Jorge Ibargüengoitia

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Jorge Ibargüengoitia
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Jorge Ibargüengoitia Antillón (Guanajuato, México, 1928 - † Mejorada del Campo, España, 1983) fue un escritor mexicano conocido por su fino sarcasmo y por su prosa que ridiculizaba a sus personajes.

Ganador del Premio Casa de las Américas en 1963 por su obra de teatro El atentado, y nuevamente el año siguiente por su novela Los relámpagos de agosto.

Citas[editar]

  • «¿Por dónde empezar? A nadie le importa en donde nací, ni quienes fueron mis padres, ni cuántos años estudié, ni por qué razón me nombraron Secretario Particular de la Presidencia, sin embargo, quiero dejar bien claro que no nací en un petate, como dice Artajo, ni mi madre fue prostituta, como han insinuado algunos, ni es verdad que nunca haya pisado la escuela, puesto que terminé la primaria hasta con elogios de los maestros; en cuanto al puesto de Secretario Particular de la Presidencia de la República, me lo ofrecieron en consideración de mis méritos personales, entre los cuales se cuentan mi refinada educación que siempre causa admiración y envidia, mi honradez a toda prueba, que en ocasiones llegó a acarrearme dificultades con la policía, mi inteligencia despierta, y sobre todo, mi simpatía personal, que para muchas personas envidiosas resulta insoportable».
    • Los relámpagos de agosto.
  • «Lo primero que aprende a hacer un niño mexicano al llegar a este mundo, es llorar para que se atienda a sus necesidades. Lo siguiente que aprende es a tocar el claxon del coche de su papá, con el mismo objeto. Y toca el claxon y toca más».
    • Instrucciones para vivir en México.
  • «Esa noche la soñé, con bigotes y oliendo a azufre. Le perdí el respeto.».
    • El episodio cinematográfico cuento de La ley de Herodes.
  • «El cine contiene enseñanzas tremendas. En el cine vi cómo Nobel inventó la dinamita –y cómo después, aterrado por los resultados, inventó el Premio Nobel–; cómo Monty Wolley trató de cobrar un seguro hundiendo un barco con una bomba casera. En el cine aprendí que era fácil abrir cajas fuertes, pero también, que el que la hace la paga. Toda esta cultura la absorbí sin ninguna dificultad en el cine Parisiana en donde aprendí más cosas que en los 18 años que pasé sentado en un pupitre frente a un maestro».
  • «En materia de lenguaje, el purismo es un engorro. Por una parte existe la idea de que el idioma español es un viejo vestido de novia que heredamos de nuestros antepasados y que estamos obligados a conservar incólume. Bueno, siguiendo con la metáfora, podemos decir que los vestidos de novia antiguos no sirven más que para ponérselos y verse como cadáver. Es mucho mejor recortarlos y hacer camisas de ellos que guardarlos entre naftalina».