Leopoldo Alas, Clarín

De Wikiquote, la colección libre de citas y frases célebres.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Leopoldo Alas, Clarín

Véase también
Wikipedia-logo.png Biografía en Wikipedia.
Commons-logo.svg Multimedia en Wikimedia Commons.
Wikisource-logo.svg Obras en Wikisource.
Esta página contiene citas de una persona fallecida hace 119 años.
Icon PD.svg

Leopoldo Alas, Clarín (Zamora, 25 de abril de 1852-Oviedo, 13 de junio de 1901) fue un escritor y jurista español.

Citas[editar]

  • «El eclecticismo de Balmes es originariamente infecundo, ya que sueña con alianzas imposibles entre sus creencias y las corrientes del siglo».[1]
  • «No puede Vd. figurarse lo que fortifica mi ánimo que hombres como Vd., Pereda, Campoamor, Emilia Pardo, Valera, Echegaray, Menéndez Pelayo, González Serrano y otros pocos aprecien en algo mi opinión; esto me anima para despreciar los desprecios de Imparciales [alusión al diario El Imparcial, no siempre favorable a Clarín] y demás gente menuda (algunos, falsos amigos) que no transigen conmigo porque no quiero ser de esa pandilla».[3]
    • Carta a Galdós
    • Fuente: Soledad Ortega, «Cartas a Galdós», Revista de Occidente, pág. 215. Madrid, 1964.[3]
  • «No sé quién es un señor Martínez Ruiz que escribe artículos de costumbres en El País, pero quien quiera que sea tengo el gusto de decirle que, en mi humilde opinión, si publica muchos trabajos como el titulado Mi crítico, acabará por merecer que se vea en él una de las pocas esperanzas de la literatura satírica. El final de su semblanza es un rasgo de verdadero ingenio; y lo que se lee entre líneas en todo el artículo demuestra que Martínez Ruiz tiene más enjundia literaria que muchos afamados escritores festivos que hacen alarde de no tener pizca de sustancia».[3]
    • La Saeta (3-XII-I897)[3]
  • «Yo era entonces un idealista de cátedra».[1]
    • Nota: Recordando las ilusiones con que llegó a Madrid.

Citas por obras[editar]

La Regenta (1887)[editar]

Página principal: La Regenta

Paliques[editar]

  • «Aquí [en España] lo malo prospera, sube, florece, ahoga lo bueno, lo acoquina si se le deja. ¡Qué de famas irritantes, de escritores hueros, necios, vulgarísimos no ha habido que combatir como quien apaga un incendio, durante estos 20 años!».[4]
  • «La buena crianza nos exige que no hablemos a las personas de lo que no entienden, de lo que no les interesa; que no aburramos al prójimo con las preocupaciones de nuestro egoísmo haciéndole prestar atención a nuestras gracias, aventuras y milagros. La buena crianza pide también que no escandalicemos a quien nos oye con desvergüenzas, blasfemias, chistes demasiado verdes, etc., etc. La buena crianza pide que no demos latas a nadie (usando una palabra que me disgusta, pero hoy muy corriente)».[5]
  • «¡Qué pedante y qué ignorante, todo junto, es D. Antonio [Cánovas del Castillo]! [...] Y basta... Cualquier persona de mediana cultura llega a sentir hasta náuseas ante el tristísimo espectáculo que dan tantos majaderos españoles empeñándose en que veamos un sabio de ley en el hombre que ha demostrado en todos y cada uno de sus discursos que su sabiduría se reduce a la vana vielwisserei (non multum, sed multa) que tantos estragos causa entre los bachilleres; en el hombre que no abre la boca sin que diga un desatino, y que si habla en latín dice cuatro desatinos en cada palabra».[6]
  • «Yo (...) tengo contra mí la prensa neocatólica, la prensa académica, la prensa librepensadora de escalera abajo, parte de la juventud ultrarreformista, la crítica teatral gacetillera... y en cambio tengo los cajones de mi mesa llenos de cartas cariñosas de ilustres académicos, de grandes novelistas, críticos y poetas... pero todo ello manuscrito».[3]
    • Fuente: Pág. XXV.

Solos de Clarín (1881)[editar]

Página principal: Solos de Clarín

Citas sobre Clarín y sus obras[editar]

  • «[Clarín] espoleaba al viejo corcel castellano con los pinchos de su ingenio y lograba sacarle de su andadura matalona,[7] y conseguía el milagro de hacer pensar en cosas espirituales a los boticarios de los lugares y a los aduaneros de las costas».[3]
  • «[Leopoldo Alas es] muy versado en literaturas antiguas y modernas, modernas sobre todo, sagaz en muchas apreciaciones, profundo en no pocas e ingenioso en todas. Téngolo, además, por gran conocedor del lenguaje castellano... muchos de los artículos de Clarín son análogos a la famosa Premática de Quevedo, Contra los poetas güeros, chirles y hebenes».[3]
  • «En Madrid, más de una vez he oído hablar de usted y en casi todas las conversaciones se transparentaba que se le temía o se le admiraba, rara vez se le quería... si una vez lograse usted despojarse del hombre que tantos enemigos le ha creado y entre tantos admiradores tan pocos simpatizadores (...)».[3]
    • Unamuno
    • Fuente: Carta del 9 de mayo de 1900
  • «[Leopoldo Alas tenía] ingenio sutil y mordaz, cultura extraordinaria, originalidad de estilo... [uno de los] más sagaces, más hospitalarios, más comprensivos y de más refinado gusto... [de nuestras letras-, que alguna vez, sin embargo, frente a determinados escritores de nombradía se mostró poco explícito y demasiadamente respetuoso ya que] por razones mesológicas y de economía doméstica, como me dijo en una carta, no podía decir todo lo que pensaba de ciertos autores».[3]
  • «Mi amistad con Alas empezó en 1886, con motivo de publicarse en una revista de Barcelona (La Ilustración Ibérica) mi primer libro titulado El realismo y la literatura contemporánea. Alas colaboraba en la dicha Ilustración y leyó mis capítulos. De ahí que preguntase al director de aquélla, quién era yo; con la particularidad de que mi firma le parecía ser un pseudónimo. El director le disuadió de esa hipótesis y me envió a mí la carta de Alas. Yo estaba ya en Madrid, y trabajaba para ser Doctor en Derecho con profesores como Giner de los Ríos, Azcárate y otros. Escribí a don Leopoldo contándole mi situación, mis aficiones y la vocación que me apuntaba de entrar en el profesorado. Me contestó en seguida; y he ahí cómo se originaron nuestra amistad y nuestra correspondencia».[3]
  • «Para él, un poeta ripioso era un enemigo jurado... [y] ... la sosería literaria, el galicismo, los defectos sintácticos deberían estar castigados en el código penal».
  • «¿Quién no ha oído su clarín de guerra, ya en son de batalla, ya entonando marcha triunfal? ¿Quién no sabe que D. Leopoldo Alas es escritor a la vez elegante y profundo, ya severo y preciso, ya agudo y epigramático, y siempre de levantado pensamiento, amante de la ciencia y noble en sus propósitos? Nadie que circule por las plazas o callejuelas de la literatura moderna lo ignora, que en los sitios principales de la ciudad del arte se habrá encontrado con mi buen amigo (...)».[3]
  • «Se publicó entonces (segunda mitad de 1892) un cuento de Clarín, acaso el mejor de los suyos y quién sabe si el más hermoso de todos los escritos en lengua castellana. Me refiero al titulado «¡Adiós, Cordera!». Le insertaba El Liberal, y el mismo día en que vio la luz, algunas tertulias literarias de Madrid enviaron plácemes entusiastas al insigne asturiano. Estaba en su casa de Guimarán descansando de las tareas universitarias y defendiéndose contra las acometidas de la dolencia que a los pocos años lo arrancó de la vida para desventura del arte. ¡Cómo agradeció Leopoldo la manifestación que hicimos unos cuantos jóvenes para quienes no era estorbo de los propios afanes la fervorosa devoción a los altos merecimientos ajenos!».[3]

Citas por autor[editar]

Menéndez Pelayo[editar]

Página principal: Menéndez Pelayo
  • «[... en la novela Su único hijo] admiré de nuevo el talento y la penetración psicológica de su autor, si bien por ser yo más optimista que Vd. encontré la novela un poco dura y despiadada con las necedades y torpezas del pobre género humano, y excesivamente saturada de tristeza decadentista. Pero en medio de todo, bien se ve que al autor le queda mucha poesía en el alma y mucha fe en el ideal».[3]
    • Carta a Leopoldo Alas
  • «... su novela [Su único hijo] está escrita con muchísimo talento, pero es tan repugnante y tan antipático todo aquello, que me ha costado mucho acabar la lectura. No tiene la culpa él, sino el género que cultiva y los libros que habitualmente lee».[3]
    • Fuente: Carta a Juan Valera. Epistolario de Valera y Menéndez Pelayo, págs. 430 y 433

Referencias[editar]

  1. 1,0 1,1 Obras selectas: por Leopoldo Alas "Clarín". Leopoldo Alas. 2ª edición. Editorial Biblioteca Nueva, 1947, p. XVI.
  2. Iravedra, Araceli; Elena de Lorenzo Alvarez, Alvaro Ruiz de la Peña (eds.). Leopoldo Alas, un clásico contemporáneo (1901-2001): actas del congreso celebrado en Oviedo (12-16 de noviembre de 2001), Volumen 2, pp. 535, 747. Editorial Universidad de Oviedo, 2002. ISBN 9788483173374. En Google Libros. Consultado el 11 de noviembre de 2020.
  3. 3,00 3,01 3,02 3,03 3,04 3,05 3,06 3,07 3,08 3,09 3,10 3,11 3,12 3,13 3,14 3,15 3,16 3,17 3,18 3,19 3,20 3,21 3,22 3,23 3,24 3,25 3,26 Martínez Cachero, José María.«Atendido, respetado Clarín (en sus días y en España)». Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 11 de noviembre de 2020.
  4. Alas Clarín, Leopoldo. Palique. Editorial Biblioteca Cervantes Virtual, 2015. ISBN 9788415936480. En Google Libros. Consultado el 31 de marzo de 2019.
  5. Alas Clarín, Leopoldo. Palique. Editorial Biblioteca Cervantes Virtual, 2015. ISBN 9788415936480. En Google Libros. Consultado el 31 de marzo de 2019.
  6. Alas, Leopoldo (2015). Palique, sin página. Biblioteca Cervantes Virtual. ISBN 8415936486, 9788415936480. En Google Libros. Consultado el 11 de noviembre de 2020.
  7. Calvo, Mariano. «Navarro Ledesma, un talento malogrado». ABC. Consultado el 2 de octubre de 2019.

Bibliografía[editar]