Anita Blake, placeres prohibidos

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Anita Blake, placeres prohibidos
Título original Anita Blake: Guilty Pleasures
Autor Laurell K. Hamilton
Publicación 1993 (hace 26 años)
Idioma Inglés

Anita Blake, placeres prohibidos (1993) es la primera novela de la larga serie dedicada por la escritora estadounidense Laurell K. Hamilton a la cazavampiros Anita Blake.

Sinopsis[editar]

El caso Addison contra Clark ha provocado una verdadera revolución en la Norteamérica contemporánea. Una corte de los Estados Unidos ha reconocido los derechos de los no muertos, y ahora los humanos y sus antiguos predadores deberán aprender a convivir. - Placeres Prohibidos —la primera entrega de la serie Anita Blake, se ubica en este extraño universo ficcional. No sólo los vampiros son tolerados, la novela también nos presenta zombis, licántropos y toda una gama de monstruos capaces de cambiar sus formas exteriores.

De complexión menuda y lengua afilada, Anita Blake no es alguien a quien convenga subestimar: levanta muertos para ganarse el sustento, y la policía de San Luis recurre a ella cuando necesita asesoría en casos que involucran lo sobrenatural; está curtida en mil batallas y tiene licencia para matar vampiros. No siente simpatía alguna por ellos, pero contra todo pronóstico, se descubre investigando una serie de asesinatos... precisamente de vampiros.

Citas[editar]

  • -Soy la Ejecutora y no salgo con vampiros. Los mato.


  • La violencia tiene que convertirse en una parte de tu pensamiento. Te hace cauteloso, desconfiado como el infierno, y alarga tu esperanza de vida


  • -Su voz ofrecía cosas que las palabras ni siquiera insinuaban. Promesas susurradas en habitaciones oscuras bajo sábanas de seda. Me subyugó e hizo que se me tambaleara la mente, como a un borracho sediento, y me gustó


  • -«Casi» no cuenta, cabrón chupasangres


  • Caminé hacia ella. Jean-Claude me agarró del brazo

-No le hagas daño, Anita. Ella está bajo nuestra protección.

-Te juro que no voy a poner un dedo sobre ella esta noche.Sólo quiero decirle algo

Me soltó el brazo, lentamente, como si no estuviese seguro de que era una buena idea. Di un paso al lado de Mónica, hasta que nuestros cuerpos casi se tocaron. Le susurré a la cara: -Si algo le pasa a Catherine, voy a verte muerta.

Ella me sonrió, confiaba en sus protectores

-Van a traerme de vuelta como uno de ellos.

Sentí que se me movía la cabeza, un poco a la derecha, un poco a la izquierda, un lento movimiento preciso

-Entonces cortaré tu corazón.-Yo estaba sin dejar de sonreír, no podía parar-Lo quemaré y esparciré las cenizas en el río. ¿Me has entendido?

Ella tragó audiblemente. Su rostro se veía un poco verde. Asintió con la cabeza, mirándome como si yo fuera el hombre del saco. Creo que se lo creyó. De puta madre. No me hace gracia malgastar una buena amenaza


  • -Sal de mi vista antes de que te mate. —Su voz quemaba la piel—. Llévate a la mujer y asegúrate de que llegue sana y salva a su coche. Si me vuelves a fallar, por nimio que sea el fallo, te rebanaré el pescuezo y mis hijos se bañarán en tu sangre(Nikolaos)

Muy gráfico; algo melodramático, pero muy gráfico. No lo dije en voz alta, claro. Joder, ni siquiera me atrevía a respirar.


  • Había conocido a otros como Phillip, guaperas habituados a mojar bragas. No pretendía ligar; sólo que reconociera que me resultaba atractivo. Y hasta entonces no iba a dejar de darme la tabarra

-Me rindo; tú ganas.

— ¿Que gano? —preguntó Phillip.

—Eres maravilloso, estás como un puto tren. Eres uno de los tíos más guapos que he visto en mi vida. Desde la suela de los zapatos hasta la forma de tu mandíbula, pasando por los vaqueros ceñidos y por esos abdominales perfectos, estás buenísimo. Ahora, ¿podemos ir a comer y dejarnos de gaitas?


  • -El sudor me corría por la espalda. La valiente caza-vampiros. Si pudieras verme ahora.


  • -Recordé cuando pensaba que tener dieciocho años era ser adulta. Creía que me las sabía todas, y no fue hasta los veintiuno cuando me di cuenta de que no sabía una mierda. Y seguía sin tener ni idea, pero intentaba aprender. A veces no se puede hacer nada mejor, y quizá sea la única opción para todos. Virgen santa, qué negativa estaba aquella mañana


  • -Eres tan buena amiga como enemiga?

Suspiré con resignación. ¿Qué podía decir? —No me querrías de enemiga, Phillip. Soy mejor como amiga.


  • -¿Practicas la risa, o es un talento natural? No, apuesto a que la prácticas.

La cara de Jean-Claude se torció. No podía decidir si estaba tratando de no reírse, o de no fruncir el ceño. Tal vez ambas cosas. Afecto a algunas personas de esa manera.La risa se ​​filtró de su rostro, muy humano, hasta que sólo le brillaban los ojos. No había nada gracioso en la mirada de los ojos brillantes. Era el tipo de mirada que un gato da a un pequeño pájaro.Su voz se levantó al final de cada palabra, una afectación de Shirley Temple

-Eres muy valiente, o muy estúpida.

-Realmente necesitas por lo menos un hoyuelo para que te haga juego con la sonrisa.

Jean-Claude dijo en voz baja: -Estoy apostando por estúpida...


  • Un ateo agitando una cruz es un espectáculo lamentable


  • -Pasa a la sala,- le dijo la araña a la mosca.

—Oh, no. —Susurré las palabras de la mosca mientras subía las escaleras—. No, no me lo pidas más, porque aquel que sube no regresa jamás


  • ¿Qué quería que dijera? ¿Esperaba que le confesara amor eterno o alguna tontería por el estilo? ¿Deseo eterno, a lo mejor? Tanto lo uno como lo otro habría sido mentira. ¿Qué quería de mí? Estuve a punto de preguntárselo, pero me corté. Me faltaron ovarios


  • La mayoría de odio se basa en el miedo, de una forma u otra. Sí. Me envolví en la ira, con una pizca de odio, y en el fondo de ello todo era un helado centro de puro terror.


  • -¿Intenta ligar conmigo, señorita Blake? —Sonrió Phillip

—Más quisieras. —Le devolví la sonrisa sin poder evitarlo.

—Quizá—dijo.

—Nunca dejas de coquetear, ¿verdad?

—A la mayoría de las mujeres les gusta.

—A mí me gustarías más si no pensara que tanto te da coquetear conmigo que con mi abuela de noventa años.

—No tienes muy buen concepto de mí —dijo, conteniendo a duras penas una carcajada.

—Tiendo a juzgar a la gente. Es uno de mis defectos.


  • No se puede salvar a todo el mundo. De hecho, hay días en que creo que no se puede salvar a nadie. Cada persona tiene que salvarse a sí misma en primer lugar, entonces usted puede entrar y ayudar. He encontrado que esta filosofía no se activa durante un tiroteo ni en una pelea a cuchillo. Fuera de eso funciona muy bien. "


  • Me paso la mayor parte de mis horas de vigilia enfrentándome y destruyendo las cosas que temo. Un maestro vampiro de mil años de edad, era una tarea difícil, pero una chica tiene que tener una meta


  • -El que no se consuela es por que no quiere.


  • -Probé a respirar profundamente, pero no conseguí gran cosa. Puse la llave en el contacto -No corras; no te puedes permitir que te pare la policía. Calma, Anita, calma.- De vez en cuando me da por hablar sola. Me doy unos consejos cojonudos. Y a veces hasta los sigo


  • -Si nos pincháis, ¿acaso no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿acaso no reímos? Si nos pegáis un tiro, ¿acaso no morimos? Ah, pues ahora que lo pienso, no.


  • -La Liga Antivampiros tenía un escuadrón de la muerte. Quizás. Pero ese quizá era mejor que lo que tenía antes: atención, señores, nada por aquí, nada por allá, y ni puta idea de qué estaba haciendo. Daba palos de ciego tratando de encontrar a un asesino que se había cargado a dos maestros vampiros. Si estaba sobre la pista correcta, pronto llamaría la atención de alguien. Y eso significaba que alguien podía intentar matarme. ¿A que iba a tener gracia?


  • -Un ser humano no entrega a otro ser humano a los monstruos. Por ningún motivo.


  • -¿Quién te crees que eres para utilizar a la gente de este modo?

—El nuevo amo de la ciudad. —De pronto el vampiro estaba junto a mí, y me rozaba la mejilla con los dedos—. Y tú me has puesto en el trono.

Me aparté de un salto.

—Mantente alejado de mí durante una temporada, Jean-Claude, o te prometo que...

— ¿Me matarás? —Sonreía; se estaba riendo de mí.No disparé. Y hay quien dice que no tengo sentido del humor.


  • ¿Era un humano que intentaba hacerse pasar por monstruo o un monstruo que intentaba hacerse pasar por humano?


  • -La sonrisa tenía un toque malicioso y prometía mucho sexo, pero por debajo asomaba un niño pequeño e inseguro. Y allí radicaba su encanto: no hay nada más atractivo que un hombre guapo que se siente un poco inseguro. Además del atractivo sexual, despierta el instinto maternal de las tías, y eso es una combinación muy peligrosa. Por suerte, yo era inmune. Já.


  • -¿Cómo estás?

¿Por qué hay gente que tiene la manía de preguntar eso cuando es obvio que la respuesta es «Fatal»? Intenté susurrar, sin saber cómo me sentaría.

—De puta madre. —No fue tan terrible


  • -El miedo une mas que el amor o el odio, y es mil veces mas certero...


  • -Tú nunca perderás los nervios. Tu vida, probablemente, pero nunca los nervios. (Edward)


  • -Cógeme de la mano y finge que eres una humana encandilada con su amante vampiro. Eso explicará la sangre que tienes en la blusa. También explicará adonde nos dirigimos y por qué.-Seguía tendiéndome la mano, pálida y esbelta. No había ningún temblor en los dedos, ningún movimiento; parecía capaz de quedarse allí ofreciéndome la mano eternamente. Y puede que así fuera.Le cogí la mano, me apretó el dorso con los dedos, largos, y echamos a andar. Le notaba la mano totalmente quieta. Podía sentir su pulso en la piel; los latidos empezaron a acelerarse hasta igualar el ritmo de los míos. Sentía el flujo de su sangre como un segundo corazón.-Te doy mi palabra de que no trataré de hechizarte. Esta noche me puedes mirar a los ojos sin peligro; te lo prometo.(Jean-Claude)


  • -El infierno debe estar lleno de voces asi: mortiferas, pero la mar de razonables.


  • -Me sonrió, con una sonrisa radiante que quitaba el hipo. Era su mejor sonrisa de no haber roto nunca un plato, y nunca sabía si era real o sólo otra de sus caretas.


  • -Si no hubiera llorado, creo que habría conseguido resistir y me habría negado. El llanto es una treta injusta en una discusión; cuando alguien se pone a llorar, ya no hay argumentos que valgan. De repente, al interlocutor sólo le preocupa que deje de llorar, de sufrir y de hacer que se sienta el cabrón más grande del reino. Lo que sea, pero que se acaben las lágrimas


  • -Sí, eso sí. Lo siento, ma petite.(jean-Claude)

—Métete el ma petite donde te quepa


  • -Había cruzado cierta línea invisible, la que separa el vicio inocente del enfermizo.

La serpiente debió de sonreír así a Eva. Mira qué manzana más bonita tengo para ti. ¡Qué niña más guapa! ¿Quieres un caramelo?


  • Me sentía sucia, usada, maltratada, y estaba enfadada y hasta los cojones de todo


  • Él sonrió y extendió la mano -Sabía que lo harías, ma petite

-Eres un arrogante hijo de puta.-Le rompí el culo de la escopeta en el estómago. Se dobló lo suficiente. Le golpeé en la mandíbula. Él se echó hacia atrás -¡Fuera de mi mente!


  • Un adicto a los vampiros. Santo Dios, creía que ya había visto todo lo que había que ver.


  • -La amistad puede enfriarse, pero ese compromiso,ese conocimiento forjado con terror, sangre y violencia compartida, es imperecedero


  • Me encontré con sus ojos y dije: -Maté a la cosa que me dejó esta cicatriz.
Él sonrió ampliamente, mostrando sólo una muestra de sus colmillos
-Qué preciosa casualidad. Yo también


  • -No hay nada como arruinar la tranquilidad de un vampiro de cien años de edad

para elevar la moral de una chica


  • -No voy a morir devorado vivo-dijo. Puso un cargador nuevo en su arma.-Te dispararé primero si quieres, o puedes hacerlo tú misma.

-Guarda tus balas, Edward.-Levanté una lata de gasolina en una mano

-¿Qué planeas?-Preguntó

-Voy a prender fuego a la nave-Eché gasolina en la puerta. El olor era fuerte y tiró desde la parte posterior de mi garganta

-¿Con nosotros dentro? -Preguntó

-Sí.

-Prefiero pegarme un tiro, si para ti es lo mismo.


  • -Me había sentido atraída por Jean-Claude. Puede que todavía me sintiera atraída. ¿Y qué? A él le parecía que aquello cambiaba las cosas; a mí, no. Me bastaba con visitar la tumba de Phillip para saberlo. Joder, tampoco me hacía falta. Sé quién y qué soy.