Primera Guerra Mundial

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«No había señales de vida de ningún tipo. Ni un árbol, con excepción de unos pocos tocones muertos, que resultaban extraños a la luz de la luna. Ni un pájaro, ni siquiera una rata o una brizna de hierba. La naturaleza estaba tan muerta como los canadienses cuyos cuerpos permanecían donde habían caído el otoño anterior. La muerte se había escrito a lo grande por todas partes».
Soldado R. A. Colwell.
«La guerra se decidió en los primeros veinte días de lucha, y todo lo que pasó después consistió en batallas que, si bien fueron gigantescas y devastadoras, no eran más que llamamientos desesperados y vanos contra la decisión del destino».
Winston Churchill.
«La Primera Guerra Mundial mató a un menor número de víctimas que la Segunda Guerra Mundial, destruyó menos edificios y desplazó de sus hogares a millones de personas —en lugar de decenas de millones— pero en muchos aspectos dejó cicatrices aún más profundas, tanto en la mente como en el mapa de Europa. El viejo mundo nunca se recuperó del shock».
Edmond Taylor

La Primera Guerra Mundial (también llamada la Gran Guerra) fue un conflicto bélico mundial iniciado el 28 de julio de 1914 y finalizado el 11 de noviembre de 1918. Involucró a todas las grandes potencias del mundo, que se alinearon en dos bandos enfrentados: por un lado, los Aliados de la Triple Entente, y por otro, las Potencias Centrales de la Triple Alianza. Murieron más de nueve millones de combatientes.

Citas[editar]

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  • «Con espanto creciente fue dándose cuenta el hombre en la Primera Guerra Mundial y, ciertamente, a los dos lados de la trinchera, que se hallaba entregado a potencias inabordables que, si bien parecían guardar relación con la voluntad de los hombres, se desataban de continuo, se burlaban de todos los propósitos humanos y traían consigo la destrucción de todos. Así se encontró el hombre frente al hecho más terrible: era como el padre de unos demonios que no podía sujetar».
    • Martin Buber (1878-1965), filósofo y escritor austríaco/israelí.
  • «Desde 1914 a toda persona consciente de las tendencias mundiales ha preocupado mucho lo que parece ser una marcha predestinada y predeterminada hacia desastres cada vez mayores. Eso ha llevado a muchas personas serias a opinar que no se puede hacer nada para evitar que nos precipitemos en la ruina».[1]
    • Bertrand Russell (1872-1970), filósofo, matemático, lógico y escritor británico.
  • «Es instructivo comparar la Primera Guerra Mundial con la Segunda... La primera guerra marcó un cambio mucho más grande en la historia. Cerró una larga era de paz general y dio comienzo a una nueva era de violencia de la cual la segunda guerra es sencillamente un episodio. Desde 1914 el mundo ha tenido un nuevo carácter: un carácter de anarquía internacional... Así la Primera Guerra Mundial marca un punto de viraje en la historia moderna».[2]
  • «Esta no es la paz, esto es un armisticio para 20 años».
    • Ferdinand Foch (1851-1929), militar francés, comandante en jefe de los ejércitos Aliados durante la Primera Guerra Mundial.
    • Nota: Después de la firma del Tratado de Versalles (1919).
  • «La guerra se decidió en los primeros veinte días de lucha, y todo lo que pasó después consistió en batallas que, si bien fueron gigantescas y devastadoras, no eran más que llamamientos desesperados y vanos contra la decisión del destino».
  • «La Primera Guerra Mundial fue, en buena medida, una guerra por los mercados; pero la existencia de una nación grandemente socializada y la existencia del movimiento fascista ha dado un carácter muy distinto a la Segunda, un carácter ideológico y político».[4]
  • «[La Primera Guerra Mundial fue] una guerra que nadie quería y una catástrofe que nadie pudo haberse imaginado».[5]
  • «La Primera Guerra Mundial mató a un menor número de víctimas que la Segunda Guerra Mundial, destruyó menos edificios y desplazó de sus hogares a millones de personas —en lugar de decenas de millones— pero en muchos aspectos dejó cicatrices aún más profundas, tanto en la mente como en el mapa de Europa. El viejo mundo nunca se recuperó del shock».[6]
    • Edmond Taylor, periodista de guerra estadounidense.
  • «No había señales de vida de ningún tipo. Ni un árbol, con excepción de unos pocos tocones muertos, que resultaban extraños a la luz de la luna. Ni un pájaro, ni siquiera una rata o una brizna de hierba. La naturaleza estaba tan muerta como los canadienses cuyos cuerpos permanecían donde habían caído el otoño anterior. La muerte se había escrito a lo grande por todas partes».[7]
    • R. A. Colwell, soldado estadounidense.
    • Nota: Analizando los restos de la batalla de Passchendaele (tercera batalla de Ypres), en enero de 1918, meses después de su finalización.
  • «No hubo realmente un libro verdadero sobre la guerra durante los cuatro años de la misma. La única escritura verdadera que se publicó durante la guerra fue la poesía. Una razón para esto es que los poetas no son detenidos tan pronto como los prosistas».[8]
  • «No podíamos creer que tuviésemos que atacar en condiciones tan deplorables. Nunca recé tanto en mi vida. Me puse de rodillas en el barro y le recé a Dios para que viniera conmigo».
    • Pat Burns, soldado canadiense, batalla de Passchendaele, noviembre de 1917.
  • «Para un joven que tenía un futuro largo y prometedor por delante, no era fácil esperar la muerte casi a diario. Sin embargo, después de un tiempo me acostumbré a la idea de morir joven. Extrañamente, eso tuvo una especie de efecto calmante y me impedía tener que preocuparme demasiado. Debido a esto perdí poco a poco el terrible miedo a ser herido o a morir».
    • Reinhold Spengler, soldado alemán.
  • «Speer se muestra muy contrariado por las medidas adoptadas. Sustenta el punto de vista de que no puede ser el objetivo de una política militar conducir a un pueblo a una derrota heroica, tal como indicaba ya el propio Führer en su libro Mein Kampf con toda claridad, por lo menos respecto a la Primera Guerra Mundial. Este principio debe aplicarse ante todo a la diplomacia alemana que la actual situación de la guerra no ha encontrado todavía la posibilidad de sacar a Alemania de esta guerra de dos frentes que nos está destruyendo y despedazando poco a poco».
    • Joseph Goebbels (1897-1945), político alemán, ministro de propaganda de la Alemania nazi.
  • «Toda la tierra está roturada por los proyectiles que estallan y los agujeros se llenan de agua; y si no te matan los proyectiles, puedes ahogarte en los cráteres. Los carros rotos y los caballos muertos se apartan a los lados de la carretera: también yacen ahí muchos soldados muertos. Los soldados heridos que murieron en la ambulancia han sido descargados y sus ojos se te quedan mirando. A veces, te encuentras un brazo o una pierna. Todo el mundo está corriendo, corriendo, tratando de escapar de una muerte casi segura en esta lluvia de proyectiles enemigos. Hoy he visto la verdadera cara de la guerra».
    • Hans Otto Schetter, soldado alemán.
  • «Yo creo que la guerra se está prolongando deliberadamente por aquellos que tienen el poder para acabar con ella. Yo creo que esta guerra, en la que entramos como una guerra de defensa y liberación, ahora se ha convertido en una guerra de agresión y conquista».[9]

Referencias[editar]

  1. Russell, Bertrand. The New York Times Magazine, 27 de septiembre de 1953.
  2. The New York Times Magazine, 1 de agosto de 1954, pág. 9.
  3. «No es cierto que mi familia sea culpable de esa guerra mundial.» 7 de enero de 2014. El País.
  4. Sabato, Ernesto]] (1945). Uno y el universo.
  5. Kissinger, Henry. Years of Upheaval
  6. Taylor, Edmond. Las Monarquías fósiles.
  7. «I died in Hell - They called it Passchendaele». Greg Wesson's Esoteric Globe.
  8. Hemingway, Ernest. Men at War.
  9. Sassoon, S. The Times, 30 de julio de 1917.

Véase también[editar]