El asedio

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El asedio
Título original El asedio
Autor Arturo Pérez-Reverte
Publicación 2010 (hace 9 años)
Idioma español


El asedio es una novela del escritor español Arturo Pérez-Reverte, publicada por Alfaguara en 2010. Sus 708 páginas están distribuidas en 18 capítulos y un epílogo. El libro está ambientado en la Cádiz de 1811, en medio de la Guerra de Independencia española. Escrita de forma coral, por sus páginas pasan personajes despiadados como el comisario Rogelio Tizón; siniestros como el espía Fumagal; damas de la alta sociedad como Lolita Palma e intrépidos corsarios como Pepe Lobo. Escrita a modo de thriller histórico, El asedio nos muestra las vergüenzas de una Cádiz, que en representación de España, lucha por mantener su independencia contra los franceses mientras trata de alcanzar el progreso en forma de la tan ansiada Constitución. El asedio nos muestra la España que pudo ser, pero no fue.

Citas[editar]

  • «Las pasiones pierden a los hombres, pero también los salvan».
    • Capítulo 3.
  • «No hay rasgo exterior que distinga a un malvado; puesto que la atrocidad, la cometida en las muchachas o cualquier otra, se encuentra a mano del primero que pase. No se trata de que este mundo esté lleno de inocentes, sino de lo contrario: está poblado por individuos capaces, todos ellos, de lo peor».
    • Capítulo 4.
  • «Aquel emperador romano que prefirió ser temido a ser querido tenía razón. Toda la del mundo y alguna más. Hay eficacias que solo se alcanzan con el miedo».
    • Capítulo 6.
    • Dicho por el maquiavélico comisario de policía Rogelio Tizón.
  • «El futuro llega solo».
    • Capítulo 9.
  • «Todo tiene que acabar alguna vez, incluso la vida».
    • Capítulo 9.
  • «Lo que el hombre haga será siempre consecuencia de la fatalidad; del orden amoral de la Naturaleza y de la conexión de causas y efectos. Eso torna ambigua la palabra maldad. Contradictoria, la sociedad castiga las inclinaciones que la caracterizan; pero ese castigo es sólo un frágil dique contra los ímpetus oscuros del corazón. El ser humano, estúpido hasta la demencia, prefiere las ilusiones falsas a la realidad que desmiente por sí misma la idea del Ser bondadoso, supremo, inteligente y justiciero. Sería una aberración que un padre armara la mano de un hijo irascible y lo condenase luego por haber matado con ella».
    • Capítulo 9.
  • «Hay veces que uno llega a avergonzarse de ser hombre».
    • Capítulo 11.
    • Dicho por el capitán corsario Pepe Lobo.
  • «Hay aspectos inevitables en las cosas. Situaciones que nadie puede rechazar o elegir. O no del todo».
    • Capítulo 11.
  • «En cualquier caso, parece mentira la importancia que en situaciones de necesidad extrema puede tener un sorbo caliente, un trozo de pan o —el colmo de lujo estos días— una pipa o un cigarro».
    • Capítulo 12.
    • Dicho por un capitán de artillería francés en mitad de la batalla.
  • «Las lágrimas se guardan para los entierros, y la vida hay que buscarla allí donde lo dejan a uno. En una casa buena de Cádiz, o en el infierno. Donde sea. Donde se pueda».
    • Capítulo 12.
  • «Bailar es algo que puede hacerse sin hablar. Sin las incómodas palabras, que tanto atan y a tanto comprometen».
    • Capítulo 15.
  • «— Recuerdo —ella parece pensativa— que en cierta ocasión le oí decir que sólo un tonto se embarcaría por gusto. ¿De verdad que no ama el mar?
— ¿Bromea?... Es el peor lugar del mundo.
— ¿Por qué sigue en él, entonces?
— Porque no tengo otro sitio a donde ir».
    • Capítulo 15.
    • Conversación entre Pepe Lobo, capitán corsario, y su jefa y «amante» Lolita Palma.
  • «También la prudencia y el miedo, y no sólo el contagio del entusiasmo patrio, hacen milagros constitucionales».
    • Capítulo 15.
    • Dicho por Rogelio Tizón ante el entusiasmo colectivo por la proclamación de la Constitución de 1812. Entusiasmo en el que participan sus detractores.
  • «A fuerza de intentarlo, hasta los tontos aprenden».
    • Capítulo 16.
  • «La obsesión acompañada de sensibilidades extremas genera monstruos. Y la de ese individuo es una de ellas. Dedujo que el azar no existe, y se encontró ansiando predecir con rigor donde caerían los siguientes proyectiles. Desafiando al engañoso hijo bastardo de la ignorancia».
    • Capítulo 18.
    • El maestro Borrel define así al asesino de muchachas.