Pedro Antonio de Alarcón

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Pedro Antonio de Alarcón
«La raza judía era como yo la sospechaba, como la tenía en la imaginación, como la había leído en Shakespeare y otros poetas».
«La raza judía era como yo la sospechaba, como la tenía en la imaginación, como la había leído en Shakespeare y otros poetas».
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Pedro Antonio de Alarcón escritor español (Guadix, provincia de Granada, 10 de marzo de 1833 – Valdemoro, provincia de Madrid, 19 de julio de 1891). Perteneció al movimiento realista. Se trata de uno de los más destacados autores de este movimiento, uno de los artífices del fin de la prosa romántica.

Citas[editar]

  • «El que va tras flores halla espinas,
El que va tras espinas halla flores». [1]
  • Fuente Poema A mi mujer.
  • «La raza judía era como yo la sospechaba, como la tenía en la imaginación, como la había leído en Shakespeare[notas 1] y otros poetas».
    • Fuente: Los judíos y la Segunda República. 1931-1939 (Anaya Editorial, 2004, ISBN 8420645982).
    • Nota: Impresiones durante la guerra de África (1859-1860). Pedro Antonio de Alarcón acompañaba a las tropas durante la toma de Tetuán por el general O'Donell. Es uno de los primeros registros de contacto real entre los descendientes sefardíes de los antiguos expulsados por los decretos de expulsión de los Reyes Católicos Fernando II de Aragón e Isabel la Católica y españoles (publicado originalmente en Diario de un testigo de la Guerra de África, El Eco de Tetuán, Madrid, 1860, pp. 182 y ss. Citado en Los judíos y la Segunda República, 1931-1939, pp. 38 y 39).
  • «Las gracias que hoy te adornan, los dones inmortales
    que la naturaleza gentil te prodigó,
    tu eterna vestidura de encantos virginales,
    tu nombre bendecido cantar pretendo yo
    'Granada! En tu recinto tal vez la poesía
    del mundo primitivo soñaba ya un edén,
    y allá desde la Grecia tu nombre bendecía, creyendo tus jardines mansión de terno bien». [2]
    • Fuente: Poema A Granada.
  • «Perdónale este agravio
    a tu propia locura,
    y dispénsame a mí si tal ventura
    se atreve a pronunciar trémulo el labio...
    Pero lo ví: mi espíritu sin calma
    era ya de tu espíritu un reflejo...
    Toda mi alma se espació en tu alma,
    y en ella vióse como en claro espejo.
    Consignado lo dejo:
    quizás era una burla del destino
    aquel falso espectáculo halagüeño...
    Yo sé que todo sueño es desatino,
    y el tuyo no pasó de ser un sueño». [3]
  • «Si no has de amarme, dime que retire de ti mi admiración; si no he de amarte, haz que nunca te mire».[sin fuentes]
  • «Te miro, y lloro porque no me miras:
    me miras, y suspiro
    al hallar el desdén en tu mirada:
    suspiro, y lloro porque no suspiras,
    suspiras ¡ay! Y acongojado miro
    que no es por mí... Y así, mujer amada,
    no sé si son flores o son abrojos
    esos suspiros de tus labios rojos,
    ignorando también en mi desdicha
    si mi vida o mi muerte son tus ojos». [4]

Referencias[editar]

  1. Alarcón, Pedro Antonio de. Poesías, serias y humorísticas. Editorial Tipografía de G. Estrada, 1870. Procedencia del original: Universidad de Roma "La Sapienza" (Biblioteca Angelo Monteverdi). Digitalizado: 5 Diciembre 2013. p. 1.
  2. Alarcón, Pedro Antonio de. Dos ángeles caídos. Editorial Linkgua digital, 2014. ISBN 9788498971842. p. 102.
  3. Alarcón, Pedro Antonio de. Poesías, serias y humorísticas. Editorial Tipografía de G. Estrada, 1870. Procedencia del original: Universidad de Roma "La Sapienza" (Biblioteca Angelo Monteverdi). Digitalizado: 5 Diciembre 2013. p. 28.
  4. Alarcón, Pedro Antonio de. Dos ángeles caídos. Editorial Linkgua digital, 2014. ISBN 9788498971842. p. 143.

Notas al pie[editar]

  1. Se refiere al usurero judío Shylock, célebre personaje de El Mercader de Venecia de Shakespeare.