El príncipe

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El principe
Título original Il Principe
Autor Nicolás Maquiavelo
Publicación 1513 (hace 504 años)
Idioma italiano


El príncipe es un libro por Nicolás Maquiavelo escrito en 1513.

  • "Me parece que es más fácil conservar un Estado hereditario, acostumbrado a una dinastía, que uno nuevo, ya que basta con no alterar el orden establecido por los príncipes anteriores, y contemporizar después con los cambios que puedan producirse.
    • Capítulo II. De los principados hereditarios.
  • "Un cambio deja siempre la piedra angular para la edificación de otro".
    • Capítulo II. De los principados hereditarios.
  • "Cuando se adquieren Estados en una provincia con idioma, costumbres y organización diferentes, surgen entonces las dificultades y se hace precisa mucha suerte y mucha habilidad para conservarlos".
    • Capítulo III. De los principados mixtos.
  • "A los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos, porque si se vengan de las ofensas leves, de las graves no pueden; así que la ofensa que se haga al hombre debe ser tal, que le resulte imposible vengarse".
    • Capítulo III. De los principados mixtos.
  • "La ocupación militar es, pues, desde cualquier punto de vista, tan inútil como útiles son las colonias".
    • Capítulo III. De los principados mixtos.
  • "Una guerra no se evita, sino que se difiere para provecho ajeno".
    • Capítulo III. De los principados mixtos.
  • "Una regla general que rara vez o nunca falla: que el que ayuda a otro a hacerse poderoso causa su propia ruina. Porque es natural que el que se ha vuelto poderoso recele de la misma astucia o de la misma fuerza gracias a las cuales se lo ha ayudado".
    • Capítulo III. De los principados mixtos.
  • "Hay tres modos de conservar un Estado que, antes de ser adquirido, estaba acostumbrado a regirse por sus propias leyes y a vivir en libertad: primero, destruirlo; después, radicarse en él; por último, dejarlo regir por sus leyes, obligarlo a pagar un tributo y establecer un gobierno compuesto por un corto número de personas, para que se encargue de velar por la conquista".
    • Capítulo V. De qué modo hay que gobernar las ciudades o principados que, antes de ser ocupados, se regían por sus propias leyes.
  • "El único medio seguro de dominar una ciudad acostumbrada a vivir libre es destruirla. Quien se haga dueño de una ciudad así y no la aplaste, espere a ser aplastado por ella".
    • Capítulo V. De qué modo hay que gobernar las ciudades o principados que, antes de ser ocupados, se regían por sus propias leyes.
  • "Los hombres siguen casi siempre el camino abierto por otros y se empeñan en imitar las acciones de los demás".
    • Capítulo VI. De los principados nuevos que se adquieren con las armas propias y el talento personal.
  • "Pues los hombres ofenden por miedo o por odio".
    • Capítulo VII. De los principados nuevos que se adquieren con armas y fortuna de otros.
  • "Llamaría bien empleadas a las crueldades (si a lo malo se lo puede llamar bueno) cuando se aplican de una sola vez por absoluta necesidad de asegurarse, y cuando no se insiste en ellas, sino, por el contrario, se trata de que las primeras se vuelvan todo lo beneficiosas posible para los súbditos. Mal empleadas son las que, aunque poco graves al principio, con el tiempo antes crecen que se extinguen".
    • Capítulo VIII. De los que llegaron al principado mediante crímenes.
  • "Las ofensas deben inferirse de una sola vez para que, durando menos, hieran menos; mientras que los beneficios deben proporcionarse poco a poco, a fin de que se saboreen mejor".
    • Capítulo VIII. De los que llegaron al principado mediante crímenes.
  • "Un príncipe necesita contar con la amistad del pueblo, pues de lo contrario no tiene remedio en la adversidad".
    • Capítulo IX. Del principado civil.
  • "En las tropas mercenarias hay que temer sobre todo las derrotas; en las auxiliares, los triunfos".
    • Capítulo XIII. De los soldados auxiliares mixtos y propios.
  • "No es victoria verdadera la que se obtiene con armas ajenas".
    • Capítulo XIII. De los soldados auxiliares mixtos y propios.
  • "Entre uno armado y otro desarmado no hay comparación posible, y no es razonable que quien esté armado obedezca de buen grado a quien no lo está".
    • Capítulo XIV. De los deberes de un príncipe para con la milicia.
  • "Porque hay tanta diferencia entre cómo se vive y cómo se debería vivir, que aquel que deja lo que se hace por lo que debería hacerse marcha a su ruina en vez de beneficiarse, pues un hombre que en todas partes quiera hacer profesión de bueno es inevitable que se pierda entre tantos que no lo son".
    • Capítulo XV. De aquellas cosas por las cuales los hombres y especialmente los príncipes, son alabados o censurados.
  • "A veces, lo que parece virtud es causa de ruina".
    • Capítulo XV. De aquellas cosas por las cuales los hombres y especialmente los príncipes, son alabados o censurados.
  • "Todos los príncipes deben desear ser tenidos por clementes y no por crueles".
    • Capítulo XVII. De la crueldad y la clemencia; y si es mejor ser amado que temido, o ser temido que amado.
  • "Es más seguro ser temido que amado. Porque de la generalidad de los hombres se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores, cobardes ante el peligro y ávidos de lucro. Mientras les haces bien, son completamente tuyos: te ofrecen su sangre, sus bienes, su vida y sus hijos, pues --- como antes expliqué ---ninguna necesidad tienes de ello; pero cuando la necesidad se presenta se rebelan".
    • Capítulo XVII. De la crueldad y la clemencia; y si es mejor ser amado que temido, o ser temido que amado.
  • "El amor es un vínculo de gratitud que los hombres, perversos por naturaleza, rompen cada vez que pueden beneficiarse; pero el temor es miedo al castigo que no se pierde nunca".
    • Capítulo XVII. De la crueldad y la clemencia; y si es mejor ser amado que temido, o ser temido que amado.
  • "Los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio".
    • Capítulo XVII. De la crueldad y la clemencia; y si es mejor ser amado que temido, o ser temido que amado.
  • "Hay dos maneras de combatir: una, con las leyes; otra, con la fuerza. La primera es distintiva del hombre; la segunda, de la bestia. Pero como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda. Un príncipe debe saber entonces comportarse como bestia y como hombre".
    • Capítulo XVIII. De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas.
  • "Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar".
    • Capítulo XVIII. De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas.
  • "No es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas. Y hasta me atreveré a decir esto: que el tenerlas y practicarlas siempre es perjudicial, y el aparentar tenerlas, útil".
    • Capítulo XVIII. De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas.
  • "Los hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos, porque todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que pareces ser, mas pocos saben lo que eres; y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría".
    • Capítulo XVIII. De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas.
  • "Los príncipes deben encomendar a los demás las tareas gravosas y reservarse las agradables".
    • Capítulo XIX. De cómo debe evitarse ser despreciado y odiado.
  • "Al que no le importa morir no le asusta quitar la vida a otro".
    • Capítulo XIX. De cómo debe evitarse ser despreciado y odiado.
  • "No hay mejor fortaleza que el no ser odiado por el pueblo, porque si el pueblo aborrece al príncipe, no lo salvarán todas las fortalezas que posea".
    • Capítulo XX. Si las fortalezas, y muchas otras cosas que los príncipes hacen con frecuencia, son útiles o no.
  • "Acontece en el orden de las cosas que, cuando se quiere evitar un inconveniente, se incurre en otro. Pero la prudencia estriba en saber conocer la naturaleza de los inconvenientes y aceptar el menos malo por bueno".
    • Capítulo XXI. Cómo debe comportarse un príncipe para ser estimado.
  • "No debemos dejarnos caer por el simple hecho de creer que habrá alguien que nos recoja".
    • Capítulo XXIV. Por qué los príncipes de Italia perdieron sus Estados.
  • "Acepto por cierto que la fortuna sea juez de la mitad de nuestras acciones, pero que nos deja gobernar la otra mitad, o poco menos".
    • Capítulo XXV. Del poder de la fortuna de las cosas humanas y de los medios para oponérsele.
  • "Es feliz el que concilia su manera de obrar con la índole de las circunstancias".
    • Capítulo XXV. Del poder de la fortuna de las cosas humanas y de los medios para oponérsele.

Otras[editar]

  • Cosme descubrió que la apariencia le proporcionaba un modo cómodo de reinar.
  • No puede haber leyes dónde falta la fuerza de las armas.
  • Como los pueblos son inconscientes y volubles hay que saber utilizar la fuerza para convencerlos.
  • Dos son las cualidades del príncipe ejemplar: apariencia y producir temor.
  • Todos los medios son buenos si el fin es bueno.
  • Los hombres son míseros, más aficionados a los bienes que a su propia sangre, prontos siempre a cambiar de sentimientos y de pasiones.
  • Maquiavelo, al pintar al príncipe, ha pintado a todos aquellos que quieren subir, enriquecerse, dominar; es decir, a cuatro quintas partes de la humanidad.
  • A los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos.
  • La ofensa que se le haga debe ser tal que le resulte imposible vengarse.
  • El único medio seguro de dominar una ciudad acostumbrada a vivir libre es destruirla.
  • Todos los profetas armados han triunfado.
  • Las ofensas deben inferirse de una sola vez. Los beneficios deben proporcionarse poco a poco a fin de que se saboreen mejor.
  • El que llegue a príncipe mediante el favor del pueblo debe esforzarse en conservar su afecto.
  • El temor es el miedo al castigo que no se pierde nunca.
  • Hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y disimular.
  • Los hombres son tan simples que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar.