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Nikola Tesla

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Nikola Tesla

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Esta página contiene citas de una persona fallecida hace 82 años.

Nikola Tesla (Smiljan, 10 de julio de 1856 - Nueva York, 7 de enero de 1943) fue un ingeniero eléctrico e inventor serbocroata nacionalizado estadounidense.[1]

NOTA: Salvo en los casos que cuentan con referencia en español, la traducción de las citas incluidas en esta sección es propia del usuario que las aporta.

  • «Ansiamos nuevas sensaciones, pero pronto nos volvemos indiferentes a ellas. Las maravillas de ayer son hoy sucesos comunes».[2]
  • «Antes de que pasen muchas generaciones, nuestra maquinaria será impulsada por una energía disponible en cualquier punto del universo. Esta idea no es nueva. Los hombres han llegado a ella hace mucho tiempo por instinto o por razón; ha sido expresada de muchas maneras y en muchos lugares, en la historia antigua y moderna. La encontramos en el encantador mito de Anteo, quien obtiene su poder de la tierra; la hallamos entre las sutiles especulaciones de uno de vuestros espléndidos matemáticos y en muchas insinuaciones y afirmaciones de pensadores contemporáneos. En todo el espacio hay energía. ¿Es esta energía estática o cinética? Si es estática, nuestras esperanzas son en vano; si es cinética —y sabemos con certeza que lo es—, entonces es solo cuestión de tiempo que el hombre logre conectar su maquinaria al engranaje mismo de la naturaleza».[3]
  • «Así encontramos que las tres posibles soluciones al gran problema de aumentar la energía humana se resumen en tres palabras: alimento, paz, trabajo. (…) Durante años reflexioné, considerando al hombre como una masa movida por una fuerza, aplicando principios mecánicos hasta llegar a estas soluciones, solo para darme cuenta de que me fueron enseñadas en la infancia. (…) Su significado científico ahora es claro: alimento para aumentar la masa, paz para disminuir la fuerza retardante y trabajo para incrementar la fuerza que acelera el movimiento humano. (…) Todas tienen un mismo fin: aumentar la energía humana. Al reconocerlo, vemos cuán sabia y práctica resulta la religión cristiana en contraste con otras. (…) Su mandato principal es el trabajo: esfuerzo incansable, útil y acumulativo, con períodos de descanso para mayor eficiencia. Así, tanto la ciencia como el cristianismo nos inspiran a aumentar el rendimiento de la humanidad».[4]
  • «Aunque no he perdido la fe en sus potencialidades, mis puntos de vista han cambiado. La guerra no puede evitarse hasta que se elimine la causa física de su recurrencia, que en última instancia es la vasta extensión del planeta en que vivimos. Solo mediante la aniquilación de la distancia en todos los aspectos —la transmisión de inteligencia, el transporte de pasajeros y suministros y la transmisión de energía— se crearán condiciones que aseguren la permanencia de relaciones amistosas. Lo que más necesitamos ahora es un contacto más estrecho y una mejor comprensión entre individuos y comunidades en todo el mundo, y la eliminación de esa devoción fanática a ideales exaltados de egoísmo y orgullo nacional (…) ningún tratado o acto parlamentario de ningún tipo evitará tal calamidad».[2]
  • «Comenzamos a pensar cósmicamente. (…) Hasta ahora, la armonía universal solo se ha alcanzado en un ámbito de relación internacional: el servicio postal. Su mecanismo funciona satisfactoriamente, pero ¡qué lejos estamos aún de un respeto escrupuloso por la inviolabilidad de la valija postal! Y cuánto más distante está todavía el siguiente hito en el camino hacia la paz: un servicio judicial internacional tan confiable como el postal».[5]
  • «Conquistar por la fuerza bruta es cada día más difícil. La defensa se impone cada vez más a la ofensiva, a medida que avanzamos en la ciencia satánica de la destrucción. El nuevo arte de controlar eléctricamente los movimientos y operaciones de autómatas individualizados a distancia, sin cables, pronto permitirá a cualquier país hacer sus costas inexpugnables ante cualquier ataque naval».[5]
  • «Cuando avancé este sistema de telegrafía, mi mente estaba dominada por la idea de lograr comunicación a cualquier distancia a través de la tierra o del medio circundante, algo que consideraba de importancia trascendente, sobre todo por el efecto moral que produciría universalmente. (…) Como primer intento propuse emplear estaciones de relevo con circuitos sintonizados, esperando hacer posible la señalización a grandes distancias incluso con aparatos de potencia moderada. (…) Estaba convencido de que, con maquinaria adecuada, las señales podrían transmitirse a cualquier punto del globo sin necesidad de estaciones intermedias. Esta convicción surgió del descubrimiento de un fenómeno eléctrico singular que llamé “cepillo rotatorio”: un haz de luz formado en una lámpara de vacío, extremadamente sensible a influencias magnéticas y eléctricas. (…) En su estado más sensible respondía a cambios mínimos, incluso a la tensión muscular de un observador cercano. (…) Este fenómeno me impresionó profundamente y me llevó a creer que la comunicación a cualquier distancia podía lograrse».[4]
  • «Cuando hablamos del hombre, concebimos a la humanidad como un todo, y antes de aplicar métodos científicos debemos aceptar esto como un hecho físico. ¿Puede alguien dudar hoy que millones de individuos y caracteres constituyen una entidad, una unidad? Aunque libres de pensar y actuar, estamos unidos como las estrellas del firmamento por lazos inseparables. No se ven, pero se sienten: me corto un dedo y me duele; veo sufrir a un amigo y me duele también; incluso al ver caer a un enemigo, me entristece. ¿No prueba esto que cada uno es parte de un todo? (…) Durante siglos las religiones lo han proclamado: el budista de un modo, el cristiano de otro, pero ambos dicen lo mismo: somos uno. (…) La ciencia también reconoce esta conexión y algún día lo confirmará. El individuo es efímero, las naciones pasan, pero el hombre permanece».[4]
  • «El aluminio, sin embargo, no se detendrá en superar al cobre. En pocos años entrará en una lucha feroz con el hierro, y allí encontrará un adversario difícil de vencer. (…) El resultado dependerá de si el hierro seguirá siendo indispensable en la maquinaria eléctrica, algo que solo el futuro decidirá. El magnetismo del hierro es un fenómeno aislado en la naturaleza. (…) Las moléculas de los cuerpos se comportan como vigas huecas equilibradas, que se inclinan hacia un lado u otro. Si se inclinan de un modo, el cuerpo es magnético; si del otro, es no magnético; ambas posiciones son estables. (…) Lo sorprendente es que las moléculas de todos los cuerpos conocidos se inclinan en una dirección, mientras las del hierro lo hacen en la opuesta. Este metal parece tener un origen distinto al del resto del planeta. (…) Es muy improbable que se descubra otro material más barato que iguale sus cualidades magnéticas».[4]
  • «El desarrollo progresivo del hombre depende vitalmente de la invención (…) su propósito último es el dominio completo de la mente sobre el mundo material (…) esta es la difícil tarea del inventor, a menudo incomprendido y sin recompensa (…) pero encuentra compensación en el ejercicio de sus facultades y en la conciencia de pertenecer a esa clase privilegiada (…) hablando por mí mismo, ya he tenido más que suficiente de este exquisito gozo; tanto que durante muchos años mi vida fue poco menos que un éxtasis continuo».[2]
  • «El dinero no representa el valor que los hombres le han otorgado. Todo mi dinero ha sido invertido en experimentos con los que he hecho nuevos descubrimientos que han permitido a la humanidad tener una vida un poco más fácil».[6]
  • «El presente es de ustedes, pero el futuro, por el que tanto he trabajado, me pertenece».[7]
«En todo el espacio hay energía. (...) entonces es solo cuestión de tiempo que el hombre logre conectar su maquinaria al engranaje mismo de la naturaleza».[3]
  • «El trabajo de Einstein sobre la relatividad es un magnífico ropaje matemático que fascina, deslumbra y hace que la gente quede ciega ante los errores subyacentes. La teoría es como un mendigo vestido de púrpura a quien los ignorantes toman por un rey... sus exponentes son hombres brillantes, pero son más bien metafísicos que científicos».[8]
  • «En lo que respecta a la seguridad de un país contra la invasión extranjera, es interesante notar que depende solo del número relativo, y no absoluto, de individuos o de la magnitud de las fuerzas. (…) Si cada nación redujera su fuerza militar en la misma proporción, la seguridad permanecería inalterada. (…) Un acuerdo internacional con el objetivo de reducir al mínimo la fuerza bélica —que, dada la aún imperfecta educación de las masas, resulta indispensable— parecería ser el primer paso racional para disminuir la fuerza que retarda el movimiento humano».[4]
  • «Esta creciente tendencia de las mujeres a eclipsar lo masculino es un signo de una civilización en deterioro».[9]
    • Aclaración: No atacando a la libertad de las mujeres, Tesla las idealizaba y veía a la masculinidad como una conducta poco civilizada, como se explica en Mr. Tesla Explains Why He Will Never Marry.
  • «Hay algo dentro de mí que podría ser una ilusión, como suele ocurrir con los jóvenes encantados, pero si tuviera la suerte de lograr algunos de mis ideales, sería en nombre de toda la humanidad. Si esas esperanzas se cumplieran, el pensamiento más emocionante sería que se trata de un hecho de un serbio».[10]
  • «La mente es más aguda y aguda en el aislamiento y la soledad ininterrumpida. No se necesita ningún gran laboratorio en el que pensar. La originalidad prospera en el aislamiento, libre de influencias externas que nos golpean y paralizan la mente creativa. Estar solo, ese es el secreto de la invención; estar solo, ahí es cuando nacen las ideas».[11]
  • «La Paz Universal, suponiendo que sea plenamente realizable, podría no requerir eones para su logro, aunque esto parezca probable al juzgar por el crecimiento imperceptiblemente lento de las grandes ideas reformadoras del pasado. (…) Nuestras estimaciones aceptadas sobre la duración de las metamorfosis naturales, o de los cambios en general, han sido puestas en duda últimamente. Los mismos fundamentos de la ciencia han sido sacudidos».[5]
  • «La producción de alimentos artificiales como medio para aumentar la masa humana se sugiere naturalmente, pero (…) no parece racional en el presente. Somos el resultado de siglos de adaptación continua y no podemos cambiar radicalmente sin consecuencias desastrosas. (…) La mejor manera de enfrentar el problema es aumentar la productividad del suelo. Con este fin, la preservación de los bosques es de gran importancia, y también la utilización de la energía hidráulica para transmisión eléctrica, reduciendo la quema de madera y favoreciendo la conservación forestal. (…) Para incrementar la productividad, el suelo debe fertilizarse más eficazmente por medios artificiales. (…) Los compuestos de nitrógeno son los más valiosos, y su producción barata es la clave del problema alimentario. (…) La atmósfera contiene nitrógeno inagotable, pero su inercia lo hace difícil de combinar. Aquí la electricidad acude en ayuda: las afinidades dormidas del elemento se despiertan con una corriente adecuada. (…) Intensificar esta acción era la cuestión».[4]
  • «Los resultados finales del desarrollo en estas tres direcciones son: primero, la combustión del carbón por un proceso frío en una batería; segundo, la utilización eficiente de la energía del medio ambiente; y tercero, la transmisión inalámbrica de energía eléctrica a cualquier distancia. (…) Su aplicación práctica implicará un uso extensivo del hierro, metal invaluable y esencial para el progreso. (…) Sea en motores eléctricos, maquinaria o generadores, el hierro será probablemente el principal medio de realización en el futuro, aunque el aluminio ya aparece como competidor. (…) Mejorar la fabricación y utilización del hierro es de gran importancia, pues aumentaría enormemente el rendimiento humano. El hierro es, con mucho, el factor más importante del progreso moderno: contribuye más que cualquier otro producto industrial a acelerar el movimiento humano. (…) Sin embargo, su producción actual implica un enorme desperdicio de energía y gran parte se destina a fuerzas negativas, como la guerra, casi totalmente representada en hierro».[4]
  • «Los rusos tienen suerte: tienen al socialismo y a Stalin».[12]
  • «Marconi es un buen tipo. Déjalo continuar. Solo está utilizando diecisiete de mis patentes».[13]
  • «No cabe duda de que, entre todas las resistencias friccionales, la que más retarda el movimiento humano es la ignorancia. No sin razón dijo Buda: “La ignorancia es el mayor mal del mundo.” (…) Esta fricción, aumentada por las numerosas lenguas y nacionalidades, solo puede reducirse mediante la difusión del conocimiento y la unificación de los elementos heterogéneos de la humanidad. (…) Hoy, sin embargo, fuerzas negativas han adquirido mayor importancia. Entre ellas, la más grave es la guerra organizada. Al considerar los millones de individuos —a menudo los más capaces en mente y cuerpo— obligados a la inactividad, las enormes sumas destinadas al mantenimiento de ejércitos y armas, el esfuerzo inútil en la producción de instrumentos de destrucción, la pérdida de vidas y el fomento de un espíritu bárbaro, quedamos horrorizados ante la pérdida incalculable que estas condiciones implican para la humanidad. (…) ¿Qué podemos hacer para combatir este gran mal?».[4]
  • «No creo que exista emoción alguna que pueda atravesar el corazón humano como la que siente el inventor al ver cómo alguna creación de su mente se despliega hacia el éxito… Tales emociones hacen que un hombre olvide la comida, el sueño, los amigos, el amor, todo».[14]
  • «No es un sueño, sino una simple hazaña de la ingeniería eléctrica, aunque costosa — ¡mundo ciego, tímido y desconfiado! (…) Quizás sea mejor que una idea o invención revolucionaria, en lugar de ser apoyada, sea obstaculizada y maltratada en su adolescencia: por falta de medios, por intereses egoístas, pedantería, estupidez e ignorancia; que sea atacada y sofocada; que atraviese pruebas amargas y la lucha despiadada de la existencia comercial. Así obtenemos nuestra luz. (…) Todo lo grande del pasado fue ridiculizado, condenado, combatido y suprimido — solo para emerger más poderoso y triunfante de la lucha».[5]
  • «Nuestros sentidos solo nos permiten percibir una mínima parte del mundo exterior. (…) Para conocernos debemos ir más allá de las percepciones sensoriales: transmitir inteligencia, viajar, transportar materiales y transferir energías necesarias para la existencia. (…) Entre todas las conquistas humanas, la más deseable y útil para establecer relaciones pacíficas universales es la completa ANIQUILACIÓN DE LA DISTANCIA. Para lograrlo, la electricidad es el único medio. (…) Ya ha producido bienes inestimables, aunque su naturaleza sigue siendo un misterio. Nuestra sorpresa por lo alcanzado se contiene solo por la expectativa de mayores milagros. El mayor de todos puede verse en tres aspectos: difusión de la inteligencia, transporte y transmisión de energía».[5]
  • «¡Nunca confíes en un judío!».[15]
  • «Por cada persona que muere por los efectos de un estimulante, al menos mil perecen por las consecuencias de beber agua impura. Este precioso fluido, que diariamente nos infunde nueva vida, es también el principal vehículo por el cual entran la enfermedad y la muerte en nuestros cuerpos. (…) La mayoría de la gente es tan ignorante o descuidada al beber agua que las consecuencias son desastrosas. Mediante la purificación y esterilización sistemática del agua potable, la masa humana aumentaría considerablemente. Debería ser una regla estricta, incluso impuesta por ley, hervir o esterilizar el agua en cada hogar y lugar público. (…) El simple filtrado no ofrece seguridad suficiente contra la infección. Todo hielo para uso interno debería prepararse artificialmente a partir de agua esterilizada. (…) Gracias a aparatos eléctricos mejorados podemos producir ozono en grandes cantidades, y este desinfectante ideal parece ofrecer una solución feliz al problema».[4]
  • «Que el futuro diga la verdad y evalúe a cada uno según su trabajo y logros. El presente es de ellos; el futuro, por el que realmente trabajé, es mío».[16]
«Que el futuro diga la verdad y evalúe a cada uno según su trabajo y logros. El presente es de ellos; el futuro, por el que realmente trabajé, es mío».
  • «Que la comunicación sin cables a cualquier punto del globo sea posible con tal aparato no necesita demostración, pero gracias a un descubrimiento obtuve certeza absoluta. (…) Igual que la voz produce un eco, una onda eléctrica se refleja, generando una “onda estacionaria”. En lugar de enviar vibraciones sonoras hacia un muro, envié vibraciones eléctricas hacia los límites de la tierra, y la tierra respondió. (…) Estas ondas permiten producir efectos eléctricos en regiones específicas, determinar la posición o curso de un objeto en movimiento, o enviar ondas a distintas velocidades. (…) Con ello es razonable anticipar que pronto la mayoría de los mensajes transoceánicos se transmitirán sin cables, más rápido, barato y seguro que con los cables actuales. (…) Mis cálculos muestran que es posible generar un movimiento eléctrico tan grande que sería perceptible en planetas cercanos como Venus o Marte. (…) Que podamos enviar un mensaje a un planeta es seguro; recibir respuesta es probable».[4]
  • «Quizá el varón en la sociedad humana sea inútil. Francamente admito que no lo sé. Si las mujeres empiezan a sentirlo así —y hay pruebas contundentes de que lo hacen— entonces estamos entrando en el período más cruel de la historia del mundo».[9]
  • «Según una teoría adoptada, cada átomo ponderable se diferencia de un fluido tenue (…) al ser puesto en movimiento este fluido, el éter, se convierte en materia (…) parece posible que el hombre, mediante la energía del medio y agencias adecuadas para iniciar y detener torbellinos de éter, haga que la materia se forme y desaparezca (…) a su mandato, viejos mundos desaparecerían y nuevos surgirían (…) podría alterar el tamaño de este planeta, controlar sus estaciones, ajustar su distancia del sol, guiarlo en su viaje eterno (…) podría hacer que los planetas colisionen y producir sus soles y estrellas, su calor y luz (…) originar vida en todas sus formas infinitas (…) causar a voluntad el nacimiento y la muerte de la materia sería la obra más grandiosa del hombre, dándole el dominio de la creación física y el cumplimiento de su destino último».[17]
  • «Se ha sostenido que la perfección de armas de gran poder destructivo detendría la guerra. Yo mismo lo pensé durante mucho tiempo, pero ahora creo que es un profundo error. Tales desarrollos modificarán la guerra, pero no la detendrán. (…) Cada nueva arma inventada, cada avance en esta dirección, invita a nuevos talentos, compromete nuevos esfuerzos y ofrece nuevos incentivos, dando así un nuevo impulso al desarrollo. Pensemos en el descubrimiento de la pólvora: ¿podemos concebir un cambio más radical? (…) En aquel período se habría creído que la guerra había terminado, cuando la armadura del caballero se volvió ridícula y la fuerza física perdió valor. Sin embargo, la pólvora no detuvo la guerra; por el contrario, actuó como un incentivo poderosísimo».[4]
  • «Siempre había pensado que la mujer poseía esas delicadas cualidades de mente y alma que la hacían en estos aspectos muy superior al hombre. La había puesto en un pedestal elevado, en sentido figurado, y la había clasificado en ciertos atributos importantes considerablemente más altos que el hombre. Adoré a los pies de la criatura que había elevado a esta altura y, como todo verdadero adorador, me sentí indigno del objeto de mi adoración».[9]
  • «Un estado de vida humana, definido vagamente como “Paz Universal”, aunque resultado de esfuerzos acumulados durante siglos, podría surgir rápidamente, como un cristal que se forma en una solución preparada lentamente. Pero ningún efecto puede preceder a su causa, y este estado no puede lograrse mediante pactos entre naciones, por solemnes que sean. La experiencia precede a la ley, ambas relacionadas como causa y efecto. (…) Mientras creamos que la paz resultará de una decisión parlamentaria, tendremos evidencia de que aún no estamos preparados para ella. Solo cuando sintamos que tales reuniones internacionales son meros procedimientos formales, útiles solo para expresar un deseo común, la paz estará asegurada».[5]
  • «Un modo mucho mejor de obtener energía sería aprovechar los rayos del sol, que golpean la tierra incesantemente y suministran más de cuatro millones de caballos de fuerza por milla cuadrada. (…) Sin embargo, solo una fracción puede utilizarse mediante motores térmicos con fluidos volátiles, y tras estudiar este método concluí que la “máquina solar”, salvo excepciones, no podía explotarse industrialmente con éxito. (…) Otra vía sería usar el calor de la tierra, el agua o el aire. Se sabe que el interior del globo es muy caliente, aumentando la temperatura aproximadamente 1 °C cada 30 metros de profundidad. (…) Incluso las capas superficiales poseen calor suficiente para evaporar sustancias volátiles y mover motores, aunque la potencia obtenida sería pequeña. (…) También la electricidad natural podría aprovecharse: las descargas de rayos contienen gran energía, pero almacenarla es difícil. (…) Corrientes eléctricas circulan constantemente por la tierra y existe diferencia de presión con el aire según la altura».[4]
  • «Un punto de gran importancia sería, en primer lugar, saber: ¿Cuál es la capacidad de la Tierra? ¿Y qué carga contiene si está electrificada? Aunque no tenemos evidencia concluyente de que exista un cuerpo cargado en el espacio sin que haya cerca otros cuerpos con carga opuesta, hay una probabilidad razonable de que la Tierra sea tal cuerpo, ya que, por cualquier proceso mediante el cual se haya separado de otros cuerpos —y esta es la visión aceptada de su origen—, debió haber conservado una carga, como ocurre en todos los procesos de separación mecánica».[18]
  • «Vine de París en la primavera de 1884 y tuve contacto íntimo con él [Thomas Edison]. Experimentamos día y noche, sin excepción

Mis inventos (1919)

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Capítulo 1: Vida temprana

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  • «Se me atribuye ser uno de los trabajadores más arduos y quizá lo sea, si el pensamiento es equivalente al trabajo, pues le he dedicado casi todas mis horas de vigilia. Pero si el trabajo se interpreta como una ejecución definida en un tiempo específico según una regla rígida, entonces puedo ser el peor de los ociosos. Todo esfuerzo bajo compulsión exige un sacrificio de energía vital. Yo nunca pagué tal precio. Por el contrario, he prosperado en mis pensamientos».[2]
  • «Nuestros primeros intentos son puramente instintivos, fruto de una imaginación vívida e indisciplinada. A medida que envejecemos, la razón se impone y nos volvemos cada vez más sistemáticos y calculadores. Pero esos impulsos tempranos, aunque no inmediatamente productivos, son de la mayor importancia y pueden moldear nuestros propios destinos. De hecho, siento ahora que, si los hubiera comprendido y cultivado en lugar de reprimirlos, habría añadido un valor sustancial a mi legado para el mundo. Pero no fue hasta que alcancé la madurez que me di cuenta de que era un inventor».[2]
  • «De todas las cosas, lo que más me gustaban eran los libros. Mi padre tenía una gran biblioteca y, siempre que podía, trataba de satisfacer mi pasión por la lectura. Él no lo permitía y montaba en cólera cuando me sorprendía en el acto. Escondía las velas cuando descubría que leía en secreto. No quería que arruinara mis ojos. Pero conseguí sebo, fabriqué las mechas y vertí los palitos en moldes de lata, y cada noche tapaba la cerradura y las rendijas para leer, a menudo hasta el amanecer».[2]

Capítulo 2: Experiencias extraordinarias

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  • «Desde la infancia me vi obligado a concentrar la atención en mí mismo. Esto me causó mucho sufrimiento, pero en mi visión actual fue una bendición disfrazada, pues me enseñó a apreciar el valor inestimable de la introspección en la preservación de la vida, así como un medio de logro. La presión de las ocupaciones y el incesante flujo de impresiones que llegan a nuestra conciencia por todas las puertas del conocimiento hacen que la existencia moderna sea peligrosa en muchos sentidos. La mayoría de las personas están tan absortas en la contemplación del mundo exterior que son totalmente ajenas a lo que ocurre dentro de sí mismas. La muerte prematura de millones se debe principalmente a esta causa. Incluso entre quienes tienen cuidado, es un error común evitar peligros imaginarios e ignorar los reales. Y lo que es cierto para un individuo también se aplica, en mayor o menor medida, a un pueblo en su conjunto».[2]
  • «Estoy convencido de que mi preservación no fue del todo accidental. El esfuerzo de un inventor es esencialmente un salvavidas. Ya sea que aproveche fuerzas, mejore dispositivos o proporcione nuevas comodidades y conveniencias, está contribuyendo a la seguridad de nuestra existencia. También está mejor calificado que el individuo promedio para protegerse en el peligro, pues es observador e ingenioso».[2]
  • «Un día fui solo al río para divertirme como de costumbre. Cuando estaba a poca distancia de la mampostería, me horrorizó observar que el agua había subido y me arrastraba rápidamente. La presión contra mi pecho era grande y apenas podía mantener la cabeza sobre la superficie. Poco a poco me fui agotando y ya no podía resistir más la tensión. Justo cuando estaba a punto de soltarme y ser arrojado contra las rocas de abajo, vi en un destello de luz un diagrama familiar que ilustraba el principio hidráulico de que la presión de un fluido en movimiento es proporcional al área expuesta, y automáticamente me giré sobre mi lado izquierdo. Como por arte de magia, la presión se redujo».[2]

Capítulo 3: El campo magnético rotatorio

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  • «En uno de los desmayos [debido al cólera] que se pensaba sería el último, mi padre entró apresuradamente en la habitación. Aún veo su rostro pálido mientras intentaba animarme con un tono que desmentía su seguridad. “Quizá”, dije, “pueda recuperarme si me dejas estudiar ingeniería”. “Irás a la mejor institución técnica del mundo”, respondió solemnemente, y supe que lo decía en serio. Un gran peso se levantó de mi mente. Volví a la vida como Lázaro, para el asombro absoluto de todos».[2]

Capítulo 4: Bobina de Tesla y transformador

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  • «Por un tiempo me entregué por completo al intenso disfrute de imaginar máquinas y crear nuevas formas. Fue un estado mental de felicidad tan completo como el que he conocido en la vida (…) cuando la inclinación natural se convierte en un deseo apasionado, uno avanza hacia su meta con pasos de gigante».[2]

Capítulo 5: Las influencias que moldean nuestro destino

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  • «Hasta ese momento nunca me había dado cuenta de que poseía algún don especial para el descubrimiento, pero Lord Rayleigh, a quien siempre consideré como un hombre de ciencia ideal, lo había dicho, y si ese era el caso, sentí que debía concentrarme en alguna gran idea».[2]
  • «No estoy dispuesto a conceder a ciertos individuos mezquinos y celosos la satisfacción de haber frustrado mis esfuerzos. Estos hombres no son para mí más que microbios de una enfermedad desagradable. Mi proyecto fue retrasado por las leyes de la naturaleza. El mundo no estaba preparado para él. Estaba demasiado adelantado a su tiempo, pero esas mismas leyes prevalecerán al final y lo convertirán en un éxito triunfal».[2]
    • Sobre el papel de J. Pierpont Morgan y el fracaso del proyecto "Sistema Mundial" de Tesla.

Disputado

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  • Si quieres encontrar los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración. Mi cerebro es solo un receptor; en el Universo hay un núcleo del cual obtenemos conocimiento, fuerza e inspiración. No he penetrado en los secretos de ese núcleo, pero sé que existe.
    • La primera atribución corresponde a Ralph Bergstresser, quien afirma haber escuchado esto de Tesla en una conversación “tras una experiencia con el hijo del maharajá”.[19]

Referencias

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  1. Tesla Biography. Tesla Memorial Society of New York.
  2. 2,00 2,01 2,02 2,03 2,04 2,05 2,06 2,07 2,08 2,09 2,10 2,11 2,12 "My Inventions" publicado en Electrical Experimenter magazine (1919); y republicado en My Inventions: The Autobiography of Nikola Tesla (1983)
  3. 3,0 3,1 "Experiments With Alternate Currents Of High Potential And High Frequency" (February 1892)
  4. 4,00 4,01 4,02 4,03 4,04 4,05 4,06 4,07 4,08 4,09 4,10 4,11 "The Problem of Increasing Human Energy with Special References to the Harnessing of the Sun's Energy" en Century Illustrated Magazine (June 1900)
  5. 5,0 5,1 5,2 5,3 5,4 5,5 "The Transmission of Electrical Energy Without Wires as a Means for Furthering Peace" en Electrical World and Engineer (7 de enero de 1905)
  6. "Una visita a Nikola Tesla" (A Visit to Nikola Tesla) de Dragislav L. Petković en Política (abril de 1927); también en Tesla, maestro del rayo (1999) de Margaret Cheney (Tesla, Master of Lightning), Robert Uth y Jim Glenn, pág. 82
  7. Nikola Tesla. Yo y la energía. (Trad. Cristina Núñez Pereira); Turner, 2016 ISBN 788415427087; en línea en G.Libros.
  8. New York Times (11 de julio de 1935), pág. 23, c.8
  9. 9,0 9,1 9,2 "Mr. Tesla Explains Why He Will Never Marry" en Galveston Daily 10 de agosto, 1924
  10. Discurso en la estación de tren de Belgrado (1 de junio de 1892)
  11. "An Inventor's Seasoned Ideas", New York Times (8 April 1934) Citado en La vida y el trabajo de Nikola Tesla por István G. Kocsis, (2015).
  12. Дневники. Я могу объяснить многое. Никола Тесла
  13. Al ser informado de que Marconi estaba transmitiendo mensajes inalámbricos a través del Océano Atlántico, como se cita en "Who Invented Radio?" en PBS.org, y en Tesla: The Modern Sorcerer (1999) de Daniel Blair Stewart, pág. 371
  14. Quoted in Marconi and Tesla: Pioneers of Radio Communication (2008) de Tim O'Shei, ISBN 159845076X , p. 5
  15. See Tesla: Man Out of Time de Margaret Cheney, p. 165
  16. On patent controversies regarding the invention of Radio and other things, as quoted in "A Visit to Nikola Tesla" by Dragislav L. Petković in Politika (April 1927); as quoted in Tesla, Master of Lightning (1999) by Margaret Cheney, Robert Uth, and Jim Glenn, p. 73 ISBN 0760710058; also in Tesla: Man Out of Time (2001) by Margaret Cheney, p. 230 ISBN 0743215362
  17. An early version of this essay, citado por Tesla en una carta (19 de abril de 1908) publicado en The New York Times (21 de abril de 1908)
  18. "Experiments With Alternating Currents of Very High Frequency, and Their Application to Methods of Artificial Illumination" (20 May 1891)
  19. Coments From The Inventor of the Purple Harmony Plates.