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Nicolás Salmerón

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Nicolás Salmerón
«La libertad y la República forman una sola Patria y crean una sola institución y una sola constitución social, bajo la cual pueden vivir los hombres de las más encontradas opiniones[1].»
«La libertad y la República forman una sola Patria y crean una sola institución y una sola constitución social, bajo la cual pueden vivir los hombres de las más encontradas opiniones[1]
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Nicolás Salmerón (10 de abril de 1838 - 20 de septiembre de 1908) fue un político republicano y filósofo krausista español.

Ejerció el cargo de presidente de la Primera República española desde el 18 de julio de 1873 hasta el 7 de septiembre de 1873.

  • «Acontece con la fe como con la virginidad, permitidme la comparación, que una vez perdida no se recobra. Pero así como cuando la virginidad se pierde con la santidad del matrimonio, se adquiere una cosa que vale más que ella, que es superior a ella, la maternidad, alcanzando la plenitud de la persona humana[2]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «¡Ah, Sres. Representantes de la Nación española! Es de todo punto indispensable que sepamos, que si ayer nos dividían bajo la Monarquía estas pasiones estrechas de los partidos políticos; que si antes los unos y los otros pugnaban por el poder, hoy no hay Monarquía que nos divida, hoy no hay más que la bandera de la República, a cuya sombra caben todas las opiniones, todos los intereses, todas las aspiraciones políticas de gobierno[3]
    • Fuente:Sobre la necesidad de unidad en la República — Discurso en las Cortes españolas (11 de febrero de 1873)


  • «Ante las declaraciones y anatemas del Syllabus y del concilio Vaticano, ¿quién puede sostener la conciliación del catolicismo y la Ciencia? Imposible es ciertamente esperarla, como aquel no reniegue de su fe o esta de la Verdad; y aún así no habría conciliación, sino imperio de un lado, sumisión de otro, y negación de sí propios en ambos[4]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «Aristóteles compartió en la Edad Media, ¿qué digo compartió? Superó a la autoridad de los Padres de la Iglesia y de los Concilios[5]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «Así, contra el movimiento libertador y progresivo de la Reforma que a la par amenazaba al Pontificado y al Imperio, creamos la milicia espiritual del jesuitismo, y armamos formidables ejércitos que, insensatos, creíamos invencibles, desconociendo la incontrastable virtud de las nuevas ideas. Desde entonces en la patria de los dominicos y los jesuitas se hizo imposible la libertad de la conciencia. No necesitamos recordar la triste suerte que desde aquella hora funesta viene corriendo España; basta reparar la situación presente en que todavía el fanatismo nos desangra, y en que tras larga serie de revoluciones, si se han dejado sentir venganzas y persecuciones contra la Iglesia, apenas sí hemos podido lograr tímidas y como vergonzantes declaraciones de libertad religiosa[6]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).
  • «Bacon y Descartes representan la indagación contra el dogmatismo en la Ciencia; y bajo este común carácter, que sella la vida del pensamiento al salir de la Edad Media, lleva el uno a la observación de la Naturaleza, el otro a la reflexión del Espíritu, con cuyo doble trabajo se viene elaborando la concepción de estos dos términos interiores de la Realidad, que se compenetran en el organismo del Mundo y que ponen eternamente ante la Conciencia la cuestión del Fundamento absoluto del Ser y del Saber[7]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).[8]
  • «¿Cómo olvidar a Kant, cuya Crítica en este punto, como dice con justicia Vacherot, ha reducido a un mero interés histórico toda la Filosofía precedente?[9]»
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «Con esta causa eficiente de la decadencia y aun degradación de España en los tiempos modernos se anuda la distracción del genio y de la actividad nacional en empresas de engrandecimiento exterior y de conquistas; con que mientras los demás pueblos europeos convertían mediante el renacimiento clásico-naturalista y la reforma a propia libre reflexión su espíritu, y se despertaban a la observación diligente y profunda de la Naturaleza, elaborando un más alto y científico concepto de la Realidad y de la Vida, nosotros quedábamos adheridos y como petrificados en las viejas imposiciones dogmáticas, prestando a lo sumo esfuerzos materiales a empresas como las de Colón y Magallanes, que respondían al curso de las nuevas ideas. De aquí, nuestra esterilidad en la Ciencia y nuestro atraso en la industria a que tanto contribuyó la expulsión de judíos y moriscos; de aquí, la falta de intimidad religiosa que degradó la conciencia de nuestro pueblo; de aquí, la presunción e impotente soberbia que tan duramente expiamos[10]»
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «Cosa análoga representa el Sr. Sagasta, y de semejante peligro está amenazada la actual Monarquía si se llega a constituir ese partido neutro, sin sentido, sin aspiraciones propias, que toma su nombre al Partido Radical, y sus ideas al Partido Conservador. Y si no llegan a formarse los dos partidos que el régimen constitucional exige, quedará verdaderamente en el aire, y no tardará en precipitarse al abismo abierto, por las fuerzas democráticas del siglo, a todos los poderes permanentes e inamovibles, la dinastía que habéis levantado más parece en vuestra pro y codicia de imperio que en bien y prosperidad de la Patria[11]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «Cuando necesitamos formar instituciones fuertes para hacer eso que vosotros llamáis orden social, para hacer eso que nosotros los republicanos de tiempo antiguo venimos llamando el orden de la libertad y la paz de la democracia, es de todo punto indispensable que puesta, todos y cada uno, la mano sobre nuestra conciencia, sepan que antes y por encima de las divisiones de los partidos políticos que vienen desgarrando el seno de la Patria, nosotros necesitamos unirnos, formar una piña[12]
    • Fuente:Sobre la necesidad de unidad en la República — Discurso en las Cortes españolas (11 de febrero de 1873)
  • «De cada capital progreso de la Ciencia debe resultar y resulta una más amplia y universal y pura comunión religiosa, hasta que desgentilizándose, si se permite la expresión, quede y se afirme la Religión natural, con límites franqueables y libres, mas sin limitaciones impuestas ni dogmáticas que la contradigan, perviertan o deformen. De esta suerte se concibe y explica que, en medio de contradicciones históricas y de colisiones impías, sean esencialmente y deban ser en la madurez de los tiempos de armonía y concordia las relaciones entre la Religión y la Ciencia[13]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «Desdichadamente la delantera que llevaba España en los últimos tiempos de la Edad Media trocose luego en inferioridad notoria, cuando el triste privilegio de fundar la orden consagrada a la impía obra de la Inquisición comenzó a dar sus naturales y justos resultados. España fue, como Perilo, la primera víctima de la horrible invención que ofreciera a la tiranía religiosa; con la cual no tardó en identificarse, apenas realizada la unidad monárquica, la tiranía política, inaugurando así los reyes con razón llamados Católicos un régimen que alcanzó su encarnación perfecta en aquel príncipe, que los partidarios de la monarquía teocrática apellidan el Devoto y el Prudente, pero a quien por siempre la Historia reconocerá con el nombre de Demonium meridianum, que le dieron las gentes que contra su inmenso poder y más poderosa perfidia supieron salvar la libertad de la conciencia[14]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).
  • El cuarto Estado nos permite esperar que llegará un día en que todos los pueblos se traten como hermanos, y en que solo prevalecerá la noble competencia del trabajo; que con la guerra es imposible que prosperen las artes de la paz[15]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «El grave y trascendental error de confundir o identificar la Religión con sus revelaciones positivas, comparable al de reducir el valor y alcance de la Ciencia al determinado en el sistema concebido por un hombre, llevaría ciertamente a tener por esencial y definitiva la contradicción entre la Religión y la Ciencia, y a desear la legítima desaparición de aquella como prenda de paz y amor universal ente los hombres y condición irremisible para el progreso y difusión de la Verdad en el mundo[16]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «El hecho de enlazarse a la doctrina de Bacon todo el movimiento sensualista, que sigue inversa dirección al Idealismo cartesiano; el haber sellado el genio científico y filosófico inglés; el mostrar la impotencia del escolasticismo, y probar la necesidad de una completa renovación de la Ciencia, y hasta ensayarla, atestiguan que su obra fue algo más serio y profundo que una «fantasía filosófica». Suprimid a Bacon en el proceso del pensamiento humano, y se hará inexplicable el renacimiento del Naturalismo en la Edad moderna[17]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «El hecho más trascendental a que me refiero es el obstáculo que consciente o inconscientemente oponen con su evolución los progresistas históricos, que nunca tuvieron la dicha de ser bastante hábiles para afirmar la libertad, y siempre tuvieron la desgracia de perderla por sus disensiones a la constitución del Partido Radical de un lado, pretendiendo desmembrarlo, y del Partido Conservador de otro, usurpándole el criterio de su política[18]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «El idealismo cristiano es, sin la dialéctica de Platón, inconcebible. El evangelio metafísico que fija la doctrina del Verbo, ¿qué otra cosa es que una concepción platónica?[19]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876)


  • «El Partido Republicano no es meramente un partido político (y aquí hablo por mi cuenta y riesgo); porque el Partido Republicano no es solo un partido doctrinario, órgano de las clases medias, que venga a discutir solo sobre la forma de gobierno, sobre la organización de los poderes del Estado y la gestión administrativa, sino que patrocina una tendencia social para servir a la completa emancipación del cuarto Estado y preparar el libre organismo de la igualdad que haya de afirmar siempre el imperio de la justicia entre los hombres[20]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «Elevar al hombre al concepto del organismo racional del Mundo es la misión de la Ciencia en la hora presente, у la condición indispensable para que aquel reconozca su puesto legítimo en la Realidad, y formando clara conciencia de su destino, sepa y pueda cumplirlo en la Vida[21]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876)


  • «En cuanto a Descartes, sin rebajar la altísima importancia de la Geometría analítica, cuya invención le deben las Matemáticas, es lo cierto que más ilustra su nombre el Discurso sobre el Método, por el cual será siempre tenido en la Historia como el maestro del Espiritualismo en la Edad Moderna[22]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876)


  • «En este momento en que una nueva era se abre en España, en que la Europa entera nos contempla, en que volvemos a aquellos tiempos en que nuestros padres redimieron el suelo de la Patria, la Patria material, pero que también redimieron las ideas, la patria del espíritu; para nosotros ni entre nosotros no hay vencedores ni vencidos, no hay republicanos de ayer ni republicanos de hoy: todos somos españoles, todos somos unos, y con lo que nos encontramos existente, abrazados a esto, como a nuestra única tabla de salvación, vamos a navegar por un mar que, aunque puede ser proceloso, lo atravesaremos tranquilamente, confiados en la integridad de nuestra conciencia, en la justicia de nuestra causa, y sobre todo, en la alta misión que la Providencia nos confía, estando dispuestos, como estamos, a salvar a España y a salvar sobre todo la libertad[23]
    • Fuente:Sobre la necesidad de unidad en la República — Discurso en las Cortes españolas (11 de febrero de 1873)


  • «En medio de la complejidad de elementos que han contribuido a determinar el Positivismo contemporáneo, el principio lógico que informa su doctrina tiene su génesis en la Crítica de Kant, o es en rigor esa misma Crítica mutilada por la negación de todo trascendentalismo[24]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «Es lo cierto que el origen de la Ciencia no puede ponerse ni aquí, ni allí; nace en el momento en que se despierta el Hombre a la reflexión sobre la universal presencia que la Realidad le ofrece. Eterna relación de la Conciencia del hombre, sería imposible que este existiera sin que la luz más o menos diáfana y directa de la Verdad le iluminara; sólo que en la medida que el sujeto atiende, en esa la ve y conoce. Como el Sol irradia su luz en nuestro cielo sin importarle que haya ojo que la perciba y contemple, la Conciencia ilumina nuestro ser, aunque el distraído o ciego no la vean[25]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • ¿Es que pretende el Sr. Ministro de la Gobernación que este artículo sea interpretado en términos de que todos, valiéndome de una frase vulgar, velis nolis, hayamos de confesar a Dios, aunque no le tengamos en nuestro corazón ni en nuestra conciencia? ¿Quiere el Sr. Ministro hacer entonces una sociedad de hipócritas; o una sociedad de hombres sinceros y varoniles que sean capaces de decir ante los demás: «yo no tengo Dios, pero ved mi vida moral y observad cómo cumplo mis deberes?[26]»
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)
  • «Ha venido, señores, rigiendo secularmente y siendo el espíritu que inspirara una civilización de quince siglos, la religión cristiana, como impuesta por la fe, como profesada y creída, según decía Tertuliano, por imposible y absurda. Este principio trascendental impuesto al hombre, y desde el cual se pretendía regir la vida toda, que así daba fundamento a la moral como a la constitución de los pueblos, y así determinaba las relaciones entre los Estados como hacia en suma que todos los miembros del organismo social se rigieran por la palabra infalible de la Iglesia, órgano de la verdad absoluta y divina[27]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «Haciendo punto en estas consideraciones que, si insuficientes para dilucidar el tema de la representación de España en la Edad Moderna, exceden ya de los justos límites que la índole y fin de este trabajo imponen, concretamos nuestro pensamiento afirmando: que ni en la Filosofía, ni en las Ciencias naturales, ni en la Industria, cuyos maravillosos progresos, en oposición al ideal católico y a las imposiciones dogmáticas, caracterizan los tiempos modernos, ha contribuido con obras originales y fecundas nuestro genio nacional por la comprensión en que lo ha retenido el absolutismo teocrático[28]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).
  • «Ínfimo era con todo el saber del clero, y ruda la vida de la sociedad cristiana, en comparación a la esplendente cultura de los árabes. Ellos comentan a Plinio y Dioscórides, a Euclides y a Apolonio Pergeo, a Hipócrates y Galeno, a Ptolomeo y Aristóteles: ellos poseen bibliotecas, observatorios y colegios que no pueden recordarse sin asombro; ellos inventan el Álgebra y la Química; ellos acogen las más ilustres academias hebraicas; ellos fomentan y enriquecen la industria con importantísimos descubrimientos; ellos elevan las artes, y en la Arquitectura sobre todo crean un género, y prestan al Occidente la ojiva; ellos en la literatura, si no alcanzan el drama ni la epopeya, inundan de leyendas y concepciones fantásticas y poéticas pasiones el espíritu, transmitiéndolas con el simbolismo oriental y exuberantes formas a la todavía tosca imaginación de los pueblos cristianos, y ellos, en fin, al declinar de su rápida grandeza, legan a la reflexión del genio europeo la más alta concepción filosófica de la Edad Media, el averroísmo[29]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).
  • «La Ciencia niega a la Religión sus títulos de perpetua dominación en el espíritu del hombre[30]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «La Ciencia vive así de evolución libre y progresiva: sus manifestaciones históricas no son cerradas, ni exclusivas, ni impuestas; en ella no cabe el gentilismo; la escuela no alcanza a anular la libertad del concepto. Mas la Religión, por cuanto consiste en la unión de los seres en la vida, se produce haciendo estado en una total concepción del Mundo, fijándola en una representación ideal y congregando bajo esta enseña sus fieles. De aquí el gentilismo de que no se ha purgado hasta ahora ninguna confesión positiva, y de ley es que a su proselitismo acompañe el exclusivismo más estrecho, como sagrado, llegando, según los periodos de todo proceso biológico, a predominar este sobre aquel cuando la hora de la muerte se aproxima[31]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «La concepción antropomórfica de Dios y la arbitrariedad de su gobierno, que todavía se supone accesible a sacrificios y exhortaciones para operar milagros, perturbar el orden de la Naturaleza, torcer el curso de los sucesos humanos, y violar, en suma, la esencia de los seres, son irracionales y falsas representaciones, con que llevado el hombre por la preocupación subjetiva, eleva sobre la Realidad un sujeto soberano, a imagen y semejanza de cómo él se presupone despótico dueño de su actividad y de sus obras. Imponiéndosele la variedad del Mundo, y obedeciendo a la suprema necesidad de la Razón, que en ley eterna y real descansa, mientras no alcanza el hombre a conocer científicamente la Unidad del Todo en que aquella variedad se funda, la anticipa por la fe, y la representa en un poder extra-mundano, a que presta los más altos atributos que en su propio ser halla. Tal es la teoría de la creación, que en las superiores confesiones religiosas se ofrece[32]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «La contradicción presente es profundísima; y al repasar la historia humana con el sentido, y aun la preocupación de la crisis en cuya solución estamos empeñados, aparecen los seculares conflictos con sangre y fuego sellados entre la fe positiva y la Razón. Tocó siempre a aquélla la misión de verdugo; la de mártir a esta. Cada cual en sus obras daba testimonio de su virtud y origen. Para vivir necesitaba y aún necesita la una oprimir y exterminar; la otra vence sin imposición hasta la muerte. Inspirado en este espectáculo tan sublime como trágico, en que perece el hombre, pero la Verdad prevalece y triunfa, ha escrito el profesor Draper páginas dignas del asunto[33]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «La excelencia del Cristianismo procede de la superior composición de aquellos elementos, de la compenetración del espíritu de dos razas diversas, del injerto, si vale decir, de la unidad extramundana y personal de un poder creador en la inmanencia de la Razón que desenvuelve y encarna en la Realidad sus ideas. De aquí, la más lenta formación del ideal cristiano; más de aquí también, la fuerza moderadora de la reflexión racional y la evolución progresiva de las imposiciones dogmáticas en conocimientos científicos, que constituye la ley de la civilización cristiano-europea[34]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «La Historia universal tiende, desde la Edad Antigua, a la Media y la Moderna, a restablecer al hombre en la entera posesión de su naturaleza, y en el libre y justo ejercicio de sus fuerzas y relaciones para el cumplimiento del destino providencial de la Humanidad[35]
    • Fuente: Discurso leído ante la Universidad Central en el solemne acto de recibir la investidura de Doctor en Filosofía y Letras (1864)


  • «La intolerancia de las religiones positivas ha retenido el progreso y contrariado la difusión de la Verdad en el mundo, pretendiendo imponer transitorias y fantásticas representaciones de la Realidad y de la Vida como criterio definitivo y sobrenatural de las investigaciones científicas[36]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «La libertad y la República forman una sola Patria y crean una sola institución y una sola constitución social, bajo la cual pueden vivir los hombres de las más encontradas opiniones[37]
    • Fuente:Sobre la necesidad de unidad en la República — Discurso en las Cortes españolas (11 de febrero de 1873)


  • «La pena de muerte como materia de penalidad no la admitiré nunca porque es contraria a mi conciencia, porque es contraria a mis principios y a los principios de la democracia».[38]


  • «La Razón afirma que las manifestaciones positivas de la fe son transitorias y eterna la Verdad; pero sabe también que cada estado de la Conciencia humana lleva aneja la fe, como relación del límite siempre móvil del conocimiento al Todo de la Verdad que, si en principio concebimos, sólo en parte de su contenido y gradualmente penetramos. De aquí, la subordinación legítima de la fe, que consiste en un estado subjetivo, a la Ciencia, cuya relación es siempre real, objetiva; de aquí, el absurdo de erigir a aquella en criterio de la Verdad[39]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «La religión convertida en medio político, muestra la decadencia irremediable de la fe dogmática[40]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «La Unión Liberal fue quien, moralmente primero, como materialmente después, precipitó con torpe egoísmo e ingratitud insigne la ruina del Trono y de la dinastía de Doña Isabel II de Borbón. Y la precipitó moralmente, porque en la hora en que apareció, arrastrada por la codicia del mando, impidió que se consumara la obra de aquellas Constituyentes y que se formaran los dos partidos, el radical y el conservador, indispensables para la ponderación y el equilibrio de las Monarquías constitucionales, aspirando a vincular en sí el poder con la proscripción de los progresistas y con la relejación de los moderados, e impeliendo al partido liberal con la ciega fuerza de los obstáculos tradicionales a salirse de la legalidad existente y a buscar por la conspiración el derecho y el poder que por medios de paz se le hicieron inasequibles[41]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «Las concesiones son la última obra de los gobiernos, porque el gobierno que cede reconoce su debilidad y muere suicidándose. De uno u otro modo desaparece y cae el edificio ostentoso, pero frágil de la tiranía.[42]
    • Fuente: «La política de Napoleón III» en La Democracia (13 de febrero de 1864)


  • «Las imposiciones dogmáticas mutilan y endurecen el Espíritu: los ideales religiosos en cuanto se concretan en fórmulas y ritos, y se determinan como productos de la actividad de la fantasía, y se encarnan en instituciones seculares, pierden luego su interna vitalidad orgánica, y de productos orgánicos, como en el mundo de la Naturaleza acontece, degeneran en materiales inorgánicos, estadizos, petrificados, empedernidos, que sólo entrando en la circulación universal y al calor de una nueva idea se vivifican y trasforman como elementos de más altas y comprensivas concepciones, que a su vez se determinan en creaciones más puras, libres y bellas. Tal es el proceso a que las religiones positivas, como todas las obras de la vida racional, obedecen[43]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «Lo histórico no es siempre justo, y al progreso toca destruir estas limitaciones, a la razon aconsejar el procedimiento para lograrlo[44]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «Los conceptos, las ideas no se estimaron jamás como pecados mientras no fueran contrarios al dogma, y aun entonces lo eran más por la intención de apartarse de la fe o de combatirla, que por su mero carácter intelectual[45]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «Los conceptos se forman y reforman, se estrechan o extienden, se sintetizan y elevan; mas la Verdad es siempre la misma, universal y eterna[46]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).
  • No aspiramos solo a la emancipación política de todas las clases de la sociedad, ni el sufragio, que en mi opinión no es un derecho, sino un poder, es lo único que para el cuarto Estado deseamos; antes bien, trabajamos por conquistar la capacidad para el ejercicio de ese poder. Pero no la podemos ganar solo en las Asambleas y cuerpos políticos; la capacidad la hemos de adquirir, parte en la esfera de derecho que en el Estado se consagra, parte en la esfera del derecho más amplio e importante que en la sociedad se realiza, parte en la educación y vigorización interna del espíritu del hombre, de donde nacen y arrancan todas las manifestaciones exteriores de la vida[47]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «¿No os dice esto, señores, que toda la política que el actual Gabinete representa, va gravitando con peso irresistible hacia el Sr. Cánovas, el cual ha debido encontrar una esperanza más inmediata y accesible que el Príncipe Alfonso para sus ideas conservadoras, tenazmente hostiles al título I de la Constitución?[48]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «No se nos oculta que la política es un arte y que requiere por consiguiente exquisito tacto y esmerada habilidad en el manejo de los medios; que debe caminar con la vista fija en el fin y con mirada a la par atenta a los obstáculos que a su realización se oponen, buscando más bien resultado pacífico y seguro, aunque tardío, que violento e inmediato.[49]
    • Fuente: «La política de Napoleón III» en La Democracia (13 de febrero de 1864)


  • «No sigue el progreso humano, ni la evolución en todas las esferas de la vida una línea recta ascendente, antes se extiende y desvía para envolver y recoger múltiples relaciones, concentrándolas en parciales conciertos y composiciones que a través de contradicción y antagonismos históricos sirven de elementos a construcción más elevadas y comprensivas. El progreso es orgánico como la vida, y no puede tener su forma adecuada en la simple línea recta[50]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «No sólo es de rigurosa justicia, bajo el principio inconcuso de derecho, que todo hombre debe ser libre en su vocación, y cada fin libre igualmente en sí, e igual en su relación con los demás, para que ninguno llegue a invadir o sojuzgar los otros, sino también de conveniencia suma, según el consejo de la experiencia: emancipar la enseñanza de todo extraño poder, y convertirla en una función social, sin otra ley interna que la libre indagación y profesión de la verdad, ni más ley externa que la que haya de regir a toda sociedad humana, ni otro reglamento que el de la propia organización de la Ciencia como una obra sistemática[51][52]
    • Fuente: «La libertad de enseñanza» en Boletín de la Universidad de Madrid (1869).
  • «Podrán ser erróneas, si queréis, las doctrinas de la Internacional, contrarias a los verdaderos principios de justicia; pero mientras no probéis que a sabiendas de su falsedad las profesa, y para lograr un fin que reconoce como mal, profanáis el sagrado de la conciencia y os podéis hacer reos de calumnia al fulminar contra ella la acusación de inmoralidad[53]»
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «Por más que pretendáis negarlo, es un principio de vida, del cual os da testimonio toda la historia, y del que no pocos en la sociedad presente pueden ofrecerlo auténtico; que cuando se llega a perder la fe en una religión positiva, no se restaura jamás[54]»
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «Puedo afirmar que la Internacional representa estas dos cosas: primero, la ruina, por todos confesada, de la antigua organización humana; segundo, el esfuerzo, y no solo el esfuerzo, sino el ensayo de una reorganización y reconstitución social bajo un principio antitético del antiguo[55]»
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)
  • «¿Qué es lo que queda vigente de la legalidad antigua? Una sola cosa: el título primero de la Constitución, los derechos individuales, la Representación nacional en estas Cortes[56]
    • Fuente:Sobre la necesidad de unidad en la República — Discurso en las Cortes españolas (11 de febrero de 1873)


  • «¿Quién de nosotros vive, o mejor dicho, quién de vosotros vive según el ideal del Evangelio? ¿Quién de vosotros aspira a vivir en nuestros tiempos como se vivía en los primeros del cristianismo? ¿Quién deja de estar más o menos picado por lo que vosotros llamareis la víbora del positivismo y de los intereses materiales?[57]»
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «¿Quién ha destruido el antiguo ideal? La clase media. ¿Quién trata de sacar los antiguos escombros y echar los cimientos del nuevo edificio? Es el cuarto Estado, son vuestros legítimos sucesores: ellos han aprendido de vosotros a perder la fe en lo sobrenatural, y ellos, que no pueden vivir en medio de la general disolución del Antiguo Régimen, sin principio, ni ley, ni regla de conducta moral, aspiran a formar conciencia de su misión para realizarlas en la vida. No tienen educación, porque no se la habéis dado; no tienen medios para levantarse desde el fondo de su conciencia hasta el conocimiento racional del orden divino del mundo; buscan las bases de una nueva comunión social. ¿Cuál será la cúpula de este nuevo edificio? Ellos no lo saben; pero vosotros ni siquiera lo presentís[58]»
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)
  • «Reivindicar esta unidad común de la naturaleza racional humana, afirmarla en cada pueblo y en cada individuo, es el más alto progreso que se ha cumplido hasta ahora en la historia[59]»
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)
  • «Se adquiere una cosa más alta que la fe dogmática mediante el esfuerzo y el trabajo del hombre, que es la convicción racional en el orden supremo de la realidad y de la vida[60]»
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «Si a todos los pueblos europeos alcanza esta postración intelectual, contra la que fueron impotentes los esfuerzos de Carlo Magno y Alfredo, y si la Iglesia en todas partes más se mostró celosa en arraigar su poder, allegar riquezas y aumentar sus privilegios, que en educar y ennoblecer las almas, cuya sumisión a las imposiciones dogmáticas está siempre en razón directa del fanatismo e inversa de la cultura, justo es notar que en España, tanto por la elevación que las letras clásicas alcanzaron bajo la dominación romana, como por la favorable condición para la ciencia y la virtud en que el alejamiento del poder con el imperio del arrianismo colocó al clero católico, se mantuvo una cierta tradición literaria y científica, con que no sólo florecieron ilustres individualidades, mas continuaron viviendo escuelas, donde se profesaban las enseñanzas de San Isidoro[61]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «Si oímos a los maestros de la teoría que en la Internacional se pretende condenar, veremos que no niegan a Dios, mas dicen que no sabiendo si existe o no, y no pudiendo sobre esto dar enseñanza alguna, debe quedar a la conciencia y al criterio individual el que cada uno confiese lo que bien entienda[62]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «Si vais a perseguir a la Internacional solo porque profesa una doctrina contraria a la propiedad individual, tened el valor de decirlo, porque sabremos entonces que ponéis fuera de la ley pura y simplemente esto; el derecho que existe en todo ciudadano para pedir y sostener reformas en la actual organización de la propiedad, y que para negarlo hacéis del régimen económico vigente un Corán cerrado a todo progreso[63]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)
  • Verdad es que, siguiendo las corrientes del progreso en los pueblos latinos, donde preceden las reformas políticas a las sociales, [el Partido Republicano] atiende ahora en primer término a servir al ideal político, no de aquella república del terror que su pontífice llamaba el despotismo de la libertad, sino de la república federal, que es la fórmula más acabada y justa de la organización de los poderes del Estado que hasta hoy vislumbra la razón humana, y en la cual no resulta el orden del equilibrio movedizo y mecánico de las Monarquías doctrinarias que vienen oscilando entre la reacción y la revolución, sino de la conjunción perfecta entre el derecho y el poder[64]
    • Fuente: Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «Verdad que hasta entonces el oscuro fanatismo de la clerecía había rechazado la influencia árabe; pero asegurada la obra de la reconquista, a la par que se extendían los centros de población libre, con que formaban las ciudades los senos de la vida moderna, los príncipes castellanos y aragoneses difundían la instrucción creando escuelas públicas que colmaban de honores y privilegios. Baste citar algunos hechos del Rey Sabio para penetrarse del amplio y levantado espíritu con que aspiraba a fundir las civilizaciones arábiga y cristiana: recogió en Toledo las academias hebraicas que en siglo X se habían instalado en Córdoba; apenas contaba un año de reinado cuando se publicaron las tablas astronómicas, y fundó al siguiente en Sevilla los Estudios et Escuelas generales de latín et arábigo, dando en las unas las enseñanzas del Trivium y el Quadrivium, y de filosofía y árabe en las otras, y colmándolas por igual de privilegios y distinciones con que fomentaba el comercio intelectual entre mudéjares y cristianos[65]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).


  • «Voces aisladas a lo sumo, sin enlace ni consecuencia directa en el proceso de la Edad Moderna, son las que ofrece España en la estera de la Ciencia, y aún estas con el sentido y el carácter peculiar a los siglos medios. Vives, Foxo Morcillo y Gómez Pereira se distinguen sobre todos; mas el primero, con ser tan vasto y profundo su saber, con sentir la necesidad de renovar la Ciencia, y con haberse formado en medio de Europa, no lleva su sentido más allá de un concierto, que no siquiera sincretismo, entre las doctrinas de Platón y Aristóteles y las de los Santos Padres; ensaya el segundo una combinación ingeniosa y hasta profunda del idealismo platónico y la inducción aristotélica; y el tercero, aunque extremos de orgullo nacional lo estimen como precursor de Descartes, no pasa, aún prescindiendo de lo absurdo de ciertas teorías, de enunciar en fórmula silogística un razonamiento análogo, como ya lo había expuesto San Agustín, al que constituye el principio del método cartesiano; mas sin el carácter de criterio de indagación, ni la intención sistemática que determinan precisamente su valor científico[66]
    • Fuente: «Prólogo» en la Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia de John William Drapier (1876).
  • «Yo creía, Sres. Diputados, y sigo creyendo sin que nada pueda apartarme de esta mi creencia, que es interés de todos, sin diferencia de partidos, mantener la integridad del derecho común cuando se trata de saber si bajo el amparo de la Constitución pueden vivir todos los españoles, sean cualesquiera sus opiniones políticas, sean cualesquiera sus aspiraciones y sus tendencias sociales, ora los que como yo piensan que todo lo antiguo se derrumba y que no bastan puntales para salvar de la inminente ruina el viejo edificio social, ora aquellos que creen que para acabar con la corrupción de nuestros tiempos es preciso volver la vista a las antiguas ideas que han dado días de gloria y de prosperidad a la Patria[67]
    • Fuente:Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)


  • «Yo, que tengo a gran dicha el haber constituido familia hace ya largos años, apenas pude llevar esta amorosa carga, y que procuro hacer una verdadera religión del matrimonio, y del hogar un templo, vacilo en esta cuestión gravísima y no tengo por inmoral el pensamiento ni aun el hecho del divorcio cuando los santos fines del matrimonio no pueden cumplirse; porque ante la falta del amor que ha unido los corazones en una aspiración piadosa si se tiene religión, y si no en la íntima comunión de la vida, que completa la personalidad humana en cuerpo y en espíritu, y que la procreación de los hijos santifica; ante la falta del amor, repito, que puede ocasionar intestinas discordias, cruel y aun criminal enemiga que haga imposible la educación de los hijos, vacilo y me estremezco, pensando si no sería mejor que los esposos se separaran para no corromper con su ejemplo la familia y la sociedad, y evitar las uniones licenciosas a que una grosera y ya sin freno sensualidad arrastra. Cuando no representa otra cosa lo que se llama matrimonio por el amor, ¿os atreveríais a decir que es inmoral esta doctrina? Modelos de esposos y de padres la han profesado, y es cosa digna de tenerse en cuenta, porque es muy fácil predicar, pero no lo es tanto el practicar este principio de la santidad del matrimonio[68]
    • Fuente:Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas (26 de octubre de 1871)

Citas sobre Nicolás Salmerón

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  • «Dio honor y gloria a su país y a la humanidad[69]
    • Autor: Georges Clemenceau.
    • Fuente: Monumento funerario erigido a Nicolás Salmerón en el Cementerio civil de Madrid (1915)


  • «Por la elevación de su espíritu
    por la rectitud inflexible
    de su Espíritu
    por la noble dignidad de su vida.
    NICOLÁS SALMERÓN
    "Dio honor y gloria a su país y a la humanidad", Clemenceau.
    Dejó el poder por no firmar
    una sentencia de muerte[70]
    • Fuente: Monumento funerario erigido a Nicolás Salmerón en el Cementerio civil de Madrid (1915)

Referencias

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  1. Salmerón (1873), p. 2
  2. Salmerón (1871), p. 8
  3. Salmerón (1873), p. 2
  4. Drapier (1876), p. LII
  5. Drapier (1876), p. XXVI
  6. Drapier (1876), pp. XLVI-XLVII
  7. Drapier (1876), pp. LVIII-LIX
  8. Salmerón (1876), pp. XIII-XIV
  9. Drapier (1876), p. LIX
  10. Drapier (1876), pp. XLVI-XLVII
  11. Salmerón (1871), p. 4
  12. Salmerón (1873), p. 1
  13. Drapier (1876), p. XVIII
  14. Drapier (1876), pp. XLIV-XLV
  15. Salmerón (1871), p. 12
  16. Drapier (1876), pp. XIII-XIV
  17. Drapier (1876), p. LVIII
  18. Salmerón (1871), p. 4
  19. Drapier (1876), p. XXVI
  20. Salmerón (1871), p. 5
  21. Drapier (1876), p. LXXI
  22. Drapier (1876), p. LVIII
  23. Salmerón (1873), p. 2
  24. Drapier (1876), pp. LIX-LX
  25. Drapier (1876), pp. XXX-XXXI
  26. Salmerón (1871), pp. 11-12
  27. Salmerón (1871), p. 7
  28. Drapier (1876), p. XLVIII
  29. Drapier (1876), pp. XLII-XLIII
  30. Drapier (1876), p. X
  31. Drapier (1876), pp. XVII-XVIII
  32. Drapier (1876), pp. LXIII-LXIV
  33. Drapier (1876), p. X
  34. Drapier (1876), p. XXXIV
  35. Salmerón (1864a), p. 69
  36. Drapier (1876), p. VII
  37. Salmerón (1873), p. 2
  38. Miguel Ángel Villena (19 de enero de 2009). «Salmerón, un presidente olvidado». El País. 
  39. Drapier (1876), p. LII
  40. Salmerón (1871), p. 8
  41. Salmerón (1871), p. 4
  42. Salmerón (1864b)
  43. Drapier (1876), pp. XXI-XXII
  44. Salmerón (1871), p. 10
  45. Salmerón (1871), p. 12
  46. Drapier (1876), p. XVI
  47. Salmerón (1871), p. 5
  48. Salmerón (1871), p. 4
  49. Salmerón (1864b)
  50. Drapier (1876), p. XXXII
  51. Salmerón (1869)
  52. Salmerón y Alonso, Nicolás. Homenaje a la buena memoria de Don Nicolás Salmerón y Alonso: trabajos filosoficos y discursos politicos seleccionados por algunos de sus admiradores y amigos, p. 37. Gaceta Administrativa, 1911. En Google Libros. Consultado el 11 de septiembre de 2020.
  53. Salmerón (1871), p. 12
  54. Salmerón (1871), p. 8
  55. Salmerón (1871), p. 8
  56. Salmerón (1873), p. 2
  57. Salmerón (1871), p. 7
  58. Salmerón (1871), p. 8
  59. Salmerón (1871), p. 9
  60. Salmerón (1871), p. 8
  61. Drapier (1876), pp. XLI-XLII
  62. Salmerón (1871), p. 11
  63. Salmerón (1871), p. 11
  64. Salmerón (1871), p. 5
  65. Drapier (1876), pp. XLIII-XLIV
  66. Drapier (1876), pp. XLVII-XLVIII
  67. Salmerón (1871), p. 1
  68. Salmerón (1871), p. 11
  69. Monumento funerario a Nicolás Salmerón (1915)
  70. Monumento funerario a Nicolás Salmerón (1915)

Bibliografía

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  • Salmerón, Nicolás (1864a). Discurso leído ante la Universidad Central en el solemne acto de recibir la investidura de Doctor en Filosofía y Letras. Versión en Wikisource. 
  • Salmerón, Nicolás (1864b). «La política de Napoleón III» en La Democracia. Versión en Wikisource. 
  • Salmerón, Nicolás (1871). Defensa de la Internacional - Parte 1 — Discurso en las Cortes españolas del 26 de octubre de 1871. Versión en Wikisource. 
  • Drapier, John William (1876). «Prólogo» de Nicolás Salmerón en Historia de los conflictos entre la religión. Versión en Wikisource. 
  • (1915). Monumento funerario a Nicolás Salmerón en el Cementerio civil de la Almudena de Madrid. Ver fotografía en Wikicommons.