Marguerite Yourcenar

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Marguerite Cleenewerck de Crayencour,
Marguerite Yourcenar
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Marguerite Cleenewerck de Crayencour (8 de junio de 1903 – 17 de diciembre de 1987), más conocida por su seudónimo Marguerite Yourcenar, fue una poetisa, novelista, autora de teatro y traductora nacida en Bruselas, Bélgica, autora de Memorias de Adriano, Opus Nigrum, Como el agua que fluye, El tiempo, gran escultor, entre otras obras.

Citas[editar]

  • "¿A dónde huir? Tú llenas el mundo. No puedo huir más que en ti".
  • "Cada uno de nosotros posee más virtudes de lo que cree, pero sólo el éxito las pone de relieve, quizá porque entonces se espera que dejemos de manifestarlas".
  • "Escucha con la cabeza, pero deja hablar al corazón".
  • "Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad".
  • "No hay nada que temer. He tocado fondo. No puedo caer más bajo que tu corazón".
  • "¡Qué insípido hubiera sido ser feliz!"
  • "Todo ser que haya vivido la aventura humana, vive en mí".
  • "Era demasiado joven para sospechar que la existencia no está hecha de súbitos impulsos y de obstinada constancia, sino de compromisos y de olvidos".
    • Extraido de El tiro de gracia
  • "La amistad es, ante todo certidumbre, y eso es lo que la diferencia del amor".
    • Extraido de El tiro de gracia
  • "No vemos dos veces el mismo cerezo ni la misma luna sobre la que se recorta un pino. Todo momento es el último porque es único. Para el viajero, esa percepción se agudiza debido a la ausencia de rutinas engañosamente tranquilizadoras, propias del sedentario, que nos hacen creer que la existencia va a seguir siendo como es por algún tiempo".
    • Extraido de Una vuelta por mi cárcel.

"Exageráis la hipocresía de los hombres. La mayoría piensa demasiado poco para permitirse el lujo de poder pensar doble."

"Rocío: el verano te bebe."

"En todas las épocas hay personas que no piensan como los demás. Es decir, que no piensan como los que no piensan."

"Conocer bien las cosas es liberarse de ellas."

"Se puede ser felíz y seguir estando triste."

"Un corazón es tal vez algo sucio. Pertenece a las tablas de anatomía y al mostrador del carnicero. Yo prefiero tu cuerpo."

"La muerte es un sacramento del que sólo son dignos los más puros: muchos hombres se deshacen, pocos mueren."

"No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una desesperación. Creo que voy a ponerme a construir."

"El crimen del loco consiste en que se prefiere a los demás. Esta preferencia impía me repugna en los que matan y me espanta en los que aman. La criatura amada ya no es, para esos avaros, sino una moneda de oro en que crispar los dedos. Ya no es un dios: apenas es una cosa. Me niego a hacer de ti un objeto, ni siquiera el Objeto amado."

"¿Ingenio? ¿En el dolor? Puede ser, pues hay sal en las lágrimas..."

Alexis o el tratado del inútil combate (1929)[editar]

  • «He leído con frecuencia que las palabras traicionan al pensamiento, pero me parece que las palabras escritas lo traicionan todavía más.».[1]
  • «Si es difícil vivir, es aún mucho más penoso explicar nuestra vida».[2]
  • «Todos nos transformaríamos sin nos atreviéramos a ser lo que somos.».[3]
  • «No fue culpa mía si aquella mañana me encontré con la belleza...».[3]
  • «Toda felicidad es inocencia.».[3]
  • «Quizás lo que haga la voluptuosidad tan terrible sea que nos enseña que tenemos un cuerpo. Antes, sólo nos servía para vivir. Después, sentimos que aquel cuerpo tiene su existencia particular, sus sueños, su voluntad y que, hasta la muerte, tendremos que contar con él, cederle, transigir o luchar. Sentimos (creemos sentir) que nuestra alma sólo es su mejor sueño.».[3]
  • «En el fondo de toda gran impotencia encontramos un sentimiento de tranquilidad.».[3]
  • «El sufrimiento nos hace egoístas porque nos absorbe por entero: sólo más tarde, en forma de recuerdo, nos enseña la compasión.».[3]
  • «Hay algo reprobable en mostrarse demasiado cariñoso cuando unos se va, como para que lo echen de menos.».[3]
  • «Por primera vez sentía un placer perverso en ser diferente de los demás. Es difícil no creerse superior cuando uno sufre, y el ver gente feliz nos da náuseas.».[3]
  • «...quitarme de nuevo la ropa como hubiera deseado quitarme el cuerpo...».[3]
  • «No presumo de haber amado. He sentido demasiado lo poco durables que son las emociones más vivas para querer, al acercarme a seres perecederos, encaminados hacia la muerte, extraer un sentimiento que se pretende inmortal. ».[3]
  • «Creo que sólo hubiera podido amar a un ser perfecto y soy demasiado mediocre para merecer que me aceptara, incluso si lo encuentro algún día.».[3]
  • «Y esto no es todo, amiga mía: nuestra alma, nuestro espíritu y nuestro cuerpo tienen exigencias generalmente contradictorias; creo difícil unir satisfacciones tan diversas sin envilecer a unas y sin desanimar otras, así que he disociado el amor.».[3]
  • «Me he limitado casi siempre a complicidades banales, por un terror oscuro a enamorarme y sufrir. Basta con ser prisionero de un instinto, no quiero serlo también de una pasión, y creo sinceramente que no he amado nunca.».[3]
  • «La vida es el misterio de todo ser humano: es tan admirable que siempre se la puede amar.».[3]

Memorias de Adriano (1951)[editar]

«
Tener razón demasiado pronto es lo mismo que equivocarse
»
Memorias de Adriano (1951).
  • "Como todo el mundo, sólo tengo a mi servicio tres medios para evaluar la existencia humana: el estudio de mi mismo, que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos; la observación de los hombres; y los libros.... En cuanto a la observación de mi mismo, me obligo a ella, aunque sólo sea para llegar a un acuerdo con ese individuo con quien me veré forzado a vivir hasta el fin".
  • "El frote de dos parcelas de carne no define el fenómeno del amor así como la cuerda rozada por el dedo no explica el milagro infinito de los sonidos".
  • "Nuestro gran error es intentar obtener de cada uno en particular las virtudes que no tiene, y desdeñar el cultivo de las que posee".

Citas sin referencia[editar]

  • "Al volver de mi largo viaje por el Oriente, había tratado de completar casi frenéticamente aquel inmenso decorado de una obra terminada ya en sus tres cuartas partes. Ahora retornaba a él, para acabar allí mis días de la manera más decorosa posible. Todo estaba ordenado para facilitar tanto el trabajo como el placer: la cancillería, las salas de audiencias, el tribunal donde juzgaba díficiles, me evitaban los fatigosos viajes entre Tíbur y Roma. Aquellos evocaban a Grecia: el Pecilo, la Academia, el Pritáneo. Sabía de sobra que el pequeño valle plantado de olivos no era el de Tempe, pero llegaba a la edad en que cada lugar hermoso nos recuerda otro aun más bello, donde cada delicia se carga con el recuerdo de delicias pasadas. Aceptaba entregarme a esa nostalgia que llamamos melancolía del deseo."

Referencias[editar]

  1. «Alexis o el tratado del inútil combate», Punto de lectura, página 19
  2. «Alexis o el tratado del inútil combate» , Punto de lectura, página 20
  3. 3,00 3,01 3,02 3,03 3,04 3,05 3,06 3,07 3,08 3,09 3,10 3,11 3,12 3,13 «Alexis o el tratado del inútil combate», Punto de lectura