Arturo Pérez-Reverte

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Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez
«Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado».
«Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado».
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Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez (n. Cartagena, Murcia; 25 de noviembre de 1951) es un novelista y periodista español. Reportero de guerra durante veintiún años (1973-1994), primero en el diario Pueblo y luego en Televisión Española, inició su carrera como novelista en 1986.

Citas[editar]

  • «España y la Argentina son parte de un sistema que se está yendo al carajo. Se está terminando porque todos los imperios se terminan. Y esto se está acabando. No me enfurece la decadencia, porque es inevitable. Y, además, hay los suficientes libros de Historia como para comprender que son las reglas: hay que asumir que esto es así. Pero me enfurece la estupidez. Me enfurece la ceguera. Me enfurece que, habiendo libros de Historia que explican lo que está ocurriendo, ningún político, ningún periodista, ningún escritor – bueno, es una generalidad: muy pocos de ellos – acudan a esas fuentes para comprender. Me enfurece ver cuando un cretino dice: “Ahora estamos abriendo el paso a un mundo nuevo”. Pero, ¿qué dices, idiota? El mundo nuevo que viene no es el que tú crees: vienen los chinos, con su esclavitud laboral; viene el islam, con su fanatismo. Eso es lo que viene. El Occidente de Aristóteles, de Platón, de Erasmo de Rotterdam, de los derechos humanos, de la Enciclopedia... ¡Se ha ido al carajo! [...] ... Y no comprenden que son vanos intentos crepusculares».
  • «Lo que hay que hacer es educar a los jóvenes, no para ese mundo nuevo y maravilloso que nunca va a existir y que cuando se enfrenten a él se les caiga todo el castillo de naipes, sino para decirles que siempre hay un iceberg delante del Titanic, que siempre hay un tsunami en la playa paradisíaca. Educarlos para eso: para sobrevivir, para soportar, para no ser excesivamente infelices en un mundo que se acaba. Dotarlos de las herramientas intelectuales, morales y de solidaridad del peón del tablero para que puedan soportar el dolor y la soledad y el fracaso del mundo que viene».
  • «No puedes estar callado. El silencio a veces es cómplice, y lo que no quiero es que me tomen por tal. O sea: que yo no crea en las grandes soluciones no quiere decir que sea cómplice de los hijos de puta que las hacen imposibles. Entonces, si me callara pareciera que soy cómplice. Y no es verdad. Con esos artículos y tuiteos, con eso poco, salvo mi conciencia. Pero no pretendo cambiar ni adoctrinar. Aunque no creo en una ONG Todos Somos Maravillosos, tampoco estoy de parte de los hijos de puta que impiden que seamos maravillosos»."
  • «El idiota siempre muere primero. La ausencia de táctica, de conocimiento y de análisis previo del tablero hace que te maten enseguida. El tonto, el arrogante, el irresponsable, el estúpido que va al tablero pensando que lo que le han dicho... Es como los sanfermines. Hace poco, una señora, una radical de estas ecologistas, inglesa... Yo amo a los perros. Me da igual que muera un ser humano, porque merecemos morir, pero cuando un perro desaparece, se va lo mejor que hay en el mundo. Pero esta idiota era una ecologista que decía que la fiesta de los toros era... Y para demostrar que los toros eran buenos se puso delante de uno. Obviamente, la corneó y la mató. Pues eso: los idiotas mueren primero. Lo tengo confirmado. Recuerdo que Sarajevo se había vuelto una guerra larga. Y llegó un momento en que todo periodista tenía que pasar por Sarajevo, una vez, para decir: “He estado en la guerra”. Y llegaban como turistas. Nosotros éramos profesionales de verdad, hijos de puta hechos en ese mundo. Llegaban éstos y decían: “Queremos ir al frente, ver de verdad”. De los 52 que mataron en Sarajevo, 30 fueron esos turistas de la guerra. Los idiotas mueren primero en todas partes, real o figuradamente».
  • «Sin Historia no hay posibilidad de acometer el presente. No te puedes mover por el presente, no puedes actuar en él. Conocer la Historia, sus mecanismos de análisis, de comprensión, te da la sabiduría del tablero. ¿Cómo te atreves a moverte sin saber las reglas del ajedrez?»
  • «Hay dos grandes tendencias históricas. Una era de Spengler, que decía que la Historia es un movimiento circular, que volvemos al mismo sitio, se va repitiendo. Y Toynbee decía que es una situación de sube y baja, pero siempre igual. Es cíclica, en cualquier caso. Y es verdad: la Historia siempre tiene pequeños cambios, pero las grandes líneas se mantienen siempre».
  • «En fin, lo que lamento profundamente es que, a partir del siglo XVIII, en España no se hermanara, como hizo la Revolución Francesa, la palabra ciudadano con patria, solidaridad, bien, esfuerzo y memoria común. Aquí no hubo guillotina para obispos, reyes y aristócratas; aquí siempre se ha fusilado a los mismos y de manera equivocada».
Firma de Arturo Pérez-Reverte
  • «Es terrible que gente que no tiene la menor cultura, ni la menor memoria; gente que carece de los más elementales conocimientos históricos, fundamentales para la política, se atreva a entrar como elefantes por cacharrería en cuestiones tan delicadas para las que hace falta mucha cultura, mucho conocimiento y mucha lucidez. Por eso, cuando uno ve a un animal de bellota, con corbata fosforito o con lo que lleve, hablando de memoria histórica, se pregunta uno en manos de quiénes estamos. En este país de bobos mezclamos las cosas. Memoria histórica es toda, desde los iberos, los celtas, árabes o Flandes hasta las épocas más recientes. Pero es que la incultura es muy osada, muy atrevida, y en España hay incultos especialmente atrevidos»."
  • «Es un error grave pedir a los novelistas que asuman compromisos públicos. Rechazo cuando me piden vincular mi trabajo, mi vida, mi pensamiento con la realidad inmediata. Puedo hablar de ella, pero nada me obliga ni a serle fiel. Yo soy un novelista de infantería, normal. En cambio, José Saramago -que es muy amigo mío y le respeto- sí tiene un compromiso político que le trasciende y lo proclama; y por ello, una obligación moral con ese compromiso»."
  • «Esta lucha devino en la falta de reconocimiento de la razón y las virtudes del otro. Solo con la cultura y el conocimiento se puede acabar con eso, pero resulta que los jóvenes casi no leen y los profesores no se comprometen.» [1]
    • Nota: Refiriéndose a la Guerra Civil Española en la presentación de su libro La Guerra Civil contada a los jóvenes.
  • «Yo he visto arder muchas bibliotecas, muchas ciudades bombardeadas, y he visto mundos enteros irse al carajo con apretar un botón. Eso me ha liberado de incertidumbres y me ha dado seguridad. Qué paradoja más grande: una de esas seguridades es que da lo mismo. Hay gente empeñada en construir obras literarias, acueductos o catedrales con la intención de pervivir. Están equivocados. Todo es más simple: yo escribo, tengo una biblioteca y navego. Ésa es mi vida, me basta y me sobra. Pretender universalidades, trascendencias, reconocimientos...».
Maestro de Esgrima
  • «Lo que pasa desde hace cuarenta años es que estamos perdiendo la memoria o manipulándola de una manera infame. Y estamos pagando el precio; si un país es una catedral y la gente son las piedras, la historia es la argamasa. Sin argamasa no hay piedras que valgan. Cuando se habla de «recuperación de la memoria histórica» sólo se recuperan los últimos setenta y cinco años. Y yo me refiero a tres mil años. Y ése es un pequeño matiz. Sin ningún complejo: esto es Grecia, más Roma, más la latinidad medieval, más el Renacimiento, más el Barroco, más América con naves españolas en ida y vuelta, más la Ilustración, más la Europa de las ideas, las libertades, la Revolución Francesa y todo eso. Esto es un resultado de tal cadena. En el momento en el cual se escamotean los eslabones, en el momento en el cual se ocultan los momentos de ese largo proceso, se está eliminando todo aquello que da unidad y que es vertebrador». "
  • «Hay una cosa que no le perdono ni a la derecha ni a la izquierda. Que la izquierda haya dejado la idea de España como patrimonio exclusivo de la derecha y que ésta haya abusado de ello. Cierto, el franquismo contaminó la historia de España: le puso camisa azul al Cid, a los almogávares y a los Tercios de Flandes; pero cuando cambia el régimen, en vez de purgar la memoria de esa contaminación, lo que se hace es decir «cómo está contaminada», y entonces se la tira por la ventana, se barrena, se aplasta, se aniquila; con todo lo cual nos dejan indefensos. Y entonces, ¿qué pasa? Palabras contaminadas por el franquismo, como España, se dejan en manos de la derecha y a partir de ahí, todo lo que tiene que ver con patria, con bandera, con historia, con tradición en su sentido más noble, nos suena a derecha, y claro, es malo y sospechoso... Han conseguido que sea «sospechoso» todo lo que tiene que ver con nuestra memoria. Y en eso, insisto, han sido tan culpables el PP como el PSOE. Entre todos nos han desmantelado. Que alguien diga que la palabra España es franquista cuando «Hispania» nombraba a la provincia romana es ridículo».
  • «No creo que muchos diputados hayan leído un solo discurso de Cánovas, Sagasta, Prieto, Azaña, Sagasta o Calvo Sotelo. Desconocen la tradición parlamentaria de la Restauración y de la II República. Estamos en manos de unos políticos que están haciendo una España virtual que no tiene nada que ver con la realidad. Si paras en cualquier taberna de pueblo o cualquier bar de carretera, allí donde haya trabajadores, te das cuenta de un divorcio absoluto. Se han construido una España política sólo para ellos, en la cual medran y se acuchillan, aunque luego se van a comer juntos tras el número parlamentario. Y esto es indignante»."
  • «Napoleón nos hizo polvo. En España había un movimiento al que se llamaba «afrancesado» y que reunía a gente como Moratín y Goya, culta, con ideas renovadoras, y la invasión provocó su aplastamiento. Hay que decirlo: buena parte de la culpa la tuvimos los españoles, porque no se trata sólo de que llegara un rey malo que arrasó las libertades alcanzadas en la Constitución de 1812; sino de que los españoles también las tiramos por la ventana. Éste era un país tan miserable, tan cobarde, tan inculto, que cuando recibió una constitución avanzadísima, concebida en el papel por gente de bien y que le daba libertad, en vez de levantarse en su apoyo, se une al carro del despotismo y secunda a Fernando VII en la persecución del espíritu liberal. [...] Hay una excusa y es que la gente era analfabeta. Nadie le había enseñado a pensar, estaba en manos de curas fanáticos, de reyes incapaces y de ministros corruptos. Igual se apuñalaba franceses que liberales y luego ibas a misa y te absolvían. Pero ya no es así, la educación es universal y gratuita, existe internet, hay libros de bolsillo, el que quiera puede acceder a la cultura. Hoy es inculto el que quiere. El campesino que pegaba fuego a la iglesia de su pueblo y mataba al cacique en el año 36 quizá tenía una explicación histórica. Ya no; el que hace caso omiso al progreso y la solidaridad es por cobardía, por apoltronamiento y por bajeza moral. Cuando gritamos «¡Vivan las cadenas!» es porque queremos tenerlas. En España nos sigue dando miedo la libertad responsable, aunque la otra nos encanta... Poder mearnos en la esquina nos pone».
  • «Los medios igual que hacen el mayor bien cuando denuncian la injusticia, también hacen el mayor mal cuando, atentos al libro de estilo de lo políticamente correcto, manipulan la realidad. Reproducen lo que es la sociedad y luego la sociedad se retroalimenta de ellos. Lo peor es que hoy no existe el espíritu crítico que hubo en España desde finales del siglo XIX hasta la II República».
  • «El maestro debe inspirar al alumno temor y respeto. [...] La admiración va incluida. El maestro es alguien superior que tiene un conocimiento superior y lo transmite a los alumnos. Ésa debe ser la base. A lo mejor ésta es una concepción que ya no tiene que ver con la realidad, pero es en la que creo. Hablamos de la educación de chicos que a los veinte años tienen que tener conocimientos elementales de su cultura, su historia, su entorno. Cualquiera que tenga un hijo en edad escolar tiene que estar subiéndose por las paredes, y no por las clases de religión, qué puñetas, sino por el desmantelamiento de la cultura en todos los órdenes».
  • «Así, felices de habernos conocido, seguimos galopando alegremente, toctoc, tocotoc, hacia la nada absoluta. Todavía hay tontos del ciruelo –y tontas del frutal que corresponda– sosteniendo imperturbables que leer en clase en voz alta no es pedagógico. Que ni siquiera leer lo es; ya que, según tales capullos, dedicar demasiado tiempo a la lectura antes de los 14 años hace que los chicos se aíslen del grupo y descuiden las actividades comunes y el buen rollito. Y eso de ir por libre en el cole es mentar la bicha; te convierte en pasto de psicólogos, psicoterapeutas y psicoterapeutos. Cada pequeño cabrón que prefiere leer en su rincón a interactuar adecuadamente en la actividad plástico-formativo-solidaria de su entorno circunflejo, por ejemplo, torpedea que el día de mañana tengamos ciudadanos aborregados, acríticos, ejemplarmente receptivos a la demagogia barata, que es lo que se busca. Mejor un bobo votando según le llenen el pesebre, que un resabiado culto que lo mismo se cisca en tus muertos y vete tú a saber».
  • «Me hubiera gustado ser francés hace unas semanas, el día que entró en vigor la ley prohibiendo el uso del velo en los colegios públicos de allí. En un ejercicio admirable de civismo republicano, los dirigentes musulmanes franceses dijeron a sus correligionarios que, incluso pareciéndoles mal la ley, aquello era Francia, que las leyes estaban para cumplirlas, y que quien se beneficia de una sociedad libre y democrática debe acatar las reglas que permiten a esa sociedad seguir siendo libre y democrática. Así, todo transcurrió con normalidad. Al llegar al cole las chicas se quitaban el velo, o no entraban. Y oigan. No hubo un incidente, ni una declaración pública adversa. Políticos, imanes, alumnos. Ese día, todos de acuerdo: Francia. Y ahora imaginen lo que habría ocurrido aquí en el caso –si hubiese habido cojones para aprobar esa ley, que lo dudo– de prohibirse el velo en las escuelas públicas españolas».
  • «Odio a los cristianos que se han dejado matar en los circos romanos sin pelear. La lucha justifica la existencia del hombre. Un hombre que no lucha no es un hombre. Uno adquiere su dignidad enfrentándose a la enfermedad, al horror, a la soledad, a la estupidez. El hombre tiene la obligación moral de pelear contra todas las cosas negativas con las que la vida le rodea. La vida me ha hecho abandonar muchas cosas salvo el respecto por el valor. Entiendo por valor esa facultad humana de poder decir no, de negarse a rendirse, de luchar hasta el final por las convicciones. Luchar igualmente, sabiendo que en tu fusil ya no quedan cartuchos. La única verdadera virtud es el combate por la dignidad».
  • «Porque somos un país de gilipollas gobernado desde hace siglos por mediocres, analfabetos y acomplejados. ¿Te parece que lo he dicho lo bastante claro?»
    • Fuente: Encuentro digital en elmundo.es, 10 de marzo de 2006.
    • Nota: Respuesta a la pregunta: ¿por qué los británicos han sido capaces de glorificar sus derrotas como la retirada de sir John Moore, Isandhlwana o Dunkerke y nosotros [los españoles] nos avergonzamos de nuestras victorias?
  • «Creo que el peor daño social es la ignorancia aliada con la estupidez y el poder. En España, independientemente de ideologías, esa trilogía letal se da con desagradable frecuencia. A algunos basta oírlos expresarse para comprender que, no es que no hayan ni hecho el Bachillerato, es que alardean públicamente de ello».
  • «El éxito tiene un par de ventajas y algunos inconvenientes. Los inconvenientes me los callo, pero en cuanto a las ventajas podríamos citar dos: me da la independencia de vivir como quiero y decir lo que quiero, y los maitres me dan mejores mesas en los restaurantes».
  • «Cuando Héctor o Aquiles no tienen la suerte de morir en Troya, se convierten en Ulises intentando regresar a Ítaca bajo un cielo sin dioses, y llamándose Nadie para sobrevivir en la cueva del cíclope. Cualquier imbécil puede ser Héctor o Aquiles. Lo difícil es ser Ulises con una Troya ardiendo en la memoria. Ése es el héroe que me interesa, y con él escribo novelas. Quizá porque a mi edad soy más Ulises que Aquiles y yo también tengo sangre en las uñas y alguna Troya ardiendo a las espaldas. En realidad, todas mis novelas hablan sobre lo mismo: sobre ese Ulises, hombre o mujer, moviéndose por territorio hostil. Por territorio enemigo»."
  • «Mi vida ha sido desordenada y complicada. Se parece, cuando miro atrás, a una habitación donde esté todo revuelto. Escribir novelas es una manera de ordenar cajones y cerrarlos. Nunca estará ordenada del todo la habitación, pero eso la hace más habitable».
  • «Lo recuerdo porque escribí un reportaje sobre eso. Fue el 4 de abril de 1977, en Eritrea, cuando amigos míos a los que admiraba violaron, mataron y saquearon. La pérdida de inocencia se debió a que ni siquiera en esas circunstancias pude dejar de considerarlos amigos míos. Ese día aprendí que lo de los malos y los buenos es un cuento de hadas, y que el ser humano es un individuo complejo, capaz de lo mejor y de lo peor».
    • Fuente: Encuentro digital en elmundo.es, 24 de marzo de 2010.
    • Nota: Respuesta a ¿recuerda usted el momento exacto en que perdió la inocencia en su mirada?
  • «Creo en varias cosas. Que la mejor puñalada se da en la ingle, de abajo arriba. En guerreros silenciosos y mujeres valientes. Creo en quienes toda su vida procuran pensar como griegos, pelear como troyanos y morir como romanos. Creo en que todos morimos solos y a ciegas. Y que para hacerlo con dignidad se requiere un largo entrenamiento. Creo en las piedras viejas y en los cuadros oscuros y en los atardeceres rojizos sobre el mar. Y en parejas jóvenes que se besan. Y creo en algunas otras cosas que no le contaré nunca».
  • «Mi impresión es que el siglo XX fue el siglo de la esperanza, donde había revoluciones por hacer, había cambios por intentar, victorias por conseguir, luchas por librar, pero esa esperanza fue derrotada. La segunda mitad del siglo XX y el principio del siglo XXI, ha sido la derrota de las grandes ideas que podrían haber trazado un horizonte más digno para la sociedad. Hemos perdido la batalla, somos siervos de un sistema que nos controla y nos asfixia, por eso me temo que ahora cuando hablan de movimiento, revolución, de sublevaciones, el asunto es que ya no es posible hacer una sublevación ideológica. No hay ninguna ideología que mueva a los oprimidos, a los pobres, a los parias de la tierra. La revolución de ahora solo puede ser la de la desesperación, la del rencor, la del ajustar cuentas. De darse una será mucho más brutal, porque no aspira a cambiar la sociedad, sino que aspira a vengarse».
  • «España es un país en el que por razones históricas, han influido tres factores: los reyes imbéciles, los ministros corruptos y los curas fanáticos. Son los tres elementos que han marcado la historia de España en los últimos seis siglos y esos elementos siguen estando. Los reyes ya no son imbéciles, pero siguen los curas fanáticos y los ministros son corruptos (cuando digo ministros, me refiero a políticos en general, la gente que tiene poder). España es un país muy desgraciado en ese sentido. Todo eso ha inoculado en el español un "cainismo", una desazón personal y política de la que no se recupera».
  • «Los humanos nos hemos protegido de esa frialdad, nos hemos rodeado de una serie de amortiguadores, tratando de sobrevivir física e intelectualmente ante el hecho de que somos insectos bajo la bota de los dioses. ¿Qué pasa? Que ignorar esa realidad es una mentira. Si tú construyes una urbanización en una cañada, algún día bajará el agua por ahí. Aunque tarde siglos, bajará y se lo llevará todo. Entonces, cada vez que hacemos algo, esto lleva implícito el desastre».
  • «El hombre antiguo, y no hablo del hombre de hace dos mil años, hablo de nuestros bisabuelos, sabía que muchos niños morían al nacer, y a veces también sus madres; que había pestes y guerras y virus… El hombre antiguo conocía el sufrimiento, y eso lo hacía mejor. Cosas como la caridad, la compasión, la generosidad, existían porque el hombre que sufre puede ser solidario, sabe que el sufrimiento le puede tocar a cualquiera. Ahora, como creemos que el dolor es para los otros, nadie se preocupa hasta que le toca. [...] Cuando compruebas que no hay solución o que si la hay no está al alcance de los hombres, entonces te enfrentas con otro hecho, que la única solución es el consuelo. La “filosofía”. Por eso no nos queda otra que ir a los clásicos, a la Antigüedad, a los viejos maestros, que no solucionan, pero te confortan».
  • «Sin duda. Antes, el hombre podía ser soberbio, pero no era estúpido. Ahora, el hombre tiene la soberbia de la ignorancia, la peor de todas. La arrogancia del hombre moderno es inaudita. Por eso, esa cara de pasmo que se le ve a un padre en el telediario cuando saca en brazos a su hijo aplastado por el terremoto, y le notas esa expresión de incredulidad, «¿cómo ha podido pasar esto?». Después de estar tantos años allí y vuelves, como cuando yo volvía de Beirut, por ejemplo, y paseaba por las calles de aquí y veía las caras de la gente, me preguntaba: ¿pero no se dan cuenta? ¡Lo normal no es esto, lo normal es aquello! Y no hablo de pesimismo, sino de asumir las reglas del juego. Mi nueva novela es, precisamente, la historia de alguien que ha estado ahí, en el horror, y regresa y se pregunta dónde puede encontrar el consuelo».
  • «Vivimos una historia de muchos siglos en la que ha habido una evolución que nos está devolviendo al caos del que procedemos, y la llamada `guerra contra el terrorismo´ no es más que una manifestación puntual de la guerra cósmica en la que los seres vivos, no sólo el ser humano, están inmersos desde que pululan por la Tierra. Nos estamos dando demasiada importancia. El humanismo cristiano ha hecho mucho daño. Hemos convertido al ser humano en una especie de maravilla, medida de todas las cosas… y acabamos creyendo, falsamente, que la inteligencia humana es capaz de resolver todos los conflictos de la naturaleza. Y el ser humano es sólo un bicho más que ha tenido más suerte y más astucia y ha evolucionado de una manera que lo ha colocado en una posición privilegiada en relación a los demás seres vivos, pero que no es más que un animal que quiere sobrevivir enfrentándose a los otros».
  • «Aquí pocas veces nos gobernó la razón. Solemos quemarla, fusilarla, meterla en la cárcel u obligarla al exilio. Casi siempre nos gobernaron las vísceras, el fanatismo, la incultura, los confesores del rey y de la reina, los sinvergüenzas, los criminales y los cobardes. Con la colaboración entusiasta o indiferente, cómplice por activa o pasiva, de sucesivas generaciones de ovejas encantadas de serlo. No es casual que todos nuestros tiranos, real o metafóricamente, mueran en la cama».
  • «El problema es que España es un país inculto, España es un país gozosamente inculto, es un país deliberadamente inculto, que disfruta siendo inculto, que hace ya mucho tiempo que alardea de ser inculto, y con gente así, esa Ley de Memoria Histórica es ponerle una pistola en la mano. [...] El problema de España, a diferencia de Francia, es que no hubo una guillotina en la Puerta del Sol que le picara el billete a los curas, a los reyes, a los obispos y a los aristócratas... y al que no quisiera ser libre le obligara a ser libre a la fuerza».
Charla de Arturo Pérez-Reverte en el Salón de Grados de la universidad en 2003.
  • «España es un país históricamente enfermo. Se ve muy bien en cuanto escarbas un poco en la historia [...]. En cuando se empieza a perfilar una España distinta, esa España que empieza a ser posible, la destruyen los mismos españoles: la arrogancia de unos y el fanatismo de los otros. En Cádiz, los constitucionalistas liberales no supieron ver lo que era posible y no era posible. [...] La misma constitución tenía el gen de su destrucción. Y cuando lees las actas de los debates, ves cómo se odiaban unos a otros, cómo se puteaban, cómo usaban la Prensa como arma arrojadiza... cómo ese esquema dialéctico, terrible y destructivo, se va reproduciendo en el siglo XIX, XX y XXI. El oportunismo político ya se da en la Constitución de Cádiz. Es desolador ver cómo el español repite los errores, cómo se carga lo que se le ponga delante».
  • «Mi memoria histórica tiene tres mil años, ¿sabes?, y el problema es que la memoria histórica analfabeta es muy peligrosa. Porque contemplar el conflicto del año 36 al 39 y la represión posterior como un elemento aislado, como un periodo concreto y estanco respecto al resto de nuestra historia, es un error, porque el cainismo del español sólo se entiende en un contexto muy amplio».
  • «Sí, es verdad, estoy herido por el mundo. Mi vida ha sido una sucesión de haitís... Y de Haití es tan culpable el azar como la estupidez de los hombres... y en mi vida, en mis artículos y en mis libros intento ajustar cuentas con el uno y con el otro. Porque a mí me han hecho los libros que he leído y las cosas que he visto. Y los libros me han servido para digerir e interpretar las cosas que he visto».
  • «El hombre moderno se niega a aceptar las reglas: el mundo es un lugar peligroso, hostil, todo Titanic tiene su iceberg, y nos negamos a verlo. La gente se deja timar por las agencias de viaje que hablan de lugares paradisíacos, pero el mundo es un sitio muy jodido. Es que los barcos se hunden, y los virus te infectan, y las balas te matan... es asombroso que la gente se niegue a aceptar que el mundo es un lugar así, pero los viejos lo sabían y nosotros lo hemos olvidado. Mira el cuadro de Brueghel el Viejo del Prado: esos viejos lo sabían, y con nuestra estupidez lo olvidamos todo y pagamos el precio de ese olvido. Y oímos: “¡Que me saquen de aquí!... ¡Que el gobierno intervenga!...” Pero, gilipollas, ¿por qué te has metido?»
  • "«Tienes catorce años y preguntas cosas para las que no tengo respuesta. Entre otras razones, porque nunca hay respuestas para todo. Y además, he pasado la vida echando la pota mientras oía a demasiados apóstoles de vía estrecha, visionarios y sinvergüenzas que decían tener la verdad sentada en el hombro. Yo sólo puedo escribirte que no hay varitas mágicas, ni ábrete sésamos. Esos son cuentos chinos. De lo que sí estoy seguro es de que no hay mejor vacuna que el conocimiento. Me refiero a la cultura, en el sentido amplio y generoso del término: no soluciona casi nada, pero ayuda a comprender, a asumir, sin caer en el embrutecimiento, o en la resignación. Con ello quiero sugerirte que leas, que viajes, y que mires».
  • «Fíjate bien. Eres el último eslabón de una cadena maravillosa que tiene diez mil años de historia. De una cultura originalmente mediterránea que arranca de la Biblia, Egipto y la Grecia clásica, que luego se hace romana y fertiliza al Occidente que hoy llamamos Europa. Una cultura que se mezcla con otras a medida que se extiende, que se impregna de Islam hasta florecer en la latinidad cristiana medieval y el Renacimiento, y luego viaja a América en naves españolas para retornar enriquecida por ese nuevo y vigoroso mestizaje, antes de volverse Ilustración, o Fiesta de las Ideas, y Ochocentismo de revoluciones y esperanzas. O sea, que no naciste ayer».
  • «Viaja, y hazlo con esos libros en la intención, en la memoria y en la mochila.Verás qué pocos fanatismos e ignorancias de pueblo y cabra de campanario sobreviven a una visita paciente a El Escorial, a una mañana en el museo del Prado, a un paseo por los barrios viejos de Sevilla, a una cerveza bajo el acueducto de Segovia. Llégate a la Costa de la Muerte y mira morir el sol como lo veían los antiguos celtas del Finis Terrae. Tapea en el casco viejo de San Sebastián mientras consideras la posibilidad de que parte del castellano pudo nacer del intento vasco por hablar latín. Observa desde las ruinas romanas de Tarragona el mar por el que vinieron las legiones y los dioses, intuye en Extremadura por qué sus hombres se fueron a conquistar América, sigue al Cid desde la catedral de Burgos a las murallas de Valencia.Y sitúa todo eso en un marco general, que también es tuyo, visitando el Coliseo de Roma, la catedral de Estrasburgo, Lisboa, el Vaticano, el monte San Michel. Tómate un café en Viena y en París, mira los museos de Londres, descubre una etimología almogávar en el bazar de Estambúl o una palabra hispana en un restaurante de Nueva York, lee a Borges en la Recoleta de Buenos Aires, sube a las pirámides de Egipto y a las mejicanas de Teotihuacán. Si haces todo eso o al menos sueñas con hacerlo, conocerás la única patria que de verdad vale la pena».
  • «La literatura me ha salvado de mí mismo... La juventud es la certeza de la batalla. Eso lo he vivido literaria y físicamente, como Julio Fuentes [en referencia al corresponsal de El Mundo asesinado en Afganistán] y otros tantos amigos corresponsales de guerra... Pero una vez que has vencido o has sido derrotado, ya eres viejo».[2]
  • «El sistema del mundo del arte está en manos de galeristas sin escrúpulos y de críticos comprados por esos galeristas. Sin duda. El sistema del mundo del arte, que es absolutamente corrupto, y absolutamente irreal y desproporcionado, y además está en manos de galeristas sin escrúpulos y de críticos comprados por esos galeristas. Hay un libro vergonzoso que se escribió hace poco, un libro entero justificando que la mierda es arte para que el galerista se forre, dándole una coartada intelectual a esa manipulación absurda. Pero eso no quiere decir que yo esté contra el arte moderno, hablo de los grandes manipuladores. Los que se infiltran en el arte moderno y los golfos que hacen negocio, justificando que eso es arte moderno».
  • «Hemos aceptado de una manera gozosa el juego sucio que nos proponían políticos y banqueros. Hemos olvidado que de esta crisis somos tan responsables como los políticos y los banqueros. Lo hemos olvidado. Aquí parece que la culpa solo la tenían el banquero y el político. Y nosotros fuimos los primeros. A ti nadie te obligaba a tomar una hipoteca ruinosa, nadie te obligaba a comprarte un coche, nadie te obligaba a irte a Cancún de vacaciones. Nadie te obligaba a comprarte una segunda residencia o a comprarle una moto al niño. Hemos aceptado de una manera gozosa el juego sucio que nos proponían políticos y banqueros. Esos canallas han hecho su negocio con nuestra complicidad, aparte de a nuestra costa, con nuestra complicidad. Entonces lo que no puede ser es que digamos: yo no tengo nada que ver. Hemos tenido mucho que ver con esto. ¿Y qué pasa ahora? Cuando escuchas las conversaciones, cuando escuchas a la gente y observas los comportamientos te das cuenta de que esta crisis que podría haber valido para que aprendiéramos una lección importante no ha valido para nada. No hemos aprendido nada. La gente quiere que pase la crisis para hacer exactamente lo que hacía antes, no para cambiar de vida. Para lo que tenía que haber servido esta crisis justamente era para que cambiásemos de vida. De ahí mi pesimismo».
  • «Están los que se dan cuenta y los que no se dan cuenta. Pero esto se ha acabado. Hay una cosa que la gente no entiende, y es que esto se ha acabado. Hay una cosa que se llamaba Occidente y que empezó con Grecia, con Roma, la Edad Media, el Renacimiento, el Enciclopedismo, la Ilustración, derechos y libertades, derechos del hombre y del trabajador... que ha sido formidable durante los veinte o treinta siglos que ha durado. Y eso se ha acabado. Se ha acabado. Como todos los imperios, se ha acabado. Tardará uno o dos siglos en desaparecer. Pero se ha terminado: los valores están aquí dentro. Están los conscientes y los inconscientes. Los que se dan cuenta y los que no se dan cuenta. Pero esto se ha acabado. Todo el sistema en que se basa nuestra educación, nuestra convivencia, nuestra vida, nuestra libertad, está en cuestión, porque el mundo del que procedemos se está extinguiendo. Vendrán otros mundos, mejores, peores, pero el nuestro se está extinguiendo, y la gente no se da cuenta de que esto es así. Para ello hay que haber leído los libros [...]. Pero como los analfabetos que están en Bruselas no han leído un libro en su vida, ni lo van a leer, por no decir nada de los que están aquí, no tienen ninguna referencia, no saben reconocer los síntomas. La cultura sirve para reconocer los síntomas, y al no ser cultos no lo reconocen».
  • «Es difícil ganar. A veces es imposible. La experiencia demuestra que casi siempre ganan los malos. Lo triste es resignarse a dejar que ganen sin que al menos les sangre la nariz. Nuestra obligación, incluso sabiéndonos perdedores de antemano, es procurar cada uno con los medios de que dispone que a los malos les sangre la nariz. Eso haría que no nos avergonzáramos cuando nos miráramos cada mañana en el espejo, cuando los amigos nos miran con lealtad, cuando las mujeres u hombres que nos aman nos miran con devoción o cuando nuestros hijos nos miran con confianza».
  • «Asumo el término best seller sin el menor complejo: cuanto más me lean, mejor. Dos años trabajando para que me lean sólo cuatro espíritus selectos sería un derroche de tiempo, energías y de imaginación. No compensaría. Espero que la lean muchísimos lectores».
  • «Cuando tienes cierta edad, vas con la mochila cargada de cosas útiles. Yo tenía ya una aproximación intelectual, por mis lecturas juveniles sobre Troya, al hecho de la ciudad asediada. Pero luego hubo algo que fui descubriendo poco a poco y que viví cuando fui reportero.
    Haciendo fotografías en el Beirut del año 76 descubrí la geografía del caos en la ciudad, la ciudad como territorio en el que una guerra pone de manifiesto un montón de situaciones interesantes: el lado bueno y el malo; las partes vulnerables o no vulnerables; la ciudad como protección y como amenaza, la calle, el ángulo muerto y el ángulo vivo.
    La guerra coloca en las ciudades un mapa superpuesto al mapa convencional, que no siempre coincide, muy interesante. Hay energías, fuerzas y relaciones humanas, físicas y geométricas que se cruzan entre sí. Durante mucho tiempo estuve pensando en ese concepto de la ciudad.
    En Sarajevo lo percibí con mucha claridad y en El pintor de batallas aparece. En esta novela necesitaba aplicar las conclusiones de todo este largo proceso de reflexión sobre el espacio urbano, acogedor y peligroso al mismo tiempo. O falsamente protector».
  • «El ajedrez ha sido para mí muy importante desde siempre. Estoy convencido de que es uno de los mejores símiles de la vida, es una metáfora del mundo extraordinaria. [...]El ajedrez para mí no es ganar o perder. Ponerte frente a un tablero de ajedrez aunque no estés jugando ya es una reflexión sobre el mundo y la vida».
  • «Ando entre libros desde que tengo memoria, pues tuve la suerte de crecer entre los estantes de un par de buenas bibliotecas familiares, y durante toda mi vida procuré, también, rodearme de libros. En ellos confío precisamente, a medida que me hago mayor, para atrincherarme cuando todo, al fin, acabe de irse al carajo y me encierre, en esa biblioteca que he ido preparando durante toda mi vida, con música de tango, bolero y copla en el aparato, unas cuantas botellas de Juan Gil y una escopeta de postas del calibre doce, mientras las respetables matronas corren desoladas, los imbéciles se preguntan cómo ha podido ocurrir esto, y los bárbaros saquean la Roma que amo y conozco».
  • «El arte moderno tiene que ser subversivo o violentador de conciencias. O es una bofetada en el rostro de la sociedad actual o no es nada. Lo que pasa es que hay cantidad de estafadores que adoptan esas maneras. El mundo del arte está lleno de falsas bofetadas, de burgueses del arte, que con el pretexto de una bofetada lo que están haciendo es pactar con las reglas del mundo al que pretenden abofetear. Por eso infunden tanto respeto los artistas que no transigen. Los que combaten. Los antisistema del arte. Los que «no venden su culo», como dicen los grafiteros. El grafitero que no pacta quizá sea vandálico, quizá poco recomendable socialmente, quizá ni yo mismo lo apruebo, pero le reconozco una independencia cultural e intelectual que otros que pactan no tienen. Es interesante el que, pudiendo pactar, no lo hace, no traga. Prefiere ir a pintar una valla con los colegas y tomar unas cervezas que exponer en una galería y ser millonario como Hirst o los hermanos Chapman».
  • «Sí, en un mundo en el que todo está domesticado y en el que los poderes públicos son los primeros que intentan domesticar. Hay una cosa peligrosa y es que el poder público intenta apadrinar lo marginal para hacerlo suyo. Es una contradicción, porque si el grafiti es legal, ya no es grafiti. Frente a ese afán de las instituciones de colonizar todo lo que es expresión artista y cultural, aún existe la resistencia de los radicales que se niegan a ser colonizados».
  • «Occidente no es consciente de la situación que existe, que vivimos un mundo que se está suicidando por ignorancia, de que sólo la cultura nos salva, pero la cultura está siendo manipulada por los de siempre. De ahí que la cultura también se haya vuelto un arma de colonización intelectual. Estas inquietudes, la condición humana, el horror de la vida, el arte como vía de aproximación a la naturaleza real de la vida, a lo dramático del ser humano, es lo que cuento. El arte como explicación de lo que somos»."
  • «Durante siglos hemos sido mal educados, no me refiero sólo en las maneras, en todo. Y un país con una mala educación no tiene posibilidades. España es un país sin educación y sin posibilidad de tenerla. Esa educación de verdad, de cultura, historia, conocimiento y sentido mítico de la vida, no la tenemos. Es un país que se cabrea, pero que no hace un análisis crítico de su indignación. Tienes gente furiosa, pero cuando le das la posibilidad de razonar, no tiene la formación para racionalizar, para hacer constructivo todo ese cabreo. Son cabreos estériles. Si fuera un pueblo preparado, le serviría para evolucionar. ¿Quieres que sea optimista con este panorama? No puedo».
  • «Y éste es el caso, porque el bloguero -joven, sin duda-, mencionando de pasada y en tono afectuoso una novela mía, la última, apuntaba a modo de elogio: “En el trabajo de documentación, se nota que Pérez-Reverte sabe moverse muy bien por Wikipedia”. La frase es simpática, y no puedes menos que agradecer la buena intención. La amistosa ingenuidad. Luego echas un vistazo a las otras entradas del blog, consultas la escueta biografía del autor, confirmas su juventud y atas cabos, lo que te lleva a una conclusión inevitable y en cierto modo triste, no sobre ese bloguero en particular, sino sobre cierta manera cada vez más frecuente de abordar el asunto; sobre la idea que poco a poco se va asentando en las nuevas generaciones de lo que es documentar algo; sobre cómo y por dónde acceder a los conocimientos que actuarán como mecanismos de comprensión y análisis a la hora de plantearse un artefacto narrativo, una mirada histórica, un hecho cultural o intelectual. Lo estremecedoramente fácil que resulta, hoy, contentarse con una mirada superficial, con un resumen apresurado hecho por desconocidos, con simples referencias no siempre contrastadas, no siempre rigurosas, no siempre minuciosas, no siempre fiables. Carentes de la autoridad que el tiempo y el rigor, los autores de prestigio y el aplauso de lectores cualificados, dan a las grandes e imprescindibles obras».

De su columna Patente de corso según fecha de aparición[editar]

  • «Cuando hace años murió alguien muy cercano y querido para mí, en el momento de bajarlo a la tumba alguien, entre sus amigos, comentó: «Era un hombre honrado y un caballero». Y qué quieren que les diga. Me pareció el mejor epitafio que un hombre puede desear para sí mismo, pero temo que nadie dirá eso en mi funeral. No porque pueda o no pueda serlo, que ése es asunto mío y no viene al caso; sino porque dudo que alguien aprecie todavía el valor de esas palabras. Ahora, honrado es sinónimo de tonto, y en la puerta de los servicios de los bares llaman señora y caballero a cualquiera».
  • «De cualquier modo, el sistema tiene un grave inconveniente: necesita hacer a la derecha culpable de lo que se pretende destruir. Por eso al partido en el gobierno no le preocupa que, de paso, toda la memoria histórica, toda la cultura, todo cuanto es patrimonio común y vertebra la unidad nacional de la verdadera nación, la española, se vaya a mamarla a Parla. Son daños colaterales. El precio a pagar, argumentan los gánsteres que se frotan las manos dispuestos a beneficiarse de la subasta. Y mientras, los aprendices de brujo, enredados en un cóctel de probetas y líquidos de cuyos efectos no tienen la menor idea –entre otras cosas porque no han leído un libro de Historia en su puta vida–, proponen sustituir quinientos años de unidad y otros dos mil quinientos de memoria bíblica, grecolatina, árabe, mediterránea y europea, la España perfectamente definida y real, por una cultureta descafeinada y mierdecilla, por lo socialmente correcto que permite arañar votos de buen rollito, por la soplapollez de diseño que tanto llena la boca, en foros multiculturales y otras demagogias, a tanto ministro y a tanta ministra».
  • «Síntomas de la sucia España de toda la vida, enferma de sí misma; la del rencor y la envidia cobarde; la del por qué él y yo no; la que desprecia cuanto ignora y odia cuanto envidia; la que retorna pidiendo cerillas y haces de leña, exigiendo cunetas y paredones donde ajustar cuentas; la que sólo se calma cuando le meten dinero en el bolsillo o ve pasar el cadáver del vecino de quien codicia la casa, el coche, la mujer, la hacienda. Al observar el comedero de cerdos en que, con la complicidad ciudadana, nuestra infame clase política ha convertido treinta años de democracia bien establecida, se comprenden muchos momentos terribles de nuestra historia. [...] Si retrocediéramos en el tiempo y nos dieran un Máuser, un despacho de Gobernación, una toga de juez en juicio sumarísimo, llenaríamos de nuevo los cementerios.[...] El problema somos nosotros: la vieja, triste y ruin España».
  • «Uno puede desayunarse cada mañana viendo en los periódicos y la tele cómo gudaris y otros paladines catalaúnicos, celtas, euskaldunes, andalusíes o de donde sean, incluso cretinos bocazas peinados de través como el coqueto y casposo Iñaki Anasagasti, meten el dedo, removiéndolo, en cuanto ojo encuentran a mano, con tal de joder un poquito más, o se limpian las babas con cualquier bandera que no sea la de su parcelita. Pero que a los demás no se nos ocurra, por Dios, hablar de Historia, ni de España, ni de nada, ni siquiera en términos generales, que no coincida exactamente con lo expuesto en el escaparate de su negocio. Hasta ahí podíamos llegar».
  • «Llámenla como quieran: Religión, Historia de la Religión, Historia religiosa de España, o de Europa. No sólo me alegro de que la estudien en los colegios, sino que, en mi opinión, debería ser obligatoria en todo plan escolar. Pero no como asignatura relacionada con la moral católica, ni la espiritualidad. El pecado, la salvación del alma y otros territorios adyacentes son cosa de cada familia, o del chico mismo, si tiene edad para elegir. Del interesado en el asunto. Allá cada cual con sus dioses y sus cíclopes. Yo hablo de equipaje lúcido. De cultura».
  • «La generación engañada por el espejismo y la irresponsabilidad de quienes pudieron hacer un país culto, trabajador y decente, y no lo hicieron. De quienes, respaldados en las urnas por ilusiones y sueños de futuro, tenían la obligación de encauzar esto y no supieron, o les importó una mierda; y ahora siguen ahí, impasibles, cobrando el sueldo del partido, trincando los favores hechos a compadres. Sin que nadie les diga fue por tu culpa, cabrón. Sin que nadie, al cruzárselos cuando salen del restaurante de lujo o de dar conferencias, con esa cara de cerdos que les han puesto los años, la pasta, el estatus y el coche con chófer que nunca perdieron, les parta la cara».
  • «Sus víctimas se fueron, eso es todo. Sin hacer ruido, como digo. Fueron cuarenta en clase del instituto y doscientos en el aula de la facultad, y todo para conseguir un título universitario que a nadie importa un carajo. Que nadie les dijo que no sacaran. Los sentenciaron a la cola del paro y les preguntaron mil veces, cuando eran mujeres, si estaban embarazadas o tenían hijos, en grotescos simulacros de entrevistas de trabajo. Por su edad les habría correspondido agachar la cabeza, aceptar mil euros al mes, cerrar la boca, poner el culo -o el coño- y desangrarse con la hipoteca del piso y las letras del coche, como todo cristo. Tragar y sobrevivir once meses soñando con el duodécimo de vacaciones baratas en Cancún. Se trataba de eso, o de tener el coraje, la desesperación, de organizarse con sus iguales para incendiar esta España de mierda. Para conseguir, al menos, que los culpables tuviesen miedo o lo pagasen caro. Pero eso resulta más fácil escribirlo que hacerlo; así que optaron por lo razonable: largarse de aquí. Alejarse, sacudiendo de los zapatos el polvo de este paraje ingrato, envidioso y miserable, históricamente enfermo. De esta ruin madrastra y sus turbios, desvergonzados, impunes secuaces.»
  • «Todo cristo se ha puesto contestador automático en el móvil, en vez de la antigua señal de comunicando sale un buzón de voz, y ahora llamamos cinco veces a quien antes llamábamos una. Coches que antes se reparaban con una llave inglesa quedan bloqueados y ni gira el volante al menor fallo electrónico. O nos vemos sin teléfono, sin ordenador portátil, sin tableta electrónica o sin lo que sea, porque se escachifolla el cargador y la tienda de repuestos no abre hasta mañana. O no hay tienda. Yo mismo, el idiota al que mejor conozco, dependo cada día de que haya electricidad para que funcionen el teclado y la pantalla con que me gano la vida. De nada me sirve haber tenido la precaución de conservar dos viejas Olivetti, por si acaso, si ya no venden en ningún sitio las cintas de máquina de escribir que las alimentan»."
  • «He dicho alguna vez que, en mi opinión, un tonto es mucho más peligroso que un malvado. Las consecuencias suelen ser peores, a la larga. Incluso a la corta. Y mientras al malvado, si es medianamente listo, se le puede convencer, incluso, de la utilidad de portarse bien, y hasta es posible obtener enseñanzas prácticas de sus maldades y consecuencias, el tonto ni se deja convencer, ni convence, ni hay nada en él de aprovechable, excepto la confirmación, una vez más, de la ilimitada capacidad de estupidez que caracteriza al género humano».
  • «Los hoteles que yo quería eran de otra clase: se llamaban Continental de Saigón, Aletti de Argel, Commodore de Beirut, tenían muros picados de metralla y ventanas rotas, aparecían en Paris Match y en los telediarios, y eran frecuentados por reporteros -Jean Lartéguy, Oriana Fallaci, Pierre Schoendoerfer- cuyas vidas yo deseaba compartir. Hasta que al fin lo hice; y también, mochila al hombro, fui habitual de esos hoteles desde principios de los años 70. Sus terrazas no eran las del Negresco, el Danieli o el Vittoria; pero desde ellas vi a críos de quince años recibir con lanzagranadas a los Merkava israelíes en la carretera de Tiro; vi el cielo de Kuwait negro de humo de petróleo en llamas; bailé un bolero con una cantante chadiana a cincuenta pasos de la orilla de un río llena de cadáveres recién ejecutados; y, cómodamente sentado después de una buena cena, vi arder Dubrovnik con el rojo de los incendios reflejándose en los cubitos de hielo que tintineaban en mi copa».
  • «Quien pretende aplicar maneras medievales de entender la vida, mientras se beneficia de un sistema de derechos y libertades que a otros costó siglos de dura lucha conseguir, no tiene derecho a imponer su voz ni a reclamar respeto. La Europa moderna tragó dolor y sangre para librarse de púlpitos, velos, gentes de un solo y sagrado libro, pasos de la oca y fanatismos de todas clases. Somos demasiado mayores, ya, para que vengan otra vez a taparnos el escote o las ideas. Así que la solución es muy simple, Manolo, Mohamed o como te llames. Si no estás dispuesto a asumir nuestras reglas, chaval, si esto te ofende, coges un avión y te vas al desierto de Arabia, o del Sáhara».
  • «Lo vi despedirse en diferentes lugares [a Héctor de Troya despedirse de Andrómaca, con rostros y nombres distintos, aunque siempre era la misma escena. La primera vez que fui consciente de eso fue en Chipre en 1974, cuando abrí la ventana de mi hotel en Nicosia y vi el cielo lleno de paracaidistas turcos. Bajé a la calle con mis cámaras colgadas del cuello, y por el camino me crucé con docenas de hombres despidiéndose de sus mujeres e hijos para acudir al combate: griegos morenos, bigotudos, que con el rostro desencajado abrazaban a sus familias y corrían luego en grupos, vecinos, parientes y amigos, hacia los centros de reclutamiento».

De sus libros[editar]

  • «España, el sur, la vieja cultura de la Europa mediterránea, sólo podían intuirse desde lugares como aquél. Sevilla era una superposición de historias, de vínculos imposibles de explicar unos sin otros. Rosario de tiempo, y sangre, y rezos en lenguas diferentes bajo un cielo azul y un sol sabio que todo lo igualaban en el transcurso de los siglos. Piedras supervivientes a las que aún era posible oír hablar. Bastaba olvidarse un momento de las cámaras de vídeo, las postales, los autocares cargados de turistas y jovencitas impertinentes, y acercar el oído a ellas, escuchando».
  • «Rostros donde se insinúe le crimen, aunque su experiencia le hace concluir que no hay rasgo exterior que distinga a un malvado; puesto que la atrocidad, la cometida en las muchachas o cualquier otra, se encuentra a mano del primero que pase. No se trata de que este mundo esté lleno de inocentes, sino de lo contrario: está poblado por individuos capaces, todos ellos, de lo peor».
    • Fuente: El asedio Capítulo 4. Arturo Pérez-Reverte. Editorial Penguin Random House Grupo Editorial España, 2011. ISBN 9788420492407.
  • «Hay veces que uno llega a avergonzarse de ser hombre».
    • Fuente: El asedio Capítulo 11. Arturo Pérez-Reverte. Editorial Penguin Random House Grupo Editorial España, 2011. ISBN 9788420492407.
  • «Las lágrimas se guardan para los entierros, y la vida hay que buscarla allí donde lo dejan a uno. En una casa buena de Cádiz, o en el infierno. Donde sea. Donde se pueda».
    • Fuente: El asedio Capítulo 12. Arturo Pérez-Reverte. Editorial Penguin Random House Grupo Editorial España, 2011. ISBN 9788420492407.
  • «Para un reportero en una guerra, territorio comanche es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, mientras escuchas el ruido de sus pasos sobre los cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas, y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando».
    • Fuente: Territorio comanche. Arturo Pérez-Reverte. Editorial Penguin Random House Grupo Editorial España, 2013. ISBN 9788420493664.

Sobre América Latina[editar]

  • «Una vez, en México un periodista mexicano me preguntó si no tenía “remordimientos por ser español y genocida”.“Ustedes vinieron a América a violar a mujeres y destruir nuestra civilización”,argumentó. Le pregunté cómo se apellidaba. Dijo que Sánchez. Le respondí que mis abuelos nunca fueron a América: “El que por lo visto sí vino fue el abuelo de usted –dije-. Aquel señor Sánchez”. “Pídale cuentas a su abuelo el genocida, no a mí –añadí-. Mis abuelos se quedaron en España, y de mi familia yo soy el primero que vengo”. Cada 12 de octubre, cuando los desinformados y los tontos empiezan con la copla genocida, me acuerdo del abuelo del señor Sánchez».
  • «Yo quería remarcar en Ojos azules la brutalidad. Esa América nueva nace de la brutalidad. Esos españoles fueron a lo que fueron: por el oro y por las indias. Pero sin quererlo ni pretenderlo, en ese episodio brutal, terrible, cruel y sangriento que fue la conquista de América, por ambas partes, se gestó algo nuevo. En ese vislumbrar la modernidad por algunos indios, como los tlaxcaltecas, que decidieron que el futuro y la modernidad eran los españoles y lucharon a su lado siéndoles fieles, incluso en esa noche trágica. En ese mundo tan confuso y apasionante, en ese amanecer de un mundo nuevo se produce un mestizaje».
  • «No he escrito sobre Cortés, pero es de esa gente que cambia la historia, que independientemente de la moral y la ética –pues aquí no he venido a hablar de eso ni de ONG ni de derechos humanos–, Cortés es un personaje apasionante; su habilidad diplomática, su valor personal, su conocimiento del soldado y de la camaradería, pues los soldados a sus órdenes eran gente muy difícil de manejar. Así que conducirla era una gesta admirable. Por eso Cortés me parece, sin duda, el personaje más importante de la historia de América».
  • « Fue hecha por abogados, jóvenes, hijos que habían viajado, con cultura, por clérigos ilustrados, militares y aristócratas. Pero no es una Constitución hecha por el pueblo, el pueblo siempre estuvo lejos de eso.
    El pueblo fue el pretexto, el gran argumento que pusieron unos y otros para imponer sus tesis políticas. Y a América le pasó lo mismo, en América la independencia no fue del pueblo, y cuando dicen eso mienten como bellacos».
  • «Mi opinión puede resumirse si digo que, ahora que viene el Bicentenario de la Independencia Americana, creo que hay poco que celebrar allí. Aquella independencia nunca fue de los pobres ni los explotados, que siguieron siéndolo y lo siguen siendo todavía, sino de las clases criollas dirigentes que se separaron de la metrópoli para no pagar impuestos y regir sus propios destinos. El pueblo sólo fue carne de cañón, pretexto para los demagogos, y no hizo sino cambiar de amos».
    • Fuente: Encuentro digital en elmundo.es, 24 de marzo de 2010.
    • Nota: Respuesta a qué opinión tiene usted de la problemática política que sacude media América Latina.

Referencias[editar]

  1. Nuñez Jaime, Víctor. Pérez-Reverte contra el olvido, diario El País de 18 de noviembre de 2015.
  2. 2,0 2,1 Cada vez tienen más sitio los idiotas. El Mundo, 23 de noviembre de 2012.

Véase también[editar]