Francisco Pi y Margall
Apariencia
| Francisco Pi y Margall | |||||||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
«Las revoluciones son el resultado de las malas leyes». |
|||||||||||
| Véase también | |||||||||||
| Esta página contiene citas de una persona fallecida hace 125 años. | |||||||||||
Francisco Pi y Margall (Barcelona, 29 de abril de 1824 – Madrid, 29 de noviembre de 1901) fue un político, ensayista e historiador republicano español, presidente de la Primera República.
Citas
[editar | editar código]E
[editar | editar código]- «El progreso, lo dejo demostrado, es la ley de nuestra especie[1]».
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro I cap. 6.
- «En los procedimientos de la libertad, y no en los de la fuerza, se han de buscar las leyes para la organización y el desenvolvimiento de los pueblos[2]».
- Fuente: Las Nacionalidades (1877). Libro III cap. 15.
- «[...] entiéndase bien que abarco aquí la libertad en todos sus sentidos; que su armonía con la fatalidad presupone para mí el desarrollo integral de todas nuestras facultades; que no existe la libertad sin los medios de realizarla, y que parto, por consiguiente, del principio de que su educación y su realización han de marchar acordes[3]».
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro I cap. 2.
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro I cap. 1.
F
[editar | editar código]- «Federación viene del nombre latino fœdus, que significa pacto, alianza. Para que la haya es indispensable que los que la celebren tengan capacidad para obligarse y sean por lo tanto libres, es decir, sui iuris. La federación supone por lo tanto necesariamente igual y perfecta autonomía en los pueblos para constituir las provincias; igual y perfecta autonomía en las provincias para constituir las naciones; igual y perfecta autonomía en las naciones para constituir imperios o repúblicas, latinas, europeas, continentales. Sin esto no hay federación posible: fuera de esto no hay más que el principio unitario. Los pueblos han de constituir la provincia y las provincias la nación: este es el sistema[5]».
- Fuente: Las Nacionalidades (1877). Libro III cap. 15.
H
[editar | editar código]- «Hace tres siglos un rey desterró de España a los judíos; hace dos proscribió otro rey a los moriscos. ¡Que de cargos no se han dirigido ya contra los dos monarcas! Y hoy no hemos aun abierto ni a moros ni judíos las puertas de la patria; no hemos querido reparar una injusticia que reconocemos y hasta maldecimos[6]».
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro I cap. 6.
J
[editar | editar código]- «Jesucristo vino al mundo en una edad histórica mucho más adelantada; mas no por esto dejó de encerrar su pensamiento bajo el sello del enigma. Habló casi siempre en apólogos; no formuló nunca de una manera bien precisa y determinada su sistema. Vertió acá y acullá sus ideas según se lo fueron inspirando las circunstancias del momento; jamás se detuvo en explicar la relación que las unía ni la razón de donde derivaban. Reveló aspiraciones a grandes reformas, pero no enseñó la manera de realizarlas; se limitó a enunciarlas, a darnos cuando mas la base. Sentó principios, sin indicar siquiera las más naturales e inmediatas consecuencias. Tronó contra los abusos de la sociedad y nos dio por toda palanca revolucionaria la caridad, un mero sentimiento. Tenemos para juzgarle el Evangelio: desafío a que se me diga si hay en este libro elementos para constituir ni una sociedad política ni una teoría filosófica ni una religión completa. La Iglesia para hacer de él un todo lógico ha debido estudiar y discutir durante siglos[7]».
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro I cap. 3.
L
[editar | editar código]- «La duda es hoy general entre los hombres. Se aparenta, se quiere creer; mas no se cree. ¿Por qué? Porque la razón ha venido a examinar la fe, y la fe no sufre examen, la fe se desvanece ante el examen, como ante la luz las sombras y tinieblas. ¡Ay! y la fe es como la virginidad, no se recobra[8]».
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro I cap. 3.
- «La federación, lo he dicho ya, es la unidad en la variedad, la ley de la naturaleza, la ley del mundo, la espada de Alejandro contra el nudo gordiano de la organización política.[9]».
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro I cap. 8.
- «La libertad es una condición esencial del hombre; tocarla es violar la personalidad, un sacrilegio[10]».
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro I cap. 6.
- «La unidad en la variedad es la ley del mundo.[11]».
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro I cap. 8.
- «Las convicciones políticas son como la virginidad: una vez perdidas, no vuelven a recobrarse».[12]
- «Las Provincias Vascongadas raciocinan algo mejor que esos débiles federales. Comprenden perfectamente que si confiesan deber sus fueros al Estado, conceden al Estado el derecho de quitárselos, y sostienen siempre que se los deben a sí mismas. «Nuestros usos y costumbres, dicen, se pierden en la noche de los tiempos: los establecieron nuestros padres por su propio derecho y los sellaron con su sangre. Bajo la condición de que los juraran y guardaran consentimos en prestar homenaje a los reyes. Los declararon éstos en sus cartas, no los otorgaron.» Fuertes con esta idea, los defienden hoy contra el gobierno, y si mañana se los quitasen, se creerían autorizados para reivindicarlos por las armas. Y nótese el poder de las provincias mientras conservan su autonomía. En tres puñados de tierra están las Vascongadas, y hoy recién vencidas ocupadas por un ejército, inspiran todavía a la nación, si no temor, respeto[13]».
- Fuente: Las Nacionalidades (1877). Libro III cap. 15.
- «Las religiones, en general, no son más que un punto de partida para la razón del hombre. No contienen nada decidido, nada claro, nada elevado al terreno de la alta abstracción y la teoría. Se sirven para su expresión del símbolo, de la parábola, del lenguaje figurado, de todo lo que puede impresionar la imaginación y los sentidos; rara vez, casi nunca, del lenguaje propio de la ciencia.[14]».
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro I cap. 3.
- «Las revoluciones son el resultado de las malas leyes[15]».
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro II cap. 2.
- «La violencia es vicio que no cura el tiempo[16]».
- Fuente: Las Nacionalidades (1877). Libro III cap. 15.
N
[editar | editar código]- «Nada hay que acerque tanto a los hombres como la cultura».[17]
- «No olvido que en estos momentos es cuando se habla más del Evangelio, que demócratas y hasta socialistas aseguran que está en él la base de sus dogmas; pero estos hechos, lejos de contrariar mi idea, la favorecen y confirman. El Evangelio, destituido ya de su misterio, ha entrado en el dominio común y pertenece a todo el mundo. Susceptible de diversos sentidos, se presta al apoyo de diversas opiniones y sirve de arena a todos los partidos. Los demócratas y sobre todo los socialistas, que, efecto de su debilidad, temen siempre alarmar y sublevar contra sí la conciencia de los pueblos, no era natural que dejasen de ir a buscar en él su legitimación y su bautismo. ¿Creen, empero, unos ni otros en lo que están diciendo? El socialismo es precisamente la antítesis del cristianismo, la democracia en su último término la negación del principio de autoridad, consecuencia obligada de todo sistema religioso; asegurar sinceramente que deriva ninguno de los dos del Evangelio sería el mayor de los absurdos[20]».
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro I cap. 3.
Q
[editar | editar código]- «¿Qué creéis que sea hoy el cristianismo sino un arca vacía?[21]».
- Fuente: La Reacción y la Revolución (1854). Libro I cap. 3.
- «¿Quién debe por lo tanto, deslindar los intereses provinciales de los locales? Los pueblos. ¿Quién los provinciales de los nacionales? Las provincias. Las naciones deslindarán a su vez los nacionales de los internacionales el día en que, asociadas, creen un poder ya continental, ya europeo, destinado a gobernar este último orden de intereses[22]».
- Fuente: Las Nacionalidades (1877). Libro III cap. 15.
T
[editar | editar código]- «Todo poder es un absurdo».[23]
Citas sobre Pi y Margall
[editar | editar código]C
[editar | editar código]- «Comentaba a los viejos militantes que aún me acompañaban, el inmenso paralelismo que existe entre la aventura humana del presidente Allende en Chile, en los año 1970, y la aventura humana de un español del siglo XX, Francisco Pi y Margall, que también fue presidente y jefe de Estado en nuestro país y que, si bien no perdió la vida, fracasó a los ojos de sus contemporáneos. En ambos, por lo menos, existen unos puntos en común: creían que la revolución era la paz, que los cambios podían realizarse sin mayores violencias y que el consensus popular, la confianza en la acción cotidiana, laboriosa, no agresiva, de las masas podía -y puede- transformar el mundo. Frente a la revolución de los cañones y las ametralladoras, hombres como Allende y Pi y Margall creyeron en el utopismo —realizable— de la autodeterminación activa en el camino de la revolución».[24]
- Autor: Antoni Jutglar
- Fuente: Estudio preliminar a La Reacción y la Revolución publicado en Anthropos en Barcelona, p. 8 (1982)
D
[editar | editar código]- «Dos hombres ha producido España. El uno, lejano en el tiempo, encontró el premio póstumo que su obra merecía. El otro, demasiado cercano, encuentra aún odios y prejuicios alrededor de su tumba. El uno fué Cervantes; el otro Pi y Margall».[25]
- Autora: Federica Montseny
- Fuente: Prólogo a La Reacción y la Revolución publicado en La Revista Blanca en Barcelona, p. 8 (1926)
O
[editar | editar código]- «Obra de profundo análisis, de denso contenido, de exposición lógica, racional y brillante, La Reacción y la Revolución, escrita por Pi y Margall en plena juventud, se convertiría en el eje de una compleja toma de conciencia y en la exposición más brillante, acabada y decisiva de un profundo criticismo, de un esperanzador utopismo, de una fe en el perfeccionamiento humano que, tal como no han dudado en reconocerlo autores muy diversos, ha influido —en gran manera (y quizá mucho más que otras obras)— en orientaciones y actitudes muy diversas. De hecho, concretamente, sin la figura y la obra de Pi y Margall, la realidad y las orientaciones de las corrientes revolucionarias españolas serían, sin duda, prácticamente incomprensibles».[26]
- Autor: Antoni Jutglar
- Fuente: Estudio preliminar a La Reacción y la Revolución publicado en Anthropos en Barcelona, p. 10 (1982)
T
[editar | editar código]- «Todas las conquistas de la filosofía, de Spinoza a Vico, de Vico a Kant, de Kant a Herder, de Herder a Hegel, de Hegel a Proudhon; todo el proceso trabajoso de las ideas humanistas y del nuevo concepto universalista inaugurado por Vico con su filosofía de la historia y que ha encontrado en Reclús su historiador y su poeta y en Wells su novelista y su divulgador, se condensan y se reflejan en esta obra; encuentran en Pi y Margall el espíritu y la voz».[27]
- Autora: Federica Montseny
- Fuente: Prólogo a La Reacción y la Revolución publicado en La Revista Blanca en Barcelona, p. 7 (1926)
- «Trabajador infatigable, literato, filósofo, político y estadista. Ocupó los más preeminentes puestos y vivió pobre. Fue jefe de un partido y maestro de una escuela. Amó la verdad y luchó por sus fueros. El universo era su patria, joven de corazón y de entendimiento. Recordadle los que le amabais. Respetad su memoria e imitad su ejemplo. El triunfo de sus ideales establecerá un día la paz del mundo».[28]
- Autores: Francisco Pi y Arsuaga, Joaquín Pi y Arsuaga y Dolores Pi y Arsuaga.
- Fuente: Primera lápida erigida a Francisco Pi y Margall en el Cementerio civil de Madrid (1901).
Referencias
[editar | editar código]- ↑ Pi y Margall (1854), p. 194
- ↑ Pi y Margall (1877), p. 296
- ↑ Pi y Margall (1854), p. 90
- ↑ Pi y Margall (1854), p. 70
- ↑ Pi y Margall (1877), p. 299
- ↑ Pi y Margall (1854), p. 194
- ↑ Pi y Margall (1854), p. 98-99
- ↑ Pi y Margall (1854), p. 94
- ↑ Pi y Margall (1854), p. 240
- ↑ Pi y Margall (1854), p. 193
- ↑ Pi y Margall (1854), p. 224
- ↑ Señor (1997), p. 447.
- ↑ Pi y Margall (1877), p. 298
- ↑ Pi y Margall (1854), p. 98
- ↑ Pi y Margall (1854), p. 295
- ↑ Pi y Margall (1877), p. 297
- ↑ Ortega, Arturo. El gran libro de las frases célebres. Penguin Random House. México, 2013. pág. 1055. ISBN 6073116314, 9786073116312.
- ↑ Bartra (1994), p. 240.
- ↑ Señor (1997), p. 262.
- ↑ Pi y Margall (1854), pp. 96-97
- ↑ Pi y Margall (1854), p. 99
- ↑ Pi y Margall (1877), p. 296
- ↑ Bartra (1994), p. 240.
- ↑ Estudio preliminar a La Reacción y la Revolución publicado en Anthropos. Barcelona, 1982, pp. 8-9.
- ↑ Prólogo a La Reacción y la Revolución publicado en La Revista Blanca. Barcelona, 1926 pág. 8.
- ↑ Estudio preliminar a La Reacción y la Revolución publicado en Anthropos. Barcelona, 1982, p. 10
- ↑ Prólogo a La Reacción y la Revolución publicado en La Revista Blanca. Barcelona, 1926 pág. 7.
- ↑ Estudio preliminar a La Reacción y la Revolución publicado en Anthropos. Barcelona, 1982, pp. 11-12
Bibliografía
[editar | editar código]- Bartra (datos.bne). Frases y citas célebres. Grijalbo. p. 240. ISBN 8425315263.
- Pi y Margall, Francisco: La Reacción y la Revolución (1854). Versión en Wikisource. Madrid: Imprenta y estereotipa de M. Rivadeneyra.
- Pi y Margall, Francisco: La Reacción y la Revolución (1926). Barcelona: La Revista Blanca. Acceso en Google Books
- Pi y Margall, Francisco: La Reacción y la Revolución (1982). Estudio preliminar y notas críticas a cargo de Antoni Jutglar. Barcelona: Anthropos. Editorial del Hombre. Acceso en Google Books ISBN 9788485887026
- Pi y Margall, Francisco: Las Nacionalidades (1877). Madrid: Imprenta y librería de Eduardo Martínez.
- Señor, Luis (1ª ed. 1997 / 2017). Diccionario de citas. Espasa Calpe. ISBN 8423992543.