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Usuario discusión:KatLeex3

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The blessed: Las bendecidas

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The blessed es la trilogía escrita por Tonya Hurley, la misma autora de Ghostgirl. El lanzamiento de su segunta entrega esta provista para el 7 de Junio de 2014, y llevara por nombre Passionaries

The blessed

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  • —Otro cuerpo que sobrevive a la mente. (Doctor)


  • —¿Sabes dónde estás? —continuó la enfermera—.
 —En el infierno —contestó. Levantó la mirada hacia el crucifijo
situado sobre la puerta y reconsideró su respuesta—. 

En el hospital. (Cece)


  • —Tío, eres un ángel. (Cece)
 —No, soy médico. Solo curo cuerpos heridos. (Doctor)


  • —Pero ¿Esto qué es, la noche joven o qué? —preguntó el doctor Moss
de forma retórica mientras preparaba la dosis de carbón vía oral—. 
 —No, solo un sábado por la noche en Brooklyn —respondió la
enfermera—. Los ataques de corazón son los lunes...


  • —¿Te dedicas a la música? (Sebastián)
 —Eso fue lo que les dije a mis padres cuando me largué (Cece)
 —Todo el mundo huye de algo o persigue algo. (Sebastián)
 —Y bien, entonces —dijo ella con una cierta sensación de camaradería—.¿En qué dirección vas tú? (Cece)
 —En ambas, supongo. (Sebastián) 
 —Al menos tenemos algo en común. (Cece)
 —Al menos. (Sebastián)


  • —No tienes pinta de chupasangre, traficante de órganos, ni ladrón de cadáveres... —dijo ella—. ¿Eres uno de esos que van buscando chicas malas por los hospitales? (Cece)


  • —¿Estás buscando a alguien, o es que alguien te está buscando a ti? (Cece)


  • "Algo hubo en su voz que a ella le sonó como una afirmación literal. Le creyó. Aquella había sido la conversación más sincera que había mantenido con un chico en toda su vida. Y era un absoluto desconocido. Pero era alguien con mucho equipaje. Como ella"
  • —Espera —susurró Cecilia con voz quebrada a su espalda, mostrándole la muñeca adornada con la pulsera—. ¿Qué es esto?
 —Algo a lo que aferrarte. (Sebastián)


  • —Estoy segura de que ya le han dicho esto antes, pero... —farfulló Agnes—.
 —Pero usted no está loca —la interrumpió él para terminar su frase con total naturalidad y sin levantar la vista hacia ella siquiera. (Doctor Frey)


  • —Quiere dirigir mi vida porque odia la suya —explotó Agnes—.
  • —¿Qué había de malo en él? (Doctor Frey)
 —Todo, al parecer. Ni siquiera merece la pena hablar de ello. (Agnes)
 —Pero ¿sí merece que se suicide por él? —tanteó el doctor frey—. ¿Está enfadada porque no funcionase, o porque su madre pudiese haber acertado? 
 —Pues tal vez ambas cosas. Pero yo creo en el amor (Agnes)
 —¿Se sintió presionada en lo relativo al sexo? (Doctor Frey)
 —No le he hablado de sexo. He hablado de amor. Amor verdadero. 
 —¿Le parece que eso podría ser demasiado idealista a su edad? (Doctor Frey)
 —¿Que edad tenía Julieta? —contraatacó ella—.
 —Eso es solo ficción, Agnes. Fantasía. Y mire cómo acabó. (Doctor Frey)
 —Sin sueños, doctor, solo quedan las pesadillas. (Agnes)


  • —No. De manera que está diciendo que somos como cualquier máquina, el motor de un coche o un ordenador, que se rompe por las buenas —vio una sonrisa irónica en el rostro del psiquiatra—. ¿Es eso lo que piensa? (Agnes)
 —Sí. (Doctor Frey)
 —No es muy romántico. (Agnes)
 —No —contestó él—. Pero es honesto.


  • —Tíos...No puedes vivir con ellos ni te puedes morir por ellos. (Hazel)


  • —¿Sabes lo que te digo? Que esta mierda es como beber veneno —dijo Cecilia mientras apartaba de un puntapié varias agujas para llegar hasta él—.
 —No, reina de la Noche. La ira es como beber veneno. (Bill)
 —Y esperar que quien muera sea el otro. (Cece)
 —A mi, esa parte me recuerda más a los celos. (Bill)
 —Eres un hombre inteligente —le dijo conforme iba quitándole el envoltorio al bocadillo para asegurarse de que Bill comiese algo. 
 —No soy más que un yonqui con una máquina de escribir. (Bill)
 —Muy bien, entonces, eres un tío peligroso. (Cece)


  • —Dios mío, ¿Cuándo legalizarán el asesinato con fines terapeuticos? —se dijo Cecilia en voz alta y elevando la mirada a los cielos—.


  • —Yo solo estaba buscando una salida —soltó Lucy—. Ese es el verdadero motivo por el que estoy aqui.
 —Entiendo que para esconderte —dijo Cece—.
 —¿Y quién no? —coincidió Agnes—. Aunque existen otros sitios para desaparecer. 


  • —La majestuosidad, los rituales, la historia, el arte. Hay mucho en ello que está bien. —prosiguió Cece—. Lo entiendo. Pero me resulta difícil creer en algo que no puedo percibir con los sentidos.


  • —Y aquí estamos: un okupa, una que se ha fugado de casa, otra que dejó el instituto, y una suicida en potencia. ¿Cuatro pecadores en una iglesia enorme y ninguno de nosotros sabe por qué? —resumió Lucy—. ¿Es así, sin más?


  • —¿Es que perdiste la fé o algo así? (Agnes)
 —No, creo que tal vez otra gente perdiera la suya. (Sebastián)
  • —Odio el potencial desperdiciado. Es listo, interesante, guapísimo. Puede llegar donde quiera —dijo Lucy—.
 —No todo el mundo quiere lo mismo que tú. Quizá él tenga otros planes para su propio futuro. Cosas mejores que colgar su foto en el periódico o en la web de algún bloguero. (Cece)


  • —El amor no está hecho para mi. (Cece)
 —Porque el amor nunca se ha hecho en ti. (Sebastián)


  • —La elección es tuya.
 —El amor nunca es una elección ¿No crees?


  • —Ella piensa que soy débil porque creo en el verdadero amor. Como si el mundo me fuese a triturar o algo parecido. (Agnes)
 —No creo que haya nada más poderoso. si puedes cambiar la forma de sentir, puedes cambiar la forma de pensar. (Sebastián)


  • —No puedo abrirla —dijo Agnes, frustrada aunque sin perder la determinación—. Aún.
 —Vuelve a intentarlo más adelante.
 —¿Cuándo?
 —Cuando estés preparada.
 —Buen consejo para abrir tanto puertas como corazones —dijo Agnes—.
  • —Podría decirse que hay belleza en el sufrimiento —dijo Agnes casi con nostalgia, dirigiendo la atención sin pretenderlo hacia sus heridas autoinfligidas—. Y en el sacrificio.


  • —Agnes, ¿En qué estabas pensando? (Martha)
 —No estaba pensando. Estabba sintiendo —Aquella no era una respuesta válidad, pero sí la más honesta que podía ofrecer.(Agnes)


  • "Nunca sabes cuándo llegará el final, o el principio."


  • —Sé tu misma. (Cece)
 —Confía en ti misma. (Agnes)
 —Sálvate tú misma. (Lucy)
 —Tenéis que hacerlo antes de poder salvar a nadie. O amar a nadie más. (Sebastián)


  • —Yo te creo —dijo Lucy—.
 —No me creas —dijo Sebastián—. Ten fe
 —¿Cuales es la diferencia? —preguntó Agnes—.
 —Un niño cree. En la magia. En las hadas. En monstruos. La fe es conocimiento. Certeza. Sin ella, fracasamos. 


  • —Yo creo en el amor —dijo Agnes—.
 —El amor no es más que la fe que pones en otra persona. (Sebastián)
 —Entonces, yo tengo fe en ti —dijo Agnes—. 


  • —De manera que, si te creemos, ¿Entonces moriremos? —le gritó Agnes—.
 —No, si me creéis, no moriréis nunca. (Sebastián)