El Aleph

De Wikiquote, la colección libre de citas y frases célebres.
Saltar a: navegación, buscar

El Aleph (1943). Libro de cuentos de Jorge Luis Borges.

Citas[editar]

El inmortal[editar]

  • «Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y nsuperable, fue quizá voluntario; quizá las circunstancias de mi evasión fueron tan ingratas que, en algún día no menos olvidado también, he jurado olvidarlas».
  • «Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real».
  • «Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal».
  • «Israelitas, cristianos y musulmanes profesan la inmortalidad, pero la veneración que tributan al primer siglo prueba que sólo creen en él, ya que destinan todos los demás, en número infinito, a premiarlo o a castigarlo».
  • «Como Cornelio Agrippa, soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy».
  • «La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Éstos se conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales».
  • «Yo he sido Homero; en breve, seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto».

Los teólogos.[editar]

  • «Hay quien busca el amor de una mujer para olvidarse de ella, para no pensar más en ella».

Historia del guerrero y la cautiva.[editar]

  • «No fue un traidor (los traidores no suelen inspirar epitafios piadosos)».
la causa de Ravena, la figura de la mujer europea que opta por el desierto, pueden parecer antagónicos- Sin embargo, a los dos los arrebató un ímpetu secreto, un ímpetu más hondo que la razón, y los dos acataron ese ímpetu que no hubieran sabido justificar».

y pagar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba?».

  • «Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones».

La casa de Asterión[editar]

  • «Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión».

La otra muerte[editar]

  • «En la Suma Teológica se niega que Dios pueda hacer que lo pasado no haya sido, pero nada se dice de la intrincada concatenación de causas y efectos, que es tan vasta y tan íntima que acaso no cabría anular un solo hecho remoto, por insignificante que fuera, sin invalidar el presente. Modificar el pasado no es modificar un solo hecho; es anular sus consecuencias, que tienden a ser infinitas. Dicho sea con otras palabras; es crear dos historias universales».

Deutsches Requiem[editar]

  • «Mañana, cuando el reloj de la prisión dé las nueve, yo habré entrado en la muerte; es natural que piense en mis mayores, ya que tan cerca estoy de su sombra, ya que de algún modo soy ellos».
  • «El cobarde se prueba entre las espadas; el misericordioso, el piadoso, busca el examen de las cárceles y del dolor ajeno».
  • «No en vano escribo esa palabra; la piedad por el hombre superior es el último pecado de Zarathustra».[1]"
  • «Ignoro si Jerusalem[2] comprendió que si yo lo destruí, fue para destruir mi piedad. Ante mis ojos, no era un hombre, ni siquiera un judío; se había transformado en el símbolo de una detestada zona de mi alma. Yo agonicé con él, yo morí con él, yo de algún modo me he perdido con él; por eso, fui implacable».
  • «Yo, quizá, nunca fui plenamente feliz, pero es sabido que la desventura requiere paraísos perdidos».
  • «Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre. La batalla y la gloria son facilidades; más ardua que la empresa de Napoleón fue la de Raskolnikov».

El Zahir[editar]

  • «Para perderse en Dios, los sufíes repiten su propio nombre o los noventa y nueve nombres divinos hasta que éstos ya nada quieren decir. Yo anhelo recorrer esa senda. Quizá yo acabe por gastar el Zahir a fuerza de pensarlo y de repensarlo, quizá detrás de la moneda esté Dios».

La escritura del Dios[editar]

  • «Consideré que aún en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra».
  • «Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra, y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo».
  • «Ni una arena soñada puede matarme, ni hay sueños que estén dentro de sueños».
  • «Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias».
  • «¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir!».
  • «Es una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales), y me bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso. Me bastaría decirla para abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para reconstruir el imperio. Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacán, regiría las tierras que rigió Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán.[3]».
  • «Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él. Ese hombre ha sido él, y ahora no le importa. Qué le importa la suerte de aquel otro, qué le importa la nación de aquel otro, si él, ahora, es nadie».

Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto[editar]

  • «Era fama que tales embarcaciones traían contrabando, y si de alcoholes o marfiles prohibidos, ¿por qué no, también, de sombras de muertos?».
  • «Un fugitivo no se oculta en un laberinto. No erige un laberinto sobre un alto lugar de la costa, un laberinto carmesí que avistan desde lejos los marineros. No precisa erigir un laberinto, cuando el universo ya lo es».
  • «Dormir es distraerse del universo, y la distracción es difícil para quien sabe que lo persiguen con espadas desnudas».
  • «Lo esencial era que Abenjacán pereciera. Simuló ser Abenjacán, mató a Abenjacán y finalmente fue Abenjacán».

Dialógo:

  • Unwin a Dunraven: «No multipliques los misterios. Éstos deben ser simples. Recuerda la carta robada de Poe, recuerda el cuarto cerrado de Zangwill».
Dunraven responde: «O complejos. Recuerda el universo».

Los dos reyes y los dos laberintos[editar]

  • «Esa obra (el laberinto) era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres».

El Aleph[editar]

  • «Está en el sótano del comedor - explicó, aligerada su dicción por la angustia -. Es mío, es mío; yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada, mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph».
  • «Comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable».
  • «A lo largo de los siglos y de las latitudes cambian los nombres, los dialectos, las caras, pero no los eternos antagonistas».
  • «Noches hubo en que me creí tan seguro de poder olvidarla que voluntariamente la recordaba».
  • «Un hombre se confunde gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias».
  • «Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad».
  • «Beatriz era una mujer, una niña, de una clarividencia casi implacable, pero había en ella negligencias, distracciones, desdenes, verdaderas crueldades, que tal vez reclamaban una explicación patológica».
  • «Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; entonces, cómo transmitir a los otros el infinito Aleph?».
  • «De chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se perdieran o mezclaran entre ellas en el decurso de la noche».
  • «Temí ya nunca volver a sorprenderme ante nada (...) Al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido».
  • «Nuestra mente es porosa para el olvido, yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la engorrosa erosión de los años, los preciosos rasgos de Beatriz».

Notas[editar]

  1. Referencia a Así habló Zaratustra
  2. Forma que usa para referirse a él, o a un Judío
  3. Según el contexto, Tzinacán es un sacerdote Azteca durante la Conquista de México y Alvarado es como se expresa de Pedro de Alvarado, uno de los autores de la Matanza del Templo Mayor


Véase también[editar]