Sófocles

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Sófocles (495 adC. - 406 adC.). Poeta trágico griego. Autor de Antígona, Edipo Rey, Áyax, Edipo en Colona y Electra, entre otras tragedias.

Citas[editar]

"Hay algo amenazante en un silencio demasiado grande."

A[editar]

  • "Acostada en medio de la desdicha, el alma ve mucho."
  • "Al hombre perverso se le conoce en un solo día; para conocer al hombre justo hace falta más tiempo."
  • "Al igual entre las hojas del gran álamo negro, aunque no sea otra cosa que su copa, cualquier aire la agita y levanta como una pluma". (Ayax Locro)

C[editar]

  • "Creo firmemente que no hay razón mala si trae provecho."
  • "Cuando se trata de un mortal es preciso esperar su último día antes de llamarle feliz."

D[editar]

  • "De todos los males, los más dolorosos son los que se inflige uno mismo."

E[editar]

  • "El camino que he seguido, lo he seguido sin saber nada."
  • "El hombre es aire y sombra solamente" (Estobeo, IV 34, 52).
  • "El mundo está lleno de maravillas, pero nada es tan maravilloso como el propio hombre."[1]
  • "El que es bueno en familia, es también buen ciudadano."
  • "El que no tiene temor ante los hechos tampoco tiene miedo a la palabra" (Edipo Rey)
  • "El que prescinde de un amigo es como el que prescinde de su vida."
  • "El saber es la parte más considerable de la felicidad."
  • "El temor entre muchas otras cosas le va bien a la tirania" (Antígona)
  • "Es terrible hablar bien cuando se está errado."
  • "El éxito es dependiente del esfuerzo"

H[editar]

  • "Hay algo amenazante en un silencio demasiado grande."
  • "Hijo, calla. Muchas ventajas tiene el silencio". (Los Aléadas )

L[editar]

  • "La alegría más grande es la inesperada."
  • "La imagen de yeso retumbó por el golpe sobre su antiguo pie" (Ayax Locro).
  • "La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo."
  • "La vida más dulce es la de no pensar en nada."
  • "Llorando más allá de lo debido, con ese inmenso dolor te vas marchitando, sin que tu llanto se vea como solución a la desgracia."
  • "Los hijos son las anclas que atan a la vida a las madres."
  • "Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo."
  • "Los cielos nunca ayudan al hombre que no quiere actuar"
  • "La sabiduría compensa cualquier riqueza"
  • "La vida más feliz es la de ser inconsciente a sus infortunios. Ha de llegar el día en que conozcas lo que valen el placer y el dolor. "

M[editar]

  • "Muchas cosas hay misteriosas, pero no el hombre."
  • "Mi persona no esta hecha para compartir el odio, sino el amor" (Antígona)

[2]

N[editar]

  • "Nada temo, pues mantengo la verdad, que es poderosa."
  • "No creo que tus decretos tengan tanta fuerza como para permitir al hombre ignorar las leyes no escritas, inmutables, de los dioses: su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre."(Antígona a Creonte).
  • "No haber nacido nunca puede ser el mayor de los favores".
  • "No indagues todo. El que muchas cosas también pasen desapercibidas es hermoso"(Los Aléadas).
  • "Noble cosa es, aún para un anciano, el aprender."
  • "No añadas a tus males un remedio peor que el mal".
  • "No nací para compartir el odio, sino el amor"
  • "No existe peor enemigo que un mal consejo"
  • "No hay ninguna felicidad donde no existe sabiduría"

O[editar]

  • "Ocasiones hay en que la justicia misma produce entuertos."

P[editar]

  • "Para los hombres, nada dura: ni la noche estrellada, ni las desgracias, ni la riqueza; todo esto de pronto un día ha huido."
  • "Para quien tiene miedo, todos son ruidos."

Q[editar]

  • "Quien no haya sufrido lo que yo, que no me de consejos."

S[editar]

  • "Sin formar juicio, no debes hablar."
  • "Sólo el tiempo puede revelarnos al hombre justo; al perverso se le puede conocer en un solo día."
  • "Si estoy loco no soy Sófocles, si soy Sófocles no estoy loco"
  • "Siempre es bueno navegar cuando se huye del mal"
  • "El sueño es la única medicina efectiva"
  • "Se gana la atención aquel que concluye todo lo que se propone"

T[editar]

  • "Todo puede suceder si lo maquina un dios."

U[editar]

  • "Un día basta para hacer subir o bajar todas las fortunas humanas."
  • "Un estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo."
  • "Un hombre sensato no debe hablar con un necio."
  • "Una mentira nunca vive hasta hacerse vieja."
  • "Una palabra es suficiente para hacer o deshacer la fortuna de un hombre."
  • "Uno aprende haciendo las cosas; porque aunque piense que lo sabe, no tendrá la certidumbre hasta que lo intente."[sin fuentes]

V[editar]

  • "Vale más fracasar honradamente que triunfar debido a un fraude."

Y[editar]

  • "Y si te parezco estar haciendo locuras, puede ser que ante un loco me vea culpable de locura" (Antígona a Creonte)

Fragmento[editar]

  • Un fragmento paradigmático de la ironía trágica de Sófocles se aprecia en el siguiente fragmento (Edipo Rey vv. 950-1072):

"EDIPO.- ¡Oh Yocasta, muy querida mujer! ¿Por qué me has mandado venir aquí desde palacio?

YOCASTA.- Escucha a este hombre y observa, al oírle, en qué han quedado los respetables oráculos del dios.

EDIPO.- ¿Quién es éste y qué me tiene que comunicar?

YOCASTA.- Viene de Corinto para anunciar que tu padre, Pólibo, no está ya vivo, sino que ha muerto.

EDIPO.- ¿Qué dices, extranjero? Anúnciamelo tú mismo.

MENSAJERO.- Si es preciso que yo te lo anuncie claramente en primer lugar, entérate bien de que aquél ha muerto.

EDIPO.- ¿Acaso por una emboscada, o como resultado de una enfermedad?

MENSAJERO.- Un pequeño quebranto rinde los cuerpos ancianos.

EDIPO.- A causa de enfermedad murió el desdichado, a lo que parece.

MENSAJERO.- Y por haber vivido largos años.

EDIPO.- ¡Ah, ah! ¿Por qué, oh mujer, habría uno de tener en cuenta el altar vaticinador de Pitón o los pájaros que claman en el cielo, según cuyos indicios tenía yo que dar muerte a mi propio padre? Pero él, habiendo muerto, está oculto bajo tierra y yo estoy aquí, sin haberlo tocado con arma alguna, a no ser que se haya consumido por nostalgia de mí. De esta manera habría muerto por mi intervención. En cualquier caso, Pólibo yace en el Hades y se ha llevado consigo los oráculos presentes, que no tienen ya ningún valor.

YOCASTA.- ¿No te lo decía yo desde antes?

EDIPO.- Lo decías, pero yo me dejaba guiar por el miedo.

YOCASTA.- Ahora no tomes en consideración ya ninguno de ellos.

EDIPO.- ¿Y cómo no voy a temer al lecho de mi madre?

YOCASTA.- Y ¿qué podría temer un hombre para quien los imperativos de la fortuna son los que lo pueden dominar, y no existe previsión clara de nada? Lo más seguro es vivir al azar, según cada uno pueda. Tú no sientas temor ante el matrimonio con tu madre, pues muchos son los mortales que antes se unieron también a su madre en sueños. Aquel para quien esto nada supone más fácilmente lleva su vida.

EDIPO.- Con razón hubieras dicho todo eso, si no estuviera viva mi madre. Pero como lo está, no tengo más remedio que temer, aunque tengas razón.

YOCASTA.- Gran ayuda suponen los funerales de tu padre.

EDIPO.- Grande, lo reconozco. Pero siento temor por la que vive.

MENSAJERO.- ¿Cuál es la mujer por la que temen?

EDIPO.- Por Mérope, anciano, con la que vivía Pólibo.

MENSAJERO.- ¿Qué hay en ella que los induzca al temor?

EDIPO.- Un oráculo terrible de origen divino, extranjero.

MENSAJERO.- ¿Lo puedes aclarar, o no es lícito que otro lo sepa?

EDIPO.- Sí, por cierto. Loxias afirmó, hace tiempo, que yo había de unirme con mi propia madre y coger en mis manos la sangre de mi padre. Por este motivo habito desde hace años muy lejos de Corinto, feliz, pero, sin embargo, es muy grato ver el semblante de los padres.

MENSAJERO.- ¿Acaso por temor a estas cosas estabas desterrado de allí?

EDIPO.- Por el deseo de no ser asesino de mi padre, anciano.

MENSAJERO.- ¿Por qué, pues, no te he liberado yo de este recelo, señor, ya que bien dispuesto llegué?

EDIPO.- En ese caso recibirías de mí digno agradecimiento.

MENSAJERO.- Por esto he venido sobre todo, para que en algo obtenga un beneficio cuando tú regreses a palacio.

EDIPO.- Pero jamás iré con los que me engendraron.

MENSAJERO.- ¡Oh hijo, es bien evidente que no sabes lo que haces...

EDIPO.- ¿Cómo, oh anciano? Acláramelo, por los dioses.

MENSAJERO.- ...si por esta causa rehúyes volver a casa!

EDIPO.- Temeroso de que Febo me resulte veraz.

MENSAJERO.- ¿Es que temes cometer una infamia para con tus progenitores?

EDIPO.- Eso mismo, anciano. Ello me asusta constantemente.

MENSAJERO.- ¿No sabes que, con razón, nada debes temer?

EDIPO.- ¿Cómo no, si soy hijo de esos padres?

MENSAJERO.- Porque Pólibo nada tenía que ver con tu linaje.

EDIPO.- ¿Cómo dices? ¿Que no me engendró Pólibo?

MENSAJERO.- No más que el hombre aquí presente, sino igual.

EDIPO.- Y ¿cómo el que me engendró está en relación contigo que no me eres nada?

MENSAJERO.- No te engendramos ni aquél ni yo.

EDIPO.- Entonces, ¿en virtud de qué me llamaba hijo?

MENSAJERO.- Por haberte recibido como un regalo -entérate- de mis manos.

EDIPO.- Y ¿a pesar de haberme recibido así de otras manos, logró amarme tanto?

MENSAJERO.- La falta hasta entonces de hijos lo persuadió del todo.

Edipo.- Y tú, ¿me habías comprado o encontrado cuando me entregaste a él?

MENSAJERO.- Te encontré en los desfiladeros selvosos del Citerón.

EDIPO.- ¿Por qué recorrías esos lugares?

MENSAJERO.- Allí estaba al cuidado de pequeños rebaños montaraces.

EDIPO.- ¿Eras pastor y nómada a sueldo?

MENSAJERO.- Y así fui tu salvador en aquel momento.

EDIPO.- ¿Y de qué mal estaba aquejado cuando me tomaste en tus manos?

MENSAJERO.- Las articulaciones de tus pies te lo pueden testimoniar.

EDIPO.- ¡Ay de mí! ¿A qué antigua desgracia te refieres con esto?

MENSAJERO.- Yo te desaté, pues tenías perforados los tobillos.

EDIPO.- ¡Bello ultraje recibí de mis pañales!

MENSAJERO.- Hasta el punto de recibir el nombre que llevas por este suceso.

EDIPO.- ¡Oh, por los dioses! ¿De parte de mi madre o de mi padre lo recibí? Dímelo.

MENSAJERO.- No lo sé. El que te entregó a mí conoce esto mejor que yo.

EDIPO.- Entonces, ¿me recibiste de otro y no me encontraste por ti mismo?

MENSAJERO.- No, sino que otro pastor me hizo entrega de ti.

EDIPO.- ¿Quién es? ¿Sabes darme su nombre?

MENSAJERO.- Por lo visto era conocido como uno de los servidores de Layo.

EDIPO.- ¿Del rey que hubo, en otro tiempo, en esta tierra?

MENSAJERO.- Sí, de ese hombre era él pastor.

EDIPO.- ¿Está aún vivo ese tal como para poder verme?"

Fuentes[editar]

  1. *Walker, Joseph M., Madrid: Edimat Libros La Grecia Antigua, 1999, 460ISBN 84-8403-490-9
  2. Frases famosas. M.J. Llorens. ISBN 84-87363-06-7. Pág. 16.