Ir al contenido

Usuario:Velia

De Wikiquote, la colección libre de citas y frases célebres.

CAMINO DEL CALVARIO . (Fragmento)

“Y después de aquella noche hicieron otras cosas terribles contra Jesús, la madrugada del Viernes fueron a entregárselo al gobernador Pilatos para crucificarle”(Actas de Pilatos)

…Y la noche cae, las tres cruces parecen más grandes, ya es Viernes, son las doce pasadas y despedimos el Jueves mientras regresamos a nuestras casas, pasando antes por la parroquia de Santa Ana para hacer un rato de Vigilia. Papá y mamá duermen, no los voy a ver ya hasta el Sábado porque en este día de Pasión cada cual lleva su camino, mi hermano llega poco después que yo y hacemos parada en la cocina antes de ir a la cama un poco repasando lo que vamos a hacer cada cual. La rutina de cada noche se convierte hoy en un ritual: dejar preparada la ropa, parte del desayuno, y ¡varios despertadores! aún sabiendo que no los voy a necesitar, pues al igual que le ocurrió a San Pedro, la noche será de duermevela. De pequeña era espectadora en un balcón privilegiado: la curva del estanco, la calle en su parte más angosta, la anteplaza y los arcos del Ayuntamiento, y dos críos en pijama, arrebujados, juntitos, dejando sólo a la vista el pelo liso y los ojos oscuros de mi primo, mis rizos alborotados y rebeldes y mis ojos verdes que ya eran tristes y melancólicos. Dos impacientes enanos de cinco y seis años que observaban atónitos y asombrados la representación de un reo llevado a su final. Eran mañanitas en las que la Procesión enfilaba Alfonso VIII hacia las ocho y media con luz aún de amanecida. Era pronto para entender la magnitud del Viernes pero ya había algo flotando que nos impresionaba.

Años de juventud madrugando, saliendo de casa a las cuatro y media de la mañana, bebiendo a tragos cada minuto de ese día hasta acabar embriagadas de Pasión. Después llegó lo más preciado, mi mayor logro en la vida: mi hijo. Hoy no puedo dormir, ha cantado el gallo y te he negado demasiadas veces. Ya no puedo salir a vivir las primeras horas en la calle, pero yo, conquense, nazarena, semanasantera, sigo sintiendo la llamada: eso que llevo dentro hace que me levante antes de las cinco, abra una ventana del salón y, con un café en la mano, espere el sonido del portón de El Salvador. Estoy lejos, pero yo lo oigo, mi corazón lo oye, en mi ser se clava el retumbar de la Turba colérica e inmisericorde, percibo la inquietud y la impaciencia de los banceros y hermanos del Jesús, de mi San Juan… y quisiera penetrar en el cuerpo de cualquiera de vosotros, hermanos banceros, para saber qué se os mueve por dentro. Imagino a ese JESÚS-Hombre tragando saliva, rogando al Padre que le dé fuerza para este último tramo, en su particular y multitudinario corredor de la Muerte. Los ojos del alma ven asomar el Guión del Jesús, oigo perfectamente las palabras de los capataces “¡a brazo, arriba con Él!”; y La Verónica…, y San Juan…, el más querido, el preferido, el hermano, se eleva. Tras él, el Encuentro y de nuevo, una Madre doliente.