Crimen y castigo

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Crimen y castigo
Título original Преступле́ние и наказа́ние; romanización: Prestupléniye i nakazániye
Autor Fiodor Dostoievsky
Publicación 1866 (hace 154 años)
Idioma Ruso
Editorial Everyman's Library
Páginas 426
ISBN 978756980115

Crimen y castigo es una obra del escritor Ruso Fiodor Dostoievski.

Citas[editar]

Primera parte[editar]

  • “¡Cómo es posible que me asusten semejantes tonterías, proyectando un golpe tan atrevido! – pensó (Raskolnikov) con sonrisa extraña-. ¡Hum…! Sí, el hombre lo tiene todo en sus manos y deja que las cosas pasen por delante de sus narices únicamente por cobardía…, eso es axiomático… Me gustaría saber qué es lo que asusta más a las personas; yo creo que lo que especialmente las intimida es aquello que se aparta de sus costumbres… Pero divago demasiado. Y como divago, no hago nada. Verdad es que también podría decir: divago porque no hago nada. Hace más de un mes que he tomado la costumbre de divagar tumbado días enteros en un rincón, llena la cabeza de tonterías. Veamos. ¿Con qué objeto doy ahora este paseo? ¿Acaso soy capaz de “aquello” (el asesinato que tiene premeditado)? ¿Acaso es serio “aquello”? No es completamente serio. Son pamplinas que distraen mi imaginación, ¡puras quimeras!”
    • Capítulo I. Dicho por Raskolnikov.
  • “La caza del hombre es como la caza de la fiera: se corre el peligro de volver con el morral vacío”
    • Capítulo II. Dicho por Raskolnikov en referencia a la prostituta Sonia.
  • “Para conocer a una persona hace falta haberla tratado y observado atentamente, pues de lo contrario se expone uno a cometer errores de apreciación que luego es muy difícil rectificar.”
    • Capítulo III. Dicho por Pulqueria Raskolnikova a su hijo.
  • “¡Oh en casos semejantes (de extrema pobreza o necesidad) violentamos hasta nuestro sentimiento moral; comerciamos con nuestra libertad, con nuestra vida, con nuestra conciencia, con todo, con todo! ¡Perezca nuestra vida, con tal que sean felices las personas a quiénes amamos! Y más aún aceptamos la sutil enseñanza de los jesuitas, transigimos con nuestros escrúpulos, llegamos a persuadirnos de que es necesario obrar como obramos, de que la excelencia del fin justifica nuestra conducta.”
    • Capítulo IV. Dicho por Raskolnikov ante la actitud de su hermana Dunia.
  • “La naturaleza puede ser corregida, enmendada, pues de no ser así quedaríamos sepultados bajo los prejuicios. Sin eso no habría ni un solo gran hombre.”
    • Capítulo VI.

Segunda parte[editar]

  • “La pobreza no es vileza, amigo mío”.
    • Capítulo I. Dicho por Nikodim Fomich.
  • “En nuestra época, amigo mío, el dinero es la miel de la humanidad”
    • Capítulo III. Dicho por Razumikin.
  • “Si me dijeran, por ejemplo, “ama a tu prójimo”, y yo pusiera en práctica este consejo, ¿qué pasaría? Partiría mi capa en dos, le daría la mitad al prójimo, y los dos quedaríamos medio desnudos”.
    • Capítulo V. Dicho por Lujin.
  • "Lo importante es vivir...(...) el hombre es cobarde , pero es mas cobarde el que le reprocha esta cobardía".
    • Capítulo VI. Dicho por Raskolnikov.
  • “La fuerza es necesaria, sin ella no se puede hacer nada”.
    • Capítulo VII.

Tercera parte[editar]

  • “Estos monomaníacos hacen un mar de una gota de agua; las ilusiones de su imaginación les parecen realidades”.
    • Capítulo I.
  • “¡Hablad! Las personas no se reúnen para estar calladas”.
    • Capítulo III. Dicho por Raskolnikov.
  • “¡Feliz el hombre que no tiene nada que guardar bajo llave!”.
    • Capítulo IV. Dicho por Razumijin.
  • “Son muy pocos, poquísimos, los hombres capaces de encontrar una idea nueva e incluso de decir algo nuevo.”
    • Capítulo V. Dicho por Raskolnikov.
  • “La malicia está cosida con hilo blanco.”
    • Capítulo V. Pensamiento de Raskolnikov.
  • “¡Cómo no va uno a desmayarse en tales condiciones! ¡Y en ese desmayo se funda todo! ¡He ahí el punto de partida de la acusación! ¡Qué el diablo se los lleve! Comprendo que todo eso es muy desagradable; pero si yo estuviera en tú lugar, Rodia me reiría en las barbas de todos; más aún: les lanzaría mi desprecio en plena cara en forma de salivazos. Así terminaría yo con ellos. ¡Ten coraje! ¡Escúpeles!”
    • Capítulo VI. Dicho por Razumijin cuando se entera de que sospechan de que Raskolnikov cometió el asesinato.
  • “No, yo no tengo más que una vida; yo no quiero esperar la “felicidad universal”. Quiero vivir para mí mismo; de otra manera es preferible no existir”.
    • Capítulo VI. Pensamiento de Raskolnikov.
  • "(...) es la luna la que se ocupa de descifrar los enigmas"
    • Capítulo VI. Pensamiento de Raskolnikov.

Cuarta parte[editar]

  • “Nosotros nos representamos siempre la eternidad como una idea que no podemos comprender, ¡inmensa, inmensa! Pero, ¿Por qué ha de ser así necesariamente? Pues en lugar de eso, imagínese una habitación pequeña, como quien dice un cuarto de baño, ennegrecido por el humo, con telarañas por todos los rincones, y he ahí toda la eternidad. Mire usted, yo me la imagino así algunas veces.”
    • Parte cuarta, capítulo I. Dicho por Svidrigailov.
  • “Lo fuerte del caso era que, hasta el último momento, Piotr Petrovich no había esperado en manera alguna semejante desenlace. No había cesado ni un momento de presumir, no pudiendo admitir ni siquiera la posibilidad de que aquellas dos mujeres pobres e indefensas se le pudiesen escapar de las garras. Esta convicción se apoyaba principalmente en la presunción y en aquel grado de confianza en sí mismo que mejor sería llamarlo enamoramiento de sí. Piotr Petrovich, que había salido de la nada, se había abierto camino a empellones, estaba acostumbrado a admirarse, tenía una idea muy elevada de su talento y de sus capacidades, y, a veces, cuando se encontraba a solas, se colocaba ante el espejo para contemplar su figura y extasiarse ante ella.”
    • Capítulo III. Descripción de Piotr Petrovich.
  • “Quisiera que mis conclusiones fueran tan claras, tan indiscutibles como dos y dos son cuatro”.
    • Capítulo V. Dicho por el juez Porfirio Petrovich.

Quinta parte[editar]

  • “Era uno de esos innumerables bobos que se apropian de una idea de moda sin comprenderla y desacreditan con su tontería una causa a la que en ocasiones están sinceramente adheridos.”
    • Capítulo I. Descripción del socialista Andrei Semenovich.
  • “¿Cómo es posible que la vida de un hombre dependa de mi voluntad?”
    • Capítulo IV. Dicho por Sonia Semenovna.
  • "Entonces me convencí (...) de que sólo posee el poder aquel que se inclina para recogerlo. Está al alcance de todos y basta atreverse a tomarlo."
    • Capítulo IV. Raskolnikov a Sonia.
  • “-Pero mire usted lo que yo digo; sin con ayuda de la lógica se persuade a alguien de que no debe llorar, no llorará. Eso está muy claro. ¿Por qué, pues, iba a continuar llorando?

-Si así fuera, la vida sería muy fácil – respondió Raskolnikov.”

    • Capítulo V. Conversación entre Raskolnikov y Andrei Semenovich.

Sexta parte[editar]

  • “Ahora estoy borracho, borracho sin haber probado una sola gota de vino”.
    • Capítulo I. Dicho por Razumikin.
  • “-Dichoso tabaco – prorrumpió al fin Porfirio Petrovich-. Me está matando y no puedo prescindir de él. Toso, tengo un principio de irritación en la garganta y soy asmático además. Hace poco fui a consultar con Botkines un médico que emplea por lo menos media hora en reconocer a cada enfermo, y después de auscultarme , percutir, etcétera, me dijo entre otras cosas: “El tabaco le siente muy mal; tiene usted los pulmones dilatados”. Todo eso está muy bien, pero , ¿cómo voy a dejar el tabaco? ¿Con qué voy a sustituirlo? Yo no bebo nunca, y eso es una desgracia , ¡je, je, je! Todo es relativo, Rodion Romanovich”.
    • Capítulo II. Porfirio Petrovich, el juez de instrucción.
  • “A veces bebe hasta perder el conocimiento, no porque precisamente sea borracho, sino porque no sabe resistirse al ejemplo de los demás cuando está entre amigos.”
    • Capítulo II.
  • “Yo sostengo la opinión de que la cárcel tranquiliza al culpable.”
    • Capítulo II. Dicho por Porfirio a Raskolnikov.
  • “¿Le aflige acaso el verse sumergido por mucho tiempo en la oscuridad? Pues de usted depende que esa oscuridad no sea eterna.”
    • Capítulo II.
  • “Y como usted no mira ni hacia delante ni a los lados, pues no ve nada”.
    • Capítulo III. Dicho por Svidrigailov a Raskolnikov.
  • “En el mundo no hay nada tan difícil como la franqueza y nada tan fácil como la lisonja.”
    • Capítulo IV. Dicho por Svidrigailov a Raskolnikov.
  • "¿Qué importan las palabras si expresan lo que queremos decir?"
    • Capítulo IV.
  • “Si cree que ha cometido un crimen péguese un tiro.”
    • Capítulo V.
  • “-¿Va a ausentarse con el tiempo que hace?
- ¿Cree usted que cuando uno se marcha a América puede preocuparle la lluvia?”
    • Capítulo VI.
  • “Un autor experimenta verdadero placer al verse por primera vez en letras de molde, sobre todo cuando ese autor no tiene más que veintitrés años.”
    • Capítulo VII. En referencia a Raskolnikov.
  • “Quería suicidarme para huir del deshonor; pero en el momento de ir a arrojarme al agua me dije que un hombre fuerte no debe temer a la vergüenza.”
    • Capítulo VII. Dicho por Raskolnikov.
  • “Hoy día no se distinguen ya los nobles de los que no lo son.”
    • Capítulo VIII.
  • “Salvo el lustre del nacimiento, lo demás puede adquirirse con el talento: el saber, la inteligencia, el genio. Un sombrero por ejemplo… ¿qué es? ¿Qué significa? Un sombrero es un trozo de paño que puede comprarlo en la casa de Zimmermann; pero lo que hay debajo del sombrero… ¡eso no se compra”.
    • Capítulo VIII.
  • "Excepto la nobleza de sangre, todo lo demás puede adquirirse por medio del esfuerzo: el genio, la sabiduría, la inteligencia."
    • Capítulo VIII. Dicho por Ilia Petrovich a Raskolnikov.

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  • “Era su orgullo lo que sentía cruelmente herido. Raskolnikov estaba enfermo de aquella herida. ¡Oh, cuán feliz habría sido pudiendo acusarse a sí mismo! Entonces lo habría soportado todo, hasta la vergüenza y el deshonor. Pero por muy severamente que se examinara, su conciencia endurecida no encontraba en su pasado ninguna falta espantosa; únicamente se reprochaba el haber “fracasado”, cosa que podía ocurrirle a cualquiera. Lo que le humillaba era el verse estúpidamente perdido sin remedio por una sentencia del ciego destino y tener que someterse y resignarse a lo absurdo de aquella sentencia si quería encontrar alguna tranquilidad.”
    • Capítulo II.
  • “Por otra parte, aquella noche era incapaz de pensar demasiado, de concentrar su pensamiento en un objeto cualquiera, de resolver una cuestión con conocimiento de causa; no experimentaba más que sensaciones. La vida había sustituido al razonamiento.”
    • Capítulo II. Finalmente, así acaba Raskolnikov.