El Libro de los Tres

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El Libro de los Tres (The Book of Three) es una novela del género de la alta fantasía escrita en 1964 por Lloyd Alexander. Primera parte de Las Crónicas de Prydain.

Citas[editar]

  • Para los niños que escucharon, los adultos que tuvieron paciencia, y especialmente para Ann Durrell.
    • Dedicatoria.

Taran[editar]

  • ¿Por qué? ¿Por qué tienen que ser herraduras? ¡Como si tuviésemos caballos!
    • Capítulo I: "El Aprendiz de Porquerizo".
  • Me gustaría tener mi propia espada.
    • Ídem.
  • ¡Por el momento! ¡Creo que ese "por el momento" será eterno, y toda mi vida consistirá en hortalizas y herraduras!
    • Ídem.
  • ¿Qué hay del Príncipe Gwydion? ¡Sí, ojalá fuese como él!
    • Ídem.
  • ¿De qué sirve estudiar cuando no voy a ver nada? Creo que se me ha impuesto el destino de no conocer nada interesante, no ir a ningún lugar interesante y no hacer nada que sea interesante. Ciertamente, no voy a ser nada. ¡Ni siquiera en Caer Dallben soy algo!
    • ídem.
  • ¡Vi al Rey con Cuernos en persona! ¡Era horrible, peor de lo que me dijo Dallben!
    • Capítulo II: "La Máscara del Rey".
  • ¡Ya verán Dallben y Coll de lo que soy capaz cuando me lo propongo!
    • Ídem.
  • Siempre he vivido en Caer Dallben. Creo que no tengo parientes. No sé quienes fueron mis padres. Dallben nunca me lo ha contado. Supongo que ni tan siquiera sé quién soy.
    • Ídem.
  • Pero... pero... ¿Coll? ¿Un héroe? Pero... ¡está tan calvo!
    • Capítulo III: "Gurgi".
  • ¡La próxima vez, sálvate tú la vida! ¡Debí saber que un gran jefe de guerreros no necesita ayuda de un Aprendiz de Porquerizo!
    • Capítulo IV: "Los Gwythaints".
  • Achren está aliada con Arawn de Annuvin ¡Es una criatura maligna y aborrecible!
    • Capítulo VI: "Eilonwy".
  • No dejé que me cortasen. Eso es obra de Arawn, o de tu tía... no sé de quién y no me importa. El uno no es mejor que la otra.
    • Ídem.
  • ¡Qué traición es ésta! ¡Dejaste a mi compañero para que muriese! Has estado a favor de Achren durante todo el tiempo. Tendría que haberlo supuesto. ¡No eres mejor que ella!
    • Capítulo IX: "Fflewddor Fflam".
  • Sé que un hombre valiente ha comprado tu vida con la suya.
    • Ídem.
  • No necesito bardos. Un arpa no le devolverá la vida a mi compañero.
    • Ídem.
  • No es culpa tuya. Le confié la vida de Gwydion a una mujer traidora y mentirosa. Debería pagar con la mía propia.
    • Ídem.
  • No quiero explicaciones por su parte. No hay nada que pueda decirme. Por lo que a mí respecta, puede perderse en el bosque.
    • Ídem.
  • Gwydion querrá justicia.
    • Ídem.
  • Mi vergüenza es tan profunda como mi pena.
    • Ídem.
  • Debo abandonar este lugar maligno. Siento impaciencia por irme de aquí. El Castillo Espiral sólo me ha traído dolor; no tengo deseos de verlo de nuevo.
    • Ídem.
  • No es amigo mío. Es un pobre desgraciado que siempre anda espiando y que nos abandonó cuando fuimos atacados.
    • Ídem.
  • Sal de mi vista, o tendrás realmente algo de lo que lamentarte.
    • Ídem.
  • ¿Cómo puedes saber que no tengo sangre real? No nací siendo Aprendiz de Porquerizo. Por lo que tú sabes, puede que mi padre fuese un rey. En El Libro de los Tres esas cosas ocurren a cada momento.
    • Capítulo X: "La Espada Dyrnwyn".
  • Serás un gran espectáculo..., una muchachita llevando una espada.
    • Ídem.
  • Ahora no estamos en los viejos tiempos. En vez de una espada, deberías llevar una muñeca.
    • Ídem.
  • Mi propia búsqueda, debe ser abandonada. Si es posible, después de que se haya realizado la primera tarea, volveré a ella. Hasta entonces, no sirvo más que a Gwydion. Yo le costé la vida, y es de justicia que haga lo que creo que él habría hecho.
    • Ídem.
  • No puedo entender a esa muchacha. ¿Tú puedes?
    • Capítulo XII: "Los Lobos".
  • En casa nunca pasaba nada. Ahora, pasa de todo. Pero parece que nunca consigo que acabe bien.
    • Ídem.
  • He hecho todo lo que sé. Si queda algo más, se encuentra más allá de mis capacidades.
    • Ídem.
  • Al principio no le aprecié demasiado. Ahora he empezado a quererle a pesar de todas sus quejas y gimoteos.
    • Capítulo XIII: "El Valle Oculto".
  • Cada vez entiendo más y más el motivo por el cual debo advertir a los Hijos de Don.
    • Ídem.
  • Dallben me enseñó que cuando las aguas negras inundaron Prydain, hace muchas eras, Newid Nav Neivion construyó un barco y se llevó con él a una pareja de cada especie de seres vivientes. Las aguas terminaron por retirarse y el barco quedó varado... nadie sabe dónde. Pero los animales que volvieron al mundo, sanos y salvos, lo recordaron siempre y sus crías nunca lo han olvidado. Y aquí, veo un barco, muy alejado de las aguas. Gwydion te llamó Medwyn, pero yo me pregunto si...
    • Ídem.
  • A veces temo que no veré de nuevo Caer Dallben.
    • Capítulo XIV: "El Lago Negro".
  • Creo que si supiese que no iba a ver nunca más mi propio hogar, me sentiría feliz permaneciendo en este valle.
    • Ídem.
  • Caer Dallben está más cerca de mi corazón. Cuando me marché, nunca había pensado demasiado en él. Ahora pienso mucho.
    • Ídem.
  • Gurgi, te prometo que te llevaré a Caer Dallben, si es que alguna vez vuelvo allí. Y si te gusta, y si Dallben está de acuerdo, puedes quedarte ahí todo el tiempo que quieras.
    • Ídem.
  • No había oído las canciones del Pueblo Rubio hasta ahora. Jamás me había dado cuenta de lo hermosas que eran.
    • Capítulo XV: "El Rey Eiddileg".
  • Alteza, no puedo hablar por hombre alguno salvo por mí mismo. Jamás os he robado y no tengo ningún deseo de hacerlo. Mi tarea tiene más significado para mí que vuestros tesoros. Si hay enemistad entre el Pueblo Rubio y la raza de los hombres, ese es un asunto que deben solventar entre ellos. Pero si el Rey con Cuernos triunfa, si la sombra de Annuvin cae sobre la tierra que está por encima vuestro, la mano de Arawn se extenderá hasta vuestras cavernas más profundas.
    • Ídem.
  • El momento ha llegado. Mi única esperanza es que aún no haya pasado.
    • Ídem.
  • Si yo fuese capaz de tallar gemas y hacer todas esas otras cosas, no me importaría el hecho de no ser invisible. Yo sólo sé de hortalizas y herraduras, y de ambas no es que sepa demasiado.
    • Capítulo XVI: "Doli".
  • Me alegra verte, Hen, y me alegra que te alegres de verme. Pero me gustaría que no lo dijeses tan alto.
    • Ídem.
  • Como de costumbre, he vuelto a hacer lo que no debía. Doli tiene razón. No hay diferencia alguna entre un tonto y un Aprendiz de Porquerizo.
    • Capítulo XVII: "El Pájaro".
  • No tendría que haberla perdido de vista ni tan siquiera un momento. He fracasado dos veces.
    • Ídem.
  • Eilonwy, quiero que me cuentes muy lenta y cuidadosamente lo que ocurrió. Si no lo haces, yo me voy a enfadar y tú vas a lamentarlo.
    • Capítulo XIX: "El Secreto".
  • Después del Castillo Espiral, no creí que volvería a veros con vida.
    • Ídem.
  • Nunca pensé que un nombre pudiese ser tan poderoso.
    • Ídem.
  • No pido recompensa alguna. No quiero que un amigo deba pagarme por lo que yo hice voluntariamente, por amistad y por mi propio honor.
    • Ídem.
  • Pese a todo lo que me ha sucedido, he llegado a querer los valles y las montañas de vuestras tierras del norte. Pero mis pensamientos se han vuelto cada vez con más frecuencia hacia Caer Dallben. Ansío volver a casa.
    • Ídem.
  • No tengo ningún motivo para sentir orgullo. Fue Gwydion quien destruyó al Rey con Cuernos, y Hen Wen le ayudó a conseguirlo. Pero fue Gurgi, no yo, quien la encontró. Doli y Fflewddur lucharon de modo glorioso en tanto que yo era herido por una espada que no tenía derecho a blandir. Y Eilonwy fue la que, en primer lugar, cogió la espada en el túmulo. En cuanto a mí, casi todo lo que hice fue cometer errores.
    • Ídem.
  • He soñado con frecuencia con Caer Dallben y ahora quiero este lugar, y a ti y a Coll, más que nunca. No pedía nada mejor que estar en casa, y mi corazón se alegra. Pero tengo una extraña sensación. He regresado a la habitación en la que dormía y la he encontrado más pequeña de lo que yo recordaba. Los campos son hermosos, pero no son del todo como yo los veía en mi memoria. Y ahora me siento inquieto, pues me pregunto si voy a ser un extraño en mi propio hogar.
    • Ídem.

Coll[editar]

  • En mis tiempos blandí espadas más de un par de veces.
    • Capítulo I: "El Aprendiz de Porquerizo".
  • Desde este momento, eres Taran, Aprendiz de Porquerizo. Me ayudarás a cuidar a Hen Wen: vigilarás que tenga comida, le llevarás agua y me ayudarás a limpiarlo concienzudamente cada día.
    • Ídem.
  • Si quieres ser algo y llevar un nombre, no se me ocurre nada más a mano. Y no todos los muchachos pueden ser aprendices de porquerizo, y menos de una cerda oráculo. En realidad, es la única de toda Prydain, y la más valiosa.
    • Ídem.
  • Con Hen Wen debes saber cómo hacer la pregunta.
    • Ídem.
  • Vigila bien a Hen Wen. No la pierdas de vista.
    • Ídem.

Dallben[editar]

  • Comprendo muy bien que en el uso de las armas, como en todo lo demás, hay cierto arte. Pero cabezas más sabias que la tuya determinarán cuándo debes aprenderlo.
    • Capítulo I: "El Aprendiz de Porquerizo".
  • El tiempo pasa con rapidez; las cosas siempre ocurren antes de lo que uno se espera. Y sin embargo, me preocupa. Temo que el Rey con Cuernos pueda tener cierta parte en esto.
    • Ídem.
  • Como ya te he explicado antes, y como muy probablemente habrás olvidado, Prydain es una tierra de muchos cantrevs, de pequeños reinos y muchos reyes. Y, por supuesto, de muchos jefes guerreros que tienen soldados bajo sus órdenes.
    • Ídem.
  • Hay otras cosas que no sabes, por la sencilla razón de que no te las he contado. Por el momento no me preocupan tanto los reinos de los vivos como la Tierra de los Muertos, Annuvin.
    • Ídem.
  • Y el rey Arawn, Señor de Annuvin. Entérate de esto, Annuvin es algo más que una tierra de muertos. Está llena de tesoros, no sólo oro y joyas, sino toda clase de cosas provechosas para los hombres. Hace mucho tiempo, la raza de los hombres poseyó esos tesoros. Mediante la astucia y el engaño, Arawn se los robó uno a uno para sus propios y malignos fines. Algunos de tales tesoros le han sido arrancados, aunque la mayoría están escondidos en lo más hondo de Annuvin, donde Arawn los vigila celosamente.
    • Ídem.
  • Habría llegado a gobernar de no ser por los Hijos de Don, los hijos de la Dama Don y su consorte Belin, Rey del Sol. Hace mucho tiempo viajaron a Prydain desde la Tierra del Verano y hallaron que este país era bello y feraz, aunque la raza de los hombres poco tenía para sobrevivir.
    • Ídem.
  • ¿Te estás preparando para ser un héroe glorioso? ¿Crees que todo consiste en espadas relampagueantes y galopar a lomos de caballo?
    • Ídem.
  • En ciertos casos, aprendemos más buscando la respuesta a una pregunta y no hallándola que conociendo esa respuesta.
    • Ídem.
  • Bien, veamos, me gustaría que habláramos tranquilamente. En primer lugar, me interesa saber qué opinión tienes acerca de ser un héroe. Me atrevería a decir que debes de estar bastante orgulloso de ti mismo. Aunque no es esa la impresión que se desprende de tu cara.
    • Capítulo XX: "Bienvenidas".
  • Vaya, vaya, son quejas suficientes como para aguar la más alegre de las fiestas. Aunque lo que dices puede ser cierto, sin embargo creo que tienes razones para sentir cierto orgullo. Fuiste tú quien los guió y los mantuvo juntos. Hiciste aquello que te habías propuesto hacer, y Hen Wen está de nuevo segura entre nosotros. Si cometiste errores, los has reconocido. Como ya te dije, a veces es más importante el buscar que el encontrar.
    • Ídem.
  • Acaso importa realmente, cuál de vosotros fue el que hizo tal cosa, ya que todos compartíais el mismo objetivo y el mismo peligro? Nada de lo que hacemos se hace por completo sin que nos ayuden. Hay una parte de nosotros en todos los demás... y, de todas las personas, tú deberías saberlo mejor. Por lo que he oído, has sido tan impetuoso como tu amigo Fflewddur; me han contado, entre otras cosas, acerca de una noche en que te lanzaste de cabeza a un arbusto espinoso. Y, ciertamente, te has compadecido de ti mismo tanto como Gurgi; y, al igual que Doli, has luchado por conseguir lo imposible.
    • Ídem.
  • Pero no es Caer Dallben la que ha empequeñecido. Eres tú el que se ha hecho mayor. Así son las cosas.
    • Ídem.
  • Bien, en cuanto a eso, la princesa Eilonwy debe volver junto a sus parientes... sí, es una princesa. ¿Acaso no te lo dijo? Pero no hay prisa. Puede que consienta en quedarse. Quizá si hablas con ella...
    • Ídem.

Gwydion[editar]

  • Pones una cara como si intentase envenenarte. No es así como Gwydion, hijo de Don, trata a los heridos...
    • Capítulo II: "La Máscara del Rey".
  • No son las ropas las que hacen al príncipe, ni, ciertamente, la espada al guerrero.
    • Ídem.
  • No digo que mi vida valga más que la de otro hombre, pero la tengo en gran aprecio.
    • Ídem.
  • Es el hombre al que más hay que temer de toda Prydain.
    • Ídem.
  • Cuando la hora haya madurado, el Rey con Cuernos y yo nos encontraremos. Y uno de nosotros morirá. Tal es mi juramento.
    • Ídem.
  • Parece, Taran de Caer Dallben, que seguimos el mismo camino. Al menos, por el momento.
    • Ídem.
  • ¿No habrá acaso un destino aguardándome en el que un Aprendiz de Porquerizo deba ayudarme en mi búsqueda? O, ¿acaso es al revés?
    • Ídem.
  • Hace mucho, Hen Wen vivió entre la raza de los hombres. Pertenecía a un granjero que no tenía idea alguna de sus poderes. Y, por lo tanto, es posible que sus días transcurriesen como los de una cerda corriente. Pero Arawn sabía que estaba muy lejos de ser una cerda vulgar y que era de tal valor que él mismo cabalgó desde Annuvin y se apoderó de ella. Las cosas terribles que sucedieron cuando estuvo prisionera de Arawn... es mejor no hablar de ellas.
    • Capítulo III: "Gurgi".
  • Aprendiz de Porquerizo, tienes ideas muy extrañas sobre los héroes. Nunca he sabido que se juzgase el valor de un hombre por la longitud de su cabellera. O, en lo que a eso respecta, por si tiene cabello o no.
    • Ídem.
  • —Aquí, no muy lejos de Annuvin, se halla el Castillo Espiral. Igualmente, Hen Wen lo evitará a toda costa. Es la morada de la reina Achren. Es tan peligrosa como el propio Arawn; y tan malvada como hermosa. Pero hay secretos concernientes a Achren que es mejor guardar en silencio.
    • Ídem.
  • No es más que Gurgi. Siempre anda acechando por un lugar u otro. No es ni la mitad de feroz de lo que parece, y ni una cuarta parte tan salvaje de lo que le gustaría ser y, más que nada, es un estorbo. Sea como sea, siempre se las arregla para ver casi todo lo que ocurre, y puede que sea capaz de ayudarnos.
    • Ídem.
  • Oh, en el fondo no es malo. Le encantaría ser malvado y terrorífico, aunque no lo consigue del todo. Siente tanta pena por él mismo que es difícil no enfadarse con él. Aunque hacerlo es inútil.
    • Ídem.
  • Dallben es zorro viejo; ni un escarabajo podría entrar en Caer Dallben sin que él lo supiese.
    • Ídem.
  • ¿Acaso todos los Aprendices de Porquerizo son sordos, además de tozudos?
    • Capítulo IV: "Los Gwythaints".
  • Debes aprender a responder de tus propias locuras.
    • Ídem.
  • Son los espías y mensajeros de Arawn; los ojos de Annuvin, así se les llama. Nadie puede ocultarse demasiado tiempo de ellos.
    • Ídem.
  • La misión de los gwythaints no es tanto matar como proporcionar información. Durante generaciones han sido entrenados para ello. Arawn entiende su lenguaje y están en su poder desde el momento en que abandonan el huevo. Sin embargo, son criaturas de carne y hueso y una espada puede responderles adecuadamente.
    • Ídem.
  • Hay otros para los que una espada no significa nada. Entre ellos, los Nacidos del Caldero, que sirven a Arawn como guerreros.
    • Ídem.
  • Son los muertos cuyos cuerpos roba Arawn de los grandes túmulos donde descansan. Se dice que los sumerge en un caldero para darles vida de nuevo... si a eso puede llamársele vida. En tanto que muertos, guardan silencio para siempre; y su único pensamiento es llevar a otros a la misma servidumbre. Arawn les mantiene como guardianes suyos en Annuvin, pues su poder mengua cuanto más tiempo y a mayor distancia se encuentren de su amo. Pero, de vez en cuando, Arawn manda a algunos de ellos fuera de Annuvin para que ejecuten sus tareas más despiadadas.

»Los Nacidos del Caldero carecen completamente de piedad o compasión, pues Arawn ha obrado maldades aún mayores sobre ellos. Ha destruido cualquier recuerdo que tengan de ellos mismos como hombres vivos. No recuerdan las lágrimas o la risa, la pena, el amor o la bondad. De todo lo que ha hecho Arawn, esto es lo más cruel.

    • Ídem.
  • A diferencia de los Aprendices de Porquerizo, no desprecio la ayuda de ningún hombre. Y tú deberías tener el juicio suficiente como para no saltar encima de unos espinos sin asegurarte primero de lo que vas a encontrar. Guarda tu ira para un propósito mejor...
    • Ídem.
  • Puede que seas muchas otras cosas, Taran de Caer Dallben, pero veo que no eres ningún cobarde.
    • Ídem.
  • No es la herida lo que me duele. Las he recibido peores y he sobrevivido. ¿Por qué no huiste como te ordené? Sabía que era impotente contra los Nacidos del Caldero, pero habría podido cubrirte la retirada. Con todo, luchaste bien, Taran de Caer Dallben.
    • Capítulo V: "La Espada Rota".
  • Tengo ciertas habilidades. Pero no son lo bastante fuertes como para defenderme contra los poderes de Arawn. Hoy, no fueron suficientes para proteger a un bravo compañero.
    • Ídem.
  • —¡Silencio! ¡Es Achren! ¡Te está tendiendo una trampa!
    • Ídem.
  • Esa no es forma de que un amigo salude a otro. Siento más placer al recordar a un Aprendiz de Porquerizo temeroso de que yo fuese a envenenarle en el bosque, no lejos de Caer Dallben.
    • Capítulo XIX: "El Secreto".
  • Me temo que la llama de Dyrnwyn habría sido demasiado grande incluso para un Aprendiz de Porquerizo.
    • Ídem.
  • Es un arma dotada de un antiguo poder, tal y como percibió Eilonwy. Es tan antigua que yo la creía una simple leyenda. Sigue habiendo profundos secretos relacionados con Dyrnwyn, que ni tan siquiera los más sabios conocen. Su pérdida destruyó el Castillo Espiral y fue un duro golpe para Arawn.
    • Ídem.
  • Será un placer destronar a Arawn. Y usaré esos poderes para destruirte a ti al mismo tiempo que a él.
    • Ídem.
    • Relato del personaje.
  • No puedo decir con seguridad el tiempo que permanecí allí. En Oeth-Anoeth el tiempo no es tal y como lo conocéis vosotros aquí. Es mejor que no os hable de los tormentos que Achren había planeado. Los peores no eran los del cuerpo sino los del espíritu y el más poderoso de esos era la desesperación. Sin embargo, incluso en lo más hondo de mi angustia, me aferré a la esperanza. Pues esto es cierto de Oeth-Anoeth: si un hombre es capaz de resistirle, hasta la muerte debe entregarle sus secretos.
    • Ídem.
  • Resistí y al final muchas cosas que me habían sido ocultadas, me fueron reveladas. Tampoco os hablaré de esto. Debe bastaros saber que comprendí los mecanismos de la vida y de la muerte, de la risa y de las lágrimas, de los finales y de los comienzos. Vi la verdad del mundo y supe que no había cadenas capaces de retenerme. Mis ataduras eran tan ligeras como los sueños. En ese instante, los muros de mi prisión se derritieron.
    • Ídem.
  • Cuando volví a buscarte al Castillo Espiral estaba en ruinas; y allí lloré por tu muerte.
    • Ídem.
  • El lenguaje de los gwythaint ya no es ningún secreto para mí, como no lo es el habla de ningún ser vivo...
    • Ídem.
  • Una vez que tienes el valor de mirar al mal cara a cara, de verlo por lo que realmente es y de darle su verdadero nombre, carece de poder sobre ti y puedes destruirlo.
    • Ídem.
  • Son regalos muy pequeños para un valor tan grande. Pero está en mis manos el dároslos, lo cual hago con el corazón alegre y con la esperanza de que los guardaréis no tanto por su valor como por lo que significan corno recuerdo.
    • Ídem.
  • A Fflewddur Fflam le daré una cuerda de arpa. Aunque se rompan todas las demás, ésta resistirá siempre, sin importar las caballerescas extravagancias que pueda acumular sobre ella. Y su tono será el más certero y hermoso.
    • Ídem.
  • A Doli del Pueblo Rubio le concederé el poder de la invisibilidad, por el tiempo que él desee conservarlo.
    • Ídem.
  • Al fiel y valeroso Gurgi le daré una bolsa de comida que estará siempre llena. Guárdala bien, es uno de los tesoros de Prydain.
    • Ídem.
  • A Eilonwy de la Casa de Llyr le daré un anillo de oro con una gema tallada por los antiguos artesanos del Pueblo Rubio. Es de gran valor pero su amistad es para mí todavía más preciada.
    • Ídem.
  • Y a Taran de Caer Dallben... Escoger su recompensa ha sido lo más difícil de todo.
    • Ídem.
  • Taran de Caer Dallben, sigues teniendo el enfado rápido y eres tan tozudo como siempre. Puedes creer que sé lo que ansias en el fondo de tu corazón. Los sueños de heroísmo, de valía y de grandes hazañas son nobles; pero eres tú y no yo quien debe hacer que se conviertan en realidad. Pídeme cualquier otra cosa y te la concederé.
    • Ídem.

Gurgi[editar]

  • ¿Y qué hay del pobre Gurgi? No hay gracias para él... oh, no... ¡sólo golpes de los grandes señores! ¡Ni tan sólo un pequeño morder por ayudar a encontrar una cerdita!
    • Capítulo IV: "Los Gwythaints".
  • El pobre y humilde Gurgi es siempre fiel a los poderosos señores... ¡qué alegría servirles, a pesar de los miedos y las palizas!
    • Capítulo IX: "Fflewddor Fflam".
  • Ahora, antes de que lleguen los guerreros silenciosos. Gurgi está mejor muerto bajo tu espada que en sus manos. ¡Gurgi no puede andar! Todos serán muertos con terribles tajos y mordiscos. Es mejor....
    • Capítulo XI: "Huida a Través de las Colinas".
  • ¡No, no! ¡El fiel Gurgi se queda con el poderoso señor que perdonó su pobre y tierna cabeza! El feliz y agradecido Gurgi luchará también, tajando y rajando...
    • Capítulo XII: "Los Lobos".
  • Sí, sí, pronto los grandes guerreros estarán en sus salones todos vestidos de negro, contando sus historias con risas y chanzas. Y entonces para el pobre Gurgi estará de nuevo el bosque temible, para tender su tierna cabeza entre ronquidos y bufidos.
    • Capítulo XIV: "El Lago Negro".
  • ¡Los poderosos guerreros andan buscando una cerdita! ¡Y es el listo y hábil Gurgi quien la encuentra!
    • Capítulo XV: "El Rey Eiddileg".
  • ¡Ahora también el osado y valiente Gurgi es un poderoso guerrero! ¡Ahora podrá dar grandes tajos y hondas punzadas! ¡Ya está preparado para grandes combates y degüellos!
    • Capítulo XVII: "El Pájaro".

Achner[editar]

  • Arawn envió guerreros para encontraros, no para mataros, o no estaríais vivos en este momento.
    • Capítulo V: "La Espada Rota".
  • ¿Me exiges cosas? Quizá no has entendido. Te ofrezco algo que no puedes tener aunque te soltase las manos y te devolviese tu arma. Con eso, señor Gwydion, me refiero a... tu vida.
    • Ídem.
  • No hay futuro para ti más allá de esas puertas.
    • Ídem.
  • ¡No te mataré; llegarás a desear que lo hubiese hecho y suplicarás la clemencia de una espada!
    • Ídem.
  • ¿Por qué escoges la muerte, Señor Gwydion? ¿Por qué, cuando puedo ofrecerte la vida eterna y un poder más allá del que pueden concebir las mentes de los mortales?
    • Capítulo XIX: "El Secreto".
    • Según el relato de Gwydion.
  • Goberné Prydain mucho antes que Arawn y fui yo quien le hizo rey de Annuvin. Yo le di el poder... aunque lo usó para traicionarme. Pero ahora, si lo deseas, tú ocuparás su lugar en el gran trono del mismo Arawn y gobernarás en su puesto.
    • Ídem.
    • Ídem.

Eilonwy[editar]

  • Por favor mi nombre es Eilonwy y, si no te importa, ¿quieres devolverme mi juguete? No quiero que pienses que soy una niña, por andar con un juguete tonto, porque no lo soy; pero a veces no hay absolutamente nada más que hacer por aquí y se me resbaló de las manos cuando lo estaba arrojando...
    • Capítulo VI: "Eilonwy".
  • Pero si no soy una niña ¿No acabo de decírtelo? ¿Eres tonto? Lo siento muchísimo. Es terrible ser torpe y estúpido. ¿Cómo te llamas? Me siento muy rara si no conozco el nombre de alguien. Ya sabes, como si tuviese un pie zambo o tres pulgares en una mano, si entiendes lo que quiero decir. Es tan incómodo...
    • Ídem.
  • Realmente, Taran de Caer Dallben, me sorprendes con algunas de tus observaciones. No quiero herir tus sentimientos al preguntártelo, pero, ¿el ser Aprendiz de Porquerizo es un tipo de trabajo que requiera mucha inteligencia?
    • Ídem.
  • Soy Eilonwy, hija de Angharad, hija de Regat, hija de... oh, mencionarlas a todas es una lata. Mis antepasados, son el Pueblo del Mar. Soy de la sangre de Llyr Media-Lengua, el Rey del Mar. Achren es mi tía, aunque a veces pienso que realmente no lo es.
    • Ídem.
  • Mis padres murieron y mis parientes me mandaron aquí para que Achren pudiese enseñarme a ser hechicera. Es una tradición familiar, ¿sabes? Los chicos son jefes guerreros y las chicas hechiceras.
    • Ídem.
  • —¡Odio a Achren! Es una persona mezquina y mala. De todos los que vienen aquí, tú eres el único con el que resulta un poco agradable hablar... ¡y logró que te hiciesen daño!
    • Ídem.
  • Gracias por salvarme la vida. Debo decir que eres muy valiente para ser un Aprendiz de Porquerizo. Es algo maravilloso cuando la gente te da esas sorpresas.
    • Capítulo VIII: "El Túmulo".
  • ¡Ahora me has hecho llorar! Odio llorar; hace que sienta la nariz como un carámbano que se derrite. Has herido mis sentimientos, tonto Aprendiz de Porquerizo, y todo por algo que, para empezar, es sólo culpa tuya.
    • Capítulo IX: "Fflewddor Fflam".
  • No estoy segura de que quiera ayudarte de nuevo, después del modo en que te has portado; y llamándome todas esas cosas horribles, eso es como ponerle a alguien orugas en el pelo.
    • Ídem.
  • Bueno, no hace falta que me des la razón tan deprisa.
    • Ídem.
  • Para ser un Aprendiz de Porquerizo, tienes amistades muy raras.
    • Ídem.
  • Hay un símbolo de poder en la vaina. He visto antes esta marca, en algunas de las cosas de Achren. Siempre significa algo prohibido. Por supuesto, todas las cosas de Achren son así, pero algunas son más prohibidas que otras.
    • Capítulo X: "La Espada Dyrnwyn."
  • Ahora puedo leer un poco de lo que dice. Aquí, empieza cerca de la empuñadura y sigue retorciéndose como la yedra. La estaba mirando por el extremo equivocado. Lo primero que dice es Dyrnwyn. No sé si es el nombre de la espada o el del rey. Oh, sí, ese es el nombre de la espada; aquí está de nuevo. Es solamente que se me prohibe dejarte sostener la espada y todo eso: ESGRIME AUYRNWYN, SÓLO TÚ DE SANGRE REAL, PARA GOBERNAR, PARA GOLPEAR AL... Una cosa u otra. Está muy borroso; no puedo verlo. Las letras están prácticamente desgastadas por el roce. No, ¡qué extraño! No están gastadas; las han raspado. Debían de estar talladas muy hondo, porque sigue quedando un rastro. Pero no puedo leer el resto. Esta palabra parece como si pudiese ser muerte... Eso no es muy alegre.
    • Ídem.
  • Pienso que para ser Aprendiz de Porquerizo eres de lo más notable. Creo que eres la persona más agradable que he encontrado en mi vida.
    • Ídem.
  • Si dejaras de reajustar tanto los hechos, quizá no tendrías esos problemas con el arpa.
    • Ídem.
  • ¿Llevada? ¡Seré llevada allí donde yo quiera!
    • Ídem.
  • No me gusta que me llamen «una muchacha» y «esta muchacha» como si careciese de nombre. Es como si te metieran la cabeza en un saco.
    • Ídem.
  • Y si cierto Aprendiz de Porquerizo... ni siquiera voy a mencionar su nombre... tiene otras ideas al respecto, ¡se equivocará aún más!
    • Ídem.
  • Nunca entiendes las cosas a la primera. Pero supongo que todos los Aprendices de Porquerizo son iguales. Te dije antes que no iba a ser tuya, y te lo digo ahora por segunda vez... ¿o es la tercera, o la cuarta? Debo de haber perdido la cuenta.
    • Capítulo XI: "Huida a Través de las Colinas".
  • Vaya, Taran de Caer Dallben, creo que esta es la primera vez que me has dicho algo cortés. Por supuesto, debí saberlo; era la telaraña. Estabas más interesado en eso; no te importaba el si yo estaba en peligro.
    • Capítulo XII: "Los Lobos".
  • Pero supongo que los Aprendices de Porquerizo tienden a ser más lentos de lo que una esperaría. Probablemente eso es debido al tipo de trabajo que hacen. No me entiendas mal, creo que es tremendamente importante. Sólo que es la clase de trabajo en el que no hace falta ser demasiado despabilado.
    • Ídem.
  • Ya lo has hecho otra vez. ¡Eso es todo lo que te importa! Alguien que te ayude a llevar lanzas y espadas o lo que sea. Podría ser cualquiera, y tú estarías igual de contento. Taran de Caer Dallben, no pienso hablarte nunca más.
    • Ídem.
  • Achren jamás tuvo animales domésticos... ninguno se hubiese quedado con ella, de todos modos. No puedo culparles. Éste es precioso; te hace sentir llena de cosquillas, como si estuvieses tocando el viento.
    • Capítulo XIII: "El Valle Oculto".
  • Realmente, creo que los bardos son tan lerdos como los Aprendices de Porquerizo; ninguno de los dos parece pensar demasiado.
    • Capítulo XIV: "El Lago Negro".
  • Por una vez has decidido lo correcto. Es seguro que las montañas no van a arrojarnos lanzas, no importa lo peligrosas que sean. Realmente, creo que estás mejorando.
    • Ídem.
  • Has llevado esa arpa desde que te encontramos por primera vez y no la has tocado ni una sola vez. Eso es como decirle a alguien que quieres hablar con él y, cuando se ponen a escucharte, quedarte callado.
    • Ídem.
  • Era una melodía triste. Pero lo extraño es que la tristeza no te importa. Es como sentirse mejor después de haber llorado un buen rato. Me hizo pensar de nuevo en el mar, aunque no he estado allí desde que era una niña pequeña.
    • Ídem.
  • Si no escuchas lo que te dicen es como si te metieses los dedos en las orejas y saltases a un pozo. Para un Aprendiz de Porquerizo que ha viajado muy poco, de pronto resulta que lo sabes todo sobre el asunto.
    • Ídem.
  • Lo has hecho muy bien con tus atajos, Taran de Caer Dallben. Lo poco que queda de mí está empapado hasta los huesos, y no puedo encontrar mi juguete... Oh, aquí está, mojado, por supuesto. ¿Y quién sabe lo que ha sido del resto de nosotros?
    • Capítulo XV: "El Rey Eiddileg".
  • Porque un Aprendiz de Porquerizo nos condujo por mal camino.
    • Ídem.
  • Debéis ser extremadamente inteligente, y si por casualidad se hallase en esta sala del trono un Aprendiz de Porquerizo haría bien en darse cuenta de ello.
    • Ídem.
  • Habláis de belleza, de encanto y de sacrificaros haciendo que las cosas sean agradables para la gente. Creo que todo eso no os importa en lo más mínimo. Sois demasiado tozudo, egoísta y engreído...
    • Ídem.
  • Gracias, sois un rey de lo más encantador.
    • Capítulo XVI: "Doli".
  • Es una tontería, preocuparse por no poder hacer algo que sencillamente no puedes hacer.
    • Ídem.
  • Me recuerda a Achren, especialmente en los ojos, cuando estaba de mal humor.
    • Capítulo XVII: "El Pájaro".
  • En verdad que deberías verte la cara. Pareces un pez que ha trepado por error al nido de un pájaro.
    • Capítulo XIX: "El Secreto".
  • Esperaba que te despertaras pronto. No te puedes imaginar lo aburrido que es quedarse sentada viendo cómo alguien duerme. Es como contar las piedras de un muro.
    • Ídem.
  • Esa es exactamente la clase de pregunta que se puede esperar de un Aprendiz de Porquerizo. ¿Annuvin? ¡Ugh! No me gustaría estar allí por nada del mundo. ¿Por qué siempre has de pensar en cosas desagradables? Supongo que es a causa de tu herida; probablemente le hizo algo a tu cabeza. Ahora tienes mucho mejor aspecto, aunque sigues teniendo ese color verde blancuzco, como un puerro hervido.
    • Ídem.
  • Se supone que aún no debes levantarte, pero me imagino que acabas de descubrirlo por ti mismo.
    • Ídem.
  • No quedó gran cosa de él, pero los restos fueron enterrados. Creo que era la persona más terrible que he visto nunca, y con eso incluyo a Achren. Me zarandeó de un modo terrible..., justo antes de que fuese a golpearte. Y, en cuanto a eso, me quitaste la espada de un modo bastante brusco. Mira que te dije y te repetí que no la desenvainases. Pero tú no me escuchabas. Eso es lo que te quemó el brazo.
    • Ídem.
  • Hubo un terremoto y el Rey con Cuernos ardió hasta que... bueno, hasta que se rompió. No fue nada agradable. La verdad es que prefiero no hablar de eso. Aún tengo pesadillas, incluso cuando no estoy dormida.
    • Ídem.
  • —¿Cómo-puedo-contarte-nada-si-no-me-dejas-hablar-tú?
    • Ídem.
  • No se ha movido de este cuarto desde que te trajeron aquí. Y yo tampoco. Es una cerda muy inteligente. Bueno, de vez en cuando supongo que se asusta y entonces pierde la cabeza. Y, cuando quiere, puede ser muy tozuda, lo que a veces hace que me pregunte a mí misma si hay mucha diferencia entre los cerdos y la gente que los cuida. No me estoy refiriendo a nadie en particular, ya me entiendes.
    • Ídem.
  • ¡Fuera todos! Vais a cansarle con tanta charla. Aquí no entra nadie hasta que yo lo diga.
    • Ídem.
  • Apenas vi al señor Gwydion, supe que era quien debía conservar la espada. Debo decir que me alegro de haberme librado de ese trasto tan incómodo.
    • Ídem.
  • Así que en este lugar empezó todo. No quiero parecerte una criticona, pero creo que no deberías de haber tenido tantos problemas para mantenerla aquí dentro. Caer Dallben es tan bonito como habías dicho, y deberías estar contento por hallarte en tu hogar. Es como recordar de pronto dónde pusiste algo que has estado buscando.
    • Capítulo XX: "Bienvenidas".
  • ¿Qué harás ahora? Supongo que volverás a ser Aprendiz de Porquerizo.
    • Ídem.

Fflewddor Fflam[editar]

  • Soy Fflewddur Fflam, Hijo de Godo, un bardo del arpa a tu servicio.
    • Capítulo IX: "Fflewddor Fflam".
  • Procede de un túmulo, ¿eh? Sugiero que nos libremos de ella inmediatamente. Nunca tuve mucha confianza en las cosas que se encuentran en los túmulos. Es mal asunto tener algo que ver con ellas. No puedes estar seguro de en qué otro lugar han estado y de quién las ha poseído.
    • Capítulo X: "La Espada Dyrnwyn".
  • Bueno, veréis, la verdad del asunto, es ésta. Oficialmente no soy un bardo.
    • Ídem.
  • También soy rey.
    • Ídem.
  • Sí, bueno, realmente es un reino más bien pequeño, hacia el norte, bastante aburrido y monótono. Así que lo dejé. Siempre me ha encantado viajar y ser un bardo... y me decidí a hacerlo.
    • Ídem.
  • Lo hice bastante mal, y el Consejo de Bardos no me admitió. La verdad es que estos días te exigen saber mucho. Volúmenes y volúmenes de poesías, cantos, música, cálculo de estaciones, historia; y toda clase de alfabetos que debes deletrear con los dedos, y señales secretas... a un hombre le es imposible meterse todo eso en la cabeza. El Consejo fue muy amable conmigo. Taliesin, el Bardo Jefe en persona, me ofreció este arpa. Dijo que era exactamente lo que necesitaba. A veces me pregunto si realmente me estaba haciendo un favor. Es un arpa muy hermosa, pero tengo unos problemas tales con las cuerdas... La tiraría y me buscaría otra pero tiene un tono precioso; nunca encontraría uno tan bueno. Si esas detestables cuerdas...
    • Ídem.
  • He notado que normalmente eso sucede cuando... bueno, soy una persona bastante emotiva y a veces me dejo llevar. Puede que... esto, que reajuste ligeramente los hechos; puramente para el efecto dramático, ya me entendéis.
    • Ídem.
  • A veces creo que me paso más tiempo arreglando cuerdas que tocando.
    • Ídem.
  • ¡Un Fflam se crece ante el peligro! —gritó el bardo—. Ya sean las montañas o las huestes del Rey con Cuernos, nada temo... no mucho, al menos...
    • Capítulo XIV: "El Lago Negro".
  • La verdad es que no sé en realidad lo que voy a tocar nunca. Mis dedos se mueven, pero a veces pienso que el arpa toca por sí sola.
    • Ídem.
  • ¡Qué extraño!, personalmente, yo pensaba en mi castillo. Es pequeño y está lleno de corrientes de aire, pero me gustaría verlo de nuevo; una persona puede hartarse de vagabundear, ya sabéis. Me hizo pensar en que incluso podría volver a establecerme en un sitio y tratar de ser un rey respetable.
    • Ídem.
  • Esas criaturas son capaces de hacer pedazos a un hombre cuando una de sus crías corre peligro.
    • Capítulo XVII: "El Pájaro".
  • La verdad es que a mí no me gusta cortarle la cabeza a nadie. A su modo, el pájaro es interesante. Pero, al menos, hasta el momento hemos tenido la suerte de evitar problemas con los gwythaints. Personalmente, no veo la utilidad de acoger en nuestro seno a un espía de Arawn. Los Fflam siempre han tenido buen corazón, pero esto me parece que es exagerar.
    • Ídem.
  • ¡Nada es capaz de resistir el ataque de un Fflam furibundo!
    • Ídem.
  • Por donde cabalga Gwyn el Cazador, la muerte le sigue de cerca.
    • Ídem.
  • En años no he tenido un buen combate. Esa es una de las cosas que echo de menos siendo bardo. ¡Ya verán lo que significa atacar a un Fflam!
    • Capítulo XVIII: "La Llama de Dyrnwyn".
  • Un Fflam sabe cuándo hay que pelear y cuándo hay que salir corriendo. En este momento, creo que es mejor que salgamos corriendo.
    • Ídem.

Medwyn[editar]

  • No podrías haberme encontrado. Sólo los animales conocen mi valle. Melyngar te condujo hasta aquí.
    • Capítulo XIII: "El Valle Oculto".
  • Cada ser viviente merece nuestro respeto, ya sea humilde o altivo, feo o hermoso.
    • Ídem.
  • Esa es una de las razones por las que permanezco en este valle. Aquí Arawn no puede hacerles daño. Aun así, si se convirtiese en gobernante de esta tierra, dudo de que yo pudiese ayudarles a todos. Los que cayesen en sus garras podrían sentirse afortunados si muriesen rápidamente.
    • Ídem.
  • La desgracia de Gurgi es que en estos momentos no es ni una cosa ni otra. Ha perdido la sabiduría de los animales y no ha aprendido lo que saben los hombres. Por lo tanto, los dos le rehuyen. Si hiciese algo con algún propósito, significaría mucho para él.
    • Ídem.
  • No rehúses a prestar ayuda cuando sea necesaria, y tampoco rehúses a aceptarla cuando se te ofrezca. Gwythyr, Hijo de Greidawl, aprendió eso de una hormiga lisiada, ya sabes.
    • Ídem.
  • He estudiado la raza de los hombres. He visto que, en solitario, el hombre es tan débil como las frágiles cañas que crecen junto a un lago. Debéis aprender a valeros por vosotros mismos, eso es cierto; pero también debéis aprender a ayudaros el uno al otro. ¿Acaso no sois todos hormigas lisiadas?
    • Ídem.
  • Este es un lugar de paz y por lo tanto no es adecuado para los hombres; al menos, no todavía. Hasta que lo sea, yo guardo este valle para los seres de los bosques y las aguas. Cuando se hallan en peligro mortal acuden a mí, si tienen la fuerza de hacerlo... y cuando sienten dolor o pena. ¿Acaso no crees que los animales conocen la pena, el miedo y el dolor? El mundo de los hombres no es fácil para ellos.
    • Ídem.
  • Soy Medwyn —respondió el hombre de la barba blanca—, en todo lo que pueda importarte mi nombre. Ahora, deja de preocuparte por eso. Todo lo que me preocupa es Hen Wen.
    • Ídem.
  • ¿No duermes? —preguntó Medwyn—. Una noche sin reposo es un mal modo de empezar un viaje.
    • Capítulo XIV: "El Lago Negro".
  • No se le ha concedido a los hombres el poder ver el fin de sus viajes. Es posible que no vuelvas jamás a los lugares que te son queridos. Pero, ¿qué puede importar eso, si lo que debes hacer está aquí y ahora?
    • Ídem.
  • Tu corazón es joven y aún a medio hacer. Con todo, si leo bien en él, eres de los pocos a los que daría la bienvenida aquí. Ciertamente que puedes quedarte si así eliges hacerlo. Seguramente que puedes confiarle tu misión a tus amigos.
    • Ídem.
  • Vuestro camino se halla hacia el norte, y aquí debemos separarnos. Y tú, Taran de Caer Dallben... si has escogido con sabiduría, tu propio corazón te lo hará saber. Puede que volvamos a encontrarnos, y entonces me lo contarás. Hasta ese momento, adiós.
    • Ídem.

Rey Eiddileg[editar]

  • Bueno, ahora, adelante. ¿Qué es lo que queréis? Podéis enteraros por anticipado que no vais a conseguirlo.
    • Capítulo XV: "El Rey Eiddileg".
  • No tenéis ni idea de que os encontráis en el mismo corazón del Reino de Tylwyth Teg, el Pueblo Rubio, la Familia Feliz, el Pequeño Pueblo o cualquier otro de los insípidos e irritantes nombres que nos habéis impuesto.
    • Ídem.
  • Cuando nosotros, los del Pueblo Rubio, hacemos algo, lo hacemos bien. Oh, sí, no importan los sacrificios que debamos realizar. Es una labor que debe hacerse y, por lo tanto, la llevamos a cabo. No importa el precio.
    • Ídem.
  • Veo que eres la clase de persona a la que uno puede hablar de modo inteligente. Que uno de vosotros, patanes vagabundos, sea capaz de apreciar estas cosas es algo inaudito. Pero, al menos, tú pareces entender los problemas a los que debemos enfrentarnos.
    • Ídem.
  • ¿Salir de aquí? ¡Imposible! Jamás se ha oído nada parecido! Mi buen muchacho, una vez que has encontrado al Pueblo Rubio te quedas, y se acabó.
  • Para ser un Aprendiz de Porquerizo eres bastante elocuente.
    • Ídem.

Doli[editar]

  • Aún puedes verme, ¿verdad?
    • Capítulo XVI: "Doli".
  • Ya os podéis imaginar que yo no pedí este trabajo. Me escogieron. Guiar un grupo de... ¡de qué! Un Aprendiz de Porquerizo. Un idiota de cabellera amarilla con un arpa. Una chica con una espada. Un lo-que-sea peludo. Y eso sin hablar del ganado. Lo más que podéis esperar es que no nos topemos con una auténtica partida de guerreros. Sin lugar a dudas, os harían picadillo. Ni uno de vosotros tiene el aspecto de saber manejar una espada. ¡Humph!
    • Ídem.
  • ¿Que qué voy a hacer? ¿Tienes más preguntas estúpidas que hacerme? ¿Acaso te imaginas que voy a dejar que se quede ahí sentado? Para empezar, voy a cortarle la cabeza.
    • Capítulo XVII: "El Pájaro".
  • No puedo hacerme invisible, pero eso no quiere decir que sea tonto.
    • Ídem.
  • Te advierto que de esto no saldrá nada bueno. Pero no hagas caso alguno de lo que digo. Sigue adelante. Córtate tú mismo el cuello. Y luego ven corriendo a quejarte. No soy más que un guía; hago lo que me han ordenado hacer, y eso es todo.
    • Ídem.
  • ¡Protegedme de los tontos y los Aprendices de Porquerizo!
    • Ídem.