Manuelito

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Hastiin Chʼil Haajiní,
Manuelito
«Sagrada es mi manera de vivir.He mirado a los cielos.Sagrada es mi manera de vivir.Numerosos, mis caballos».
«Sagrada es mi manera de vivir.
He mirado a los cielos.
Sagrada es mi manera de vivir.
Numerosos, mis caballos».
Véase también
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Hastiin Chʼil Haajiní (1818 — 1893), llamado Manuelito fue uno de los principales jefes guerreros de los indios Navajo.

Citas[editar]

  • «En tiempos de nuestros padres se oyó decir que llegaban los estadounidenses por el oeste, a través del gran río. […] Oímos hablar de pistolas, pólvora y plomo, armas de yesca y pedernal primero, de fulminante después; ahora de rifles de repetición. Vimos a los estadounidenses por primera vez en Cottonwood Wash. Habíamos guerreado contra los mexicanos en los Pueblos. De los primeros capturamos muchas mulas, no les faltaban. Llegaron los estadounidenses para comerciar con nosotros. A su llegada celebramos una gran fiesta y ellos bailaron con nuestras mujeres. Nosotros comerciamos también».
  • «Entonces construyeron un fuerte aquí y nos delegaron un agente, que nos aconsejó buena conducta. Nos dijo que debíamos vivir en paz con los blancos, y respetar nuestras promesas. Éstas las pusieron en un papel, para que jamás se nos olvidaran».
  • «Luchamos por aquellas tierras para no perderlas. Lo perdimos casi todo. […] La nación americana es demasiado poderosa para nosotros. Cuando habíamos de luchar durante pocos días, nos sentíamos frescos y dispuestos. […] Con el tiempo, los soldados nos agotaban e infligían sobre nosotros la desesperación y el hambre».
  • «Mi dios y mi madre viven en el oeste, y no los abandonaré. Es tradición de mi pueblo que jamás se crucen los tres ríos: Grande, San Juan y Colorado. Tampoco me sería posible alejarme de las Chusma Mountains. Nací aquí y aquí permaneceré. No tengo otra cosa que perder que mi vida, y esta pueden venir y tomarla cuando quieran, pero no me moveré. Jamás he causado daño alguno a estadounidenses o mexicanos. Nunca he robado. Si me matan sangre inocente caerá sobre sus cabezas».
  • «Permanecimos allí varios años. Muchos de los nuestros murieron a causad el clima […] los enviados de Washington mantuvieron una entrevista con nosotros. Los blancos castigaban a quienes desafiaban sus leyes. Prometimos respetar el tratado […] cuatro veces prometimos hacerlo así. Todos, sin excepción, dijimos "Sí" al tratado, y él [el general Sherman] nos dio buenos consejos».
  • «Le dijimos que trataríamos de retener sus palabras. Nos dijo: "Quiero que todos me miréis" al tiempo que se erguía ante nosotros. Añadió que si no teníamos de qué avergonzarnos, podríamos mirar a la gente a la cara. Por último, exclamó: "Hijos míos, os devolveré a vuestros hogares"».
  • «Los días y las noches se hicieron largos hasta que llegó la fecha señalada para nuestra partida. El día anterior a la marcha definitiva recorrimos ya un trecho en dirección a nuestros hogares, pues estábamos demasiado ansiosos, a nuestro regreso a la reserva, los soldados nos regalaron algunas reses que todos agradecimos. Luego instamos a los conductores a que arrearan a sus bestias […] ¡Era tanta nuestra prisa! Cuando desde Alburquerque, pudimos contemplar la cima de la montaña, nos preguntamos si sería ya la nuestra. Sentíamos deseos de hablarle a la tierra y alguno de nuestros ancianos comenzaron a llorar de alegría ante la inminencia del reencuentro con nuestros hogares».
  • «Sagrada es mi manera de vivir.
    He mirado a los cielos.
    Sagrada es mi manera de vivir.
    Numerosos, mis caballos».
    • Fuente: «Canción de los Navajos».
  • «Antes de partir los jefes debieron firmar un nuevo tratado [1 de junio de 1868] que daba comienzo con las palabras: “A partir de hoy toda guerra entre las partes firmantes cesará para siempre” Lo firmaron: Barboncito, Armijo, Delgadito, Manuelito, Herrero Grande y siete jefes más».

Referencias[editar]