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Rocinante

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Rocinante es un personaje ficticio de la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes.

«Rocín, antes».

Citas sobre Rocinante

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  • «El poder de la imaginación quijotesca es tal, que él puede transformar a una yegua desvencijada en el brioso corcel Rocinante».[1]
  • «Resuelto está el hidalgo a cumplir su propósito, a ceñirse las armas de sus nobles bisabuelos y cabalgar en su flaco rocín por esos mundos en pos de la soñada aventura, del glorioso peligro, del renombre eterno. Ya no se llamará de aquí en adelante Alonso Quijano, sino don Quijote de la Mancha, rindiendo así tributo a su apellido y la nativa tierra; su pobre caballo será Rocinante; solo su pueblo gris, el pueblo menudo, ramplón y egoísta, quedará sin nombre, por castigo, en los anales de la fama».[2]

En El Quijote de Cervantes

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  • «—Así sería dijo –Sancho–, porque a buena fe que andaba Rocinante como si fuera asno de gitano con azogue en los oídos».[3]
  • «Babieca: —¿Es necedad amar?
    Rocinante: —No es gran prudencia.».[4]
  • «—¿Cómo está Rocinante tan delgado? —Porque nunca se come y se trabaja. —Pues, ¿qué es de la cebada y de la paja? —No me deja mi amo ni un bocado».[5]
  • «Cuatro días se le pasaron en imaginar que nombre le pondría... y así después de muchos nombres que formó borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar “Rocinante”, nombre a su parecer alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo».[6]
  • «No se había curado Sancho de echar sueltas a Rocinante, seguro de que le conocía por tan manso y tan poco rijoso que todas las yeguas de la dehesa de Córdoba no le hicieran tomar mal siniestro».[7]
  • «Sucedió en este tiempo que una de las cabalgaduras en que venían los cuatro que llamaban se llegó a oler a Rocinante, que, melancólico y triste, con las orejas caídas, sostenía sin moverse a su estirado señor; y como, en fin, era de carne, aunque parecía de leño, no pudo dejar de resentirse y tornar a oler a quien le llegaba a hacer caricias».[8]

Referencias

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  1. El espejo enterrado (2016), en línea. Penguin Random House México. ISBN 69786073139380
  2. Citado por Alfonso de la Serna en Mujeres del Quijote... (1916), Trifaldi, 2005. ISBN 9788493440107; pág. 46.
  3. Primera parte cap. XXXI; en el CVC. Ver más menciones en GLibros.
  4. "Diálogo entre Babieca y Rocinante". Versos del soneto en la introducción de la obra; en línea.
  5. Menciones en GLibros.
  6. Menciones en GLibros.
  7. Capítulo XV: "Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses". El Quijote en línea.
  8. Capítulo XLIII. "Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, con otros estraños acaecimientos en la venta sucedidos".en línea

Bibliografía

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  • Unamuno, Miguel de: Vida de don Quijote y Sancho, edición 1966 en Austral, Espasa Calpe.