Fabrizio Mejía Madrid

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Fabrizio Mejía Madrid (México DF, 1968), escritor mexicano, colaborador de las revistas Proceso, Letras Libres, Gatopardo, entre otras. Ha escrito los libros de crónicas "Pequeños actos de desobediencia civil" (Ed. Cal y Arena, 1996), "Entre las sábanas" (1995) y Salida de emergencia (Random House, 2007), etc. Ha ganaado además los premios Xavier Villaurrutia y "[[Antonin Artaud".

Citas[editar]

Pequeños Actos de Desobediencia Civil (1996)[editar]

  • La modernización siempre cuenta su propia historia como una cadena de sucesos que tienen un único fin: Un barco que evitó el naufragio a costa de la tripulación.
  • Así son los viejos: les complace pensar en la arbitrariedad como forma de los tiempos mejores.
  • La vida crece como un parásito de la memoria.


Tequila D.F., Ed. Mondadori, 2008, México[editar]

  • Así es la vida: hay quien se abstrae de ella con esperanza y hay quien lo hace con decepción.
  • Bueno, a una parte de nosotros, a un porcentaje el ADN lo goleó el otro ADN.
  • Sólo dos veces perdimos, pero a lo bestia: contra españoles perdimos un imperio, contra los gringos, la mitad de la república.
  • …sino a ese pasado juntos donde todo era como una mala película del Nuevo Cine Mexicano.
  • Todo lo bueno ya nos ocurrió. Todo lo malo también. Por eso los mexicanos miramos cualquier amanecer con gesto de “qué buen día, pero hoy sí nos carga la chingada”.
  • Lo que se imponía era ver a mis exmujeres, por lo menos a dos: la que me dejó y a la que nunca tuve.
  • (Todo por embarrar el recuerdo de Marisa contra los muslos de otras).
  • Villa Coapa, se llama el lugar. Se ganaron el dinero a la mala, detrás de un mostrador con sobreprecios o una pistola, pero lo invirtieron con enorme tacto: polarizaron los vidrios de sus casas, construyeron domos para sus saunas, se gastaron una fortuna en figuras de payasitos vagabundos de porcelana, le pusieron aluminio a los quicios, mandaron hacer el escudo heráldico de un metro por cuarenta en dorado para mostrarlo en el comedor de la familia que, de tener un símbolo que la representara sería el de un taxi tratando de conquistar una amurallada tienda de espejos.
  • Las calles de esta colonia inventada contienen una aspiración no racial, sino cósmica. Las calles tienen nombres de galaxias.
  • Así es él: si le dices que viste algo inusual en tu camino al semanario, lo primero que te pregunta es “¿un elefante?”
  • Las “meseras” es un eufemismo: después de las once de la noche eran para llevar.
  • Sus alcoholes te removían cualquier mancha en el alma. Tenías reacciones al primer sorbo: la boca tenía vida propia, un brazo se estiraba por sí mismo, el hígado te reclamaba a gritos en el oído, un ojo parpadeaba cinco veces seguida.
  • Buena época conyugal cuando todavía teníamos algo más que silencios. Teníamos: espaldas arqueándose. Teníamos: saliva, sudor & lubricantes.
  • Los viejos son la vida en toda su crudeza.
  • Y entendí que… hacía el mal sin enterarse. Como el común de la gente.
  • Nos morimos sin dejar nada, salvo recuerdos y heridas involuntarias.
  • La facultad de filosofía… ese lugar al que se inscriben los que están interesados en nada y fingen que les preocupa todo.
  • La chingadera sucede, independientemente de que la consideres una chingadera. Nombrar la chingadera es lo humano. La chingadera es lo ajeno que te ocurre.
  • Bastaba tan poco para hacer a alguien feliz. Simplemente no hacer chingaderas y que a los demás les ocurran cada semana.
  • El misterio de la vida es que cuando se extingue una especia llega otra. Como nosotros con los dinosaurios. Un clásico es limpiar toda la casa y a las dos horas siempre aparecerá una cucaracha haciéndose la desentendida.
  • Cuéntame de ti. ¿Trabajas o estudias o estás trabajando? Eso se les dice a las putas y a los antropólogos.
  • Se supone que esta alga (espirulina) tiene setenta por ciento de proteínas y lo mismo sirve como sustituto de la leche materna que contra el envejecimiento. Reduce el estrés, alimenta, peina y acaricia. Suaviza, reconforta y rasura.
  • Traté de sacar un cigarro de la bolsa del pantalón y me temo que le practiqué un tacto de próstata al de adelante. ¿O es una señora?
  • El amor es una suspensión del juicio crítico hacia el otro.
  • La vida tiene una ventaja contra la literatura: el sexo. No hay sexo, por malo que sea, que no le gane a la mejor escena erótica. Se supone que, como los boxeadores, no hay que tener sexo mientras se escribe una novela. Es por eso que se escriben libros gordos. Es pura desesperación.


Artículos varios[editar]

  • Lo que se espera de un escritor en América Latina es una mezcla de profeta, crítico, cómico, conciencia en el exilio, bondad, erudición y modestía. Prefiero la de que somos escritores sólo para no ser simple borrachos.