Einstein y la religión

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Einstein y la religión es una recopilación en Wikiquote de los pesamientos y reflexiones atribuídos a Albert Einstein sobre la religiosidad humana.

Selección de citas[editar]

  • «Difícilmente encontraréis entre los talentos científicos más profundos, uno solo que carezca de un sentimiento religioso propio. [...] Pero el científico está imbuído del sentimiento de la causalidad universal. Para él, el futuro es algo tan inevitable y determinado como el pasado. En la moral no hay nada divino: es un asunto puramente humano. Su sentimiento religioso adquiere la forma de un asombro extasiado ante la armonía de la ley natural, que revela una inteligencia de tal superioridad que, comparados con ella, todo el pensamiento y todas las acciones de los seres humanos no son más que un reflejo insignificante».[1]
    • En El espíritu religioso de la ciencia.[2]
  • «Era, por supuesto, una mentira lo que usted leyó acerca de mis convicciones religiosas, una mentira que está siendo repetida sistemáticamente. No creo en un Dios personal y nunca he negado esto, sino que lo he expresado claramente. Si hay algo en mí que pueda llamarse religioso no es sino la ilimitada admiración por la estructura del mundo tanto como la ciencia puede revelarla».[3]
    • En una carta del 24 de marzo de 1954.[4]
  • «La cosa más bella que podemos experimentar es lo misterioso. Es la fuente de toda verdad y ciencia. Aquel para quien esa emoción es ajena, aquel que ya no puede maravillarse y extasiarse ante el miedo, vale tanto como un muerto: sus ojos están cerrados... Saber que lo impenetrable para nosotros existe realmente, manifestándose como la prudencia máxima y la belleza más radiante que nuestras torpes capacidades pueden comprender tan sólo en sus formas más primitivas... Este conocimiento, este sentimiento, se encuentran en el centro de la verdad religiosa. En ese sentido, y sólo en ese sentido, pertenezco a las filas de los hombres religiosos devotos».
    • En Lo que creo (1930).[5]
    • Versión recortada: «Sentir que detrás de cualquier cosa que pueda ser experimentada existe un algo que nuestra mente no puede captar y cuya belleza y sublimidad nos alcanza indirectamente y como un débil reflejo, eso es religiosidad. En ese sentido yo soy religioso».[6]
  • «La palabra Dios no es para mí nada más que la expresión y el producto de debilidades humanas; la Biblia, una colección de leyendas admirables, pero también largamente primitivas que de todas formas resultan infantiles».[7]
  • «La principal fuente de los conflictos actuales entre las esferas de la religión y de la ciencia yace en el concepto de un Dios personal.[8] (...) Me parece que la idea de un Dios personal es un concepto antropológico que no puedo tomar en serio. Tampoco puedo imaginarme alguna voluntad o metáfora de la esfera humana. Mis opiniones son cercanas a las de Spinoza: admiración por la belleza y creencia en la simplicidad lógica del orden y la armonía del universo, que sólo podemos aprender con humildad y de manera imperfecta. Creo que tenemos que contentarnos con nuestro imperfecto conocimiento y comprensión y tratar los valores y las obligaciones morales como problemas puramente humanos los más importantes de todos los problemas humanos [9][10] (...) No creo en el miedo de la vida, en el miedo de la muerte, en la fe ciega. No puedo probarle a usted que no hay un dios personal, pero si hablara de él, sería un mentiroso».[11]
  • «No soy ateo, y no creo que pueda llamarme panteísta. Estamos en la posición de un niño que entra en una biblioteca llena con libros en muchos lenguajes diferentes. El niño sabe que en esos libros debe haber algo escrito, pero no sabe qué. Sospecha levemente que hay un orden misterioso en el ordenamiento de esos libros, pero no sabe cuál es. Me parece que esa debería ser la actitud de incluso los seres humanos más inteligentes hacia Dios. Vemos el universo maravillosamente ordenado y obedecemos ciertas leyes, pero sólo entendemos levemente estas leyes. Nuestras mentes limitadas captan la misteriosa fuerza que mueve las constelaciones. Estoy fascinado por el panteísmo de Spinoza, pero admiro más la contribución de él al pensamiento moderno, porque fue el primer filósofo que pensó en el alma y el cuerpo como una sola cosa y no como dos cosas separadas».[12]
  • «Si Dios creó el mundo, su mayor preocupación no era desde luego facilitarnos su comprensión. Lo siento claramente desde hace 50 años».[13]
  • «Si los creyentes de las diferentes religiones actuales se esforzaran en pensar, juzgar y actuar con el espíritu de los fundadores de tales religiones, entonces no existiría la hostilidad basada en la fe que se da entre esos creyentes. Y lo que es más, las diferencias en materia de fe pasarían a ser insignificantes».[14]
  • «Sin duda. Nadie puede leer los Evangelios sin sentir la presencia real de Jesús. Su personalidad vibra en cada palabra. No es posible crear un mito con esa vida».[15]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Mis ideas y opiniones, Einstein, Albert (traducido por Ana Goldar); Antoni Bosch (ed.), 2000. p. 35. ISBN 9788493051631. En Google Libros.
  2. Carta a Verlag de 1936, recogida en su libro Mein Weltbild (Mi cosmovisión).
  3. Dukas &Hoffmann (1981), p. 43.
  4. Dukas, Helen y Banesh Hoffman. The Human Side. Princeton, Nueva Jersey 1981, S. 43.
  5. Einstein, Albert. Lo que creo, 1930. [referencia incompleta]
  6. Según Dawkins, Richard. El espejismo de Dios; p. 12. [referencia incompleta]
  7. Carta del 3 de enero de 1954, al filósofo Erich Gutkind. Tagesspiegel, 2008. Ver también Imagen de la carta.
  8. (Einstein 1956:27)
  9. Harv (1972).
  10. (Hoffmann 1972:95)
  11. (Clark 1971:622).
  12. Viereck, G. S. Glimpses of the Great (1930). [referencia incompleta]
  13. Carta a David Bohm el 5 de diciembre de 1951. Según Clarín.
  14. Supuestamente, a la petición de un mensaje para el Congreso Nacional de Cristianos y Judíos como símbolo de fraternidad americana, escrito a mano y en alemán sobre el telegrama de petición, el 27 de enero de 1947. Recogido en alberteinstein.info
  15. Respuesta a la pregunta ¿Acepta usted la existencia histórica de Jesús? en una entrevista para el The Saturday Evening Post, 1929. p. 117.