Omar Jayam

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Omar Jayam
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Omar Jayam (n. Nishapur, la entonces capital selyúcida de Jorasán, actual Irán; c. 18 de mayo de 1048 - m. Balj; c. 4 de diciembre de 1131) fue un matemático, astrónomo y poeta persa.

Citas[editar]

  • «A nadie pedí la vida. Me esfuerzo por aceptar, sin júbilo ni rabia, todo lo que la vida ofrece. Partiré sin preguntar al prójimo acerca de mi curiosa permanencia en este mundo».
  • «A pesar de la felicidad que tuvimos, no adoro el pasado. ¡Es tan honda la dulzura del presente
  • «El álgebra es un arte científico. Su objeto son los números absolutos y las magnitudes medibles, las cuales son desconocidas, pero referidas a cualquier cosa conocida de tal manera que puedan ser determinadas, y a esta cosa conocida se llega, analizando las condiciones del problema; en este arte se buscan las relaciones que vinculan las magnitudes dadas en el problema con la incógnita, la cual, de la forma antes indicada, constituye el objeto del álgebra. La perfección de este arte consiste en el conocimiento de los métodos matemáticos, con ayuda de los cuales puede realizarse la determinación mencionada, tanto de las incógnitas numéricas como geométricas. La resolución algebraica, como es bien conocido, se realiza solo mediante una ecuación, o sea, por la igualación de unas potencias con otras».
    • Introducción de su obra más destacada: Tratado sobre demostraciones de problemas de álgebra.
  • «El ayer ya dispuso del hoy la suerte triste,
y el silencio y el triunfo y el dolor del mañana:
¡bebe! pues que no sabes cuándo y porqué viniste
e ignoras porqué y dónde predestinado fuiste».
    • Estrofa de su famosa obra de poemas Rubaiyat.
  • «Entre la fe y la incredulidad, un soplo. Entre la certeza y la duda, un soplo. Alégrate en este soplo presente donde vives, pues la vida misma está en el soplo que pasa».
  • «He aquí la única verdad. Somos los peones de la misteriosa partida de ajedrez que juega Alá. Él nos mueve, nos detiene, vuelve a empujarnos, y al final nos arroja, uno a uno a la caja de la nada».
  • «Lámparas que se apagan, esperanzas que se encienden: la aurora».
  • «Lámparas que se encienden, esperanzas que se apagan: la noche».
  • «No dudes de disfrutar del vino y de las mujeres, pues tarde que temprano tendrás que dormir bajo la tierra, y no le cuentes esto a nadie. La amapola marchita no vuelve a florecer».
  • «No te ilusiones con tu riqueza y tu belleza, puedes perderlas; aquella en una noche, ésta en una fiebre».
  • «¿Por qué vendes tu vino, mercader?
¿Qué pueden darte a cambio de tu vino?
¿Dinero...? ¿ Y qué puede darte el dinero?
¿Poder...? ¿Pues no eres dueño del mundo cuando tienes en tus manos una copa?
¿Riqueza...? ¿Hay alguien más rico que tú, que en tu copa tienes oro, rubíes, perlas y sueños?
¿Amor...? ¿No sientes arder la sangre en tus venas cuando la copa besa tus labios?»
    • Estrofa de su famosa obra de poemas Rubaiyat.
  • «Pues si todo lo tienes en el vino, dime, mercader, ¿por qué lo vendes?
Si locura no fuese, cual la araña en su nido
cuidarías la tela de tu vida presente:
¿Y a qué, si nadie sabe si el aliento absorbido
puede volver al aire de donde fue bebido?»
    • Estrofa de su famosa obra de poemas Rubaiyat.
  • «Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy. Coge un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe pensando en que mañana quizá la luna te busque en vano».
  • «¡Qué mezquino el corazón que no sabe amar! Si no estás enamorado, ¿cómo puedes gozar con la deslumbrante luz del sol o la suave claridad de la luna
  • «Si los amantes del vino y del amor van al infierno... vacío debe estar el paraíso».
  • «Todo es un tablero de ajedrez de noches y días, donde el destino, con hombres como piezas, juega: acá y acullá mueve, y da jaque y mata, y uno por uno, vuelve a ponerlos en la caja».
  • «Un jardín, una cimbreante doncella, un cántaro de vino, mi deseo y mi amargura: he aquí mi paraíso y mi infierno. Pero, ¿quién ha recorrido el cielo o el infierno?»
  • «Vive plenamente mientras puedas y no calcules el precio».