Laura Méndez de Cuenca
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Laura Méndez de Cuenca (Hacienda de Tamariz, Ayapango, 18 de agosto de 1853 - Ciudad de México, 1 de noviembre de 1928), fue una maestra y poeta mexicana.
Citas
[editar | editar código]- «Repletos de desprecio por lo nacional y admiración por lo exótico, nos apresuramos a olvidar nuestra lengua, a transformar nuestras costumbres, asimilándonos las de otros, por más que éstas sean malas y nos cueste inmenso trabajo la asimilación. La escuela nos despatriotiza y desmoraliza con empeño aunque sin mala intención».[1]
En verso
[editar | editar código]- «Soñé que en el santuario donde te adora el alma,
era tu boca un nido de amores para mí».[2]
- «Ya se cerró la herida que te causó la vida; y tus ojos
que abiertos escrutaron ansiosos “adónde van los muertos”».[3]
Digresiones y tesis
[editar | editar código]- «..El kinder alemán es, a mi juicio, más ideal que delicado, más amoroso, propio para producir pensadores, artistas, poetas, madres y esposas, el americano no reza con el hogar ni con las bellas artes, el de México ha sido hasta aquí rutinario, falso, mal adaptado a nuestras necesidades, piedra fundamental de ese romanticismo que mina nuestra juventud y ese sentimentalismo mal sano que nos devora». [4]
- «En Estados Unidos las escuelas son propiedades al vacío que tienen que llenar. En el este se producen demócratas americanos, hombres de empuje y de empresa, pero cultos, generosos, humanitarios; en el sur la educación es algo aristócrata con tendencias esclavistas; los individuos de esa región son inquietos, levantiscos y mantienen latente el odio de razas y la insensata ambición de conquista de territorio».[4]
- «En su manía de apocamiento y denigración de todo lo que no es norteamericano, se pinta ante los niños con colores odiosos el imperialismo moscovita, la tiranía germana, la inmoralidad y prostitución francesas, la miseria y decadencia de Italia, la crueldad, ignorancia y fanatismo de España, la arrogancia de Inglaterra, la degradación de China y finalmente el salvajismo, insignificancia y presunción ridícula de América Latina medida con el mismo rasero de todas las tribus bárbaras que pueblan las islas del mundo...».[4]
- «Los maestros y sobre todo los inspectores son responsables de la desintegración de la escuela por la deficiencia pedagógica de que adolecen, pues cada cual enseña como su amor propio le da a entender y entre los inspectores existe total desacuerdo metodológico. Los más afectos a hacer papel e imponerse sobre el resto de sus compañeros escriben artículos y hasta tratados de pedagogía pero todo se reduce a teorías más o menos especulativas, sin que por saberse de memoria a éste o el otro autor sepan ellos poner en práctica ni una sola de las reglas de enseñanza de que abundan sus textos». [4]