José Manuel Balmaceda

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José Manuel Balmaceda Fernández
«¡Mía o de nadie!».
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Véase también
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José Manuel Balmaceda Fernández (n. Hacienda Bucalemu, Santo Domingo; 19 de julio de 1840 - m. Santiago de Chile; 19 de septiembre de 1891) fue un político chileno, presidente de la República (1886-1891). Fue miembro del Congreso chileno, desde 1870 hasta 1878. Embajador en Argentina (1878-1881) y ministro de Relaciones Exteriores durante el mandato presidencial de Domingo Santa María. Fue elegido presidente en 1886. En 1891 perdió la confianza del Congreso, gran parte de cuyos miembros se sublevaron con la ayuda de la Armada, por lo que Balmaceda intentó reprimir los desórdenes con gran fuerza y autoritarismo. Estalló la guerra civil y, tras una encarnizada lucha, sus tropas fueron derrotadas. Balmaceda se refugió en la embajada argentina, donde se suicidó el 19 de septiembre de 1891.

Citas[editar]

  • «Hay momentos en los cuales el sacrificio es lo único que enaltece el honor del caballero». [1]
  • «El congreso es un haz de corrompidos; hay un grupo que trabaja el oro extranjero y que ha corrompido a muchas personas. Hay un hombre acaudalado que ha envilecido la prensa y ha envilecido los hombres. Las fuerzas parlamentarias han fluctuado entre vicios y ambiciones personales. El pueblo ha permanecido tranquilo y feliz, pero la oligarquía lo ha corrompido todo». [2]
  • «Los Gobiernos que hacen el bien son superiores a las vicisitudes humanas».
    • Fuente: Discursos de José Manuel Balmaceda: iconografía, Volumen 3. José Manuel Balmaceda. Editor Rafael Sagredo B. Editorial Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 1992. p. 228.
  • «No pudiendo prestar a mis amigos y correligionarios ningún servicio en este desbarajuste general, sólo puedo ofrecer el sacrificio de mi persona, que será lo único que alivie las desgracias de aquéllos que sufren por mí y evite a mi familia que mi nombre sea arrastrado sin defensa... por la vía crucis que preparan mis furiosos enemigos». [1]
  • «En pocos meses más dejaré el mando. Nada puedo esperar para mí, pero entregaré mil veces la vida antes que permitir que se destruya la obra de Portales, base angular del progreso incesante de mi patria».
    • Fuente: Balmaceda. Colaborador José Manuel Balmaceda. Editorial Club José Manuel Balmaceda. Página 8.
  • «El pabellón chileno es sagrado, y a su sombra podemos todos, gobernantes y gobernados, unirnos en íntimo efusión, para bendecir a la Providencia que nos bendice, y para congratularnos por las conquistas del progreso y del ingenio humano».
    • Fuente: Discursos de José Manuel Balmaceda: iconografía, Volumen 3. José Manuel Balmaceda. Editor Rafael Sagredo B. Editorial Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 1992. p. 228.
  • «Si nuestra bandera, encarnación del gobierno del pueblo verdaderamente republicano, ha caído plegada y ensangrentada en los campos de batalla, será levantada de nuevo en tiempo no lejano, y con defensores numerosos y más afortunados que nosotros, flameará un día para honra de las instituciones chilenas y para dicha de mi patria, a la cual he amado sobre todas las cosas de mi vida». [3]
  • «No debemos consentir que esta vasta y rica región sea convertida en una simple factoría extranjera».
    • Fuente: Discursos de José Manuel Balmaceda, Volumen 2. Editorial Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 1991. ISBN 9789562440011. Página 335.
    • Nota: Mensaje al Congreso el 1 de junio de 1889.

Referencias[editar]

  1. 1,0 1,1 Subercaseaux, Bernardo. Historia de las ideas y de la cultura en Chile, Volumen 2. Colección Imagen de Chile. Edición ilustrada. Editorial Universitaria, 1997. ISBN 9789561113084. p. 42.
  2. Ramírez Necochea, Hernán. Historia del imperialismo en Chile: Prólogo de Olga Poblete de Espinosa. Número 2 de Colección Realidad americana. 2ª edición. Edición Revolucionaria, 1960. p. 127.
  3. Pinto Lagarrigue, Fernando. Balmaceda y los gobiernos seudoparlmentarios. Editorial Andres Bello, 1991. p. 49.