Herbert Spencer

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Herbert Spencer
«El progreso no es un accidente, es una necesidad, una parte de la naturaleza»
«El progreso no es un accidente, es una necesidad, una parte de la naturaleza»
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Herbert Spencer (Derby, 27 de abril de 1820-Brighton, 8 de diciembre de 1903) fue un naturalista, filósofo, psicólogo y sociólogo británico. Fue uno de los más ilustres positivistas de su país.

Citas[editar]

C[editar]

  • «Conserva la calma en las discusiones, porque el apasionamiento puede convertir el error en falta, y la verdad en descortesía».[sin fuentes]
  • «Cuando el Estado impone nuevas cargas a los ciudadanos, o cercena su libertad con nuevas restricciones, únicamente nos fijamos en los efectos directos y próximos, olvidando los indirectos y remotos que origina ese desconocimiento continuo de los derechos individuales. No vemos que por la acumulación de estas ligeras infracciones la existencia individual y social, menos completa cada vez, decaen inevitablemente».[sin fuentes]

E[editar]

  • «El anarquista niega el derecho de todo gobierno —sea autocrático o democrático— a inmiscuirse en su libertad individual».[sin fuentes]
  • «Entendiendo como conservador todo lo que aumenta la coacción del Estado sobre los individuos, hay que dar ese nombre a cuantas medidas tiendan a dicho fin, sean interesados o desinteresados los móviles de sus autores».[sin fuentes]

L[editar]

  • «La función del liberalismo en el pasado era poner un límite a los poderes de los reyes. La función del verdadero liberalismo en el futuro será la de poner un límite al poder de los parlamentos».[sin fuentes]
  • «La propia existencia de mayorías y minorías es indicativa de un estado inmoral. Ya concluimos que el hombre cuyo carácter armoniza con la ley moral es aquel que puede obtener la total felicidad sin disminuir la felicidad de sus semejantes. Pero la promulgación de acuerdos por votación implica una sociedad compuesta por hombres con un carácter diferente; implica que los deseos de algunos no pueden satisfacerse sin sacrificar los deseos de otros; implica que, en la búsqueda de su felicidad, la mayoría inflige una cierta dosis de infelicidad a la minoría; implica, por tanto, inmoralidad orgánica. Así, desde otro punto de vista, volvemos a percibir que incluso en su forma más equitativa, para el gobierno es imposible disociarse del mal; y aún más, que aunque se reconozca el derecho a ignorar al Estado, sus actos deben ser criminales en esencia».[1]
    • Herbert Spencer, «The Right to Ignore the State.» En: Social Statics (1851)


Q[editar]

  • «Quizá se dirá que dicho consentimiento no es específico, sino general, y que se da por supuesto que el ciudadano dio su conformidad a todo lo que su representante pueda hacer cuando le votó. Pero supongamos que no le votó; y que, por el contrario, hizo todo lo que estuvo en su poder para que saliera elegido alguien que sostenía un punto de vista opuesto… ¿entonces qué? La respuesta probablemente sea que, al tomar parte en tal votación, ha accedido tácitamente a plegarse a la decisión de la mayoría. ¿Y si no votó en absoluto? Entonces no puede quejarse legítimamente de ningún impuesto, dado que no protestó contra su imposición. Así, curiosamente, parece que dio su consentimiento hiciera lo que hiciese: ¡tanto si dijo que sí, como si dijo que no, o si se mantuvo neutral! Una doctrina francamente peculiar, esta. [...] Y así descubrimos el novedoso principio según el cual el consentimiento de A para una cosa no está determinado por lo que A diga, ¡sino por lo que se le ocurra decir a B!».[1]
    • Herbert Spencer, «The Right to Ignore the State.» En: Social Statics (1851)

S[editar]

  • «Se da por supuesto que el ciudadano dio conformidad a todo lo que su representante pueda hacer cuando lo votó».[sin fuentes]
  • «Existe un principio que se resiste a toda información, que se resiste a toda investigación, que nunca deja de mantener al hombre en una ignorancia perenne... Es el principio de desestimar lo que no se ha investigado».[sin fuentes]
  • «Educar es formar personas aptas para gobernarse a sí mismas, y no para ser gobernadas por otros».[sin fuentes]
  • «No se mide el amor por el número de caricias, sino por la frecuencia con que uno y otro se comprenden».[sin fuentes]
  • «Tiempo: lo que los hombres siempre tratan de matar, pero acaba por matarlos».[sin fuentes]
  • «Fórmate tú en vez de esperar a que te formen y modelen».[sin fuentes]
  • «Si una sola célula, en condiciones adecuadas, se convierte en un hombre en el espacio de pocos años, seguramente no puede haber ninguna dificultad para comprender cómo, en condiciones adecuadas, la célula puede, en el transcurso de incontables millones de años, dar origen a la raza humana».[sin fuentes]
  • «Verdaderamente es maravilloso cómo nos dejamos sorprender por palabras y frases que ponen de relieve un aspecto de las cosas, dejando en la oscuridad el aspecto opuesto. Buen ejemplo de esto tenemos y es muy pertinente a la cuestión el recordatorio, en el empleo de las palabras PROTECCIÓN y PROTECCIONISTA en contra del libre cambio, y en la aceptación tácita, por parte de los librecambistas, de la propiedad con que se usan estas voces. Uno de los partidos ha ignorado y el otro no se ha cuidado de patentizar que esa pretendida protección envuelve una agresión, y que el nombre de proteccionista debería cambiarse por el de AGRESIONISTA. Y, no obstante, si para mantener los beneficios de A. se prohíbe a B. que compre a C., o si se impone a B. una multa bajo la forma de derechos de entrada en caso de que compre a C., es evidente que se comete una «agresión» contra B. para proteger a A. El título de AGRESIONISTA es, además, mucho más adecuado a los adversarios del libre-cambio que el bien sonante de PROTECCIONISTA, puesto que para proteger a un productor perjudican a diez consumidores».[sin fuentes]

Referencias[editar]

  1. 1,0 1,1 Spencer, Herbert. «El derecho a ignorar al Estado.» Mises Institute. Consultado el 18 de junio de 2019.