Rosa Chacel

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Rosa Chacel Arimón
«Claro que hay que romper las barreras, pero ¿con qué ariete?».
«Claro que hay que romper las barreras, pero ¿con qué ariete?».
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Rosa Chacel Arimón (Valladolid, 3 de junio de 1898 - Madrid, 7 de agosto de 1994) fue una escritora española miembro de la generación del 27.

Citas[editar]

  • «Claro que hay que romper las barreras, pero ¿con qué ariete?».
    • Fuente: Artículos. Volumen 4 de Obra completa: Artículos II, Rosa Chacel, ISBN 9788478520039. Página 412. Editor Ana Rodríguez Fischer. Centro de Creación y Estudios Jorge Guillén, 1993. 675 páginas.
  • «Empiezo por confesar mi orgullo más pueril, el de haber nacido en el 98. Aunque ese adjetivo, pueril, es por mi parte demasiada precaución. Prefiero decir, simplemente, mi orgullo, que puede parecer pueril. A mí no me lo parece, en mi auténtico fondo, porque yo rechazo estos tópicos vigentes en nuestros días, tales como "Me trajeron al mundo sin consultarme". "yo no tengo la culpa de haber nacido", etc. Todo esto me es ajeno. Yo tengo la culpa - si esto es culpa, y hace tiempo dijimos que es delito - de haber nacido porque siento el principio de mi vida como voluntad».
  • «En el amanecer fue la palabra, y toda crónica, todo relato tienen su alba, su origen. Se puede tomar la historia por el final, por el medio o por el principio, pero el género autobiográfico priva la genealogía y el contar la vida desde el nacimiento». [1]
    • Fuente: Cuadernos hispanoamericanos [Madrid], 390, diciembre, 1981, p. 645.
  • «Eso es, un cuerpo a lo único que puede parecerse es a un alma. Y cuerpo y alma ¿a quien se parecen? ¡Ah!... Y, si se parecen a Él, ¿por qué no se parecen un poquito más?
    El caso es que cuanto más pienso en la semejanza, más grande la encuentro. ¡Se parecen! ¡Nos parecemos! Lo que vi en el espejo fue su belleza reflejada en mí. Esa belleza era como la mano de la que se desprende Adán. Sí. Adán, dormido, cae como un fruto de la belleza de Dios. Y luego... Luego, después de habernos quitado la belleza de los dioses, se nos dejó al fin ver a nuestro Dios desnudo... pero muerto». [2]
    • Fuente: La sinrazón.

Referencias[editar]