José Luis Alvite

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José Luis Alvite (n. Santiago de Compostela, 1949) es un periodista y escritor español. Anteriormente empleado de banca, ha escrito en los periódicos 'Diario 16', 'La Razón', 'Faro de Vigo' y 'La Opinión de A Coruña'. También colabora en el programa de radio 'Herrera en la Onda' de la emisora 'Onda Cero'.

Citas[editar]

  • Detesto cualquier ejercicio físico cuya última consecuencia no sea el orgasmo.
    • (Gente bajo par)
  • Soy un intruso en mi propia biografía.
    • (El intruso)
  • No hice nada por la vida ni haré tampoco ningún esfuerzo por la muerte.
    • (El intruso)
  • El fracaso es el único sitio en el que puedes sentirte seguro. Nadie intenta quitarte el último puesto.
    • (Historias del Savoy)
  • El amor es algo muy resistente; se necesitan dos personas para acabar con él.
    • (Historias del Savoy)
  • Yo creo que el amor es algo complejo que empieza cuando conoces a alguien cuyo cuerpo parece que llevase años preguntando por el tuyo.
    • (Historias del Savoy)
  • Lo mejor de mi currículum es la grapa.
    • (Historias del Savoy)
  • El amor eterno es aquel cuyo fracaso se recuerda siempre.
    • (Historias del Savoy)
  • Lo que me interesa de una mujer es lo que ignoro de ella.
    • (Historias del Savoy)
  • El matrimonio reduce el tamaño de las cosas y lo envejece todo.
    • (Historias del Savoy)
  • El amor fracasa con el conocimiento.
    • (Historias del Savoy)
  • No hay peor enfermedad que la obsesión por la salud.
    • (Historias del Savoy)
  • Hay quien sobrevive casado, sobre todo si acepta que en una relación de pareja lo inteligente es ser el del medio.
    • (Historias del Savoy)
  • La sinceridad consiste en contar siempre la misma mentira.
    • (Historias del Savoy)
  • La televisión es una cosa que sólo vale la pena encender durante los apagones.
    • (Historias del Savoy)
  • A veces la vida pone en tu camino una mujer fascinante, muchacho, y entonces sabes que la echarás de menos porque las mujeres fascinantes están de paso.
    • (Historias del Savoy)
  • Eres un personaje, nena, y los personajes no se merecen un reproche sino una crítica literaria.
    • (Historias del Savoy)
  • Mi vida se ha regido por los impulsos, no por el álgebra.
    • (Una vida por los pelos)
  • He sido para las mujeres tan tenaz como lo son otros hombres para coleccionar sellos. En realidad, el sexo y la filatelia solo son maneras distintas de usar la lengua. ¡Qué importa cuántas mujeres haya habido en mi vida! No soy coleccionista. A veces me enamoro y otras simplemente me encapricho.
    • (Una vida por los pelos)
  • El desprecio del talento suele considerarse en ocasiones una conquista moral de la gente corriente.
    • (Desayuno con cuervos)
  • Es cierto que si me gustan tanto los lugares a los que cuesta llegar, es porque también es luego difícil salir de ellos.
    • (Una carrera en las medias)
  • La insensatez me ha dejado casi siempre mejores sensaciones que el sentido común.
    • (Gárgaras de orina)
  • A veces demoler un edificio requiere más inteligencia que la empleada en su construcción.
    • (Gárgaras de orina)

La gente que cuenta el tiempo por las flores no encaja bien con aquella otra que lo mide por el reloj.

    • (Pan con lápiz)
  • También yo concibo la vida con esa aparente resignación de quien sabe que el lugar en el que se encuentre en cada instante es exactamente el sitio al que tendría que haber ido. Se trata de establecer la meta justo donde te pueda el cansancio, ni un poco antes, ni un metro más allá...
    • (Pan con lápiz)
  • A veces creo que mi mala reputación ha salvado mi prestigio.
    • (Camisa desplanchada)
  • En España, la idea de la patria no es una razonada conquista de la inteligencia, sino el feliz resultado de un desarreglo hormonal.
    • (Patria hormonal)
  • En la vida de un hombre hay un cupo para la esperanza
    • (el mito)
  • Me preguntaba entonces, y aun ahora a veces lo hago, por qué diablos tendríamos que aprender tantas cosas para sobrevivir con los pies en el suelo y en cambio los pájaros volaban sin haber hecho el curso de piloto.
  • Por muy avanzados que nos consideremos respecto de los cerdos, lo cierto es que nosotros convertimos el jamón en mierda, mientras que los cerdos convierten la mierda en jamón.
  • Arthur Miller podía presumir de haber vivido en la misma habitación que Marilyn Monroe. Los demás, ¡qué remedio!, nos conformamos con haber vivido en el mismo siglo.
  • Hemos llegado a un punto en nuestras vidas en el que ya no hay duda de que nuestra media naranja sólo podría ser un pomelo.
  • Se siente tan terriblemente solo entre quienes le rodean, que se marcha al baño con la imperiosa necesidad de reagruparse.
  • Amigo, vives con un pie en la acera, y el otro en el borrador de una novela.
  • Mi padre plantó un árbol cuando nací, creo que inconscientemente lo hizo pensando que me ahorcaría en él cuando el puto árbol me diese la talla.
  • Un tipo le regaló una agenda a mi amigo vagabundo, y este la abrió a voleo y escribió una sola frase: "Quemar la agenda".
  • A mi tráigame una buena chuleta, caballero, ya sabe, algo sólido y amenazante a lo que pueda sacársele un pase de pecho.
  • Puedes alcanzar la surrealista felicidad del tipo de ochenta años al que el oncólogo le da diez años de vida.
  • Estoy confuso, amigo mío. Si fuese rico, me compraría un barco y me marcharía con él al monte.
  • Escribir una novela que tuviese que incluir un apéndice con las instrucciones para prenderle fuego.
  • Reconozco que un tipo como yo jamás escribiría algo como "El quijote", pero también se que alguien como ese imbécil, ni siquiera tendría talento bastante para borrarlo.
  • Ella vio en ti al hombre de su vida, un tipo sensible, entusiasta y varonil que podría sostener con sus brazos el tejado de vuestra casa mientras los albañiles toman medidas para la altura de las paredes.
  • En sus ojos retrasaba una belleza antigua y plural, una remanente y estupefacta belleza en "off".
  • Recuerdo que éramos tan jóvenes que incluso nos parecía bueno olvidar los recuerdos.
  • Con mi mal aspecto de aquellos días, podrían haberme acusado de los últimos doce asesinatos sin esclarecer.
  • Hay fulanos que te miran con aire cansado y desvanecido, como si tuviesen la cara en cuclillas.
  • En este lugar sólo improvisa la muerte.
  • Mi madre era una borracha que sólo se ponía de pie para caer en otra postura.
  • La vida me enseñó que para no sufrir desengaños, lo mejor es abrazarse con las manos en los bolsillos.
  • No tienes la cabeza de William Shakespeare, amigo, pero tampoco el casco de moto de un gorila.
  • Con muy pocos cambios de orden y de tono, aquella señora podría haber sido taquillera en el Follies Bergere.
  • A todos nos conviene tropezarnos con gente como ella, la clase de mujer en cuyos ojos los tipos como yo esperamos por navidad la última carta de nuestra infancia.
  • Esas carreteras en tan mal estado que es como si las hubiesen arrojado al suelo desde un avión.
  • Detesto la rutina, incluso tener un brazo a cada lado empieza a resultarme aburrido.
  • También tiene revistas antiguas en las que mirando el horóscopo puedes averiguar tu pasado.
  • Suena crudo porque es crudo, y suena falso porque es cierto.
  • Le dije que llevaba encima el dinero justo para quedar a deber la casita con la que me dijo que soñaba. Me lo gasté todo en ella y me arranqué allí mismo los bolsillos.
  • Se me había echado el tiempo encima, el tiempo y las decepciones.
  • Hay tipos a los que el cerebro malamente les sirve para disculparse por tenerlo. Sé de algún idiota que si le pegases un tiro en la cabeza, joderías la bala.
  • Son gente muy refinada: pasan hambre en francés.
  • Pero eso era tu vida, muchacho, y la afrontaste con la esperanza de que un día la mierda se volviese literatura.
  • Escribir es algo que no tiene ciencia. Suele bastar con poner una palabra detrás de la otra al servicio de una idea. Claro que correr también consiste en echar los pies de manera correlativa para avanzar hacia un objetivo concreto y luego resulta que unos pocos salen atletas y otros sólo corremos lo justo para no adelantar al odioso tipo que nos persigue.
  • La última vez que abracé a una mujer, lo hice con tanto pudor como si fuese a condecorarla.
  • Es la primera vez que la conversación me hace menos daño que la ginebra.
  • Le gusta ponerse elegante para los fracasos, como si nos citásemos con chubasqueros para un Martini en el Titanic.
  • La encontré efímera y sublime como si se hubiese vestido para desplomarse en la portada del Vogue.
  • Y yo me quedo pensando que, comparado con lo nuestro, el holocausto fue un aburrido grupo de trabajo.
  • Es como achicar el agua con una raqueta de tenis: un gesto elegante pero inútil.
  • Me asusta el afecto. De niño me resistía a los abrazos de mis padres. Luego, me hice mayor y con el tiempo todavía ahondó en mí la sensación de que un abrazo no es más que un sitio cerrado.
  • Yo creo que en el fondo detesto la felicidad y que si me ocurriese algo bueno correría a confesarlo a comisaría.
  • A veces pienso que la felicidad consiste en la inminencia de alcanzarla y en la certeza de no conseguirlo nunca.
  • De madrugada aparentamos empuje y optimismo, pero en realidad somos una pandilla de solitarios que sólo hacemos tiempo para perderlo.
  • Lo cierto es que en la mejor racha de su vida, mi padre lleva doce años muerto.
  • Mi vida no esconde terribles secretos de desamor pero reconozco unos cuantos fracasos, y no recuerdo haber salido de ellos con el manuscrito de una novela bajo el brazo.
  • Creo que si me suicidase, la policía encontraría en mis dedos las huellas de otro hombre.
  • "Perdona si te molesto, pero llevo un rato dándole vueltas a tus rasgos en mi cabeza. No espero que me sigas la conversación; me conformaría con saber en que novela he leído yo ese rostro".
  • Aquella aturdida cuerda de presos atados a su orina.
  • Es como si en el estadio olímpico mejorasen el foso y los triplistas se presentasen en silla de ruedas.
  • Los maravillosos recuerdos de cuando éramos niños y a la ciudad le faltaban la mitad de las calles.
  • La clase de mujer con la que no te importaría mudarte al interior de una novela de Raymond Chandler.
  • Esa mezcla de frustración y deseo que habría alcanzado de haber bailado con la Venus de Milo desesperadamente abrazada a mi cuello.
  • Mi aspecto no era nada dominical. Estaba visiblemente arrugado. El tipo de la ventanilla me preguntó si venía de viaje. -Si -contesté-, vengo desde Barcelona acomodado en las ruedas del tren.
  • Era noche cerrada en la ciudad, muchacho, y casi ni se veía la niebla. Los pájaros volaban a pie en Compostela.
  • Hay mujeres que interesan porque se habla de ellas. Pero a mi más que las mujeres de las que se habla, me interesan las mujeres de las que se murmura.
  • Lo hermoso, muchacho, es dar con una mujer que retroceda en la dirección en la que huyes.
  • En los oficios de Semana Santa yo creo que en el pésame de la crucifixión la Virgen estaba detrás de mi abuela.
  • La tristeza es una tradición de mi espíritu.
  • Eras un tipo cansado pero tenaz, gente sin esperanza. La clase de persona que sólo cruzaría la calzada para abrazar a su madre si la acera de enfrente estuviera a este lado de la calle.
  • A veces, maldita sea, me entra bobera y echo de menos no haber tenido mi nombre más tiempo en el buzón de alguien.
  • Gente sin rumbo que van por ahí llevando en la maleta la tierra para el sepulcro.
  • Uno de esos hombres de quien, haciendo un esfuerzo, sólo recuerdas no haberlo visto en ninguna parte.
  • Uno de esos tipos que cuando hay un crimen, la policía sólo sospecha que no fue el. Gente manida, un hombre a granel.
  • Parecía un tipo sin peligro. Gente blanda y cordial a quien el FBI sólo podría incluir en la lista de los diez hombres menos buscados del país.
  • Un tipo perpendicular y directo que de la vida sabe que un mal olor se quita con un olor aún peor, y que el ser humano alcanza la máxima cota de su capacidad intelectual cuando miente para que le crean.
  • No frecuento los bares de éxito. Prefiero esos sitios sin suerte a los que la gente entra a preguntar por otro bar. Conocí un sitio en el que las últimas copas se las pagamos directamente al tipo de los embargos. El propietario de aquel bar cerró porque había tenido el mismo éxito que si regentase un submarino atrapado bajo la quilla del Titanic.
  • Llegaste a la conclusión de que a un tipo como tú y a una fulana como ella sólo os podría unir algo tan sólido como el divorcio.
  • Es otoño y juraría que hay hojas de Central Park en el maletero de mi coche.
  • En la barra, un sitio de mi talla con la holgura justa.
  • No importa, a estas horas nadie espera ver a Dios en mangas de camisa.
  • Estaba deslumbrante con su vestido de lentejuelas. ¡Joder! Daba la impresión de que se necesitaría un abrelatas para desnudarla.
  • Ahora se que se puede hacer fuego frotando dos pedazos de hielo.
  • Hay mucho fingimiento en esto del sexo. Los hombres alegamos fatiga emocional para justificar el gatillazo y ellas fingen la banda sonora.
  • Hay que reconocer que lo normal es que falles tú. Sobre todo, tú eres al que se le nota inequívocamente el fallo, entre otras cosas porque no puede haber trapecio si alguien no levanta la carpa.
  • Cada vez que me necesites llama a este teléfono; es el teléfono de mi peor amigo.
  • El recuerdo de la infancia es algo que no sólo no se desvanece, sino que con la inexactitud del paso del tiempo, incluso se convierte en leyenda, o en literatura, en cine, en música o, simplemente, en morfina.
  • El silencio era absoluto, casi se escuchaba pestañear a las moscas.
  • Al levantarme por la mañana me sentí como si me hubiese pasado por encima la procesión del Viernes Santo.
  • Pero en el fondo te costará conciliar el sueño porque escuchaste en la calle el frenazo del coche de ese tipo que se detuvo en tu ciudad porque no dio frenado en otra.
  • Llevo años planeando un viaje a Nueva York. No voy por temor a desilusionarme, creo que me fascina porque queda lejos en el mapa y cae más a mano en el cine de Woody Allen y de Scorssese.
  • Aquel tipo se acatarraba leyendo "Doctor Zhivago".
  • En cualquier circunstancia hay un cierto resquicio para el hallazgo de la dignidad, como habría ocurrido acaso con aquella elegante pasajera del Titanic, que se puso la bata de casa para no ahogarse destemplada.
  • Sería asfixiante. Sería, maldita sea, como soltar un pájaro en un baúl.
  • No me lo vais a creer, pero conocí de madrugada a un tipo que me dijo que aspiraba a ser rico sólo porque su sueño era arruinarse y resultaba francamente difícil arruinarse siendo pobre.
  • ¡Dios santo!, hasta esa noche sólo le había hecho una confesión tan rápida a una mujer desnuda.
  • En una ocasión recibió heridas tan graves que hubo que anestesiar al cirujano.
  • ¡Dios! Las manos de Ernesto son un manojo de grelos y tres chorizos, las manos de aquel tipo eran comida para seis. La primera vez que estreché la mano de Ernesto, tuve la sensación de que acababa de presentarme a toda su familia.
  • De regreso en el garito del que habíamos salido, el coche de aquel tipo incluso traía desgastada la rueda del maletero.
  • Hay tipos duros que ablandan a escondidas, lo sé. Sé que Ernesto era uno de ellos. Lo sé, maldita sea, porque a veces aquel tipo aprovechaba la lluvia para entrampar el llanto.
  • A veces ni siquiera me interesa conocer mi pasado, salvo que conocer mi pasado sea averiguar dónde dejé aparcado el coche.
  • Me jode que los americanos hayan llegado a la luna, y a mi me cueste tanto dar con el portal de casa.
  • Siempre supo que un tipo como yo sólo sirve de borrador hasta dar con otro hombre.
  • El caos, eso que tan mal llevan las mujeres, siempre más ordenadas para el sexo que los hombres, que sólo somos una pandilla de perros capaces de excitarnos con un disparo entre las piernas.
  • Una amiga mía divorciada dice que tuvo que cortar por la mitad la foto de la boda porque la perra no paraba de ladrarle a su ex marido.
  • Los horarios de la RENFE son mucho más misteriosos que muchos de esos crímenes.
  • Entraron por la puerta aquellos dos fulanos a los que incluso parecía que les debiese dinero Dios.
  • ¿Por qué sabe distinta el agua de la finca desde que falta la criada del cura?
  • Y despertaba con la sensación de que por mi calle pasaban todas las calles de la ciudad menos mi puta calle.
  • Mi idea de la sensatez era saltar al vacío con la esperanza de que me diesen el paracaídas al llegar al suelo.
  • Tenía tan mala conciencia, maldita sea, que no iba a la iglesia por temor a que Dios me siguiese hasta allí.
  • Con el diez por ciento de mi reputación, a Jesucristo lo habrían crucificado los apóstoles.
  • Todavía abrigo la esperanza de retirarme a vivir a un sitio en el que anochezca al amanecer. Mi cuerpo se sabe una postura decente para acurrucarse a morir en ella, pero sé que entre tus brazos todavía queda sitio para mí.
  • Si a ella le gusta una película y a ti te gusta otra, el amor consiste en ceder ambos e ir a ver una película que nos os guste a ninguno.
  • Nunca salí totalmente de aquella oscuridad, pero creo que he conseguido pintar de azul la penumbra.
  • Esas películas en lo que lo más interesante ocurriría si se fuese la luz.
  • Lo que me gusta es que en la trama haya asuntos personales, y que sólo se organicen grupos para desembarcar en Normandía con un fusil.
  • Llevaba días en una mala racha y empezaba a creer que necesitaría alguien que me enseñase a llorar de nuevo.
  • Mi amiga Pilar quiso subir en la escala social y se empeñó en comer en francés cualquiera de esos menús en los que lo más compacto serían los subtítulos. ¡Bobadas! A mí su cosmopolitismo no me cuela. La primera vez que cenó en un sitio así, le echó un vistazo a la carta sin aparentar estupor alguno por un idioma que sólo le sonaba de confundirlo con la bronquitis. El menú estaba en francés. Mi amiga Pilar parecía dueña de la situación. Resolvió en diez segundos. Y sin apenas reparar en el "maitre" dispuso:

-Yo me tomaré eso de ahí arriba a la derecha.- El "maitre" carraspeó, se inclinó suavemente sobre la comensal y sin sacar la voz de su natural tono recatado le dijo: -Permítame decirle que eso de ahí arriba a la derecha, es una cita de Baudelaire, "madamme". Fue un embarazoso momento de aturdida zozobra. Pero mi querida Pilar se rehizo. A fin de cuentas no se trataba de matricularse en filología francesa sino de meterle algo al cuerpo. Además, mi amiga Pilar un libro de Baudelaire sólo lo podría haber leído usando un abrelatas. Lo sé, maldita sea, lo sé con certeza. Lo sé porque en una ocasión por su santo le regalaron "La caja de música" y preguntó por la llave para darle cuerda.

  • Para el dinero que necesito me sobran la mitad de los bolsillos.
  • Una cruenta e interminable lucha histórica persiguiendo la democracia sólo nos ha servido, en el fondo, para haber conseguido un sistema político en el que la libertad consiste en proteger incluso a los que tratan de abolirla.
  • Con una mano en su nuca arrastre su cabeza contra la mía. Su cuerpo numeroso y cordial me pareció un buen sitio para vivir. Fornidos y a lo ancho, anoche Lino y yo nos abrazamos en cinemascope.
  • Fue en "Rahid", una madrugada en la que de las copas lo que nos hacía daño no era la ginebra, sino los recuerdos.
  • Hace tiempo que no se de ti, muchacho. No te lo vas a creer, pero no te llamo porque temo escuchar en tu teléfono la voz del enterrador. El caso es que por estas fechas, cada año, hago recuento y me sale tu nombre en los cinco dedos de cada mano.
  • La inmensidad del mar me produce vulnerabilidad. En mis peores momentos de angustia, cada vez que lleno la bañera para lavarme, me entran ganas de lanzar bengalas pidiendo auxilio.
  • En mi jodida vida, amigo, a menudo el amor no es más que una simple patología.
  • Dice mi madre que soy la clase de hombre en quien se concibe que pueda llegar tarde a su propio entierro. Sólo soy puntual para huir.
  • Quería estar con los míos pero algo me alejaba de ellos. ¡Dios santo!, aquello era como volver a casa con las llaves de otro portal. Había en mi muchos sentimientos contradictorios. No era un buen esposo, ni siquiera un padre mediocre, y sin embargo, me remordía la conciencia tener que pisar los zapatos para calzarme. Creo que esa fue siempre mi vida, muchacho, la búsqueda incesante de un mundo blando e indoloro en el que puedas calzarte sin pisar los zapatos.
  • A cierta edad cualquiera puede saber que, con frecuencia, en la leontina del trote de un caballo tiene mucho que ver el instinto, y también la fusta.
  • ¡Aquel si que era un tipo duro! Se llamaba Genaro y cada vez que ocurría algo malo en la ciudad, él era el único del grupo al que le sentaban bien los destellos de las ambulancias.
  • Nos cogimos de las manos y a falta de que nuestros labios se pusieran de acuerdo, los pusieron de acuerdo nuestras manos.
  • No podré olvidarla. Es casi seguro que mi futuro y el suyo sean razas distintas, pero nunca podré olvidar el haber conocido a una mujer en cuyas manos lamieron el cielo las mías.
  • Después lloraban a solas su drama aprovechando el equívoco de la noche.
  • La vida de algunos hombres, muchacho, consiste en arrepentirse aprovechando el viento de frente para escupirse a la cara.
  • Echo de menos haber conocido sitios en los que sentirme extranjero, garitos en otro idioma, lugares en los que dar con esas mujeres en cuyo cuerpo jamás se le haga tarde al tuyo.
  • Esos sitios exóticos y crudos en los que a los heridos de bala los anestesian con una bofetada y dos cafés para que no olviden jamás las puntadas de la sutura.
  • Moriremos, muchacho, sin haber conocido a una de esas mujeres cuyos besos te deforman el paladar y la conciencia.
  • La memoria no sólo no se esfuma, sino que arraiga aún más cada vez que le invocamos para perderla. En realidad, se necesita memoria para olvidar algo. La única norma eficaz para olvidar a alguien es un tiro en la cabeza.
  • Para erradicar un vicio lo mejor es adoptar un vicio nuevo, del mismo modo que para superar el desdén de una mujer, es interesante dar con otra mujer que te desencadene los mismos sentimientos que consideras defraudados.
  • Esto es la vida, muchacho: ahorrar lo justo para cambiar de hucha, tener menos prisa que paciencia y acertar con la cama en la que te espera tu cadáver.
  • El estado natural del hombre abstemio y civil es la cobardía, que es curiosamente donde reside la inteligencia. Sólo los idiotas se juegan la vida por salvar la vida de otro. Seamos sinceros, muchacho. Sabes perfectamente que tú la vida sólo te la jugarías para salvarla. Y que si vieses agonizar a Marylin Monroe y necesitase de ti algo vital para sobrevivir, seguramente sólo estarías dispuesto a un transplante de semen.
  • No digo que sea para ahora mismo, pero hago planes para cambiar de ciudad. Hace años que el cuerpo me pide un viaje largo y morir en otra parte. Para que los míos no sufran mi ausencia, me propongo hacer cuanto pueda para que me odien antes de romper amarras. Creo que les haré daño por su bien.
  • Huiría de mi mente si lograse alcanzar la locura, pero como no lo consigo huiré de mi ambiente. Llevó en esta ciudad más tiempo que la mitad de las aceras y si le doy más largas al viaje languideceré de aburrimiento.
  • Las piernas perfectamente sincronizadas en la relojería de un cruce sublime, el gesto ausente de ella al tomarse el café como si maquinase en el vaho de la taza el rostro del pianista esloveno al que le partió en Venecia el corazón y la cartera.
  • Se agradece la ternura después de la dureza, como se agradece la nieve sobre la arena del desierto. Es en el contraste donde cobran todo su valor las emociones. Yo creo que incluso se agradece que te limpie el llanto la mano de la bofetada con la que te saltaron las lágrimas.
  • El caso es que la historia de amor acaba mal, o sea, con la inefable perfección que supone el fracaso, esa agridulce sensación que nos invade cuando comprendemos que el corazón es una pelota con los botes contados.
  • La vida sería más hermosa si por la noche lográsemos calentar la cama con la luz del cine.
  • Con el tiempo he descubierto que soy el único sitio en el que puede esconderse un tipo como yo.
  • Dicen que el hombre viene del mono, pero por los latidos del corazón en mi pecho de leña juraría que desciendo del reloj de pared.
  • El remordimiento, esa gastritis de la memoria.
  • La belleza no existe sin alguien que la interprete y la perciba. Sin los dedos del pianista, la partitura de Chopín sólo es un prospecto chino.
  • A veces me levanto tan cansado, maldita sea, que me cuesta trabajo empuñar las manos.
  • A mis pies les quedan pocos pasos que andar y conviene escoger los charcos del camino.
  • Muchacho, al final la vida te sobrepasa, en tu respiración resuella la arena del enterrador y estás tan solo, maldita sea, que no te queda más remedio que reconocer que tu puto cuerpo es el único sitio en el que caerte muerto. Te has quedado tan solo como si te hubieses mudado a un panteón.
  • Incluso en Noviembre, en su rostro bisiesto se amontona Abril.
  • Resistir el miedo cuando descubras que ese rostro que rezuma en los cuellos de la camisa es el tuyo, exactamente el tuyo, el rostro del tipo que cumple condena detrás de esos malditos ojos fríos.
  • Pero se hizo tarde en el paisaje y cada vez que cierro los ojos y retrocedo, se que sólo en mis sueños siguen peloteando los pasos de aquel hada.
  • Un hombre es su aspecto y su pasado, la madre que le enseñó a no llorar sobre la leche del desayuno, un padre que pisaba distinto, la cautivadora trampa de las malas compañías, la malversada juventud de la que te diste cuenta tarde en el espejo de un garito. Un hombre son los restos de su niñez, el caliche de una cicatriz en la barbilla, un pie de vez en cuando enfadado con el otro, la trágica noche en la que a última hora te pareció un crimen haberte lavado la cara con el llanto de una mujer. Un hombre es también lo que queda de aquel muchacho que aspiraba a ver las estrellas reflejadas en los vagones del metro. Y el recuerdo de haber echado al correo en el cementerio tu última cometa. Y resignarte que a tu entierro sólo asistiría gente si en el funeral sorteasen tu coche. Un hombre es también lo que se cuenta de él, lo que se le teme y lo bien que le sienta la sangre en las camisas azules.
  • Suele ocurrir que de niño no saboreas las circunstancias de la niñez y que la infancia la dejas para cuando eres mayor, que es cuando descubres el amor de tus padres al tiempo que recapacitas ensimismado frente a la carpintería de sus cadáveres. El caso, maldita sea, es que tardas cuarenta años en comprender que un día tuviste doce y no lo disfrutaste porque estabas muy ocupado con la remota esperanza de hacerte mayor. Mi infancia fue un relámpago separado cuarenta años de su trueno
  • Nuestro equilibrio sicológico depende de nuestra conciencia y de la capacidad de cada cual para sobreponerse a sus complejos y a sus culpas. Al Capone podía recorrer el país de costa a costa con un cadáver en el maletero del coche, pero dormía mal si olvidaba el alpiste del loro. Personalmente puedo soportar unas cuantas adversidades en un sólo día y sin embargo, en momentos de extrema sensibilidad, me remordería la conciencia si viajase llevando en el maletero del coche una caja de yogures caducados. Me sentiría como si transportase a hurtadillas los cadáveres de la familia Trap.
  • Cuando el amor se acaba, que más elegante que resolverlo con un toque Lubistch: "Todas las cosas hermosas se acaban, cielo. Se acaba la luz del día y los poemas, se acaban las flores cuando llega el frío, nena, y el amor no es más resistente que la primavera, así que será mejor dejarlo antes de que nos pille el invierno de los años y nos parezca insolente tutearnos en pijama".
  • Volar lo bastante bajo como para apaisar el maíz y poner en cursiva la pana de los sembrados. Después el aviador volvía al cielo llevándose en los labios una manzana y el beso larvado de aquella chica de la bicicleta, que se quedó de pie en el prado hasta que, con la luz torda de septiembre, el aeroplano se esfumó enhebrado en un croquis de cigüeñas bajas.
  • -Padezco desdoblamiento de personalidad- Me dijo una amiga con pretensiones de criatura bergmaniana.
  • ¿Sabes?, Dios se desacreditaría si hiciese algo bueno por mí.
  • Y con la música a favor, le dije: "Yo no soy nadie. A veces creo que ni siquiera mi cuerpo está a mi nombre. Hago vida social en un coche en doble fila. Mis hijos me matarían a escote si les sentase bien el luto. El caso es que nunca se me cumplió el sueño de planchar la camisa con la Vespa de Audrey Hepburn. Y ahora, amiga mía, saldré por esa puerta hacia la lluvia y te recordaré con la infundada esperanza de que algún día tu calle pase por la mía".
  • "La música hay que sentirla aquí, justamente aquí, donde los tipos como tú, amigo mío, lo más elevado que sentís es el ardor de estómago". A mi viejo amigo pianista no le faltaba razón. Nunca seré pianista, ni siquiera el mediocre pianista de un burdel. Mi destino en la música me lo marca la propia experiencia. En mi currículo musical, el dato más armónico son veinticinco años de claxon.
  • He tenido que renunciar por una temporada a las bebidas con burbujas porque me producen gases. Pasé unos días tan incómodo, que podría haberme ganado la vida hinchando globos para el fin de año en Times Square.
  • Siempre se mintió en lo accesorio para ganar la simpatía de alguien que nos gustase conquistar. Te inventabas un pasado aventurero, un hijo en Albania, un asesinato aquella turbia noche de naipes en un garito a las afueras... Cosas sencillas que ayudaban a mitigar el golpe de tu aspecto mediocre de tipo corriente cuyo rasgo más destacado en realidad era ser ligeramente más rubio que Ray Charles. Mentías en lo superfluo para crear el ambiente propicio que tarde o temprano desembocaría en la última fila de un cine en la que perderos la misma película cuatro noches seguidas.
  • Siempre pensé que la vida es de una belleza distinta y emocionante si la miras a través de una ventana con los cristales sucios, y que las mujeres tienen más aliciente cuando su sonrisa es una carrera en las medias.
  • Al piano suele sentarse el bueno de Larry Williams, un tipo que en los ensimismados momentos de nostalgia, toca suave como si interpretase a Gershwin con las manos en los bolsillos. Este tipo viajó mucho antes de recalar en el club de Ernie Loquasto. Nunca paró mucho en los sitios. Se dice de él que entraba en las ciudades expresamente buscando la salida. En un local nocturno de Baltimore todavía le recuerdan como el pianista que debutó con su última actuación. A sus pies les cuesta seguirle los pasos. Pero Larry tiene una memoria emocionada de las cosas y de los lugares por los que pasó. La noche que le conocí en el Savoy, su partitura en el atril era un mapa de carreteras.
  • Fueron los peores momentos de mi vida. Pensé que de haberme muerto entonces, seguramente tendrían que haberme enterrado en un cadáver prestado.
  • Chester Newman, el viejo reportero del Clarion lleva decenios contándoles a sus lectores los crímenes de la ciudad. Dice que un tipo es interesante cuando da que hablar o cuando hace sufrir. En una ocasión acudió al asesinato de un infeliz del que nadie sabía nada. A Chester le costó cubrir un puñado de párrafos con la historia de aquel desdichado. El colofón todavía hoy resulta de una expresividad indiscutible. Escribió Chester en el Clarion: "El caso es que el de ayer fue un crimen sin palabras, una noticia sin texto, algo así como haberle disparado directamente a mi papelera. La víctima fue un hombre irrelevante contra el que ni siquiera había una mala excusa para dejarle vivo".
  • Personalmente comprendo que Fuller no es un tipo recomendable, aunque me cuesta creer que cuando nació, su madre presentase cargos contra él. Eso dice una de las leyendas que él se encarga de fomentar.
  • Te abandonaron los tuyos y te queda en los bolsillos el dinero justo para elegir a cara o cruz la sien para un disparo.
  • Su matrimonio estaba tan deteriorado y las peleas eran tan constantes, que los muchachos del Savoy le regalamos una vajilla rota por sus bodas de plata.
  • Cuando decayó el ambiente, la atmósfera estaba tan cargada que había que respirar metiendo en la boca el aire a cucharadas.
  • Hay cosas que no conviene limpiar. Grace Kelly deslumbraba en las escalinatas de mármol, pero a Rita Hayworth le sentaba mejor la escalera de incendios.
  • Hubo en el Savoy pocos cómicos con peor trayectoria, pero murió con gran éxito de público. Para no reírnos de su cómica fealdad, acordamos velarlo boca abajo.
  • Tampoco olvidaremos la boda del pobre Mich Mulligan. Se le veía tan poco futuro que la novia acudió al altar vestida de negro.
  • Al jefe le gustan los tipos duros. Se refiere a los tipos como Charlie McCay, el bueno de Charlie, fue en el 74. Aquella noche cenó tres platos con cuatro balas en el estómago, a las cinco de la madrugada se levantó y nos pidió disculpas. Dijo que se iba para estar en casa a tiempo de abrirles la puerta a los muchachos de la funeraria.
  • Raras veces la verás sin un cigarrillo entre los dedos. Con el humeante ademán de su mano derecha, la equívoca diosa del Savoy parecía una mujer recién disparada. La primera vez que nos citamos en el callejón a espaldas del club, había una niebla tan densa que el humo de su cigarrillo era un autógrafo en un charco de tinta. La conocí por la cadencia de sus pasos, aquel soniquete inconfundible de Lorraine Webster, la clase de mujer al cabo de cuyos pasos entre el humo te preguntabas dónde diablos habrían ido a parar los casquillos. Nos besamos allí mismo. No dije nada, pero sentí como si aquella mujer fuese a contagiarme un pecado.
  • Tiene razón Larry el pianista. A menudo, la mejor cualidad de un hombre es la música que suena de fondo y que le da al ambiente un toque como de mundana casualidad.
  • Viven todavía unas cuantas personas que recuerdan la memorable actuación de Lester Young en los años cincuenta. Hizo literatura con el aire en su saxofón.
  • Vamos, muchachos, a nadie le estorba un poco de música sincera.
  • Era tarde. Se presagiaba en el horizonte la lactosa del amanecer. De la magnífica velada a bordo quedaba el pianista con las sobras del repertorio y un encantador desorden campal en las mesas. Dos extenuadas parejas bailaban como en defensa propia.
  • De smoking y lazo al cuello, incluso un tipo quemado como yo tenía la certeza de que su cuerpo era viento a favor.
  • Había prosperado en el negocio mortuorio hasta regentar una cadena de funerarias. Cuando lo conocí en el 54 su tarjeta de visita decía: "Jerry Marini. Funeraria" Con el tiempo mejoraron su contabilidad y su gramática, y aquella última madrugada se despidió con una encantadora cartulina: "Jerry Marini. Baños de tierra"
  • Soy un entusiasta de las frustraciones. No conozco Nueva York, pero muchas de mis emociones literarias están íntimamente ligadas a la Gran Manzana. No conocí a Bogart, ni a nadie que pasase siquiera a dos manzanas de él por Sunset Boulevard y, sin embargo, me resulta extrañamente familiar. Y no es más que un sueño el presentimiento de que algún día se dejará ver por el Rahid el bueno de Frank Sinatra, para dictarle a mi sonrisa el inconfundible estilo de la suya con el malévolo fin de que me fíen sus cremalleras las mujeres cuya sonrisa es un dardo.
  • El amor es algo muy resistente, se necesitan dos personas para acabar con él.
  • Hacer un viaje fascinante a uno de esos países cuya constitución es la receta de la piña colada; un sitio con sol, arena y niños pobres.
  • Fui un bebé robusto. Se corrió entre mi familia que había pesado más de cinco kilos al nacer y que a mi madre, la comadrona le dijo que acababa de dar a luz a un cuñado. Supongo que algo así tendrían que haberlo entregado en comisaría.
  • Sabe que soy el tipo del que no se habla en casa, el trozo que falta en sus fotos, el que dobló las hojas de unos cuantos libros, el mismo que un verano se marchó de casa con un traje gris y zapatos de goma.
  • No abrigo grandes ilusiones. Mi objetivo en la vida es mantenerme medio metro por detrás del motor del coche.
  • En los diez últimos años sólo prendió una vez las luces de la lámpara de la alcoba. ¡Que cosas hacen los ricos, Al! El muy hijo de perra sólo encendió la lámpara para contar las bombillas.
  • Incluso en las situaciones más adversas eras capaz de ganarle una apuesta a cualquiera jugándote la vida a cara o cruz... ¡con una canica!
  • A menudo la belleza de una cita está en el viaje más que en la llegada. Nos fascina lo lejano, lo que parece inaccesible. La mujer más hermosa es siempre la de la mesa de al lado. Lo obvio interesa menos que lo enigmático. Más emocionante que ver a una mujer bajo la luz es suponerla en mitad de un apagón. Lo más fascinante de mis viajes es haber perdido el tren.
  • Fuimos tan pobres, maldita sea, que teníamos que pedirle al barman una moneda con la que echar a cara o cruz quién pagaba las copas.
  • Resultabas apasionante. Eras la clase de hombre al que sólo con mirarle un instante, le calculas treinta años y un día. Entonces me parecías encantadoramente lacónico y peligroso. Tu frase más larga la primera noche que bailé contigo fue: "No te hagas ilusiones, nena, una puerta giratoria es mi idea de hogar"
  • Seguí tu consejo. Te hice caso, Al. Dejé prendida una luz para que las ratas no se tropiecen y salí en la dirección contraria de los recados de cada día.
  • Ahora comprendo que la juventud consiste en procurarte errores nuevos, gente distinta, riesgos que ni imaginabas siquiera.