Beda el Venerable

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Beda el Venerable
«Ruego humildemente al lector que, si en lo que he escrito encuentra algo distinto de la verdad establecida, no nos lo impute a nosotros, que, según es la verdadera ley de la historia, simplemente hemos procurado poner por escrito para instrucción de la posteridad lo que hemos recopilado de cuanto la fama cuenta».
«Ruego humildemente al lector que, si en lo que he escrito encuentra algo distinto de la verdad establecida, no nos lo impute a nosotros, que, según es la verdadera ley de la historia, simplemente hemos procurado poner por escrito para instrucción de la posteridad lo que hemos recopilado de cuanto la fama cuenta».
Véase también
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Beda (c. 672 – 27 de mayo de 735), llamado "el Venerable", fue un monje benedictino, historiador, teólogo y erudito de la Inglaterra medieval. Su obra más conocida es la Historia ecclesiastica gentis Anglorum (Historia eclesiástica del pueblo de los Anglos), terminada en 731.

Citas[editar]

  • «Si la historia cuenta cosas buenas de los buenos, el oyente solícito se ve instigado a hacer el bien».
    • Fuente: Historia eclesiástica del pueblo de los anglos, Prefacio, p. 43.[1]
  • «Ruego humildemente al lector que, si en lo que he escrito encuentra algo distinto de la verdad establecida, no nos lo impute a nosotros, que, según es la verdadera ley de la historia, simplemente hemos procurado poner por escrito para instrucción de la posteridad lo que hemos recopilado de cuanto la fama cuenta».
    • Fuente: Íbidem, Prefacio, p. 45.
    • Nota: Con "nosotros" se refiere a él y los autores de sus fuentes.
  • «El fuego encendido por las manos de los paganos satisfizo la justa venganza de Dios por los pecados del pueblo, no de otra manera que como antaño el encendido por los caldeos consumió las murallas de Jerusalén e incluso todos sus edificios».
    • Fuente: Íbidem, Libro I, p. 68.
    • Nota: Se refiere a la destrucción que los paganos sajones, anglos y jutos causaron a los britanos, que Beda ve como una justicia divina por sus pecados, comparándolo con el asedio de Jerusalén (587 a.C.).
  • «Dicen que cierto día, cuando recién llegados muchos mercaderes confluyeron en el Foro muchas mercancías, y mucha gente acudió para comprar, también se presentó allí entre otros el bienaventurado Gregorio, y que entre otras cosas vio a la venta unos muchachos de blanco cuerpo y hermoso rostro y también con unas cabelleras que llamaban la atención. Al verlos, preguntó de qué región o de qué tierra habían sido traídos. Le respondieron que se llamaban anglos, y él dijo: Bien está, porque tienen cara de ángeles, y tales deben ser en los cielos los que compartan la suerte de los ángeles».
    • Fuente: Íbidem, Libro II, p. 103.
    • Nota: Es un juego de palabras entre Angli/Angeli.
  • «En la tumba del bienaventurado Agustín está escrito este epitafio: 'Aquí reposa nuestro señor Agustín, primer arzobispo doruvernense, que, enviado aquí en su día por el bienaventurado Gregorio, pontífice de la ciudad de Roma, y apoyado por Dios con la realización de milagros, llevó al rey Etelberto y a su pueblo del culto de los ídolos a la fe de Cristo».
    • Fuente: Íbidem, Libro II, p. 107.
  • «Se cuenta que por entonces en Britania, por todas las partes de los dominios del rey Edwin, había sobrevenido tanta paz que, como aún hoy se dice proverbialmente, incluso si una mujer con su niño recién nacido quería recorrer toda la isla de mar a mar, podía hacerlo sin que nadie le hiciera daño».
    • Fuente: Íbidem, Libro II, p. 129.
  • «Mientras nos sonríen la paz y la serenidad de estos tiempos, muchos del pueblo de Northumbria, tanto nobles como ciudadanos de a pie, deponiendo las armas, muestran mayor interés en consagrarse, ellos y sus hijos, con los votos monásticos, recibiendo la tonsura, que ejercitarse en los afanes de la guerra. Y qué resultado va a tener esto lo verá el tiempo venidero».
    • Fuente: Íbidem, Libro V, p. 295.
  • «Viviendo desde entonces todo el tiempo de mi vida en el monasterio, me entregué por entero al estudio de las Escrituras y, aparte de la observancia de la disciplina regular y la tarea cotidiana de cantar en la iglesia, mi gusto ha sido siempre o aprender o enseñar o escribir».
    • Fuente: Íbidem, Libro V, p. 298.

Citas sobre Beda[editar]

  • «Confieso en verdad que nunca he visto con mis ojos ni oído con mis oídos a ningún otro que diera gracias con tanto empeño al Dios vivo. ¡Qué varón verdaderamente bienaventurado!».
  • «Se ha señalado muchas veces la importancia que Beda concede en la HE a los sucesos milagrosos, algo natural en quien trataba de dejar claro a sus lectores la trama providencial subyacente a los hechos que narraba, y en particular considerando que, en un tiempo en que el martirio era raramente alcanzable como camino de la santidad, la acción de los milagros era un buen sucedáneo».

Referencias[editar]

  1. BEDA, Historia eclesiástica del pueblo de los anglos, edición y traducción de José Luis Moralejo Álvarez, Madrid, Akal, 2013. ISBN 978-84-460-3223-6
  2. íbidem, p. 305.
  3. íbidem. Introducción, p. 20.