El sol de los muertos

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El sol de los muertos es una novela corta de Vicente Blasco Ibáñez, publicada en 1923.

Citas[editar]

III[editar]

  • «El dinero es un instrumento de libertad -decía-, y si lo amo tanto es porque me permite ser independiente. Sólo el que puede dar dinero a manos llenas es verdaderamente libre». (Montalbo)

IV[editar]

  • «Existen en la tierra miles y miles de hombres y mujeres que al leer un libro interesante sienten la necesidad de escribir al que lo produjo, imaginándose cada uno de ellos que es el único a quien se le ocurre tal iniciativa. Además, existen los albums, y como si esto no fuese bastante, la moderna innovación de enviar tarjetas postales para que el autor célebre ponga en ellas su firma, con un "pensamiento", inédito si es posible.
Luigi [...] era el que con su vivacidad de italiano se ocupaba todas las mañanas de esta labor fatigosa. Sabía imitar la firma del maestro y además había inventado media docena de "pensamientos" que le hacían sonreír. No se hubiese atrevido a insertar ninguno de ellos en sus obras de principiante, por temor a que sus camaradas le acusasen de idiotez. Pero firmados por Montalbo hacían estremecer de entusiasmo a muchas lectoras, que los encontraban "geniales y profundos"».
  • «La juventud es un acto de voluntad. Todo el que quiera de veras ser joven, lo será siempre. Lo que importa es tener voluntad». (Montalbo)
  • «Yo no seré viejo nunca. Cuando tenga ochenta años me pondré una peluca rubia y raptaré a una bailarina de quince». (Montalbo)
  • «Otras veces exponía, con la graveda de una profunda convicción, su manera de ver la vida. Para él la existencia era a modo de un lienzo gris, y el gran talento de los hombres consistía en saber cubrir de colores vivos y risueños ese fondo de tristeza para ignorarlo, engañándose misericordiosamente.
-Todos llevamos -añadía- una orquesta dentro de nosotros. Lo importante es hacerla funcionar, que toque sin descanso la sinfonía de la Ilusión y del Deseo, únicos temas que sostienen nuestra vida. No hay que dejar que se calle. Una vez terminada una partitura, pongamos otra inmediatamente en el atril».