hombre de ciencia en el sentido más amplio, una personalidad influyente, y un decano de su profesión».[4]
    • Cyril Norman Hinshelwood, (19 de junio de 1897 – 9 de octubre de 1967), químico inglés y Premio Nobel de Química en 1956.
  • «Crookes recibió la alta distinción británica de la Orden del Mérito en 1910, y en 1913 fue elegido Presidente de la Royal Society. Crookes fue apreciado no sólo en los círculos científicos, sino por el público en general, y la etiqueta de Ubi Crookes, ibi lux refleja el sentimiento popular».[5]
  • «Sir William Crookes fue miembro de la Sociedad para la Investigación Psíquica desde su fundación en 1883 y ejerció como presidente de la sociedad desde 1896 a 1899. Durante sus investigaciones, Crookes descubrió que una médium muy exitosa, Mary Rosina Showers, era un fraude, pero no dijo nada y no publicó nada sobre su descubrimiento.
    Él y el médium espiritista Daniel Dunglas Home tuvieron una relación personal muy estrecha, y su apoyo de los poderes de Home siempre han sido un punto fuerte de los espiritistas para apoyar sus afirmaciones sobre Home. Sin embargo, se ha demostrado que Crookes fue víctima de médiums, como Florence Cook y otros que eran o confesaron ser falsificaciones, por lo que la validación de Home es altamente sospechosa».[6]
    • James Randi (7 de agosto de 1928), mago y escritor escéptico canadiense, ha descubierto muchos casos de fraudes paranormales.
  • Ubi Crookes Ibi Lux (Donde está Crookes, hay luz.)
    • Texto en latín de una caricatura de Crookes obra de Leslie Ward en Vanity Fair (21 de mayo de 1903); se dice que este lema fue pronunciado por primera vez por un científico alemán, tras asistir a una conferencia de Crookes.

Referencias[editar]

  1. Disertación como Presidente de la Society for Psychical Research (29 de enero de 1897), publicada en Proceedings of the Society for Psychical Research, Vol. XII (Marzo 1897), pág. 338
  2. Discurso inaugural como Presidente de la British Association for the Advancement of Science, publicado en Nature No. 1506, Vol. 58 (8 de septiembre de 1898), pág. 438
  3. John Dickson Carr, en: The Life of Sir Arthur Conan Doyle (1975), p. 222
  4. Diccionario de Biografía Nacional (1927)
  5. Eric John Holmyard, en: British Scientists (1951), p. 61
  6. James Randi, en su perfil de Crookes en An Encyclopedia of Claims, Frauds, and Hoaxes of the Occult and Supernatural