Miguel Ángel Asturias

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Miguel Ángel Asturias Rosales
«El poeta es una conducta moral».
«El poeta es una conducta moral».
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Miguel Ángel Asturias Rosales (n. Ciudad de Guatemala; 19 de octubre de 1899 - m. Madrid; 9 de junio de 1974) fue un escritor y diplomático guatemalteco. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1967. Dos años antes, había obtenido el Premio Lenin de la Paz.

Citas[editar]

  • "Come poco, cena más poco; que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago."
  • "Hace calor de Dios, amor."
  • "Madre, te bendigo porque supiste hacer de tu hijo un hombre real y enteramente humano."
  • "Oigo pegando mis oídos al mapa vivo de tu suelo que llevo aquí, aquí en las manos, repicar todas tus campanas, parpadear todas tus estrellas."
  • "Para un pueblo hambriento e inactivo, la única forma en la que Dios puede aparecer es en la de comida y trabajo."
  • "Sembrado para comer es sagrado sustento del hombre que fue hecho de maíz. Sembrado por negocio es hambre del hombre que fue hecho de maíz."
  • "Sube la línea de mi vida con trazo igual a tus volcanes y luego baja como línea de corazón hasta mis dedos."
  • "Toda obra, cualquiera que sea, literaria, política, científica, debe estar respaldada por una conducta."

Fragmento de Hombres de maíz (1949)[editar]

La que más lunares tenía era la nana de Martín Ilóm, el recién parido hijo del cacique Gaspar Ilóm. La que más lunares y más piojos tenía. La Piojosa Grande, la nana de Martín Ilóm. En su regazo de tortera caliente, en sus trapos finos de tan viejos, dormía su hijo como una cosa de barro nuevecita y bajo el coxpi, cofia de tejido ralo que le cubría la cabeza y la cara para que no le hicieran mal de ojo, se oía su alentar con ruido de agua que cae en tierra porosa.
Mujeres con niños y hombres con mujeres. Claridad y calor de fogarones. Las mujeres lejos en la claridad y cerca en la sombra. Los hombres cerca en la claridad y lejos en la sombra. Todos en el alboroto de las llamas, en el fuego de los guerreros, fuego de la guerra que hará llorar las espinas.
Así decían los indios más viejos, con el movimiento senil de sus cabezas bajo las avispas. O bien decían, sin perder su compás de viejos: Antes que la primera cuerda de maguey fuera trenzada se trenzaron el pelo las mujeres (...)