Gabriela Mistral

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Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga
"Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino."
"Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino."
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Gabriela Mistral

Gabriela Mistral (n Vicuña, 7 de abril de 1889 - m. Nueva York, 10 de enero de 1957), poetisa, diplomática y profesora chilena, cuyo verdadero nombre era Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga. Primera latinoamericana en ganar el Premio Nobel de Literatura, en 1945. Falleció en Estados Unidos a la edad de 67 años.

Citas[editar]

  • "Decir amistad es decir entendimiento cabal, confianza rápida y larga memoria; es decir, fidelidad."
  • "Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino." Gabriela mistral
  • "El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde."
  • "En vano se echa la red ante los ojos de los que tienen alas."
  • "Hay sonrisas que no son de felicidad, sino de un modo de llorar con bondad."
  • "La Biblia es para mí el libro. No veo cómo puede alguien vivir sin ella."
  • "La educación es, tal vez, la forma más alta de buscar a Dios."
  • "La experiencia es como un billete de lotería comprado después del sorteo. No creo en ella."
  • "Lo que el alma hace por su cuerpo es lo que el artista hace por su pueblo."
  • "No digas lo que piensas pero piensa lo que dices."
  • "Nosotros somos culpables de muchos errores y muchas faltas, pero nuestro peor crimen es el abandono de los niños negándoles la fuente de la vida. Muchas de las cosas que nosotros necesitamos pueden esperar, los niños no pueden, ahora es el momento, sus huesos están en formación, su sangre también lo está y sus sentidos se están desarrollando, a él nosotros no podemos contestarle mañana, su nombre es hoy."
  • "Tener patria es un regalo al que tarde en tarde hay que corresponder."


Anda libre en el surco, bate el ala en el viento, late vivo en el sol y se prende al pinar. No te vale olvidarlo como al mal pensamiento:

                 ¡le tendrás que escuchar!

Habla lengua de bronce y habla lengua de ave, ruegos tímidos, imperativos de mar. No te vale ponerle gesto audaz, ceño grave:

                    ¡lo tendrás que hospedar!

Gasta trazas de dueño; no le ablandan excusas. Rasga vasos de flor, hiende el hondo glaciar. No te vale el decirle que albergarlo rehúsas:

                 ¡lo tendrás que hospedar!

Tiene argucias sutiles en la réplica fina, argumentos de sabio, pero en voz de mujer. Ciencia humana te salva, menos ciencia divina:

                 ¡le tendrás que creer!

Te echa venda de lino; tú la venda toleras. Te ofrece el brazo cálido, no le sabes huir. Echa a andar, tú le sigues hechizada aunque vieras

                    ¡que eso para en morir!


    • Fuentes: Selected Prose and Prose-Poems. Traducción Español, 2002.

Me acuerdo de tu rostro que se fijó en mis días, mujer de saya azul y de tostada frente, que en mi niñez y sobre mi tierra de ambrosía vi abrir el surco negro en un abril ardiente.

Alzaba en la taberna, honda la copa impura el que te apegó un hijo al pecho de azucena, y bajo ese recuerdo, que te era quemadura, caía la simiente de tu mano, serena.

Segar te vi en enero los trigos de tu hijo, y sin comprender tuve en ti los ojos fijos, agrandados al par de maravilla y llanto.

Y el lodo de tus pies todavía besara, porque entre cien mundanas no he encontrado tu cara ¡y aun te sigo en los surcos la sombra con mi canto!

    • Fuentes: Desolación. 2001

Flor, flor de la raza mía, Sombra Inquieta, ¡qué dulce y terrible tu ëvocación! El perfil de éxtasis, llama la silueta, las sienes de nardo, l'habla de canción;

cabellera luenga de cálido manto, pupilas de ruego, pecho vibrador; ojos hondos para albergar más llanto; pecho fino donde taladrar mejor.

Por suave, por alta, por bella ¡precita! fatal siete veces; fatal ipobrecita! por la honda mirada y el hondo pensar.

¡Ay! quien te condene, vea tu belleza, mire el mundo amargo, mida tu tristeza, ¡y en rubor cubierto rompa a sollozar!


II

¡Cuánto río y fuente de cuenca colmada, cuánta generosa y fresca merced de aguas, para nuestra boca socarrada! ¡Y el alma, la huérfana, muriendo de sed!

Jadeante de sed, loca de infinito, muerta de amargura, la tuya, en clamor, dijo su ansia inmensa por plegaria y grito: ¡Agar desde el vasto yermo abrasador!

Y para abrevarse largo, largo, largo, Cristo dio a tu cuerpo silencio y letargo, y lo apegó a su ancho caño saciador...

El que en maldecir tu duda se apure, que puesta la mano sobre el pecho jure: -"Mi fe no conoce zozobra, Señor".


III

Y ahora que su planta no quiebra la grama de nuestros senderos, y en el caminar notamos que falta, tremolante llama, su forma, pintando de luz el solar,

cuantos la quisimos abajo, apeguemos la boca a la tierra, y a su corazón, vaso de cenizas dulces, musitemos esta formidable interrogación:

¿Hay arriba tanta leche azul de lunas, tanta luz gloriosa de blondos estíos, tanta insigne y honda virtud de ablución

que limpien, que laven, que albeen las brunas manos que sangraron con garfios y en ríos ¡oh, Muerta! la carne de tu corazón?

(NOTA DE LA AUTORA: Esta poesía es un comentario de un libro que, con ese título, escribió el fino prosista chileno Alone. El personaje principal es una artista que pasó dolorosamente por la vida.)

    • Fuentes: Desolación. 2001