Justine o los infortunios de la virtud

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Justine o los infortunios de la virtud
Título original Justine ou les Malheurs de la vertu
Autor Donatien Alphonse François de Sade
Género Literatura erótica, Literatura contemporánea, Pensamiento filosófico del siglo XIX
Editorial Editores Mexicanos Unidos
Páginas 157
ISBN 978-968-15-1840-0

Justine o los infortunios de la virtud, obra representativa del escritor francés y filosofo vitalista Marqués de Sade (1740-1814).

Citas[editar]

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Es muy fácil condenar el robo cuando se tiene más alimento del que se podría comer; es muy fácil decir la verdad cuando nada se ganaría con la mentira; es completamente innecesario planear un asesinato cuando uno solamente está rodeado de aduladores y estúpidos que jamas lo ofenden, y que fácilmente pueden ser manipulados a la voluntad
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¿Existe una sola religión que no lleve la huella de la falsedad y la vileza? Ni una sola. ¿les pides la verdad? No tienen ninguna que ofrecerte; ¿que dan a cambio? Dogmas que desprecian a la lógica, payasadas litúrgicas que sólo provocan burla y repulsión, y misterios que estremecen a la razón
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Como dijo séneca: De gustibus non est disputandum, es decir, que en gustos no hay nada escrito
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  • «La filosofía perfecta consistiría, en primer lugar, en el reconocimiento de que dios es el creador de todos los seres y, en segundo, en comprender los objetivos que él tiene para la humanidad. Estos dos planteamientos sería suficientes para que el hombre estableciera las normas de conducta que le servirían de guía para el camino de la vida»
    • pág. 13 PRIMERA PARTE (I).
  • «Sí no somos capaces de comprender la verdad y el infinito plan de dios, no lo culpemos a él, sino a nuestra limitada inteligencia».
    • pág. 13 PRIMERA PARTE (I).
  • «La vida no es más que una sucesión continua de penas y de placeres».
    • pág. 15 PRIMERA PARTE (I).
  • «Las seres más corrompidos pueden encontrar en la profundidad del vicio y la depravación lo que comúnmente se llama felicidad»
    • pág. 23 PRIMERA PARTE (I).
  • «Sin olvidar los castigos que la divina providencia reserva para los criminales, éstos alimentan en su alma un gusano que nunca deja de corroer sus sentimientos, impidiéndoles disfrutar plenamente sus acto y produciendo en ellos únicamente el penosos recuerdos de los delitos que los han llevado a su actual bienestar»
    • pág. 24 PRIMERA PARTE (I).
  • «Sin duda has oído explicar muchas veces en la iglesia que el mundo esta lleno de legiones de espíritus sin forma, todos ellos enviados de satanás, que merodean por todas partes buscando arruinar las almas»
    • pág. 29 PRIMERA PARTE (I).
  • «El fin no puede justificar los medios»
    • pág. 34 PRIMERA PARTE.
  • «Los bienes de la naturaleza fueron creados por dios para todos los hombres. Si ese equilibrio natural se ha alterado, y en realidad así ha sido, no sólo tenemos el derecho de recuperarlo, sino que es nuestra obligación»
    • pág. 34 PRIMERA PARTE (I).
  • «Porque solo con el sufrimiento en esta vida se puede alcanzar una felicidad verdadera en la otra»
    • pág. 37 PRIMERA PARTE (I).
  • «Pero ese dios al que presentas como el autor de tus principios indudablemente tiene que ser un asno ó un tirano, pues sería imposible que dios permitiera lujos limitados para unos, y sufrimientos interminables para otros, sin proveer una manera que pueda remediar la situación... y no un remedio para un más allá espiritual, sino para la vida material del presente»
    • pág. 38 SEGUNDA PARTE (II).
  • «El robo sirve para restaurar el equilibrio natural. Aquel que trata de restablecer el equilibrio no puede ser más culpable que aquel que lo altera; y a final de cuentas, nadie es culpable de nada, porque si existe dios puedes estar tranquila de que, al colocarnos en una situación en la que la maldad es más práctica y nos da los medios para cometerla, lo hace esperando que eso hagamos»
    • pág. 38 SEGUNDA PARTE (II).
  • «Pero el alcohol ya había excitado las pasiones de los hombres más allá de donde la razón hubiera sido suficiente para calmarlos»
    • pág. 40 SEGUNDA PARTE (II).
  • «Mi sangre esta demasiado ardiente para refrescarla con palabras».
    • pág. 40 SEGUNDA PARTE (II).
  • «Sus argumentos son hábiles pero aunque no puedo reconocer la falacia precisa que anula su razonamiento la fe me dice que tengo razón en insistir en mi resistencia»
    • pág. 47 SEGUNDA PARTE (II).
  • «Pregúntale al cordero por qué al lobo se le permite devorarlo y contestará que no lo sabe; pero pregúntale al lobo para que sirve la existencia del cordero y responderá: "pues para alimentarme a mi naturalmente". ¿Y acaso no contestaremos de igual modo para justificar la matanza de reses, cerdos, y pollos? ¡Por supuesto que si!, Ahí tienes tu moral: todo depende del punto de vista...»
    • pág. 110 CUARTA PARTE (IV).
  • «En ese aspecto es igual que los escritores escandalosos cuyos libros perduran por mucho tiempo después de que sus vidas han concluido: no pueden seguir haciendo daños después de muertos, pero sus ideas libertinas continúan difundiéndose, incitando al crimen, inspirando blasfemias, provocando maldades, y está convicción los alienta hasta la tumba, pues ni allí se les puede persuadir de que renuncien a la perpetración de la perversidad»
    • pág. 110 CUARTA PARTE (IV).
  • «Tú lo sabes, y la variedad es el sabor de la vida»
    • pág. 121 QUINTA PARTE (V).
  • «¿Nunca veré triunfar a la virtud sobre el vicio? —pero se rehusaba a perder las esperanzas; hincada a un lado del camino alzó su mirada al cielo, implorando—: ¡oh, padre!, guíame para que cumpla siempre tu voluntad en todas las cosas. Es lo único que te pido. —Y habiendo regresado la paz a su alma nuevamente comenzó a andar»
    • pág. 131 QUINTA PARTE (V).
  • «Naturalmente, la experiencia debería haberle enseñado que el impulso de la piedad suele resultar muy caro»
    • pág. 132 QUINTA PARTE (V).
  • «Te equivocas si supones que la belleza de una mujer es lo que provoca la lujuria de un libertino: más bien es el crimen que la ley y la religión le confieren al hecho de poseerla. ¿Quieres pruebas? Entonces mediante sobre lo que te voy a decir: ¿A caso no es cierto que cuanto mayor es el crimen, más grato resulta el placer del libertino? El trato sexual con una prostituta no presenta el mínimo atractivo para él. Pero fornicar con una mujer "buena" le complace mucho más, desflorar a una virgen todavía más, seducir a una monja muchísimo, más que todo lo anterior, y si la víctima se rehúsa al placer final es mucho más grato obligarla , ¿Y si sufre dolor? Más delicioso todavía. ¿Si muere? Éxtasis, niña mía, absoluto éxtasis. Ahora viene el punto crucial de mi filosofía: si el gozo se incrementa por el carácter criminal de las circunstancias; si verdaderamente el placer disfrutado está en proporción directa con la gravedad del crimen que implica —como lo demostrado hace un momento—, entonces ¿no es la criminalidad misma la que resulta placentera, y el acto que aparentemente satisface sólo es el medio para lograrlo? En realidad lo es, no puede haber otra respuesta»
    • pág. 141 QUINTA PARTE (V).