El collar de la paloma

De Wikiquote, la colección libre de citas y frases célebres.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
El collar de la paloma
Título original Tawq al-hamāma
Autor Ibn Hazm
Publicación 1023 (hace 995 años)
Idioma Árabe


El collar de la paloma es un tratado sobre amor escrito por el cordobés Ibn Hazm en el siglo XI. Es el tratado sobre amor más famoso del mundo musulman, y una de las obras maestras de la cultura andalusí. La obra que nos ha llegado procede de un único manuscrito copiado y conservado en la biblioteca de la Universidad de Leiden, por lo que pueden haber cambiado algunos pasajes desde el original, como reconoce el copista de este manuscrito.

Citas[editar]

[editar]

  • "Dejad descansar a las almas, porque, si no, toman moho como el hierro".
    • Dicho de Mahoma, citado por Ibn Hazm
  • "No acostumbro a fatigar más cabalgadura que la mía, ni a lucir joyas de prestado".

Capítulo I[editar]

  • "Difieren entre sí las gentes sobre la naturaleza del amor y hablan y no acaban sobre ella. Mi parecer es que consiste en la unión entre partes de almas que, en este mundo creado, andan divididas, en relación a como primero eran en su elevada esencia; pero no en el sentido en que lo afirma Muhammad ibn Dāwūd (¡Dios se apiade de él!) cuado, respaldándose en la opinión de cierto filósofo, dice que «son las almas esferas partidas», sino en el sentido de la mutua relación que sus potencias tuvieron en la morada de su altísimo mundo y de la vecindad que ahora tienen en la forma de su actual composición".
  • "Las almas son como ejércitos puestos en fila, donde los que se reconocen se hacen amigos y los que se desconocen se separan".
    • Dicho de Mahoma, citado por Ibn Hazm
  • ¿Perteneces al mundo de los ángeles o al de los hombres?
Dímelo, porque la confusión se burla de mi entendimiento.
Veo una figura humana; pero, si uso de mi razón,
hallo que es tu cuerpo un cuerpo celeste.
¡Bendito sea Él que contrapesó el modo de ser de sus criaturas
e hizo que, por naturaleza, fueses maravillosa luz!
No puedo dudar que eres un puro espíritu atraído a nosotros
por una semejanza que enlaza a las almas.
No hay más prueba que atestigüe tu encarnación corporal,
ni otro argumento que el de que eres visible.
Si nuestros ojos no contemplaran tu ser, diríamos
que eras la Sublime Razón Verdadera.
  • "Es el amor una dolencia rebelde, cuya medicina está en sí misma, si sabemos tratarla; pero es una dolencia deliciosa y un mal apetecible, al extremo de que quien se ve libre de él reniega de su salud y el que lo padece no quiere sanar".

Capítulo V[editar]

  • "En todas las cosas ocurre igual: las que crecen deprisa, deprisa se consumen, en tanto que las que tardan en nacer tardan también en acabarse".

Capítulo VI[editar]

  • "Lo que entra con dificultad no sale con facilidad."
  • "Dios Honrado y Poderoso dijo al alma, cuando le mandó que entrase en el cuerpo de Adán -que aún era arcilla-, viéndola temerosa y asustada: «Entra a la fuerza y sal a la fuerza»".
  • "El amante verdadero tiene su alma tan absorta en su inclinación, que no hay en ella ningún exceso que pueda consagrar a los restantes negocios, ni religiosos ni mundanos".
  • "Los órganos corporales sensibles son caminos que llevan a las almas y que a ellas van a parar".

Capítulo VII[editar]

  • [El amor] "Destruye lo más recio, desata lo más consistente, derriba lo más sólido, disloca lo más firme, se aposenta en lo más hondo del corazón y torna lícito lo vedado".

Capítulo VIII[editar]

  • Reproches y quejas por injusticias
vinieron de quien era a la vez ofensor, juez y litigante.
Se quejaba de lo que sentía, sin que nadie,
más que aquel de quien se quejaba, supiera lo que quería decir.

Capítulo IX[editar]

  • "Con la mirada se aleja y se atrae, se promete y se amenaza, se reprende y se da aliento, se ordena y se veda, se fulmina a los criados, se previene contra los espías, se ríe y se llora, se pregunta y se responde, se concede y se niega."

Capítulo XIII[editar]

  • Los asuntos graves no los trates en chanza;
pero, si quieres algo fácil, no malgastes energñias.
Cuando te asalten las vicisitudes del Destino
-y las acometidas de la fortuna son frecuentes-,
opón con prudencia el esfuerzo adecuado:
poco te bastará frente a poco; mucho frente a mucho.

Capítulo XV[editar]

  • "¿Y qué mayor desgracia que el amor mismo?"
    • Abū 'Abd Allāh Muhammad ibn Kulayb, el de Qayrawān, como colofón a una conversación entre él y el autor

Capítulo XVIII[editar]

  • Era flecha mortal y se tornó vida.
Era veneno y se tornó triaca.
  • Se parecían al perro del establo, que no come heno
y no lo deja comer a ningún otro.
    • Dicho comparable al de el perro del hortelano..., de unos cuantos sigos antes

Capítulo XIX[editar]

  • "Quien está en las últimas no hace versos."
  • "Guerrear no da lugar a divertirse."
  • ¿Quién se fiará de las mujeres, si no es un imbécil,
ignorante, atado por las cuerdas de la perdición?
  • "La maledicencia es una cualidad que indica malos principios y peores consecuencias, natural corrompido y perversa crianza."
  • [Sobre la mentira] "Este vicio borra, a mi parecer, todas las cosas buenas del individuo, le desposee de las más excelentes cualidades y aniquila cuanto haya en él de loable."
  • "Un hombre no será creyente del todo hasta que no deje de mentir, incluso en chanza."
  • "Puede el creyente tener cualquier tacha en su carácter, menos la traición y la mentira."
    • Ibn Mas'ūd, citado por Ibn Hazm
  • "No se despeñarían los imperios, ni caerían los reinos, ni se vertería con injusticia la sangre inocente, ni se profanaría lo sagrado, de no ser por las calumnias y la mentira."
  • No des crédito a unas palabras que oíste,
mientras no estés cierto de que es verdad lo que sabes,
como el que, al nacer un espejismo, derrama el agua que lleva
y halla luego la muerte en el inmenso y estéril desierto.

Capítulo XX[editar]

  • ¡Vete en mal hora, perla de la China!
Me basta a mí con mi rubí de España.
  • Las incitaciones al amor llevan a la unión
como el viajero nocturno se guía por el resplandor del fuego.

Capítulo XXI[editar]

  • Las criaturas de Dios que ves son todas distintas:
tú bebe lo bueno, si no te es dado lo mejor.
No te contentes con el agua turbia más que a la fuerza,
cuando sobre la tierra no hay otra aguada.
Pero al agua salobre no te acerques, porque no se traga,
y un hombre libre debe preferir la sed.
a fuerza de caer sobre ella.
Prosigue y no desmayes, y ten en mucho lo poco conseguido,
pues la llovizna no es abundante y, sin embargo, cala.

Capítulo XXII[editar]

  • Las obras de los hombres nos hablan de su naturaleza.
Conocer la esencia de una cosa te releva de seguirle el rastro.
  • Mi juicio surca todo lo encubierto,
como surca el cuerpo las venas palpitantes.
Claramente distingo hasta el rostro de las hormigas,
mientras a ellos se les ocultan los refugios de los elefantes.

Capítulo XXIV[editar]

  • "Cierto sabio oyó sostener a uno: «-La separación es hermana de la muerte», y le contradijo: «-Sería mejor afirmar que la muerte es hermana de la separación»."
  • Pienso que eres una visión del Paraíso, que Dios concede
a aquel de sus amigos que es un piadoso asceta.
  • El encuentro tras la separación produce una alegría
como la de un agonizante que se cura:
un gozo que suspende las almas y hace revivir
a quien vio acercarse la muerte con la separación.
  • "Uno de los que han venido hace poco de Córdoba, a quien yo pedí noticias de ella, me contó cómo había visto nuestras casas de Balāt Mugīt, a la parte de poniente de la ciudad. Sus huellas se han borrado, sus vestigios han desaparecido, y apenas se sabe dónde están. La ruina lo ha trastocado todo. La prosperidad se ha cambiado en estéril desierto; la sociedad, en soledad espantosa; la belleza, en desparramados escombros; la tranquilidad, en encrucijadas aterradoras. Ahora son asilo de los lobos, juguete de los ogros, diversión de los genios y cubil de las fieras los parajes que habitaron hombres como leones y vírgenes como estatuas de marfil, que vivían entre delicias sin cuento. Su reunión ha quedado deshecha, y ellos esparcidos en mil direcciones. Aquellas salas llenas de letreros, aquellos adornados gabinetes, que brillaban como el sol y que con la sola contemplación de su hermosura ahuyentaban la tristeza, ahora -invadidos por la desolación y cubiertos de ruina- son como abiertas fauces de bestias feroces que anuncian lo caedizo que es este mundo; te hacen ver el fin que aguarda a sus moradores; te hacen saber a dónde va a parar todo lo que en él ves, y te hacen desistir de desearlo, después de haberte hecho desistir durante mucho tiempo de abandonarlo. Todo esto me ha hecho recordar los días que pasé en aquellas casas, los placeres que gocé en ellas, y los meses de mocedad que allí transcurrieron entre jóvenes vírgenes como aquellas a que se inclinan los hombres magnánimos. Me he imaginado en mi interior cómo estarán estas vírgenes debajo de tierra, o en posadas lejanas y comarcas remotas desde que las separó la mano del destierro y las dispersó el brazo de la distancia. Se ha presentado ante mis ojos la ruina de aquella alcazaba, cuya belleza y ornato conocí en tiempos, pues en ella me crié en medio de sólidas instituciones, y la soledad de aquellos patios que eran antes angostos para contener tanta gente como por ellos discurría. Me ha parecido oír en ellos el canto del búho y de la lechuza, cuando antes no se oía más que el movimiento de aquellas muchedumbres entre las cuales me crié dentro de sus muros. Antes la noche era en ellos la prolongación del día por el trasiego de sus habitantes y el ir y venir de sus inquilinos; pero ahora el día es en ellos prolongación de la noche en silencio y abandono. Mis ojos han llorado, mi corazón se ha dolorido, mis entrañas han sido lastimadas por estas piedras, mi alma ha aumentado en angustia y he compuesto una poesía de la que este verso:
Si ahora nos deja sedientos, antes nos dio mucho tiempo de beber;
si ahora nos aflige por ello, durante mucho tiempo nos alegró."
    • Sobre el saco bereber de Córdoba de 1013

Capítulo XXVII[editar]

  • Si mira, el que está vivo muere por su mirada.
Si habla, dirías que se ablandan las piedras.
Es el amor como un huésped que hizo alto en mi espíritu:
mi carne, es su alimento; mi sangre, su bebida.
  • "Nada llama al olvido como la traición, para un hombre de alma libre, que sabe guardar su honor y está adornado de nobles prendas. El que se aguanta con ella carece de hombría, posee un alma despreciable y revela tener viles designios y escasa vergüenza."
  • "Sólo cuando cesan los deseos y se pierden las esperanzas es cuando puede tener disculpa el olvido."

Capítulo XXIX[editar]

  • "Sabemos de cierto que Dios Poderoso y Grande puso en el hombre dos opuestas naturalezas. Una de ellas -que es el entendimiento guiado de la justicia- no lleva sino a la virtud, no mueve sino a la bondad y no puede sino concebir cosas aceptas a los ojos divinos. La otra -que es la concupiscencia, guiada de la pasión- es cabalmente su opuesta: no lleva sino a los apetitos y no aboca sino a la perdición."
  • «Aquel a quien Dios preserva del mal de dos cosas entrará en el paraíso: de lo que tiene entre sus quijadas y lo que tiene entre las piernas».
  • «El que, estando ayunando, mira a una mujer hasta el punto de percibir los contornos de su anatomía, rompe el ayuno».
  • Es una virgen a quien el Misericordioso hizo de luz,
y cuya belleza sobrepasa toda estimación.
Si el día del Juicio y del sonar de la trompeta
mis hechos tuviesen tan beñña figura,
sería el más feliz de todos los siervos de Dios
en el Paraíso y en el trato de las vírgenes huríes.
  • "La primera sangre que se vertió en la tierra fue la de uno de los dos hijos de Adán y fue derramada a causa de una rivalidad por mujeres."
  • "Una mujer árabe, que se quedó preñada de uno de sus deudos, cuando le preguntaban: «-¡Oh Hind! ¿Qué llevas en el vientre?», respondía: «-La vecindad de las almohadas y la longitud de las pláticas»."
  • La herida que me has hecho tiene cura, y no hay reproche.
La que es incurable es la herida del amor.
  • "Un hombre dijo a Mahoma: -«¡Oh Enviado de Dios! ¿Cuál es el más grande pecado a ojos de Dios?» Respondió Mahoma: «-El que invoques a otro dios junto a Él, siendo Él quien te creó.» Repuso el hombre: «-¿Y luego cuál?» Respondió Mahoma: «-El que mates a tu hijo para que no coma contigo.» Repuso el hombre: «-¿Y luego cuál?» Respondió Mahoma: «-El que forniques ocn la mujer de tu prójimo.»"
  • "Consta asimismo por asentimiento común de todo el pueblo fiel, acompañado de la práctica de todas las sectas y escuelas de la gente que reza mirando a la quibla, que no es lícito verter la sangre de un hombre musulmán sino por cuatro motivos: la apostasía de la fe; la aplicación del talión, que obliga a cobrar vida por vida; el hacer guerra contra Dios o su Enviado, con las armas en la mano y moviendo desórdenes en el país, siempre que el rebelde haga frente, pues no es así cuando huye; y el adulterio después del matrimonio."
  • Guarda tu alma de lo que la vicia, y desecha la pasión,
pues la pasión es llave de la puerta de los pecados.

Capítulo XXX[editar]

  • «A siete personas cobijará Dios con su sombra el día en que no haya más cobijo que el Suyo: al imán justo; al mozo que se haya criado en el servicio de Dios Honrado y Poderoso; al hombre cuyo corazón esté pendiente de la mezquita desde que salga de ella hasta que a ella vuelva; a dos hombres que se amen en Dios, y que así se junten y separen; al hombre que, acordándose de dios a solas, derrame lágrimas; al hombre que, requerido por una mujer noble y bella, diga: 'Yo soy temerosos de Dios', y al hombre que dé limosna tan calladamente, que su mano izquierda no sepa lo que gaste su derecha.»

[editar]

  • «Guardaos de formar juicios temerarios, pues son la peor de las mentiras.»
  • «El que crea en Dios y en la otra vida, que hable bien de su prójimo, o, si no, que se calle.»
  • «Umar ibn al-Jattāb dio al pueblo dieciocho sabios avisos, uno de los cuales es: 'Piensa siempre lo mejor en el negocio de tu hermano, hasta que tengas una prueba que lo acuse claramente, y no eches a mala parte palabra ninguna que salga de la boca de un musulmán, siempre que puedas darle una buena explicación'.»
    • Sa′īd ibn al-Musayyab, citado por Ibn Hazm
  • Hice de la fuerza de ánimo mi castillo y mi coraza;
no quiero disfrazarme de víctima de la injusticia.
Más que todos los hombres vale para mí
eso poquito que me permite no necesitar a nadie.
Estando firmes mi religión y mi honor,
en nada tengo lo que se va de mi lado.
El ayer se fue, el mañana no sé si lo alcanzaré:
¿por qué razón voy a apenarme?