Así habló Zaratustra

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Así habló Zaratustra es una obra del filósofo aleman Friedrich Nietzsche, en la que relata la llegada del "Übermensch"[1] siendo una de sus principales propuestas[2], y que ha sido discutida y elaborada por el propio autor en su momento. Mediante Zaratustra, lo que hace es una fuerte crítica al sistema de valores y creencias. Nietzsche enloqueció a los 44 años y su obra (Fénix, Anticristo, Dionisio y más) siguen siendo parte de la literatura filosófica mas importante de los últimos siglos. En Así hablo Zaratustra nos cuenta la historia de un hombre; que establece ciertos cánones de lucha social. Principalmente la ideología donde se incluyen: Familia, Religión, Amistad, Amor, Dios y Muerte.

Citas[editar]

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  • «En verdad les digo que el individuo es un río nauseabundo. Hay que ser un mar para poder recoger un río nauseabundo sin contaminarse».
  • «Cosa para preocupar es la vida humana y además, falta siempre de sentido: un bufón puede serle fatal».
  • «El mejor ovejero es aquel que lleva a su cordero a pacer a la pradera más verde; así conviene al sueño tranquilo».
  • «El cuerpo es una soberbia razón, una pluralidad gobernada por un sólo sentido: guerra y paz, rebaño y pastor».
  • «Sin embargo, una cosa es el pensamiento, otra, la acción y otra, la imagen de la acción. No rota entre ellos la rueda de la casualidad».
  • «El que todo el mundo cuente con una oportunidad de saber leer daña con el tiempo no únicamente a las plumas sino igualmente a los pensamientos».
  • «Siempre hay una pizca de locura en el amor. Sin embargo, igualmente hay en todo momento un poco de razón en la locura».
  • «[...] halló repentinamente a este joven, sentado al pie de un árbol, con la mirada velada por una profunda pena y fija abajo, en el valle. Recargó Zaratustra la mano en el tallo del árbol y dijo lo que sigue: Aunque utilizara toda mi fuerza no podría sacudir este árbol. No obstante, el viento que no vemos, lo zarandea y dobla como quiere. Manos imperceptibles son las que nos zarandean y doblan. El joven se paró sobresaltado y dijo: Escucho la voz de Zaratustra, cuando precisamente estaba pensando en él. Zaratustra le contestó: ¿Y esto te sobresalta? Ocurre con el hombre lo que sucede con el árbol. Cuanto más intenta llegar a las alturas y la claridad, tanto más profundo penetran sus raíces en la tierra hacia las profundidades y la oscuridad..., hacia el mal. Exclamó el joven: ¡Eso es, hacia el mal!».
  • «La lujuria es un pecado, aseguran unos predicando la muerte. ¡Alejémonos de ésta y no procreemos hijos!. Dar a luz es una experiencia penosa, afirman otros. ¿Para que dar todavía a luz? ¡Únicamente nacen seres desdichados! Y estos igualmente son predicadores de la muerte».
  • «¡Únicamente el hombre, deseoso de subsistir, transmitió su valor a las cosas! ¡Únicamente el hombre otorgó a las cosas un sentido: un sentido para los hombres, el ser que valora».
  • «Te refugias en el prójimo, al tratar de escapar de ti mismo y pretender declarar esto como una cualidad; sin embargo a mi no me engaña tu desprendimiento. El 'tú' es el precursor del 'yo'; el 'tú' esta santificado, sin embargo no aún el 'yo'. De esta manera el hombre va solícitamente hacia el prójimo».
  • «El rebaño dice: Se pierde fácilmente el que busca. Todo retiro representa una culpa. Y por bastante tiempo permaneciste al rebaño. Asimismo, en ti continuará hablando la voz del rebaño. Y cuando afirmes: Mi conciencia ya no es la vuestra, colectiva, tus palabras sonarán con tono de dolor».
  • «Ya es de noche; ahora mana de mí, como una fuente, mi ansia... ansia de hablar».
  • «¿Aseguran, amigos míos, que sobre gustos y gustar no hay disputas? ¡Pero si la vida es todo un disputar sobre gustos y gustar! El gusto es peso balanza y pesador simultáneamente ¡y ay de lo vivo que pretendiera vivir sin disputa y sin pesa, sin balanza, y sin pesadores!».
  • «Hay, en mí algo inmune, insepultable, insurrecto: mí voluntad. Muda e inalterable, ella transita los años».
  • «¡Ah, bastantes cosas hay entre el cielo y la tierra que solamente se imaginan los poetas! Y particularmente por encima del cielo; ¡pues todos los dioses son imágenes de poetas, mitos de poetas».
  • «La iglesia, contesté, es una especie de gobierno; la más mentirosa para ser preciso».
  • «Sin embargo, Zaratustra contestó a quien así le comentaba: dice la gente que quitándole la joroba al jorobado se le quitan los sesos. Y cuando se sana al ciego, ve muchas cosas malas en la tierra, así que acaba de denigrar a quien lo sanó. Y mal favor se le hace al lisiado habilitándolo para caminar, pues no bien puede caminar, se descamina, así lo enseña la gente respecto de los lisiados. ¿Y por qué Zaratustra no ha de aprender de la gente así como la gente aprende de Zaratustra?. Desde que convivo con los hombres, lo que menos me interesa es ver que a esté le falta un ojo y a aquél, una oreja, y al de acullá, una pierna, y que hay quienes han perdido la habilidad para hablar o el olfato o la cabeza. He visto y veo cosas peores que esto y tantos horrores que no quiero referirme a todos ellos ni de algunos siquiera callar; hombres que no eran más que un ojo colosal o un gran hocico o una panza y otra cosa hiperbólica. Yo les doy el nombre de inválidos invertidos».
  • «Cree hasta las mentiras de ustedes si mienten bien acerca de él; puesto que en lo más insondable su corazón suspira: ¡Qué soy yo! Y si la virtud real es la que se desconoce a sí misma ¡El vanidoso desconoce su modestia!».
    • Fuente: capítulo "De la cordura", p.103.
  • «Y contesté: ¿Ay, es mi palabra? ¿Quien soy yo? Ojalá que llegue otro más digno: yo no merezco ni siquiera fenecer»
    • Fuente: capítulo "La hora más silenciosa", p. 105.
  • «Lo más inaceptable en ti es que tienes el poder y te opones a dominar».
  • «Las palabras más dóciles desencadenan la tormenta. Gobiernan el mundo, pensamientos que llegan con delicadeza de paloma».
  • «Sin embargo, igualmente los he enterado por mi boca de quién es aún el más callado de todos los hombres... ¡y quiero serlo!».
  • «Así hablé, bajando cada vez más el tono de la voz, puesto que tenía pavor de mis propios pensamientos abiertos y secretos. Entonces, repentinamente escuché a un perro aullar muy cerca».
    • Fuente: capítulo "De la visión y el enigma", parte II, p. 112.
  • «El que acudieras ante mi, hermoso, escondido tras tu belleza, el que me hables mudo, patente en tu sabiduría».
  • Fuente: capítulo "Antes de la salida del sol", p. 116.
  • «Yo sirvo, tú sirves, nosotros servimos, así reza entre ellos también la hipocresía de los gobernantes. ¡Y, Ay, si el primer amo es simplemente el primer servidor!».
  • «En este sitio, por el contrario, te encuentras en tu casa; en este lugar puedes decir todo lo que tienes que decir y sacas a relucir todas las observaciones; aquí nada se avergüenza de los sentimientos recónditos y obstinados [...]. Aquí puedes conversar con franqueza con todas las cosas, y en verdad suena como elogio en tus oídos el que uno hable rectamente en todas las cosas».
  • «¡Ebrio de placer respiro otra vez la libertad serrana! ¡Libre está finalmente, mi nariz del olor de las cosas humanas!».
  • «El avestruz es más veloz que el caballo más ágil, sin embargo hasta él mete la cabeza con impaciencia, en tierra pesada, de esta manera también actúa el hombre que todavía no sabe volar».
  • «No me agrada tampoco aquellos para los que todas las cosas son buenas y este es el mejor de los mundos. Pienso que son personas que se conforman con cualquier cosa».
  • «De igual manera allí, recogí en el camino la palabra superhombre y la idea de que el hombre es un ente que debe ser rebasado; de que el hombre es puente, no fin, festejando su mediodía, y azar como camino de nuevos amaneceres».
  • «Ya sólo los pájaros están por encima de él. Y si el hombre aprendiera inclusive a volar, ¡ay, hasta qué alturas volaría... su codicia!».
  • «¡Hemos de considerar desperdiciado el día en que no se haya bailado aunque sea una sola ocasión! Y hemos de considerar falsa toda verdad que no haya dado lugar siquiera a una sola carcajada».
  • «¡Que importa la patria! Dirijan nuestra proa hacia allá, donde esta la tierra de nuestros hijos! Hacia allá se precipita, más bravo que el mar, nuestro gran anhelo».
    • Fuente: capítulo "De viejas y nuevas tablas", parte XXVIII, p. 151.
  • «Toda da igual, nada vale la pena; el saber ahoga».
  • «¿Nos pertenece el presente a la plebe? Más la plebe es ajena a las nociones de lo grande y pequeño, de lo honesto y recto, es torcida con todo candor, miente siempre».
  • «Crece en la soledad lo que uno lleva a ella, también la bestia que lleva por dentro. De ahí que a muchos no conviene la soledad. Jamás ha habido en la tierra nada tan asqueroso como los santos retirados al desierto. Alrededor de ésos andaba suelto además del diablo, el puerco».
  • «Puesto que el sentimiento original y primario del hombre es el miedo, por el miedo se explican todos los pecados y virtudes originales. Del miedo ha nacido también mi virtud; la ciencia».

Fuente:[editar]

Referencias:[editar]