Octavio Paz

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Octavio Paz (31 de marzo de 1914 - 20 de abril de 1998) es un poeta y diplomático mexicano.

Dime cómo mueres, y te diré quién eres

Citas [editar]

  • «Ahora sabemos que el reino del progreso no es de este mundo».
  • «América no es tanto una tradición que continuar como un futuro que realizar».
  • «Dime cómo mueres, y te diré quién eres».
    • Fuente: El laberinto de la soledad, cap. Todos los santos, día de muertos.
  • «El amor es intensidad y por esto es una distensión del tiempo: estira los minutos y los alarga como siglos».
  • «El camino también desaparece mientras lo pienso, mientras lo digo. La sabiduría no está ni en la fijeza, ni en el cambio, sino en la dialéctica entre ellos. Constante ir y venir: la sabiduría está en lo instantáneo. Es el tránsito. El tránsito no es sabiduría sino un simple ir hacia... el tránsito se desvanece: sólo así es tránsito».
  • «El culto a la vida es también culto a la muerte».
  • «La arquitectura es el testigo insobornable de la historia porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones...».
  • «La democracia es el régimen de las opiniones relativas».
  • «La ilusión de una morada en el tiempo es el deseo de hombres y mujeres. La esperanza y el instante de la felicidad, únicos asideros para vivir esta errancia sin fin. Y la cultura, para muchos, la salvación de toda tragedia: vivir en cualesquiera de los géneros teatrales, pero no vivir muerto».
  • «La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida».
  • «La mucha luz es como la mucha sombra: no deja ver la mirada interior».
  • «La realidad es más real en blanco y negro».
  • «La soledad, el sentimiento y conocimiento de que uno está solo, excluido del mundo, no es una característica exclusivamente mexicana. Todos los hombres, en algún momento de sus vidas, se sienten solos. Y lo están. Vivir es separarse de lo que fuimos para acercarnos a lo que seremos en el futuro. La soledad es el hecho más profundo de la condición humana».
    • Fuente: El Laberinto de la Soledad.
  • «No sé si la modernidad es una bendición, una maldición o las dos cosas. Sé que es un destino: si México quiere ser tendrá que ser moderno».
    • Fuente: México: modernidad y tradición.
  • «Perder nuestro nombre es como perder nuestra sombra; ser sólo nuestro nombre es reducirnos a ser sombra».
    • Fuente: Literatura y literalidad, 1970.
  • «Luchar contra el mal es luchar contra nosotros mismos».
    • Fuente: Itinerario, 1994.
  • «Tanto los Padres de la Iglesia como los doctores del período escolástico injertaron la filosofía griega en la doctrina cristiana».
  • «Toda dictadura, sea de un hombre o de un partido, desemboca en las dos formas predilectas de la esquizofrenia: el monólogo y el mausoleo».
  • «Todo es presencia, todos los siglos son este presente».
  • «Un mundo nace cuando dos se besan».
  • «Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; más al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía».
  • «Dios existe. Y si no existe debería existir. Existe en cada uno de nosotros, como aspiración, como necesidad y, también como último fondo, intocable de nuestro ser».
  • «La libertad no necesita alas, lo que necesita es echar raíces».
  • «La realidad es mucho más rica y cambiante que los sistemas conceptuales que pretenden contenerla».
  • «La historia del siglo XX es la historia de las utopías convertidas en campos de concentración».
  • «Muchos psiquiatras piensan como Huxley: esas sustancias (alucinógenas) no son más sino menos peligrosas que el alcohol. No es necesario aceptar totalmente esta opinión, aunque a mí me parece que no está muy alejada de la verdad, para reconocer que las autoridades las prohíben no tanto en nombre de la salud publica como de la moral social. Son un desafío a las ideas de actividad, utilidad, progreso, trabajo y demás nociones que justifican nuestro diario ir y venir. El alcoholismo es una infracción a las reglas sociales; todos lo toleran porque es una violación que las confirma. Su caso es análogo al de la prostitución: ni el borracho ni la prostituta y su cliente ponen en duda las reglas que quebrantan. Sus actos son un disturbio, una alteración del orden, no una crítica. En cambio, el recurso a los alucinógenos implica una negación de los valores sociales. Puede entenderse ahora la verdadera razón de la condenación y de su severidad: la autoridad no obra como si reprimiese una práctica reprobable o un delito sino una disidencia. Puesto que es una disidencia que se propaga, la prohibición asume la forma de un combate contra un contagio del espíritu, contra una opinión. La autoridad manifiesta un celo ideológico: persigue una herejía, no un crimen».
    • Fuente: Corriente Alterna, 1967, p. 105.