Leopoldo Tamaral

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Leopoldo Tamaral
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Leopoldo Tamaral (n. Lima; 1902 - m. Sevilla, España; 1992) fue un médico homeópata y humanista iconoclasta peruano. Fue alumno de Jean-Paul Sartre en la Escuela Normal de París. Sus artículos satíricos en las revistas La burra sin leche (Lima, 1927) y La sanguijuela herida (Lima, 1928) le costaron la cárcel en varias ocasiones, y debió exiliarse a Francia durante la dictadura del presidente Augusto B. Leguía (1929).

Aforismos[editar]

  • Así en la literatura como en el sexo, líbranos Señor de todo mal. Amén.
  • Escribo aforismos y no textos largos por cortesía hacia el lector.
  • El placer de definir inaugurado por Adán perdura en nuestros días.
  • Cuando parcelaron el Edén y construyeron encima bonitos chalets, tuvieron que echar de los jardines a Adán y Eva porque se comían las manzanas de los árboles de los vecinos. A nuestros primeros abuelos desterrados no les quedó más alternativa que ganarse el sustento con sus manos: readmitidos como jardineros. Desde entonces, el derecho a la vida reposa en el derecho al trabajo.
  • La alarmante falta de sentido del humor de don Quijote, propia de todo buen loco, hace que sus actitudes muevan a risa.
  • La existencia de la locura me hace dudar de que exista el espíritu, a no ser que sea una enfermedad de fantasmas.
  • Me gustaría que me tradujeran porque así tendría la oportunidad de ver mis textos mejorados.
  • Mientras los ricos compiten por el petróleo, los pobres luchan por el agua.
  • Prefiero hombres libres y economías esclavas, que mercados libres y trabajadores esclavos.
  • Excepto con el dinero, las carencias nos enriquecen.
  • Cuanto más conozco a los demás, más deseo quererme a mí mismo.
  • Hay cosas que no admiten otra mirada (que la cínica).
  • La civilización del secretismo se caracteriza porque todos somos judíos con algo que ocultar. Lo peor es la terrible facilidad hispánica para pasar de perseguido a inquisidor.
  • En los países que tienen la mayoría de la población indígena en la indigencia es indecente defender ideas liberales.
  • Los pesimistas no podríamos resistir si no fuéramos tan optimistas.
  • No hay nada más triste que la "z" de tristeza.
  • La memoria ya sólo me alcanza para saber en qué libro, en qué estantería de la mente, se encuentra lo que busco.
  • Hace tiempo que no leo autores cuyo apellido empieza a partir de la letra S, debido a que suelen estar en las estanterías más bajas de las bibliotecas y mi espalda se resiste a agacharse. Por eso no leo a Shakespeare.
  • A veces uno se siente tan desesperanzado como si estuviera esperando el autobús en medio del desierto.
  • En literatura hay también dos Españas, la culteranista de Góngora y la auténtica de Quevedo.
  • La gran paradoja: si tienes amor, nada más te hace falta, pero si no lo tienes, todo lo que poseas te sobra.
  • Los que escribimos somos grandes mentirosos, pero siempre con la sinceridad por delante.
  • Uno puede ser siempre el tercero en discordia, pero no perder la esperanza de llegar algún día el primero.
  • La verdadera soledad es la que no se puede dejar de compartir.
  • Sólo las olas nos devuelven las imágenes perdidas, el horizonte nada sabe de nuestras profundidades.
  • La vida consiste en la minuciosa preparación de nuestro suicidio.
  • La vida es un viaje en un vagón desenganchado, viendo cómo se aleja el paisaje vertiginosamente.
  • La edad adulta empieza cuando se deja de imitar a los demás.
  • La melancolía es el recuerdo de la pasión perdida.
  • La naturaleza nos muestra su pacífico verde y esconde el rojo sangre para no herirnos.
  • La arquitectura, como el cuerpo humano, depende de sus moradores: si una casa está habitada por una persona seductora es un edificio hermoso.
  • Amo, luego existo. Tengo pasiones, luego soy mortal.
  • Tolerancia es lo que practica el más fuerte en las pausas entre dos agresiones a los más débiles.
  • La soledad es buena compañera, cuando es la única.
  • Cuando se es rico es fácil reírse de los demás, cuando se es pobre es fácil reírse de uno mismo.
  • No quisiera ser inmortal para no perderme lo que haya después de la muerte.
  • En contra de lo que pudieran opinar los clásicos no siempre el deseo de perfección se acerca a la belleza; he encontrado más belleza en los burdeles que en las iglesias.
  • El hombre es un simulacro de actor, su drama consiste en no saber a qué personaje representa.
  • Nadie es tan joven como para poder asegurar que al día siguiente seguirá vivo, o tan viejo como para pensar que al día siguiente estará muerto.
  • Los lapones tienen doscientas voces para describir el color blanco. Yo busco el pueblo que tenga el mismo número de vocablos para matizar el amor.
  • Hay gente que pasa por la vida como si fuera en avión.
  • Todo lo que he escrito está basado en malentendidos; y lo que he pensado, en la sorpresa.
  • La dignidad es soportarse a uno mismo sin ayuda de nadie.
  • El hombre tiene una sola edad que escoge libremente, para usarla el resto de su vida.
  • Lo ideal sería llegar a morirse gozando de plena salud.
  • Las catástrofes y las guerras son una desgracia para los pobres, y el mejor negocio para los ricos.
  • Si Dios existe es espantosamente cruel y no merece ser adorado.
  • De todos los dioses del Olimpo, el cristianismo ha escogido al más cruel y vengativo.
  • Los limeños arrastramos la neblina por el mundo como niños con un juguete transparente.
  • Los funambilistas saben que al alcanzar el punto de equilibrio es cuando tienen mayor peligro, un exceso de equilibrio es la causa de muchas caídas.
  • Ahora que me estoy quedando ciego empiezo a descubrir más claridades.
  • Mi apellido es una empalizada de letras, con una melancólica Z invisible en el medio.
  • El hombre es un animal extraño, donde lo dejen, se pone a construir fortalezas y galerías.
  • Es en lo inefable, en lo metaliterario, donde habitan los hombres.
  • Los hombres son dóciles y feroces, como las ocas.

Para poder alcanzar la cordura hay que amar con locura.

  • Si la vida es una película los que tenemos más de 90 años ya estamos saliendo del cine.
  • El llanto de un viejo es el llanto de un niño sabio.
  • Hay quien se representa la poesía como un todo. Yo en cambio soy como un pocero, la extraigo cubo a cubo con mucha dificultad y nunca estoy seguro de que esté suficientemente clara. (¿Y quien me cambió el viejo balde por el culto cubo?).
  • Mucho me temo que todos mis heterónimos escriben mejor que yo.
  • El silencio es una de las cosas que más nos hace amar a este mundo. Y el ruido despreciarlo. Sólo concibo la música como una modulación del silencio, lo demás es bulla.
  • A juzgar por las desgracias del mundo, creería antes en la existencia del Demonio que en la de Dios.
  • Hay que agradecerle a Mahoma que contra su prohibición de beber vino se haya escrito gran parte de la mejor poesía árabe.
  • No creer en ningún Dios me hizo libre.
  • La vida es muy simple, uno está aquí para reflexionar.
  • No se estudia para conocer el pasado sino para crear el futuro.
  • La inspiración es un instante de armonía en la desarmonía del mundo.
  • Peor que ser ciego en Granada es ser vidente en Eritrea.
  • Si Dios tuviera que valorar alguna virtud humana sería la capacidad de rebelarse contra la injusticia divina.
  • La belleza es aquello que nos produce emociones agradables. El placer es la belleza de los sentidos.
  • Fundamentalmente hay que ser fieles a las ideas y a las bibliotecas.
  • La amistad es la relación fría entre dos personas que han descubierto que pueden enriquecerse mutuamente. Un buen ejemplo sería el de dos socios de una empresa.
  • Todo en el mundo es aproximado. Nada es exacto, ni las matemáticas que consideran que el infinito tiene un valor determinado.
  • Cuando el hombre se organiza bien se convierte en hormiga.
  • Sin Dios el hombre adquiere su ínfima grandeza.


Bibliografía[editar]

  • De las casas que nos poseyeron y que fuimos abandonando. L. Tamaral, Lima, 1972.
  • Los cuentos de Edom. Antología Peliart. Strips Editores, S.A. Madrid, 1977.
  • Versos del oriental. L. Tamaral. Editorial El paisaje. Aranguren (Vizcaya), 1986.
  • Memorias de un putero. L. Tamaral. Sevilla, 1990.
  • La literatura peruana de Luis Alberto Sánchez (5 tomos). P.L. Villanueva, editor.

Referencias[editar]